Categoría: Desarrollo personal

  • Soltar pesos

    Soltar pesos

    Creo que tenemos muchas cosas que nos cargan, que nos impiden ser nosotros/as mismos/as. Son cosas que yo llamo pesos. Están a lo largo de la vida y, si recorremos un camino de desarrollo personal, podemos ir soltando poco a poco. Soltar lastre nos ayuda a volar. Siempre me viene una imagen de un globo aerostático que tiene que ir soltando el peso para subir porque esto permite la ligereza necesaria para emprender el viaje.

    Los líderes, es decir todos/as los que tenemos alguna responsabilidad (ser jefes/as, maestros/as, padres o madres, coordinadores/as….) creo que nos añadimos muchos pesos que nos impiden desarrollar nuestro rol de manera más ligera, más humana, más como somos de verdad. Creo que esto sucede porque todos/as tenemos en la cabeza una imagen idealizada de lo que debe ser el/la líder. Los libros y las películas, las enseñanzas recibidas nos hablan del/la líder como una persona arriesgada, que sabe dirigir hacia algún lugar, que inspira, que motiva, que tiene que tener pensamiento estratégico, que es influyente, que se adelanta, que enseña… Si recorréis los libros de liderazgo o buceáis en la web encontraréis muchas reseñas parecidas de lo que se llama «las cualidades del líder». Yo estoy de acuerdo, en un modelo ideal, con muchas de ellas (no con todas 😉 ) pero creo que crean estereotipos muy alejados de la realidad y además creo que añaden peso en una lucha incesante por dar la talla.

    «Soltar lastre nos ayuda a volar»

    En liderar desde la confianza buscamos fundamentalmente que la persona «sea»y que el/la líder recorra un camino para ser ella/él mismo/a para desde ahí ayudar a los/las que dirige a desplegar su potencial.

    Librarnos de ideales y estereotipos que nos cargan y que nunca alcanzaremos, me parece el primer paso. La vida está llena de muchos pesos que tenemos que soltar para conseguir ser. A continuación os cuento cosas que para mí han sido peso y que poco a poco he ido soltando o estoy en camino de soltar por si os veis reflejados/as y os ayuda:

    • Soltar «pesos de la historia»: tanto las organizaciones como las personas tenemos muchos pesos de la historia, condicionantes que nos pusieron cuando éramos pequeños/as y que nos cuesta mucho soltar: «eres una persona tímida», «eres malo en matemáticas», «no eres bueno con los idiomas», «tienes un genio del demonio»… A mí siempre me ha costado hablar en inglés y no sabéis qué mal lo pasaba cada vez que tenía una reunión en ese idioma (además era el jefe, con lo que se suponía que tenía que dominarlo). Yo tengo dislexia, por lo que me cuestan los idiomas. En este sentido, poco a poco he aprendido que lo que importa es comunicarme y no hablar perfectamente. Esto me ha liberado mucho. Doy muchas patadas al diccionario pero me entienden, creo, o ponen cara de que me entienden porque soy el jefe. 😂 😂 😂
    • Soltar los «tendrías que», «deberías», incluso los «sería bueno», los «sería bueno para ti»... Estas expresiones nos hacen mucho daño porque muchas veces nos cargan y hacemos lo que quieren los demás. Los/líderes debemos estar muy atentos/as a esto porque influimos mucho. A mí me pasó, cuando pasé a ser director general, que tenía que ser bueno en finanzas. Mucha gente me dijo que un director general debería formarse y dominar «los números», y más yo que vengo de «letras». Luego me di cuenta que mi lógica (tengo una mente muy lógica) me bastaba para entender los números y me relajé. Además tengo a Jose Luis en mi equipo, la persona que conozco que más sabe de finanzas y de muchas más cosas. Jose Luis me decía que no me preocupara. Me quitó mucho peso.
    • Soltar «el tengo que saber»: se supone que los/las líderes tenemos que saber muy claro hacia dónde tenemos que ir, cuál es la solución para nuestras organizaciones, para nuestros hijos/as etc. Yo os confieso que dudo mucho, que no lo tengo nada claro, que necesito mucho diálogo abierto con mi equipo, con mi mujer…, muchas horas de buscar el camino para dar pasos…
    • Soltar » el acertar»: yo me equivoco mucho, como todos/as. Antes sufría por esto, se suponía que un/a líder tenía que acertar en todo. Acertar suele ser un gran listón y tenemos que aprender a soltarlo. Si se falla, se rectifica y ya está. A mí me costó pero ahora ya soy más capaz de decir «me he equivocado», «he metido la pata»… y además decírselo a los demás. Me ha liberado mucho.
    • Soltar «el siempre estoy bien». También se supone que el líder tiene que tener siempre buena cara, estar siempre motivado, afrontar con serenidad las dificultades…Sin embargo, a mí me pasa que a veces estoy cansado, otras frustrado, otras veces tengo miedo, otras estoy triste o abatido… y he ido a aprendido a compartirlo con mi equipo, ellos/as me sostienen mucho y me comprenden. Esto es recíproco en nuestra relación porque yo también intento sostener sus frustraciones, sus «temas»… Nos ayuda en este camino de la confianza.
    • Soltar «las comparaciones». Las comparaciones son unos pesos enormes. Nos comparamos con otras organizaciones, con otras personas, queremos parecernos a… Esto hace mucho daño cuando no es una sana admiración para aprender. Siempre tengo que hacer un esfuerzo para aceptarme a mí mismo y no compararme con otro competidor o persona porque eso, muchas veces, hace que no valore lo que soy, que no sepa apreciarlo. Especialmente importante es con los hijos/as porque hay demasiadas manera sutiles de hacerlo.
    • Soltar «el no me debo mostrar». Mi experiencia es que mostrarnos vulnerables ayuda mucho en la relación, y la relación es lo más importante. Una experiencia que voy aprendiendo (aunque me cuesta porque uno tiene su orgullo) es que pedir perdón está muy bien. Siempre que lo hago me siento mejor y nos ayuda en la relación. Todos tenemos que pedir perdón por tantas cosas… poder decirle a una persona (como podamos, como nos salga) «perdona» es muy sanador.

    Mi experiencia es que soltar tantos pesos, tantas imágenes que nos imponemos o nos imponen libera muchísimo. La sensación es que nos sentimos más ligeros/as si poco a poco vamos soltando nuestras pesadas anclas que nos impiden ser nosotros/as mismos/as. También nos ayuda a construir una buena autoestima. Las personas que conozco que tienen más autoestima no son las que van alardeando de lo que son. Éstas me temo que tienen una baja autoestima. Las personas que mejor autoestima tienen se muestran vulnerables, tal como son, sin importarles lo que piensan los demás.

