Categoría: Gestión del cambio/Transformación

  • Fusiones y absorciones.

    Fusiones y absorciones.

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    Últimamente, distintas personas y por muy diversas razones, me han venido a consultar sobre procesos de fusión, coordinación, absorción de distintas organizaciones. Por ejemplo, una organización tiene dos ONG’s en distintos territorios que siempre han operado de manera separada pero que ahora, normalmente por falta de recursos, estiman que es más óptimo buscar algún tipo de unión, coordinación e incluso hacer de las dos organizaciones una sola.

    Son procesos difíciles, complejos, delicados… Las culturas suelen ser diferentes, las historias también, aún cuando hayan estado las dos organizaciones dentro de otra mayor con una misión y visión común para todos. Normalmente se atacan estos procesos desde un punto de vista racional, organizativo, legal para ver la oportunidad de realizar la unión. Estos aspectos son muy importantes de analizar, especialmente los legales en términos societarios y laborales. Sin embargo, el éxito no está tanto en esto, como en otros aspectos más profundos que hay que tener en cuenta. Si actuamos solo desde los aspectos racionales y legales probablemente habrá un proceso fallido o de difícil encaje que se verá reflejado en problemas y falta de energía en la nueva unión que nace.

    Antes de emprender un proceso de estos tenemos que preguntarnos con mucha verdad hasta dónde queremos llegar y si estamos dispuestos a aceptar las consecuencias.

    Como siempre, me baso en la Teoria U, para hacer un planteamiento de cómo podrían hacerse estos procesos para que fueran de verdad transformativos pero tratando de que no sean procesos traumáticos o que se encasquillen. Los aspectos que, según mi experiencia, habría que tener en cuenta son los siguientes:

    • Los que deciden hacer el proceso, tienen que dejar claro lo que pretenden. Muchas veces me encuentro con organizaciones que los que tienen máximas responsabilidades ven necesario realizar la fusión de las organizaciones por aspectos económicos, de sinergias, o de falta de recursos o de optimización etc. y se ponen a ello sin haber valorado las consecuencias y sin fijar los objetivos claramente. Suele pasar que se empieza el proceso y, de pronto, nos damos cuenta que supone cambios importantes (por ejemplo que existen puestos duplicados y que habrá que prescindir de algunos de ellos o recolocarlos). Cuando llegamos a ese punto, nos solemos asustar y damos marcha atrás o, lo que es peor, damos vueltas en círculo creando un sucedáneo de unión que trata de contentar a todos/as pero lo que hace realmente es complicar las cosas. Antes de emprender un proceso de estos tenemos que preguntarnos con mucha verdad hasta dónde queremos llegar y si estamos dispuestos a aceptar las consecuencias. Si no lo estamos es mejor decirnos con honestidad que no nos atrevemos y no empezar el proceso ya que solo complicará las cosas.
    • Una vez establecido con claridad cuales son las consecuencias y aceptadas, tampoco tenemos que pasar directamente a la acción e ir, contra viento y marea, a conseguir lo planteado. Lo que debemos hacer es escuchar profundamente a las organizaciones que vamos a unir de alguna manera. Lo mejor es comentar con honestidad a los responsables de ambas organizaciones que se quiere emprender el proceso y que queremos buscar juntos la mejor solución. Hay que dar espacio para las resistencias, los duelos, los recelos, las barreras, los sentimientos de pérdida, las aspiraciones para ocupar el lugar, para tener poder etc. Este es un tiempo largo de escucha de las personas de las organizaciones, de escucha abierta con el corazón abierto. Es un tiempo de escucha, solo de escucha, no de acción. La tentación en esta fase es dar pasos rápidamente. También tiene que quedar claro que el objetivo está para conseguirlo, que no se duda de él y que lo que vamos a trabajar es el «mejor cómo», pero debemos dar tiempo a la escucha. En este tiempo tendremos que escuchar a todas los stakeholders de la organización (empleados, clientes, proveedores…) y, especialmente, a las personas que representan una determinada situación de resistencia y bloqueo y que, además, suelen tener autoridad sobre un colectivo importante. Solemos dejarnos a estas personas porque las consideramos conflictivas o cerradas pero, la realidad, es que suelen ser representantes de «un grito» que la organización nos está diciendo y que habrá que tener en cuenta.
    • El siguiente paso, una vez se ha terminado el tiempo de escucha, es comenzar a ver qué es lo que hay que «dejar ir» y qué es lo que «empieza a nacer». Suele ser muy conveniente retirarnos juntos unos días, en la naturaleza, para que demos espacio a estos dos movimientos. Dejar ir aquellas cosas a las que cada están agarradas en cada una de las organizaciones, que han sido muy importantes pero que no van a estar en el tiempo nuevo. Se trata de ir haciendo un proceso personal y colectivo de despedirnos con cariño y compasión de las mismas. Y a la vez, que nos vamos despidiendo, vamos escuchando qué es lo que empieza a nacer. Lo escuchamos desde las entrañas, desde el cuerpo, desde el sentirnos cómodos/as, sentirnos de verdad ilusionados/as, sentir lo que puede funcionar. Lo nuevo puede ser una coordinación conjunta, una nueva organización fruto de la fusión de las dos anteriores, una forma de trabajar nueva… Esto no nace tampoco con lo racional, se trata de que todos/as nos sintamos cómodos/as con lo nuevo. Es muy importante que lo nuevo ocupe un lugar en el que las dos organizaciones se sientan reconocidas suficientemente. Suelo decir: «que todos/as quepan», que todos/as tengan un lugar nuevo. Tiene que ser nuevo, porque sutilmente podemos no hacer nada o complicar las cosas para seguir haciendo lo mismo. En esta fase necesitamos mucha verdad.
    • Posteriormente empezaremos a «prototipar», a hacer movimientos, cambios organizativos, proyectos (pequeños al principio) desde el nuevo sitio que ha nacido. Vamos probando y nos volvemos a escuchar. Saldrán dificultades y, las tentaciones serán volver atrás o seguir sin escucharnos profundamente. Durante los primeros meses nos tendremos que volver a retirar a la naturaleza varias veces para darnos el tiempo y el espacio para escuchar los problemas, las resistencias, para evaluar lo que nos está pasando e ir construyendo juntos/as lo nuevo. Y los objetivos iniciales se habrán modulado hacia una nueva forma organizativa, posible y vivida por todos/as.
    • Un último aspecto que me parece muy importante: los símbolos. Creo que la nueva organización que nace tendrá que cuidar mucho que no se rompa con el pasado, que no se acalle, que se respete. Para eso es importante queden símbolos o rituales de cada una de las dos organizaciones originales y que sean vividos por todas las personas. Hay que honrar lo que fuimos y de dónde venimos. Y también, habrá que crear símbolos nuevos y rituales nuevos en los que todas las personas se vean reconocidas. A veces es un nuevo logo, unos espacios de encuentro nuevos, una visión compartida renovada, un lema que nos reconoce, una canción que nos recuerda lo que está naciendo..

