
Vamos a hacer un experimento, te pido que sigas las instrucciones y no sigas leyendo hasta que hagas el ejercicio. Será interesante, seguro.
Cierra los ojos, respira… y ahora yo te digo la palabra LÍDER y observa lo primero que te viene a la cabeza, las imágenes que ten vienen, las personas que aparecen… toma nota.
(….)
¿Ya está?
Ahora vamos a hacer lo mismo, cerrar los ojos, respirar pero ahora vamos a pensar en la persona que más te ha influido, para bien, en tu vida, la persona que más te ha ayudado a crecer. Ponle nombre, imagina cómo era.
(…)
¿Ya está? ¿Curioso, verdad?
Varias veces en cursos que he dado he hecho este ejercicio y, casi siempre, ha sucedido lo mismo. En la primera parte a tod@s nos vienen imágenes de grandes líderes (Steve Jobs, Martin Luther King, políticos, deportistas etc.).
Sin embargo, cuando imaginamos a las personas que más nos han ayudado o que más nos han hecho crecer, pasa una cosa curiosa, normalmente son amigos sinceros, maestros sencillos (casi todo el mundo me habla de una maestra de cuando era niño) jefas humildes, gente bastante “normal”.
Recuerdo una personas que me dijo: “me quería mucho pero no me dejaba pasar ni una”
Y cuando pregunto ¿Cómo eran? Vienen palabras como pacientes, estimulantes, exigentes pero comprensivos, tranquilos pero apasionados por el otro, humildes, sencillos, daban paso al otro, verdaderos y muy pegados a la realidad. Recuerdo una personas que me dijo: “me quería mucho pero no me dejaba pasar ni una”. Muchas veces cuando hablamos de esas personas sale que son personas que han vivido mucho, personas con madurez y experiencia.
Yo en mis años en la empresa, también he visto esto. No solo he visto grandes líderes en los grandes directivos (a muchos les cuesta esta faceta y se refugian en lo técnico) sin embargo, los he visto en mandos intermedios de las fábricas que llevaban discretamente equipos difíciles de personas y que son siempre, el corazón de las empresas. Me acuerdo de Ramón que ya falleció: rudo pero te decía las cosas a la cara, venia de una familia sencilla o de Javi, que le ofrecí llevar al grupo más difícil de la empresa donde teníamos un 10% de absentismo y, él aceptó el reto enseguida. Recuerdo como dos meses después se había ganado al equipo con un lenguaje directo y con una justicia que no admitía privilegios. ¡¡¡Al cabo de seis meses el absentismo había bajado al 2%!!!! y tantos otr@s (Alberto, Itziar…)
Esto es lo que yo suelo llamar el “liderazgo de lo normal” y si tengo que poner un denominador común a estas personas se me ocurren tres:
- Una gran pasión (amor) por las personas.
- Son muy verdaderos con el otro y te dicen lo que ven para que crezcas. Normalmente con un lenguaje directo pero lleno de ternura en el fondo.
- Son humildes, no quieren ser el centro. No suelen ser EGOcéntricos.
No se si habéis visto la película “Los chicos del coro”, siempre he pensado que el profesor de música protagonista representa muy bien lo que yo llamo el “liderazgo de lo normal”. Si queréis aprender y pasar un buen rato os invito a ver esta película mirándola desde el liderazgo.
Ah! Se me ocurre otra invitación: leed la carta de Pablo a los Corintios 13, 4-6 y contrastar lo que allí dice con las características de las personas que más os han hecho crecer que habéis pensado antes. ¿Coinciden, al menos algunas?
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