    Espero que mi pequeña experiencia os ayude y podáis ir soltando cosas poco a poco para vivir la vida con ligereza. Pero tampoco hagáis de esto otro peso, que os conozco 😉.

    SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS. ESTARÍA BIEN QUE, SI QUERÉIS, CONTÉIS OTROS PESOS QUE ESTÁN PRESENTES EN VUESTRA VIDA O QUE OS VAIS LIBERANDO.

  • Soplar las brasas

    Soplar las brasas

    Foto de Tolga Ahmetler en Unsplash

    Hace unos cuantos meses escribí sobre lo que para mí era la principal tarea del líder. Para mí era soplar (podeis leerlo pulsando aquí). Entonces lo definía con dar impulso, soplar con el aire justo para que la persona avanzase hacia lo que ella misma quería ser para poder desplegarse. Sigo creyendo que esta es la labor fundamental que tenemos las personas que lideramos personas (jefes/as, responsables, coordinadores/as, profesores/as padres, madres…) y que nos centra mucho en lo que tenemos que hacer cada día, por lo menos a mí me ayuda.

    Sin embargo, hablando de esto con una amiga que sabe mucho de desarrollo de las personas, me dijo que otra manera de soplar es avivar el fuego, soplar sobre los rescoldos para que vuelvan a arder… Me pareció maravilloso, ampliaba mi definición y la amplificaba. Siempre dialogar me abre nuevas expectativas, nuevos horizontes. Incluso he descubierto que existe un libro de coaching sobre este concepto, lo leeré.

    Hoy hablaré, como siempre desde mi pequeña experiencia, de lo que es soplar las brasas. Creo que es lo primero que un/a líder desde la confianza debe plantearse cuando está frente a otra persona ¿Cómo están las brasas de esta persona? ¿Arden con fuego vivaz? ¿Solo arde una parte y esa parte es siempre la misma? ¿El fuego está perdiendo fuerza? ¿Solo queda una pequeña brasa y está casi apagado? ¿Parece que solo hay cenizas, pero quedará debajo algún rescoldo?

    Nos podemos preguntar muchas cosas con esta imagen, seguro que nos ayuda. Os cuento que supone para mí soplar las brasas:

    • En primer lugar, me centra en la persona por si misma, en cómo está, en qué tiempo está viviendo, en cómo se encuentra… Esto es muy bueno porque pone a la persona en el centro, dejando para después si la persona puede avanzar o puede conseguir determinados logros. Lo primero que tendré que hacer es soplar para avivar las brasas. Os invito a que cuando estéis hablando con la persona que tenéis delante os preguntéis ¿Cómo está el fuego de esta persona?
    • La segunda cosa que me plantea es cómo ayudar para que la persona se encienda más. Es decir, qué palabras y qué actitudes tendré que adoptar yo para que la persona se encuentre mejor, para que la persona encuentre en mí palabras que la puedan iluminar, motivar, entusiasmar aunque sea un poco. Si pongo la mirada así en el/la otro/a se empieza a construir una relación nueva desde la confianza.
    • En tercer lugar, soplar para que la otra persona se encienda más ayuda a una cosa muy importante: dejar caer la exigencia como primera y, a veces, única manera de mirar. Nos han enseñado que liderar es exigir y yo cada día estoy más convencido que no es una buena mirada. Creo que liderar es más acompañar y, en mi metáfora, soplar para que los otros sean. Mi experiencia es que acompañando a las personas y centrando nuestra mirada amorosa en ellas es la mejor manera para que se dé lo mejor. A veces ese mejor no será el que nosotros esperábamos pero será mucho mejor seguro. Entre otras cosas, porque no conseguiremos lo que nosotros nos proponemos sino lo que ellas quieran alcanzar que suele ser mucho más.
    • Seguro que os estáis preguntando entonces… ¿Cómo llevo a mi equipo/a, a mi hijo/a, a mi alumno/a a alcanzar los objetivos? Me siento muy reflejado en esta pregunta porque me la he hecho mil veces, pero mi conclusión personal (no pretendo convencer a nadie) es que esta es una pregunta demasiado centrada en mí y no en la otra persona. Es una pregunta desde la impaciencia, desde la imagen que se supone tengo que tener como líder, desde el ego… por lo menos yo lo veo así si miro, con verdad, las motivaciones que están detrás de esta pregunta. Esto siempre es una tensión, porque no puedo dejar mi papel de líder pero tendré que preguntarme desde dónde hago las cosas: desde mí mismo (mi imagen, mis objetivos, mis planteamientos, mis formas cerradas de hacer las cosas) o desde el/la otro/a. Tengo que confesaros que caigo muchas veces.
    • Por último, ¿Qué es para mí acompañar, soplar? Se trata de primero centrar la mirada en el/la otro/a saliendo de mí y después se puede acompañar desde la pregunta, desde el reto, desde el diálogo, desde el silencio, desde la escucha que hace de espejo etc. Se pueden lanzar retos para que el/la otro/a los acoja respetando su libertad, se pueden hacer buenas preguntas que «den en el clavo» para que la otra persona se cuestione cosas que quizás no puede mirar, se puede «estar junto a» para vivir procesos y hacer de espejo si la otra persona nos lo permite. Hay tantas maneras…

    Me parece muy importante cambiar la mirada sobre las personas que dirigimos para que nuestra energía se centre en la persona por sí misma. Así que, si os parece, llenad los pulmones para soplar con humildad lo que las personas que nos rodean necesitan.

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    2 respuestas a «Soplar las brasas»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Estupendo. Mi quedo con el dejar de centrar la mirada en uno mismo para ponerla en la otra persona y su realización. Muchas gracias.

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, un abrazo grande

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  • Dar espacio, abrir espacios…

    Dar espacio, abrir espacios…

    Foto de Mahdiye JV en Unsplash

    Miro mi experiencia personal y mi historia y el Juan de hoy no es el mismo que fue y creo que tampoco será el Juan de mañana. También me miro y sé que hay algo que permanece, que está de fondo, que siempre está y que no desaparece, pero no es algo estático, inmóvil, acabado… Es más como un río que corre pero siempre es río. Una corriente subterránea que está por debajo de lo que fui, soy y seré…

    En mi pequeña experiencia de un ser finito y criatura en un universo infinito tengo la paradójica sensación de que todo permanece y todo se transforma (como cantaba Jorge Drexrel). Siempre la contemplación de la naturaleza me ayuda a comprender la vida. El roble milenario era ya todo él en la bellota y a la vez es hoy, mil años después, una majestuosa presencia con ramas ya secas y brotes nuevos de primavera.