    Espero que haya podido dar un poco de luz en estos temas. Son temas complejos y darían para un libro. Mi intención es que os hagáis cargo de los aspectos a tener en cuenta aunque sea de manera intuitiva y desde ahí podáis tenerlos en cuenta en vuestros propios procesos de cambio o transformación.

    CUALQUIER COSA QUE QUERÁIS EN LOS COMENTARIOS O POR MAIL juan@liderardesdelaconfianza.org

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  • Dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer…

    Dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer…

    Photo by Gianandrea Villa on Unsplash

    Si nos damos un paseo por la naturaleza y somos capaces de pararnos y contemplarla, nos daremos cuenta de los ciclos vitales. Siempre hay algo que muere y algo que nace (las hojas secas, los nuevos brotes, las estaciones, la sequedad, la frondosidad…), es un ciclo continuo de vida y muerte que va sucediendo armoniosamente sin sobresaltos.

    Nosotros los seres humanos somos parte de ese ciclo, sin embargo nos resistimos. Nos resistimos tanto que la vida se nos escapa entre el miedo a lo que vendrá y la fantasía incumplida de una felicidad que no llega. Es como si nuestra impaciencia y nuestra angustia nos impidiera danzar con la vida para aceptarla y vivirla con intensidad.

    Las organizaciones y las personas pasamos muchos procesos de cambio y de desarrollo, yo los llamo procesos de transformación. Creo que todos nos damos cuenta que no somos los/as mismos/as y que la vida nos va cambiando, es evidente y necesario. El problema está en cómo afrontar los procesos de transformación, cómo hacer que sean parte de la vida y no traumas o conflictos.

    ¿Cómo hacer posible que los procesos de cambio sean menos traumáticos? ¿Cómo conseguir vivirlos con más armonía? ¿Cómo conseguir que la vida sea una sinfonía de cambio y transformación?

    Si me miro a mí mismo y a mis propios cambios que han sido fructíferos, veo que está sinfonía tiene tres movimientos. Dos de ellos dependen de nosotros y un tercero creo que no.

    El primer movimiento es «dejar ir» y depende de nosotros. Me refiero a desprendernos, despedirnos, aceptar, soltar lo que ya no es para nosotros. Y este movimiento de dejar ir tiene que estar lleno de compasión. Pondré algunos ejemplos:

    Deberíamos dejar ir nuestros apegos a cosas y personas que fueron significativas para mí pero ya ha llegado el tiempo de acabar porque nos retienen y nos impiden crecer.

    Deberíamos dejar ir modelos organizativos, valores caducados, proyectos y logros ya conseguidos…

    Deberíamos dejar ir a los hijos/as, a las personas que ayudamos, a los signos y recuerdos que ya han pasado…

    El movimiento de «dejar ir» es un movimiento que tiene que estar lleno de amor hacia lo que fue como quien suelta un globo para que vuele. Es un movimiento de reconciliación con el pasado. Si el movimiento es de ruptura o de resistencia o de apego o de violencia incluso… entonces se produce el conflicto, la ruptura traumática.

    El segundo movimiento es el «dejar nacer» y también depende de nosotros quiero decir abrirnos a lo nuevo, experimentar con curiosidad lo que está naciendo, escucharlo, sentirlo, seguir la intuición de lo que está viniendo. Por ejemplo: no resistirme a lo que toca a las nuevas generaciones sin perpetuarme en mis cargos y posición, dejar nacer las nuevas etapas de la vida: hay un momento en la vida en que hay que dar paso a la calma frente a la acción, el consejo frente a la directriz, la cercanía frente a la presencia constante, el sostener frente al empujar…

    Este movimiento también tiene que ser armónico para que se dé la transformación sin conflicto. También tiene que estar lleno de curiosidad y de amor por lo nuevo. Para que sea real requiere que profundicemos en nuestro interior para ver qué es lo que tiene que nacer. Estos procesos se encallan cuando corremos demasiado, queremos experimentar todo y todo ya, cuando nos movemos por modas y libros de autoayuda sin mirarnos a nosotros/as mismos/as… Si no le damos espacio no se producirá la transformación sino que se producirá un aparente cambio que no durará mucho y volveremos al punto anterior.

