
En la anterior entrada hablamos del desarrollo humano como una tarea de fondo del/la líder desde la confianza. Hoy siguiendo con ese esquema, vamos a compartir un peligro que tenemos para ayudar en el desarrollo. En el liderazgo, como en todas las actividades humanas de la vida en las que el ser persona se pone en juego, no es fácil hacer hacer distinciones, ni marcar límites, hacer definiciones… porque liderar es una experiencia, casi un arte que vamos aprendiendo con el paso de los años. Es muy importante darse cuenta de que cuando trabajamos con personas para su desarrollo estaremos siempre moviéndonos entre límites, buscando el equilibrio para no pasarnos ni por un extremo ni por el otro. Siempre he pensado que liderar personas es (o tendría que ser), en el fondo, un acto de amor hacia los/las otros/as: nuestros compañeros/as, nuestros hijos/as, nuestros/as alumnos/as… Y hoy vamos a hablar de un extremo o un peligro que tiene este acto de amor y que limita mucho el liderargo desde la confianza hacia los/as otros/as. Este límite es el proteger, proteger en exceso. Cuando somos padres o madres nuestro instinto natural nos lleva a proteger a nuestros/as hijos/as, cuando son bebés los hemos visto frágiles y les hemos tenido que ir protegiendo a la vez que les vamos enseñando poco a poco. La semana pasada veíamos que el aprendizaje se hace dejando la zona de confort pero sin entrar en la zona de pánico: otro equilibrio.
Proteger es un peligro para conseguir el desarrollo de las personas.
He visto a muchas personas que empiezan a liderar y que tienen una clara vocación por el ser humano pero que tienden o tendemos a proteger a las personas. Son personas que dicen amar a los otros que enseñan o dirigen pero les asusta dejarles crecer, tienen miedo de las consecuencias para los/as otros/as o quizás para ellos/as mismas. Vamos a ver distintas cuestiones en las que el proteger paraliza el desarrollo:
- El paternalismo: muchas organizaciones o líderes hablan de poner en el centro a las personas y creen que evitando los conflictos, que solo dándoles cosas se conseguirá un buen liderazgo. Sin embargo, cuando surge un conflicto, porque los conflictos son parte de las relaciones, se enfadan: «con todo lo que yo os he dado, con todo lo que yo he hecho por vosotros…» No pueden entenderlo. El problema es que en las relaciones paternalistas lo que prima es el egoísmo, el YO que está por encima de las personas. Los/as líderes paternalistas quieren ser admirados, no quieren que los demás piensen mal de ellos/as. Esto hace mucho daño porque no deja que las personas crezcan autónomamente. También hay personas que viven muy cómodas en este sistema porque no les compromete y les interesa más comportarse como niños/as que crecer como seres humanos.
- Otra versión del proteger suele plasmarse en el no delegar, que en el fondo es un sentimiento de sentirnos imprescindibles. Cuantas personas no dejan nuevas responsabilidades a los otros/as y se llenan de trabajo porque, en el fondo, protegen y se protegen, que son dos caras de la misma moneda. En esto no demos por supuestas cosas de nosotros mismos/as, no digamos rápidamente «yo delego bien, yo desarrollo a mi equipo». Una forma de no engañarnos es mirar si somos capaces de dejar nuestro trabajo por ejemplo, quince días. Si no somos capaces, es que nuestra responsabilidad está mal entendida y seguramente, estamos protegiendo. Las organizaciones están llenas de personas que no pueden salir a su hora o coger vacaciones porque, en el fondo, sufren más delegando que siendo de una manera no sana «responsables».
- También el proteger se muestra en líderes (muchos padres o madres) que evitan a los otros/as cualquier cosa que les pueda producir desazón, vergüenza, cierto riesgo, angustia o miedo etc. Esta forma de querer impide que las personas nos desarrollemos para desplegar nuestras capacidades o dones.
Un líder desde la confianza que trabaja en el desarrollo no protege. Ama porque quiere lo mejor para el/la otro/a y, para eso, entiende que lo mejor que puede hacer por la persona el ayudarle/dejarle crecer. Un líder desde la confianza acompaña, no interviene; escucha, no habla; sopla, no empuja; reta, no paraliza; pregunta, no da respuestas; deja, no acapara; da espacio, no ocupa; es más una brisa suave que deja, que un huracán que arrasa; está más en segundo plano y desea con todas sus fuerzas el brillo de los demás más que el suyo propio. En el fondo, es más importante el TÚ que el YO. Es todo un camino para cada uno, cada una de nosotros/as ojalá seamos conscientes y busquemos más desarrollar que proteger.
Seguimos en los comentarios.
3 respuestas a «Proteger»
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Desafío difícil incluso para los que no tenemos hijos
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Es verdad, a veces con los hijos/as nos cuesta muchísimo. Muchas gracias
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Muchas gracias, Juan.
Lo que has escrito hoy da mucho que pensar, especialmente, al menos para mí, lo relativo al “paternalismo” y al “no delegar”. Y estoy de acuerdo con vosotros en que es difícil detectar cuándo se produce esto en los líderes y en los miembros de los equipos.
También pienso que merece la pena hacer el esfuerzo por descubrirlo.

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