    Cuando se me abren los ojos, cuando me atrevo a mirar puedo verme y ver todo, en un armonioso suceder de transformación que es la Vida.

    En este acontecer de nuestra existencia hace unos días reflexionaba en cómo se produce el crecimiento personal, me preguntaba ¿Qué es lo que podemos hacer nosotros/as para que la vida crezca? ¿Realmente podemos hacer algo o la vida nos lleva, nos arrastra y pasamos el tiempo que nos toca vivir sobreviviendo, sobrevolando, soportando, analizando, buscando con ansiedad…?

    Y volvía a mi limitada experiencia y hay algunas intuiciones que se iban dibujando como pequeñas figuras que aparecen entre la niebla. Son dos las que me vinieron: la primera, lo mejor de la vida me ha sido dado y la segunda que siempre que he abierto espacios se ha abierto vida nueva.

    Hoy me referiré a la segunda intuición: dar espacio, abrir espacios…

    ¿Qué es dar espacio, abrir espacios?

    Os cuento algunas pistas sobre cómo es, para mí, esto de dar espacio, abrir espacios. Son solo pistas porque es un camino personal y tiene que ver con intuiciones profundas que la vida nos va dando. No se trata tanto de incorporar, acumular (experiencias o conocimientos), ni siquiera de aprender… La experiencia de la que hablo es distinta.

    Dar espacio sería abrir más sitio a realidades que están ya en mi vida pero que, por lo que sea, ahora voy sintiendo que se tienen que ampliar. Hay momentos en los que unas realidades no son significativas y ocupan poco espacio pero, a medida que transcurre la vida, podemos sentir que nos conectamos más a ellas y que tenemos que darles espacio.

    Abrir espacios es, para mí, incorporar nuevas realidades que no estaban antes y que siento que empiezan a emerger o siento que tengo que incorporar. A veces, solo se trata de abrir espacio sin más (dándonos más tiempo sin ocupación por ejemplo) para abrirnos a lo que la vida nos puede traer. Si nuestra realidad está totalmente llena es muy difícil que podamos incorporar nada y, además, es más difícil que estemos atentos/as a lo que sucede en nuestro interior.

    Os cuento, a modo de ejemplo, una experiencia que yo he vivido: en un momento dado de mi vida sentí que debía dar espacio al silencio y la meditación. Hasta entonces lo había intentado, me lo había propuesto mil veces y mil veces lo había dejado. Sin embargo, entonces escuché mi interior, mi cuerpo y es como si se me pidiera desde dentro abrir este espacio. Era distinto, casi empujaba por abrirse sitio, como si quisiera salir del fondo del mar para respirar… Entonces sucedió y comenzó el silencio a ser parte de mi vida, primero pequeña y después más grande. El silencio es para mí un nuevo espacio, así lo siento porque allí me expando, me abro. Sí, puedo decir que es un espacio nuevo. No es una actividad más, una experiencia más. Lo sé porque siempre quiero volver a mi «espacio silencio». No sé si lo habéis sentido así alguna vez en vuestra vida pero creo que muchas veces se da de esta manera. Puede ser que se abra el deporte como espacio de expansión o de conexión o el contacto con la pobreza como espacio de apertura o el estar en la naturaleza como espacio de amplitud de la mirada o el espacio de conversación como alteridad… ¡¡¡Hay tantas posibilidades!!

    Mi experiencia no es tanto crear nuevos hábitos (eso está bien pero casi siempre he fracasado) sino abrir nuevos espacios, para mí la diferencia es importante.

    Para que se pueda dar tenemos que estar abiertos/as y escucharnos y escuchar la vida. Es decir estar conectados. A mí me pasa que siento una inquietud nueva, física o una intuición que me conecta con mi momento vital y entonces aparece primero como necesidad y deseo y luego como posibilidad de más. Si me abro y respondo a eso que voy viendo empezaré a experimentarlo y a probar. A veces, no se abrirá el espacio y dejaré de hacerlo pero si sigo conectado/a podré sentir que no era el momento, o que no era la manera y buscaré formas nuevas que conecten mejor con lo que voy intuyendo. Así nos vamos transformando. Si, por el contrario, no me abro (como me pasa muchas veces) entonces me cierro, me escondo, me repliego, me cargo.

    En las organizaciones pasa lo mismo, si queremos evolucionar tenemos que escucharnos y abrir nuevos espacios para ir transformando la organización y llevándola más allá. Normalmente en una organización empresarial se da mucho espacio a lo económico, a los objetivos, al trabajo, al número, a la estrategia, a la consecución de la misión… Y se da poco espacio al cuidado, a la confianza, al dialogo, a la desconexión, a la apertura, a la reflexión profunda, a la relación, a la vulnerabilidad… Y entonces nos ahogamos porque solo tenemos un solo punto de vista. Llevo tiempo reflexionando y compartiendo con personas con las que me encuentro sobre esto y siempre acabo preguntando ¿Qué es lo que está pidiendo espacio ahora en tu organización? Se trata de escucharlo colectivamente mediante el proceso que describí en otra entrada «dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer».

    Y cuando nos hayamos respondido a la pregunta se trata de abrir espacios en nuestra vida cotidiana como organización para que esté presente lo que hemos descubierto. Por ejemplo: diseñar espacios físicos para que se dé, tiempos específicos para que se viva, rituales organizativos que lo recuerden y lo hagan presente etc.

    Así nos transformamos y crecemos, así la vida se va ensanchando, se hace más Vida.

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    3 respuestas a «Dar espacio, abrir espacios…»

    1. Avatar de albertoenblogalta
      albertoenblogalta

      Gracias Juan. A veces en empresas grandes, públicas, hay que buscar esos espacios yendo un poco a contra corriente… Pero se intenta!!
      Un abrazo

      1. Avatar de Juan

        De eso se trata de abrir espacios o por lo menos intentarlo. Muchas Gracias y abrazo

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan!

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  • El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.

    El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.

    Photo by Jan Tinneberg on Unsplash

    Esta semana leí que la actriz española Maribel Verdú hacía un alegato sobre no salir de la zona de confort. Venía a decir algo así como «dejadme en paz, yo lo que quiero es estar en mi zona de confort, no lo entendéis por eso se llama zona de confort» (enlace) Tuvo muchos likes en twitter y muchos apoyos. A mí me hizo pensar, a veces los pequeños acontecimientos cotidianos son los que me ayudan a mirar. Me hizo pensar porque yo había escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había dejado cosas.