    Y yo creo que hay un tercer movimiento que depende menos de nosotros: «dejarse hacer». Se produce entre los dos movimientos anteriores. Entre «el dejar ir» y el «dejar nacer» hay un momento en que todo se suspende y experimentamos el punto ciego del cambio como diría la teoria U. Si estamos abiertos y hacemos profundamente los dos movimientos anteriores, seremos conscientes que la transformaciones profundas no se producen por nuestras fuerzas, nuestros intentos, nuestros esfuerzos… sino que nos son dadas. Quizás hayáis experimentado alguna vez esto. Es como si hiciéramos «click» y en un segundo sintiéramos que la transformación se da, que eso que habíamos estado intentando se produce en un instante y pasamos a un nuevo nivel de consciencia. Yo creo que esto se nos da, los creyentes le llamamos Gracia, pero los no creyentes lo pueden llamar Energía, Naturaleza, Ser… da igual cómo lo llamemos. En estos momentos solo queda «dejarse hacer»… Más que un movimiento es mejor hablar de pasividad, de contemplación. En este momento entra en la parte espiritual que todos somos.

    Este fin de semana un amigo me decía que se siente como una serpiente mudando de piel ¡Qué bonita imagen que la naturaleza nos da para expresar lo que yo he querido contar aquí!

    Estamos empezando la Semana Santa, un buen momento para contemplar la muerte y la vida.

    Descansad estos días de vacaciones y seguimos en los comentarios.

    5 respuestas a «Dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer…»

    1. Avatar de Roberto
      Roberto

      Brillante, Juan. Gracias.

    2. Avatar de Juan

      Gracias a ti. Abrazo

    3. Avatar de Txemi
      Txemi

      Verdadero, bueno y bello.

    4. […] En las organizaciones pasa lo mismo, si queremos evolucionar tenemos que escucharnos y abrir nuevos espacios para ir transformando la organización y llevándola más allá. Normalmente en una organización empresarial se da mucho espacio a lo económico, a los objetivos, al trabajo, al número, a la estrategia, a la consecución de la misión… Y se da poco espacio al cuidado, a la confianza, al dialogo, a la desconexión, a la apertura, a la reflexión profunda, a la relación, a la vulnerabilidad… Y entonces nos ahogamos porque solo tenemos un solo punto de vista. Llevo tiempo reflexionando y compartiendo con personas con las que me encuentro sobre esto y siempre acabo preguntando ¿Qué es lo que está pidiendo espacio ahora en tu organización? Se trata de escucharlo colectivamente mediante el proceso que describí en otra entrada «dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer». […]

    5. […] A les organitzacions passa el mateix, si volem evolucionar ens hem d’escoltar i obrir nous espais per anar transformant l’organització i portant-la més enllà. Normalment en una organització empresarial es dona molt espai a allò econòmic, als objectius, al treball, al número, a l’estratègia, a la consecució de la missió… I es dona poc espai a la cura, a la confiança, al diàleg, a la desconnexió, a l’obertura, a la reflexió profunda, a la relació, a la vulnerabilitat… I aleshores ens ofeguem perquè només tenim un sol punt de vista. Fa temps que reflexiono i comparteixo amb persones amb qui em trobo sobre això, i sempre acabo preguntant: Què és el que està demanant espai ara a la teva organització? Es tracta d’escoltar-ho col·lectivament mitjançant el procés que vaig descriure en una altra entrada “deixar anar, deixar néixer, deixar-se fer”. […]

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  • Una conversación sobre liderazgo.

    Una conversación sobre liderazgo.

    Hace unas semanas, tuve una conversación con Guillermo Echegaray, consultor, psicólogo y buen amigo sobre el liderazgo. Guillermo, en su canal de youtube (ver aquí), está realizando una serie de «conversaciones circulares» en las que trata y, creo que consigue, que todos los que participamos en ellas nos sintamos confiados, conectados con nosotros mismos y con la otra persona para poder abrirnos a decir lo que sentimos profundamente. Quizás en esta conversación con él puedo mostrar mejor lo que quiero decir con este blog. La confianza que Guillermo consigue hace que nos podamos mostrar.

    ¡Ojalá os sirva!

  • Centradas, centrados.

    Centradas, centrados.

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    Photo by Allan Mas on Pexels.com

    Una cosa que me gusta mucho es leer y aprender sobre distintos sistemas de gestión el tiempo. Si miras en Google o YouTube está lleno de páginas y videos con los más diversos sistemas (GTD, Kanban, Kaizen, Bullet journal…). Creo que este vicio lo tenemos muchos/as. Digo que es un vicio porque quizás pretendemos acabar con algunos de los problemas de fondo que tenemos con la falsa ilusión de que un sistema de gestión del tiempo nos los solucionaran. Yo he cambiado muchas veces pero, aunque algo me han ayudado, no me han solucionado nada sustancialmente. Lo noto en que cuando vuelvo a estar estresado busco un nuevo sistema y quizás me compro una agenda o un cuaderno nuevos para tener sensación de controlar esta vertiginosa vida que nos envuelve a todos/as. Eso es solo “sensación de control” porque controlar no es posible.

    El mundo está lleno de «superwomans» y «supermanes» sin poderes.

    Sin embargo, en este fútil recorrido he sacado algunas conclusiones, fruto de mirarme a mi mismo y del tiempo de acompañar a personas en esto del liderazgo desde la confianza. Algunas de ellas son estas:

    • Vivimos como “pollos sin cabeza” nuestra sociedad nos lleva a correr de aquí para allí, con nuestra mente en la siguiente actividad, con una sensación de velocidad y de consumo del tiempo. Vivimos con la esperanza, trasladada al futuro, de descansar. Descansar el fin de semana, las siguientes vacaciones, cuando me jubile… Ésta es una de las enfermedades de nuestro tiempo. Ayer, decía una persona de mi equipo: “vamos a parar un rato el mundo para que nos alcancemos todos/as” Nos reímos. La pregunta es ¿Y luego lo ponemos en marcha a que velocidad? Estar siempre con la mente en “lo siguiente”, no lo soluciona una agenda nueva.
    • El mundo está lleno de “superwomans” y “supermanes” sin poderes. Me refiero a todas la personas que no se cuidan, que se ven exigidas por todo y a todo tienen que responder. Personas que tienen que ser las mejores madres o padres, los/as mejores profesionales, las mejores creyentes y practicantes, las personas más desarrolladas y conscientes del mundo… Este sentimiento interior de “tener que..” es lo que está de fondo, esto es lo que tenemos que mirar. Nos tenemos que preguntar: por qué nos ponemos estos listones o por qué nos los ponen y los aceptamos. Esto es vivir hacia afuera, siempre tratando de cumplir expectativas internas o externas, conscientes o inconscientes… Detrás de estos comportamientos descubro, muchas veces, una falta de autoestima, un perfeccionismo exacerbado, una falta de cuidado hacia nosotras/os mismos… Esto es lo que está de fondo y lo podemos descubrir mirando nuestro interior y, esto, tampoco lo descubre ni soluciona una agenda nueva.

    Una cosa que a mí me ayuda y que trato de hacer todos los días es lo que yo llamo “estar en mis bloques”. He descubierto que los sistemas de gestión del tiempo que te planifican todo a todas horas, que añaden miles de tareas, las apps etc. te pueden ayudar pero a veces consiguen lo contrario de lo que pretenden y añaden más compromisos. En este sentido para mí es muy importante estar centrado. Quiero decir, estar en lo que estoy y sin proyectar el futuro. Yo divido mi día en 6 bloques y en cada bloque sólo pongo una actividad, la actividad principal en la que voy a estar. No importa si ocupa todo el tiempo o no, pero me recuerda que es en lo que quiero estar centrado, con todo mi ser, con toda mi presencia. En los bloques del trabajo me pongo una reunión o una actividad de trabajo personal y cuando veo la agenda, me recuerda que es en eso en lo que quiero estar. Si es una reunión, pondré todo mi esfuerzo en escuchar, en estar atento, en tratar de orientar desde una conexión conmigo mismo. Si es un bloque personal (por ejemplo, los viernes tengo un bloque para tomar una cerveza con Marta) también se trata de estar presente y disfrutar. Esto es lo que más me ha ayudado con el paso del tiempo. También cuando veo la agenda semanal me permite ver si está equilibrada. Si tengo bloques para mí, para los otros, para mi familia etc. Además los coloreo de colores distintos. Ahora estoy en el bloque “escribir en el blog”, redactando y oyendo música clásica😂.

    Bueno, no pretendo dar un nuevo “sistema”, creo que me explico lo importante que es, para mí, tener una sola actividad para estar centrado y esto me da serenidad. Con el paso del tiempo he ido aprendiendo que muchas de las pequeñas actividades que tenía son prescindibles.

    Cada uno verá lo que es mejor, pero me parece muy importante esto de “estar centrados/as” para poder vivir mejor la Vida. Podríamos seguir hablando de muchas de las cosas que nos pasan y cada uno, cada una tendremos que volvernos una y otra vez a nuestro interior. Y cuando veamos lo que está en el fondo, no tratemos de huir y pongámosle mucha verdad para no autoengañarnos. Solo desde decirnos la verdad a nosotros/as mismos/as se puede empezar a avanzar, pero sin listones que os conozco 😉.

    ¿Seguimos en los comentarios?

  • Para cambiar…

    Para cambiar…

    Photo by Priscilla Gyamfi on Unsplash

    Un tema con el que nos enfrentamos todas las organizaciones es la gestión del cambio. Toda organización evoluciona y se transforma (como la materia) incluso si no hacemos nada. A veces, cuando creemos que una organización está parada, está evolucionando; muchas veces se va deteriorando, pero, también, puede estar en un estado de calma evolutivo e interior y aunque aparentemente no veamos un cambio, interiormente hay una evolución. Como veis, el cambio en las organizaciones es como el cambio en las personas o muy parecido.

    Los/as líderes cuando pensamos en los objetivos, en la visión o en el propósito, tenemos que pensar en el cambio. ¿A qué nueva dimensión o estado tiene que evolucionar la organización? ¿Qué tenemos que cambiar y qué debe permanecer? ¿Qué tenemos que dejar de hacer y qué tenemos que incorporar? ¿A quienes tenemos que ayudar a cambiar y a quienes tenemos que respetar su posición? ¿Cuál es el ritmo del cambio (rápido, lento…) y por qué? Éstas y otras preguntas deberíamos hacernos los líderes cada cierto tiempo y coger un papel y un lápiz y escribir o dibujar dónde estamos y dónde queremos llegar. En realidad no sólo las organizaciones, sino que éste es un buen ejercicio para hacerlo personalmente. ¿Dónde estoy y a dónde quiero llegar?

    «Para cambiar hay que dar signos de cambio»

    «Para cambiar hay que dar signos de cambio» esta es una frase que vengo repitiendo hace muchos años basada en la experiencia que he tenido. Lo que quiero decir es que para cambiar no basta con la intención, ni sólo con el deseo (aunque, por supuesto, deben estar). Para cambiar hay que hacer cosas distintas a las que hacíamos, hay que abrir espacios nuevos para que el cambio se dé, hay que incorporar comportamientos, personas nuevas etc. Os cuento algunas experiencias:

    • Espacios: una cosa que siempre hago y me ayuda en el cambio es pensar cómo serían los espacios en los que trabajamos para conseguirlo. Por ejemplo, si queremos evolucionar a una organización que trabaje en equipo tendremos que poner más puntos de reunión (formales e informales). Si queremos pensar en mayor apertura y más transparencia tendremos que pensar en quitar barreras, despachos cerrados etc. etc. Hace ya algunos años teníamos el problema de que un departamento pequeño tenía muchas dificultades para entenderse con otro con el que constantemente tenía que trabajar. El tema estaba enquistado y habíamos hablado mucho con los dos departamentos de la importancia del trabajo en equipo pero no habíamos conseguido gran cosa. Decidimos, entonces, sentarlos juntos y mezclados en las mesas y la cosa funcionó.
    • Símbolos: a veces los equipos (y las personas) vivimos experiencias que son muy significativas y muchas veces son fundacionales. Por ejemplo una convivencia fuera en la que todos/as fuimos sinceros/as o en la que nos comprometimos con una nueva etapa. Es bueno recordar ese momento significativo con un símbolo que nos ancle con esa experiencia y que siempre nos permita volver a ella. Por ejemplo, yo tengo en el despacho una piedra que recogí en las montañas de Argentina después de una experiencia que fue muy importante para mí. Me gusta tocarla y me conecta con lo mejor de mí mismo, con lo que viví y pensé esos días. Esto se puede hacer a nivel organizativo: mirad qué símbolos están colgados en las paredes y si os representan o si os dicen algo.
    • Hábitos: cuando pensamos en el cambio es muy importante fijarnos en los hábitos organizativos para ver si son una ayuda para la transformación o si son un obstáculo. Los hábitos pueden ser los horarios (cuándo entramos, cuándo salimos, cuándo comemos…) o pueden ser las cosas que siempre hacemos igual (cómo recibimos a los que nos visitan, cómo nos formamos, cómo celebramos). La/el líder tiene que pensar en los hábitos que tienen que ir naciendo y aquellos otros que debemos ir dejando. Por ejemplo, una organización que estaba muy metida en una cultura del hacer y quería ir más hacia una cultura del pensar, estableció que durante todos los viernes durante una hora no podría haber reuniones, y que ese tiempo sería para pensar sobre el trabajo realizado durante la semana y el que vendría la semana siguiente. Estableció que sería un tiempo de silencio total, se descolgarían los teléfonos y puso una música suave durante este tiempo para recordarlo a todas las personas.

    Como veis, para cambiar hay que dar signos de cambio creo que es un buen tema sobre el que todos/as podríamos reflexionar. Haceros la pregunta: ¿Qué signos de cambio tendría que incorporar en mi organización para conseguir la evolución que necesitamos? Durante el confinamiento del año 2020 se produjeron cambios en las personas a la velocidad de la luz, como nunca antes, precisamente porque había cambiado bruscamente la forma de vivir al estar encerrados en casa (un enorme «signo de cambio»). Este proceso podemos vivirlo con dos actitudes: la resistencia o el duelo por lo que he dejado o voy a dejar o bien con la alegría nerviosa del explorador que se adentra en un nuevo territorio desconocido. Tu eliges.

    Cuéntanos tu experiencia frente al cambio en los comentarios a todos/as nos ayuda

    4 respuestas a «Para cambiar…»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. A veces uno cambia debido a los cambios que vienen de fuera, adaptándose. Me ha ayudado a ver que el cambio también puede nacer de motivaciones internas, tanto personales como de una organización: de la reflexión, de la necesidad de reorientarse hacia los verdaderos fines, de la previsión y anticipación a los cambios externos…

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, muy buena reflexión.

    2. Avatar de Merce

      Gracias por esta reflexión sobre el cambio Juan, es del todo inspiradora!

      Me viene a la cabeza algo para compartir…las palabras son importantes, crean realidades. Una sola palabra puede llevarnos a la gloria o sumergirnos en la miseria. Siendo así, cabe preguntarse ¿cómo hablamos en nuestra empresa? ¿cómo es nuestro estilo de comunicación? ¿tenemos de esas frases que son casi sentencias? Quizás cambiando algo del lenguaje generamos un cambio en la organización…

      1. Avatar de Juan

        Qué excelente aportación!!!! Como hablamos condiciona lo que somos. Gracias mil Merce

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  • «Distendiendo» que es gerundio.

    «Distendiendo» que es gerundio.

    He empezado esta entrada sabiendo de qué quería hablar pero no sabiendo cómo. He escrito «destensar» que me sonaba bien. Gracias a Dios, he mirado en el diccionario y ¡no existe! Luego mi mujer, Marta, me ha dicho que mejor «descansando», «desconectando» etc. ,pero para esto soy un poco pejiguero (creo que tampoco existe pero no lo voy a mirar) y, por no darle la razón, he buscando en el diccionario y me sale «distender» =»aflojar, relajar o disminuir la tensión». ¡Eso es lo que andaba buscando! El diccionario tiene soluciones para casi todo. Se lo he dicho a Marta pero no se ha quedado muy convencida, me mira con cara rara, me suele pasar algunas veces 😉.

    «distender = aflojar, relajar o disminuir la tensión»

    Diccionario RAE

    Bueno, como es verano, me venía hablar de algo ligero y me ha venido lo importante que es en el liderazgo, en los equipos, aflojar y quitar tensión. Y además, como es una actitud que tiene que estar siempre, creo que lo mejor es no hablar de «distender» sino de «distendiendo», en gerundio,(creo que me estoy liando y me está saliendo un trabalenguas, en fin…). Hay dos maneras que a mí se me ocurren que son muy buenas para crear esto en los equipos. Me explico.

    El humor.

    El humor es una herramienta preciosa, yo creo que una de las mejores herramientas en la vida y especialmente en los equipos. Pienso que los manuales estratégicos y de gestión deberían tener un capítulo dedicado al humor y además entre los primeros capítulos.

    En mi empresa, usamos muchísimo el humor, me parece muy sano y nos quita seriedad, nos quita pesadez, nos devuelve muchas veces a la calma. Todos los años hacemos una cena donde los departamentos hacen con total libertad (confianza) un video donde se parodian cosas que nos pasan. Hace muchos años, decidimos que la mejor forma de celebrar era reírnos de nosotros mismos. Estos videos han hecho historia, más aún, reflejan nuestra historia de una manera preciosa. También tenemos un chat donde el equipo nos felicitamos los cumpleaños con memes divertidos dedicados, «con cariño», a la persona que cumple los años… El humor es parte de nuestra cultura y yo creo que nos hace mucho bien.