    Comprendo lo que dice la actriz y lo que piensan muchas personas. Yo, a veces también, he tenido esa sensación. La sensación de que la sociedad, el mundo, los que me quieren, los que me dirigen, la vida misma nos dijera incansablemente:» tienes que mejorar, no es suficiente… » Creo que es ese sentimiento al que se refiere. Hay una parte en la que tiene razón: tantos libros de autoayuda, tantas promesas de felicidad, tantas expectativas de ser más completos están generando tensiones permanentes. Y ante esta avalancha, después de haber leído muchos libros, de ir a coaches y psicólogos, de meditar y hacer yoga, dan ganas de gritar: ¡Dejadme en paz!

    Sin embargo, creo que la actitud correcta es preguntarnos por qué llegamos a este sentimiento. Yo pienso, mirándome a mí mismo, que lo que de fondo, estamos gritando es: «yo no soy feliz, ya lo he intentado bastante, no tengo sensación de haber conseguido mucho y por eso me sale la rabia que lanzo al mundo: ¡Dejadme en paz». La parte verdadera es que nadie puede sentirse presionado desde fuera para crecer y tenemos todo el derecho del mundo a decirles: «dejadme en paz» incluso es bueno que lo hagamos con una sana autoafirmación. Pero también tenemos que reconocer, con sinceridad, que lo que estamos gritando es que no estamos bien como estamos y tenemos el vano deseo de quedarnos, de pararnos, pensando que así estaremos mejor.

    No podemos forzar procesos desde fuera, no podemos estirar la planta para que crezca.

    Hay una frase que oí que suelo decir mucho: «la puerta del desarrollo se abre por dentro», es decir que solo nosotros/as mismos/as, desde dentro podemos avanzar si queremos. En este sentido, solo nosotros/as mismos/as podemos salir de nuestra zona de confort.

    Este blog está dedicado a los/as que lideran en todas sus formas (jefes, coordinadores, educadores, padres, madres…) y me parece que esta reflexión la tenemos que tener muy en cuenta. No podemos forzar procesos desde fuera, no podemos estirar la planta para que crezca. Es muy importante que lo tengamos muy claro, debemos respetar los procesos humanos, sus tiempos y sus aprendizajes. Voy a escribir algunas actitudes que tenemos que tener en cuenta en el camino con otros:

    • Una actitud humilde: tenemos que reconocer que no sabemos mucho y que no podemos situarnos en dar lecciones, en forzar procesos, en dar recetas. Primero, porque si nos miramos sinceramente a nosotros/as mismos/as nos damos cuenta que también nosotros/as estamos en camino y que tampoco sabemos mucho. Y segundo, porque el proceso de liderazgo en el desarrollo es un proceso humilde de acompañar desde la experiencia vivida para orientar, para tratar de iluminar la niebla un poquito. En el fondo es hacer camino con la otra persona.
    • Una actitud paciente: tenemos que saber respetar los tiempos, esperar a que las cosas las vea el/la otro/a en su momento, no podemos forzar. Tenemos que aceptar sus negativas, incluso sus desahogos, sus oscuridades con la esperanza de que en el camino se irán dando los aprendizajes.
    • Una actitud de respeto: en este camino tenemos que tener mucho respeto al otro, preguntándonos si sus dudas o sus objeciones son verdaderas, abriéndonos a que lo sean. El camino del liderazgo desde la confianza, no tiene muchas certezas, lo que tiene es mucha cercanía y respeto. En este respeto acepto que la otra persona me enseña a mí tanto como yo le enseño. Esta es una realidad que la experiencia nos va dando. Respeto, supone también respeto a la confianza que me da para tomarme en serio lo que me dice, para prepararme, para abrir mi mirada.
    • Una actitud no moralizante. El/la líder tiene que huir de expresiones como: «tienes que…», «deberías…», «así es como lo tienes que hacer…» porque estas expresiones hablan de que hay un camino claro y un modelo al que parecernos. Estas formas de hablar llevan rápidamente al «déjame en paz» con todo el derecho. Nuestro modelo de vida, nuestras leyes y certezas las debemos dejar para construir juntos/as el camino.

    Al final todo se resume en una cosa: «la centralidad del ser humano en todo lo que hacemos». Las personas a las que acompañamos están por encima de nuestras pretensiones, de nuestras expectativas, de los propósitos míos o de mi organización; por encima de mi visión e incluso, por encima del proyecto que hemos diseñado juntos. Lo importante está en el respeto del camino de cada persona y esto, es tarea y decisión de cada persona. Lo único que podemos poner es una enorme Esperanza en el ser humano.

    SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS.

    2 respuestas a «El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.»

    1. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Humildad, paciencia, respeto,… Esperanza, mucha Esperanza, y seguir caminando y acompañando caminos. Qué bueno Juan, Muchas gracias.

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. Es una bonita imagen. Regar en lugar de tirar de la planta. Abonar, sostener, tener paciencia….
      Un abrazo.

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  • Proteger

    Proteger

    Photo by CHUTTERSNAP on Unsplash

    En la anterior entrada hablamos del desarrollo humano como una tarea de fondo del/la líder desde la confianza. Hoy siguiendo con ese esquema, vamos a compartir un peligro que tenemos para ayudar en el desarrollo. En el liderazgo, como en todas las actividades humanas de la vida en las que el ser persona se pone en juego, no es fácil hacer hacer distinciones, ni marcar límites, hacer definiciones… porque liderar es una experiencia, casi un arte que vamos aprendiendo con el paso de los años. Es muy importante darse cuenta de que cuando trabajamos con personas para su desarrollo estaremos siempre moviéndonos entre límites, buscando el equilibrio para no pasarnos ni por un extremo ni por el otro. Siempre he pensado que liderar personas es (o tendría que ser), en el fondo, un acto de amor hacia los/las otros/as: nuestros compañeros/as, nuestros hijos/as, nuestros/as alumnos/as… Y hoy vamos a hablar de un extremo o un peligro que tiene este acto de amor y que limita mucho el liderargo desde la confianza hacia los/as otros/as. Este límite es el proteger, proteger en exceso. Cuando somos padres o madres nuestro instinto natural nos lleva a proteger a nuestros/as hijos/as, cuando son bebés los hemos visto frágiles y les hemos tenido que ir protegiendo a la vez que les vamos enseñando poco a poco. La semana pasada veíamos que el aprendizaje se hace dejando la zona de confort pero sin entrar en la zona de pánico: otro equilibrio.

    Proteger es un peligro para conseguir el desarrollo de las personas.

    He visto a muchas personas que empiezan a liderar y que tienen una clara vocación por el ser humano pero que tienden o tendemos a proteger a las personas. Son personas que dicen amar a los otros que enseñan o dirigen pero les asusta dejarles crecer, tienen miedo de las consecuencias para los/as otros/as o quizás para ellos/as mismas. Vamos a ver distintas cuestiones en las que el proteger paraliza el desarrollo:

    • El paternalismo: muchas organizaciones o líderes hablan de poner en el centro a las personas y creen que evitando los conflictos, que solo dándoles cosas se conseguirá un buen liderazgo. Sin embargo, cuando surge un conflicto, porque los conflictos son parte de las relaciones, se enfadan: «con todo lo que yo os he dado, con todo lo que yo he hecho por vosotros…» No pueden entenderlo. El problema es que en las relaciones paternalistas lo que prima es el egoísmo, el YO que está por encima de las personas. Los/as líderes paternalistas quieren ser admirados, no quieren que los demás piensen mal de ellos/as. Esto hace mucho daño porque no deja que las personas crezcan autónomamente. También hay personas que viven muy cómodas en este sistema porque no les compromete y les interesa más comportarse como niños/as que crecer como seres humanos.
    • Otra versión del proteger suele plasmarse en el no delegar, que en el fondo es un sentimiento de sentirnos imprescindibles. Cuantas personas no dejan nuevas responsabilidades a los otros/as y se llenan de trabajo porque, en el fondo, protegen y se protegen, que son dos caras de la misma moneda. En esto no demos por supuestas cosas de nosotros mismos/as, no digamos rápidamente «yo delego bien, yo desarrollo a mi equipo». Una forma de no engañarnos es mirar si somos capaces de dejar nuestro trabajo por ejemplo, quince días. Si no somos capaces, es que nuestra responsabilidad está mal entendida y seguramente, estamos protegiendo. Las organizaciones están llenas de personas que no pueden salir a su hora o coger vacaciones porque, en el fondo, sufren más delegando que siendo de una manera no sana «responsables».
    • También el proteger se muestra en líderes (muchos padres o madres) que evitan a los otros/as cualquier cosa que les pueda producir desazón, vergüenza, cierto riesgo, angustia o miedo etc. Esta forma de querer impide que las personas nos desarrollemos para desplegar nuestras capacidades o dones.

    Un líder desde la confianza que trabaja en el desarrollo no protege. Ama porque quiere lo mejor para el/la otro/a y, para eso, entiende que lo mejor que puede hacer por la persona el ayudarle/dejarle crecer. Un líder desde la confianza acompaña, no interviene; escucha, no habla; sopla, no empuja; reta, no paraliza; pregunta, no da respuestas; deja, no acapara; da espacio, no ocupa; es más una brisa suave que deja, que un huracán que arrasa; está más en segundo plano y desea con todas sus fuerzas el brillo de los demás más que el suyo propio. En el fondo, es más importante el TÚ que el YO. Es todo un camino para cada uno, cada una de nosotros/as ojalá seamos conscientes y busquemos más desarrollar que proteger.

    Seguimos en los comentarios.

    3 respuestas a «Proteger»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Desafío difícil incluso para los que no tenemos hijos

      1. Avatar de Juan

        Es verdad, a veces con los hijos/as nos cuesta muchísimo. Muchas gracias

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Muchas gracias, Juan.
      Lo que has escrito hoy da mucho que pensar, especialmente, al menos para mí, lo relativo al “paternalismo” y al “no delegar”. Y estoy de acuerdo con vosotros en que es difícil detectar cuándo se produce esto en los líderes y en los miembros de los equipos.
      También pienso que merece la pena hacer el esfuerzo por descubrirlo.

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  • Mariposas en el estómago.

    Mariposas en el estómago.

    Close up of a senior woman and her instructor doing tandem skydiving

    A veces me pregunto cuál es la misión del líder, del líder desde la confianza. Podemos poner varias misiones que el líder trata de afrontar: guiar al equipo, organizar el trabajo, hacer que el equipo trabaje de manera conjunta… todas estas misiones son parte de nuestro trabajo. Sin embargo, a mí me parece, que hay una misión que es la más genuina de todas: desarrollar a las personas del equipo. Desarrollar significa aprender cosas nuevas, pero va más allá de aprender porque no centra el foco no en conocimientos y habilidades sino en la capacidad que tenemos los seres humanos de ir completándonos, siendo más personas, más adultos/as, más integrados/as, cada día más lo que estamos llamados a ser (la mejor versión de nosotros/as mismos/as).

    Existe un esquema clásico del desarrollo humano que me ayuda a explicar lo que creo que es el camino del desarrollo humano.

    El esquema es muy sencillo. Si nos mantenemos en la zona de confort, no hay aprendizaje, ni desarrollo. Si, por el contrario, pasamos rápidamente a la zona de pánico, avanzamos demasiado rápido y nos paralizamos por el temor que experimentamos ante las nuevas experiencias y retos. El secreto está en que las personas avanzamos en la zona de aprendizaje, que es una zona de movimiento acompasado que integra bien lo que vamos aprendiendo. Los líderes desde la confianza tenemos que tener muy claro este esquema para dirigir a los equipos. De hecho, nuestro trabajo, es hacer que cada una de las personas y el grupo en su conjunto estén en la zona de aprendizaje.

    En esta entrada, como ya he señalado, no quiero hablar tanto del aprendizaje como del desarrollo humano. Para mí, aprendizaje lo centramos en conocimientos pero el desarrollo lo vinculamos más a que la persona vaya adquiriendo nuevas areas de expansión, nuevas experiencias y hábitos que antes no se daban porque le costaban y que le van situando en nuevas cotas de su ser persona, la persona que quiere llegar a ser. Voy a poner un ejemplo con el aprendizaje del inglés. Aprender sería ir a clases de ingles y mejorar mi vocabulario, mi gramática etc. Desarrollo sería dar una conferencia en inglés ante un auditorio. Por esto el aprendizaje no suele llevarnos a la zona de pánico, en cambio el desarrollo sí. En el ejemplo, si impulso demasiado rápido a una persona a dar la conferencia en inglés puede que la lleve a la zona de pánico y, entonces, se paralice y no quiera volver a asumir nuevos retos en su dominio del idioma porque le aterrorizan. Esto es lo que los lideres tenemos que calibrar.

    Entonces, vamos a ver cómo trabajar el desarrollo humano y a empezar a distinguirlo para poder trabajar con nuestros equipos.