    ¿Qué aporta el humor en el liderazgo?

    • El humor aporta distensión, como hemos dicho. Nos quita estrés, nos quita carga, cansancio etc.
    • Reírse de uno mismo, de nosotros/as mismos/as es muy sano porque solo las personas/equipos con buena autoestima son capaces de reírse de sí mismos.
    • El buen humor es muy creativo, normalmente agudiza la inteligencia. Esto ayuda a la creatividad. Cuantas veces una reunión en la que no se nos ocurrían más ideas se ha desbloqueado después de una broma y una buena carcajada.
    • También hay que tener cuidado con el humor, si lo usamos inapropiadamente puede hacer daño. No podemos usar el humor en situaciones conflictivas o conversaciones difíciles o cuando una persona nos está abriendo el corazón… Usar el humor en estas circunstancias es agresivo.

    El descanso.

    Hoy en día, después de la pandemia, se está hablando mucho del teletrabajo, de la conciliación. También muchas empresas están impartiendo cursos de meditación o mindfullness porque se han dado cuenta del enorme estrés y tensión que tenemos en el trabajo y en la vida moderna en general.

    A mí me gusta hablar de descanso, de dar valor al descanso. Un hecho que la experiencia me demuestra es que cuando estamos descansados estamos mejor, pensamos con más claridad, somos más eficaces, somos más comprensivos y menos irritables, se nos ocurren mejores ideas etc. Por eso creo que es muy importante que demos espacio al descanso. La conciliación está bien y me parece muy importante, pero normalmente no significa descanso. Dentro de las cosas que creo que se valorarán en el futuro en las organizaciones es que demos espacio al descanso.

    Para explicaros cómo debe ser este descanso os cuento un experimento que ha hecho un compañero y que lo tiene implantado en su empresa desde hace años. Él da a su equipo un día de descanso «obligatorio» (la experiencia es que la gente tiene tanto trabajo que no quiere cogerse el día). Las condiciones son las siguientes: te tienes que ir a la naturaleza, no vale estar en casa, y allí te das una buena caminata o te sientas a contemplar la belleza. Cuando te hayas calmado piensas en la organización, en tu área de responsabilidad etc. para sacar nuevas ideas o nuevos horizontes. Luego dedicamos una reunión a exponer las ideas que nos han salido a todos/as. Yo lo he probado y es asombrosa la novedad y la claridad de lo que sale. Os animo a probarlo.

    Y para finalizar os pongo un video de Passenger que a mí me gusta mucho y que creo que recoge lo que hemos hablado. Os pido una cosa: que lo pongáis a todo volumen y bailéis un rato en vuestro cuarto.

    Voy a descansar este verano y volveré en septiembre con nuevas entradas. Os deseo el mejor descanso y mucha felicidad. Gracias por estar ahí.

    Seguimos en los comentarios

  • Enfoque en la solución

    Enfoque en la solución

    Photo by Sigmund on Unsplash

    Hace unos cuantos años comencé a dirigir un equipo, era un equipo magnífico. Excelentes personas, buenos/as profesionales, implicados/as en el proyecto… Sin embargo, enseguida me di cuenta que algo atascaba el avance. Era como si las cosas no fluyeran, como si estuviéramos parados/as… Después de dos o tres reuniones, noté que el tema consistía en que estábamos circulando alrededor de los problemas y eso no nos permitía avanzar.

    Me explicaré: las conversaciones daban vueltas alrededor de los problemas: analizándolos, profundizando en las causas, intentando evitar los errores… y lo que es peor: culpabilizando, creando pequeños enfrentamientos por que a «ti te toca esto y no lo haces» o «tal departamento no asume el problema» etc., esto además de la sensación de parálisis hacía que las relaciones se fueran minando poco a poco.

    Pequeños cambios para enfocarnos en la solución.

    Enseguida cambiamos la dinámica del equipo, enfocándonos hacia la solución con pequeños cambios. Voy a intentar de explicar algunos de estos pequeños cambios para que el equipo se desatascara y mirara de frente al futuro:

    Preguntas hacia la solución: estando atento a cuando una persona me venía con un problema y me mostraba su desesperación o su incapacidad de avanzar, le hacía preguntas como estas: ¿Cuáles son los siguientes pasos? ¿Dónde crees tú que está la solución?. La primera reacción de la persona era resistirse, porque a todos, muchas veces, nos compensa mantenernos en el problema probablemente para desahogarnos o para sentirnos comprendidos. Una vez pasada la primera resistencia (normalmente repitiendo las preguntas) la persona empezaba a proponer cosas y entonces ya estaba ganada la batalla. A partir de ahí discutíamos el enfoque de los próximos pasos o de la solución y se abrían nuevas posibilidades.

    Las preguntas que abren al futuro pueden ser: ¿Cuáles son los siguientes pasos? ¿Dónde crees tú que está la solución?

    No penalizar el error: para que el enfoque hacia la solución se dé, el/la líder desde la confianza no debe nunca penalizar el error. Entiendo por error aquel que una persona ha cometido sin intención de hacer daño o mal. Penalizar el error, centrarnos en él, crea muchos problemas en un equipo. Por ejemplo, evita que se tomen nuevas decisiones o se asuman riesgos, crea culpabilidad en las personas e impide, finalmente, que nos enfoquemos en la solución. Se puede analizar un error como un aprendizaje y pensar en él para buscar nuevas soluciones, sin embargo, para mí, habría que hacerlo con mucho cuidado para que no se sienta que, de alguna manera es un reproche. Mi consejo es que no nos detengamos mucho tiempo en los errores.