    Una cosa que suelo decir, para hablar de desarrollo es darnos cuentas de aquellas cosas que nos producen «mariposas en el estómago». Todos tenemos una sensación parecida ante las cosas que nos cuestan, que nos suponen un reto que normalmente se mueven entre el deseo de hacerlas y el miedo a fracasar. Esa sensación que se da, en nosotros o en los demás nos ayuda a entender dónde mantenernos en la zona de aprendizaje o desarrollo. Esto es muy bueno porque nuestro cuerpo habla más rápido y más claramente que nuestra razón. Además muchas veces cuando racionalizamos, tapamos nuestros miedos, nos autoexcusamos y nos paralizamos.

    Voy a contar una experiencia, para intentar ver cómo trasladar el desarrollo humano a la práctica cotidiana. En mi equipo, había una persona que su trabajo era negociar, pero era una persona que tenía dificultades con el conflicto. Poco a poco me di cuenta que normalmente se rodeaba de personas y proveedores que eran fáciles, que tenía buena relación y dejaba para último momento y cerraba demasiado rápido los acuerdos con personas más agresivas, o más asertivas y difíciles para él. Un día que tenía una reunión con una de esas personas que le costaban, le pregunté qué sentía antes de la reunión (teníamos mucha confianza para hablar este lenguaje). Me describió una situación corporal de ansiedad, sudoración, vacío en el estómago.. lo que yo diría «mariposas en el estómago». Pudimos, de esa manera, darle nombre y hablar con franqueza de que esa era una zona de desarrollo, primero mostrándole empatía (le puse muchos ejemplos de situaciones en las que yo tenía mariposas en el estómago) y planteando enfocar la próxima reunión (solo la próxima) de distinta manera más consciente, más preparada para que pudiera afrontar la situación poco a poco y no pasara a la zona de pánico.

    Hay muchas «mariposas en el estómago» y de distintas clases: dificultades para vivir el conflicto, dificultades para marcar límites a los demás, dificultades para exponernos , dificultades para mirar nuestra interioridad, dificultades para controlar nuestra agresividad, dificultades para expresar lo que sentimos…. cada uno, cada una de nosotros/as tenemos unas cuantas. El ejercicio de hoy es que penseis en qué situaciones concretas de vuestra vida aparecen «las mariposas». Os dará mucha información sobre vosotros/as mismas y a partir de ahí intentar escribir pequeños pasos para avanzar, dentro de la zona de aprendizaje, la próxima vez.

    El desarrollo humano es un camino apasionante y precioso, es un camino para la vida entera y cada día está lleno de oportunidades para ir más allá.

    Seguimos en los comentarios.

    5 respuestas a «Mariposas en el estómago.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan. Interesantísimo y muy claros los ejemplos. Un abrazo.

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Gracias, Juan. Me ha parecido que las dificultades que señalas para desarrollarnos y para ayudar a los equipos a que se desarrollen son muy reales.
      Además, nos ofreces caminos para aprender y mejorar.
      Un abrazo

    3. […] escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había […]

    4. […] fa poques setmanes sobre com sortir de la zona de confort passant a la zona d’aprenentatge (enllaç). Avui miraré d’explicar-me millor, però no per defensar la meva postura, sinó perquè […]

      1. Avatar de Juan

        Moltes gràcies Ciutat Nova. Una abraçada gran

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  • Trapecista

    Trapecista

    Marta, mi mujer, suele decir: «yo lo que quiero es la felicidad de mis hijos, aunque sean trapecistas». Es una frase que a mí me hace gracia y que estos días me ha hecho pensar con respecto al liderazgo desde la confianza. Eso es en el fondo lo que queremos (o deberíamos querer) los/as líderes, los/as maetros/as, los padres y las madres para todos/as los que dirigimos, orientamos, educamos, amamos; que sean: TRAPECISTAS. Es decir, lo que ellos desean profundamente ser, lo que quieren desplegar, lo que aman desde niños, lo que disfrutan, lo que han recibido como don.

    Os cuento un ejercicio que hice yo conmigo mismo a la luz de esta frase. Cerré los ojos, me fijé en la respiración (siempre la respiración me calma y me centra) y luego, con la imaginación, imaginé a una de mis hijas siendo trapecista. La veía entrenar con fuerza y sufrir para conseguir el doble mortal, su carita tenía una concentración intensa, veía su determinación para volverse a subir al trapecio después de caer a la red una y otra vez. Luego la imaginaba en la pista de un circo lleno de gente, la anunciaba el maestro de ceremonias y salía corriendo con una mirada brillante en los ojos, su cara resplandecía y estaba llena de pasión. Subía al trapecio, hacía mil volteretas y ejercicios, cada vez más difíciles, cada vez más bonitos. El público aplaudía con fuerza. El doble mortal hacia atrás culminaba la actuación y saltaba a la pista radiante, recibiendo una ovación atronadora. Entonces su cara era de una satisfacción enorme, su sonrisa despegaba de su cara y sentía una felicidad inmensa. Estaba feliz porque todo el mundo, en aquel circo, estaba feliz. Tenía la paz de saberse en su sitio, de entregar lo mejor de sí misma, de sentirse plena y unida con su interior y con cuantos la rodeaban.

    «yo quiero la felicidad de mis hijos aunque sean trapecistas»

    Este ejercicio lo podéis hacer con cada uno de vuestros hijos, miembros de vuestro equipo, alumnos… pero también lo podéis hacer con vosotros/as mismos/as. Reconocer dónde os sentís así, cuándo os sentís como la trapecista. Cada uno verá: cocineros/as, pintores/as, estudiantes, escuchadores/as, hechiceras/os, masajistas, bomberos/as, investigadoras/es, coleccionistas, cajeros/as, artistas, comediantes/as, madres, padres, acompañantes, educadores/as, amantes, cuidadoras/es, escritores/as, funambulistas, obreras/os, carpinteros/as… mil etc. Se trata de ver dónde vibramos, dónde se descubre nuestra pasión, nuestro anhelo más profundo, nuestra identidad radical. No tiene porque ser una profesión, puede ser una cualidad, podéis mirar lo que hacéis cada día, qué tareas os recuerdan a la trapecista y, desde ahí, ir tirando para ir descubriendo vuestro don más íntimo.

    Marta y yo, estuvimos hablando de esto ayer e hicimos un ejercicio para intentar descubrir nuestra pasión y sitio. Nos preguntamos: ¿Si fuéramos a ayudar a un campo de refugiados dónde estaríamos cada uno de nosotros? Nos miramos traviesos y casi nos quitábamos la palabra. Marta estaría curando niños (es médico), embarrada, ajetreada, involucrada. Cuidando, atendiendo, sanando todo lo que pudiera. Estaría agotada pero tendría la misma mirada que nuestra trapecista. ¿Y yo? casi nos reíamos. Yo no podría acercarme a los niños y enfermos (me agobiaría con la sangre y el sufrimiento). Yo estaría en la tienda de aprovisionamientos, ordenando, organizando, tratando de convencer a mucha gente para traer comida y medicinas lo antes posible. Organizando los grupos de trabajo, las formas más rápidas para conseguir los aprovisionamientos. Y también tendría la mirada de la trapecista. Lo único es que Marta en su puesto en la vanguardia, estaría pensando ¡Qué lento es mi marido en traer las medicinas! Acabamos a carcajadas..

    Prueba tú también ¿Dónde estarías tú en el campo de refugiados? Es un buen ejemplo porque en la necesidad acuciante es dónde suele salir lo mejor de nosotros/as mismos/as.

    Cuando analizamos qué queremos ser o qué tenemos para dar nos confundimos muchas veces. Pongo algunos ejemplos:

    • Nos confundimos porque pensamos que lo que tenemos que ser está ligado al deber, la responsabilidad, la misión… y esto nos confunde porque no conectamos con la trapecista que tenemos dentro.
    • Nos confundimos, también, porque nos han enseñado que las cosas se consiguen con esfuerzo y sufrimiento. Tanto vale tanto cuesta… y, entonces, no valoramos lo que disfrutamos y nos hace felices. En la historia de mi trapecista también está el esfuerzo y el sufrimiento del aprender, del entrenar pero como está vinculado a nuestra pasión parece distinto. ¿A qué sí?
    • Nos confundimos porque, cuando éramos niños, nos desconectamos de nuestros dones y de bailar con la vida. Nos hemos complicado la vida, la hemos teñido de seriedad y hemos aprendido a esconder lo que genuinamente somos y que casi ya no nos acordamos.

    Os anímo a emprender el camino de descubrir a vuestro/a trapecista y a intentar ayudar a descubrirla a las personas que dirigís u orientáis.

    Por último, para los creyentes, yo creo que Dios Padre, estaría en la pista del circo disfrutando de la trapecista a tope y sería feliz viéndola. Esa es la diferencia con nosotros, que como padres y madres estaríamos, entre el público, con una mezcla de orgullo y sufrimiento en cada mortal, comiéndonos las uñas para que no se cayera. Yo creo que Dios no sufriría, estaría plenamente satisfecho porque lo que más quiere es que seamos trapecistas siempre, hasta el final, a pleno pulmón.

    Os atrevéis a contarnos en los comentarios cuando sois trapecistas.

  • Una conversación sobre liderazgo.

    Una conversación sobre liderazgo.

    Hace unas semanas, tuve una conversación con Guillermo Echegaray, consultor, psicólogo y buen amigo sobre el liderazgo. Guillermo, en su canal de youtube (ver aquí), está realizando una serie de «conversaciones circulares» en las que trata y, creo que consigue, que todos los que participamos en ellas nos sintamos confiados, conectados con nosotros mismos y con la otra persona para poder abrirnos a decir lo que sentimos profundamente. Quizás en esta conversación con él puedo mostrar mejor lo que quiero decir con este blog. La confianza que Guillermo consigue hace que nos podamos mostrar.

    ¡Ojalá os sirva!

  • Nombres propios, nombres comunes.

    Nombres propios, nombres comunes.

    Esta es la última entrada del año y ya sabéis mi manía por las palabras. Hoy me voy a meter en el berenjenal de la gramática, espero no perecer en el intento. La gramática distingue:

    “Los sustantivos propios son nombres que distinguen o identifican a un individuo o ejemplar de los demás de su especie”

    “Los sustantivos comunes permiten nombrar todos los objetos pertenecientes a una misma especie.”

    Una diferencia apreciable.

    Nombres propios.

    Hay una cosa que a mí me encanta, es que me llamen por mi nombre: Juan. Supongo que a todos nos pasa, que una persona, sobre todo alguna con la que no tienes mucha relación, se acuerde de tu nombre es algo bonito. Yo intento acordarme de los nombres de las personas (aunque mi memoria no da para mucho) y hablarles con sus nombres propios. Es algo más que solo acordarte del nombre, es que nos sentimos nombrados/as, individualizados/as, reconocidos/as, apreciados/as… El nombre propio de cada uno, de cada una, nos nombra, mucho más allá que distinguirnos, creo que nos nombra como seres humanos. Los judíos tenían está concepción del nombre que recorre toda la Biblia (1)

    Por eso creo que los líderes desde la confianza tenemos que fijarnos en los nombres de las personas que comparten equipo con nosotros. Quiero decir, fijarnos en cada persona con sus particularidades, entender quién es, qué quiere, desde dónde nos habla, en qué momento está, cómo es, a qué aspira, qué ama, qué le cuesta… Mirar a cada persona de manera individualizada, en proceso, en construcción hacia su máximo potencial.

    Por eso, en esta última entrada del año, os sugiero que hagamos un ejercicio. Sentémonos tranquilos, bajemos la luz, cerremos los ojos y escuchemos nuestra respiración y, cuando estemos calmados/as, empecemos a decir despacio, casi en un susurro, los nombres de las personas con las que te hayas encontrado este año y que te vayan resonando, parándote un momento en cada nombre, en cada rostro…

    A mi me vienen: Alberto en el hospital, Christoph que no está con nosotros, Miguel que ha encontrado un nuevo trabajo, Marta y su proceso para aprender a cuidarse, Nuria y sus ganas de aprender, María que se ha separado, Teresa que tanto me ayuda… tantos y tantos nombres que nos llenan de alegría, de compasión, de esperanza, de apoyo, de Vida. Nombrarles es salir de nosotros/as mismos para unirnos a ellos/as, que siempre es un gran ejercicio.

    Nombres comunes.

    Pero también están los nombres comunes, aquellos/as de los que no sabemos sus nombres, que aparecen en los periódicos, o de las que nos hablan pero no los/as distinguimos. Me refiero a multitud de personas que no les ponemos nombre y, quizás, por eso no nos acordamos de ellas, no están en nuestro pensamiento, ni en nuestro corazón… Y, entonces, se nos olvidan o no los/as sentimos cercanas, o no nos afectan más que solo algunos instantes…

    Por eso os propongo, que sigáis con los ojos cerrados y nombréis a tantos nombres comunes que también os resuenan y que han estado en los periódicos o en vuestros pensamientos a lo largo del año. Y que cuando penséis en ellos, quizás podéis intentar adivinar sus nombres, ponerles nombre y rostro…

    A mi me viene: las personas que han padecido el terremoto de Haíti (quizás se llamen: Leandre, Jonassaint, Renaud, Jean-Jean, Jean-Pierre, Pierre-Philipe…), Las mujeres afganas (Aahoo que significa gacela o Aaquila que significa inteligente, o Arezo que significa deseo o esperanza…), los refugiados sirios (Maya, Hana, Georges, Elías…), y, así, podemos seguir por lo que os vaya surgiendo: realidades y personas sin nombre.