    No permitir «balones fuera»: muchas veces las personas cuando estamos acostumbradas a estar centradas en el problema tendemos a buscar responsabilidades, culpas entre otros. El líder desde la confianza no debería permitir esto. Es decir, cuando una persona dice, implícita o explícitamente, algo que corresponde a otro/a debemos volver constantemente la conversación hacia cuál es la solución, no atascarnos.

    Reconocer y premiar la solución: una cosa muy buena es que nos detengamos a reconocer que el equipo haya encontrado una solución. El/la líder lo debe hacer expresamente, algo así: «por fin hemos encontrado la solución y ha funcionado. Creo que esto ha sido muy bueno y estoy agradecido/a por el trabajo realizado, debemos felicitarnos porque a partir de ahora esto que antes nos costaba tanto, no es ya un problema. Enhorabuena». Hay que hacerlo todas las veces, siempre. Además sería también muy bueno, que se hiciera una lectura de la historia reciente del grupo recordando dónde estábamos antes y dónde estamos ahora. El nuevo lugar.

    Ponernos en el lugar de la solución: a veces una persona está tan centrada en un problema que le es difícil salir de él. Es casi incapaz de salir de ahí porque le implica personalmente o porque emocionalmente está bloqueado/a porque le afecta demasiado. En estos casos, suelo usar una técnica para tratar de avanzar. Pongo dos sillas en la sala, enfrentadas. Una es el problema o el pasado (el problema suele ser estar estancado en el pasado) y la otra es la solución o el futuro. La persona se sienta primero en la silla del problema y dejamos que exprese todo lo que ve desde el problema, que saque todo lo que tiene dentro. Después la persona se sienta en la silla de la solución y le habla al problema (a la silla del problema) con todas las soluciones que se le ocurran: «podríamos hacer esto, podríamos intentar esto otro…«. Luego se vuelve a sentar en la silla del pasado y objeta lo que ve y luego, otra vez, en la de la solución y vuelve a argumentar. Cuando ya casi esta agotado el diálogo, tratamos que la persona gire la silla de la solución mirando al futuro y deje atrás la «silla del pasado» y le pedimos que nos diga cómo se siente. Si se ha roto el vínculo emocional con el problema podrá mirar al futuro y sentirse bien. Si no puede todavía, está anclado/a en el pasado. Muchas veces puede funcionar, otras no pero nos daremos cuenta del vínculo emocional de la persona con el problema.

    Cuidado con las personas «cenizas». Algunas veces, nos encontramos con personas que siempre sacan los problemas, lo negativo, que no quieren avanzar. Son personas tóxicas en un equipo y, a veces, es su manera de llamar la atención para ser atendidos/as por el grupo. En este caso, el/la líder debe ser intransigente con esas personas. No debe dejar que monopolicen la conversación y, sobre todo, debe decirles expresamente que sólo va a poder hablar de soluciones a los problemas que ve. Si la persona insiste en el problema impidiendo al grupo avanzar, se le debería cortar la palabra. A veces es muy bueno explicitar las reglas del equipo y decir, por ejemplo: «cortaré a las personas que hablen más de 5 minutos de un problema».

    El enfoque hacia la solución es una cosa muy sana para un equipo, es lo que permite que el equipo se desarrolle, sea creativo y se centre el futuro emergente. Es responsabilidad del/la líder crear esta cultura en sus equipos, evitando las críticas constantes, los desahogos que no van a ninguna parte, las quejas continuas etc

    Al final os hago una pregunta metafórica pero que creo que expresa bien de lo que he hablado en esta entrada: Respira un minuto, relájate, cierra los ojos y responde: ¿ Cuando pienso en mi equipo siento que voy en un barco con las velas desplegadas y que el viento nos azota fuerte en las caras mirando hacia adelante? ¿O siento que estamos en una calma chicha, con la calima parados en el océano? ¿O estoy en medio de la tempestad, azotado por la tormenta, dando vueltas sin que nadie lleve el timón?. Depende de cual sea tu respuesta sincera, no te centres en el problema piensa en cuales son los siguientes pasos, cuál es la solución 😉 .

    Me encantaría que compartiéramos experiencias en los comentarios.

    Una respuesta a «Enfoque en la solución»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias. A veces es solo cambiar de perspectiva…

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  • Orden o jerarquía

    Orden o jerarquía

    Photo by Brett Jordan on Unsplash

    El tema que voy a comentar hoy es un tema complejo, que nos lía mucho en las organizaciones y que además no sabemos gestionar muy bien, sobre todo en estos tiempos de la postmodernidad.

    Se trata de cómo vivir y gestionar la jerarquía, es decir ser jefe y en ese sentido estar por «encima» de los demás. Digo que trae problemas porque no sabemos como conjugar muy bien para relacionarnos con nuestros equipos y colaboradores. Esto, según mi experiencia, se vive de distintas formas según el carácter de cada persona. Podría señalar los dos extremos que se producen:

    • El «Jefe colega»: es aquel quiere ser amigo/a de todo su equipo, le cuestan los conflictos, no quiere decir lo que ve, no es transparente por no herir, suele delegar mal por no molestar, suele estar muy atareado. Como esto es imposible de gestionar acaba siendo un «dictadorzuelo paternalista» que toma las decisiones ocultamente o crea camarillas en el grupo. No esta en su puesto, sobre todo no está en su sitio.
    • El «Jefe control»: es una persona que trata de no delegar, de que el equipo no discuta, que no se le discuta, que tenga el mando y que se sepa. Cualquier opinión, es un ataque en contra, suele ser solitario, marcar distancias, encerrarse en su despacho. Algunos, los más agresivos, suelen dar miedo. Muchos de ellos muestran una gran inseguridad personal aunque traten de dar apariencia de seguridad.

    Bueno, son extremos, quizás un poco caricaturizados pero ya me entendéis. Sin embargo, hay innumerables líderes que no saben gestionar muy bien esto de ser jefe. Esto pasa mucho entre las personas jóvenes que han nacido en una sociedad más abierta, más libre pero también más «líquida». Y también pasa mucho en organizaciones religiosas o en ONG ya que su nacimiento está en un propósito altruista, en una visión basada en el amor y la fraternidad, esto lleva a gran confusión y a no saber vivir bien los puestos de liderazgo, e incluso a huir de ellos.

    La definición de orden según el diccionario de la R.A.E es «concierto, buena disposición de las cosas entre sí».

    Para mi existe una confusión entre jerarquía y orden. Me explico.

    • Jerarquía viene de jerarca según la R.A.E: «persona que tiene elevada categoría en una organización«, es decir el que ocupa una posición elevada. Esto es una cuestión que viene dada por las distintas responsabilidades que tiene un sistema (una organización) para organizarse. Sin embargo, no quiere decir distancia, superioridad de uno frente a otro en términos de relación humana. No quiere decir privilegio, no quiere decir control.
    • Orden según la R.A.E es «concierto, buena disposición de las cosas entre sí» Es decir, en todo sistema organizativo tiene que haber orden para que las cosas funcionen. Si no existe el orden existe el caos, que es su contrario.

    Por eso a mí me gusta más hablar de orden organizativo que de jerarquía. Me gustaría poner ejemplos cotidianos para ayudar a entender que quiero decir con orden:

    • Es orden que al final alguien tenga que decidir, que tenga la última palabra. No es orden que todos tengamos la misma responsabilidad y que todo se tenga que hacer por unanimidad.
    • No tiene nada que ver con el orden que haya privilegios que hagan diferenciar a las personas (por ejemplo: un sitio privilegiado para aparcar el coche). Pero puede ser orden, dar el sitio a las personas de más autoridad por respeto (por ejemplo, que el abuelo ocupe la cabecera de la mesa), aunque no siempre sea necesario.
    • No es orden que las personas del equipo confundan su necesidad de participación con que son ellas las que tienen que decidir y sino no hay buen ambiente.
    • Es orden que el líder escuche al equipo, que lo tenga en cuenta, que le dé su sitio, que dé la cara por los errores cometidos por cualquier miembro del equipo… Si no se hiciera así, el equipo no ocuparía su lugar y tampoco el líder porque no sería respetado como tal. El líder también debe ganarse su sitio frente al equipo para que las cosas funcionen.
    • No es orden cuando una persona de la organización ocupa sutilmente el lugar del jefe o este deja que lo ocupe. Un ejemplo que a veces pasa, es que, en una familia, el hijo manda sutilmente o no tan sutilmente más que los padres. Este es un sistema que no funciona.

    Os voy a contar una experiencia que me sucedió que creo que describe muy bien lo que quiero decir con el orden. Una persona de mi equipo, tenía un planteamiento para un tema que veía muy claro, que defendía apasionadamente y así, lo expuso en una reunión. Estuvimos escuchándole y recogí las opiniones de varias personas del grupo. Unas coincidían con las de esa persona y otras discrepaban. Yo discrepaba y al final de la reunión dije que no estaba de acuerdo y que no se tomaría la decisión. La persona se quedó callada y, conociéndola, se entristeció. A los días, estábamos juntos por otro tema, los dos solos. Le pregunté por la reunión que habíamos tenido y me dijo que su sensación era que no se le tenía en cuenta, que él creía que era lo que se debía hacer. Estuve unos segundos pensando y le conteste: «es verdad que tus argumentos son muy sólidos, me has hecho dudar mucho, no es un tema fácil. Sin embargo, como sabes, a mi me toca la responsabilidad de decidir y no sería fiel a lo que pienso y siento si hubiera aceptado tu propuesta. Ese es mi sitio pero eso no quiere decir que no te respete». Creo que me entendió, aunque por dentro algo se revolviese, pero la relación siguió intacta.

    Algunas cosas que os aconsejo a la hora de tomar decisiones para que quede claro el orden:

    • Cuando toméis una decisión en consenso en una reunión, que suele ser lo normal en equipos sanos, acabad el tema dando formalmente lugar al orden. Por ejemplo diciendo: «entonces, estamos de acuerdo todos y la decisión es….» Así queda claro y también que tú como líder la avalas.
    • A veces se puede delegar la decisión en un grupo por un método democrático de mayorías pero el líder no debe dejar su responsabilidad y debe avalar el método solo para ese caso. Tendrá que decir: «en este caso creo que tenemos que tomar la decisión por mayoría y lo que se decida por mayoría será la decisión de todos también la mía». En este caso existe orden porque el líder sigue teniendo la decisión: su decisión ha sido que se tome por mayoría. Sin embargo, tomar decisiones por mayoría no debe ser lo habitual podría ser una forma de «escaquearse» del líder
    • Alguna vez para un proyecto o tema concreto el líder puede delegar su capacidad de decisión en otra persona y avalarla delante el grupo. Debería decir algo así: «para este proyecto delego en Ana y lo que decida Ana es como si fuera yo para este tema».
    • Podéis poner más ejemplos que se os ocurran…

    Finalmente, para creyentes, Jesús dijo: «el que quiera ser el primero sea servidor de todos» (Mt 20, 27), una de las formas que tiene el líder de servir es decidir. Eso sí, buscando el bien de todos que tendrá que discernir en cada caso, aunque algunos no lo entiendan.

    Podemos seguir compartiendo si pulsas arriba en comentarios

    Una respuesta a «Orden o jerarquía»

    1. Avatar de Marga
      Marga

      Juan, buenisima esta entrada, necesaria (para mí :)) clara, inspiradora y formativa. Gracias!!!!

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