    Creo que si le dedicáis un rato os ayudara a acabar el año de otra manera. Deseo, con todo el corazón, que os ayude a ampliar y profundizar la mirada, vuestra mirada apreciativa. Gracias por seguirme todo el año, seguiremos el que viene, y os deseo una FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO NUEVO LLENO DE ALEGRÍA,

    PODEMOS SEGUIR PONIENDO NOMBRES EN LOS COMENTARIOS.

    (1) El nombre posee, en la mentalidad semita, una importancia singular; indica el ser de la persona, su misión, su destino. (J.A. Pagola, “Jesús una aproximación histórica”)

  • Cansancio.

    Cansancio.

    Hoy Marta me ha dicho: «escribe sobre el cansancio, es lo que veo por todas partes». Es verdad que veo mucho cansancio a mi alrededor, mucha desesperanza, mucho desaliento. Incluso, en algunos casos, tristeza y depresión. Cuando esto pasa en mi entorno social, se me pega y me llega al cuerpo en modo de cansancio físico y de oscuridad psicológica. Creo que nos pasa a todos y a todas. Está claro que es fruto de la pandemia en la que ya llevamos casi dos años, pero también, quizás, es el invierno (en Pamplona, donde vivo, lleva lloviendo 20 días) o quizás es el final de año, donde que se acumula todo lo que llevamos de trabajo… no sé pero está en todas partes.

    Los ciudadanos están cansados, los sanitarios están cansados, los niños están cansados, los ancianos están cansados, los estudiantes están cansados… Está en el ambiente, es como si una ola triste y depresiva nos fuera envolviendo en estos momentos.

     Parece que el cansancio lo envuelve todo, pero podemos cambiar la mirada.

    Las razones de esto son muchas y difíciles de describir. Probablemente estamos en una «sociedad del cansancio» escribe Byung-Chul Han, en un ensayo muy recomendable, y esto estaba antes de la pandemia.

    No pretendo entrar en análisis sociológicos ni filosóficos sobre la sociedad actual, lo que trato en este blog es transmitiros mi experiencia en el liderazgo desde la confianza por si os puede servir. Entonces la pregunta es ¿Qué debe proponer un líder a las personas de su equipo en estos momentos? Algunas propuestas que pueden servir para nuestros equipos y, ojalá, también para nuestro propio desarrollo personal:

    • Reconocer: estar atentos/as a este sentimiento de cansancio y hablarlo, no negarlo, no evitarlo. Reconocerlo, recogerlo, apreciarlo, sentirlo y respirarlo. Creo que es importante siempre volverse al interior y dar nombre a lo que nos pasa y no criticarlo, huir de ello o mirarlo como algo que debo que cambiar o que es malo que nos pase. Está ahí y, como mío, lo debemos reconocer y apreciar. Hablarlo en equipo estaría muy bien. Pero no quedarnos ahí, lamentándonos, encerrados, resentidos. El movimiento de reconocerlo es para aceptarlo no para rumiarlo. Una vez reconocido podremos soltarlo.
    • Dar reconocimiento: un asesor mío, muy sabio y muy querido, me dijo una vez: «Juan nunca dejes de dar reconocimiento a los equipos y, cuando tengas dudas, también felicítales» Me ha ayudado mucho. No se trata de dar reconocimiento banal o no sentido porque eso se nota, pero si estamos conectados con nuestro corazón, seguro que nos sale mil veces dar reconocimiento sincero. Y si no nos sale, también dad reconocimiento.
    • Cuidado con el positivismo superficial: En el libro que arriba os he comentado habla de que la sociedad del cansancio se debe, en cierta medida, a un positivismo mal entendido. Un positivismo superficial y milagrero que nos frustra. Internet está lleno de esto y, las personas, buscamos formulas rápidas para sentirnos aliviados. El/la líder no debe centrarse en proponer fórmulas rápidas, cursos de autoayuda, ni videos motivadores con mensajes facilones. Son espejismos y generan frustración a medio plazo.
    • Mucha esperanza y pocas pretensiones. Es mi frase favorita, toda una filosofía de vida. Vamos a mirar, por ejemplo, la pandemia desde aquí: a lo mejor el cansancio pandémico del que tanto se habla, está generado por las continuas pretensiones o expectativas. Estamos cansados/as porque pretendemos que las cosas sean como antes, que está ola pase y no se pasa, que nos podamos quitar la mascarilla y vuelven las restricciones etc. Vivimos llenos de expectativas. ¿No sería mejor que nos centráramos en el presente y lo llenáramos de esperanza?. El líder tiene que ser realista y no poner expectativas excesivas, debe mirar lo que hacemos de manera apreciativa, tiene que tener cuidado con poner sólo el peso en mejorar para contrabalancearlo con una sabiduría que aprecia lo conseguido y reconoce el esfuerzo.
    • Poner la mirada en lo que tenemos y no en lo que nos falta. En este momento los medios de comunicación, la sociedad, ponemos la mirada en lo negativo o en lo que conseguiremos, en un futuro que nunca llega. Sería mejor poner la mirada con realismo pero con esperanza en lo que mucho que tenemos y lo mucho que nos une.
    • Salir de nosotros/as para ir a los/as otros/as: Un movimiento que podemos hacer y que no es positivista en el sentido superficial, es centrarnos en lo que damos, en qué hemos conseguido para otros/as y qué podemos conseguir, centrarnos en salir de nosotros/as mismos/as para poner la mirada en los que nos necesitan o en el sentido de lo que hacemos (en los niños que educamos, en los pobres a los que ayudamos, en las personas que curamos o aliviamos, en los empleos que creamos…). El/la líder puede estar atento/a a no sólo mandar tareas, proyectos u objetivos sino a darles sentido. ¿Qué tal si pruebas a explicar el sentido que tienen las cosas que tenéis entre manos?

    Como suelo decir, creo que muchas veces las cosas cambian solo cambiando la mirada. En este caso podemos elegir otra mirada para salir de ese cansancio existencial que parece que lo envuelve todo.

    PODEMOS SEGUIR EN LOS COMENTARIOS.