
En estas últimas semanas he conversado con distintas personas que se encontraban mal en sus trabajos, incómodas, ansiosas etc. Cuando estaba escuchándolas siempre sentía lo mismo: “no estás en tu sitio”. Siempre tengo una sensación/intuición interior hacia lo espacial, hacia el lugar que ocupan las personas o cuándo el orden en un grupo de trabajo o en una organización está descompensado. Es cómo un “saber” anterior a lo racional, lo primero que me viene es que las cosas, las personas no están bien situadas. En esta entrada trataré de explicarme.
«No estar en el sitio» o en su versión más aguda “no aceptar mi sitio” son fuentes de mucho sufrimiento para las personas. Quiero decir que todos/as tenemos un sitio en el sistema al que pertenecemos (la familia, el trabajo, el grupo de amigos/as…) El sitio es el que el sistema nos da y nos reconoce. No es lo mismo el lugar del padre o la madre que el del hijo/a o el abuelo/a, no es lo mismo el lugar del empleado que del jefe y también tu lugar en los distintos niveles que el sistema tiene.
«No estar en mi sitio» o «no aceptar mi lugar» suelen ser fuentes de mucho sufrimiento.
Muchas personas están incómodas en el sitio que ocupan, a veces porque no les gusta o porque no se sienten reconocidas o porque proyectan o porque nunca aceptaron el lugar que tienen… las causas pueden ser muchas. A mi me pasa, que cuando escucho a las personas que están sufriendo por esto, siempre me viene que lo primero que tienen que hacer es aceptar, reconocer y apreciar su lugar. Como siempre es mucho mejor mirarse para dentro.
Voy a poner ejemplos de cómo suele suceder esto y pistas para intentar sentirse mejor:
Proyectarme hacia arriba: a veces las personas nos situamos en el puesto del de arriba (el/la jefe/a) y todo lo vemos desde ahí. Muchas veces porque queremos cambiar las cosas y no tiene que ver con que tengamos buena relación o mala relación con el jefe/a o lo esté haciendo bien o mal. Sin embargo, muchas veces nos situamos pensando o proyectando cómo lo haríamos nosotros/as, qué cambiaríamos, qué decisiones tomaríamos… Lo decimos o lo pensamos (da igual) pero siempre estamos fuera de nosotros, de nuestras responsabilidades y lugares y casi siempre de manera insana proyectando, anhelando, sufriendo porque las cosas no son como a mi me gustaría.
Tratar de cambiar al de arriba: este sería el caso anterior pero cuando la persona de arriba (el/la jefe/a), es una persona que no ejerce bien su liderazgo, que no nos trata bien por acción o por omisión, una persona tóxica solemos decir. Una reacción muy natural y normal, es estar siempre hablando del sufrimiento que me produce, de lo buena que sería mi vida si le cambiaran o se fuera, desahogándome con el primero/a que encuentro… Es muy normal pero no conduce a nada y ahonda el sufrimiento e impide hacer lo que depende de nosotros/as que es lo que podemos cambiar. Los alcohólicos anónimos piden a Dios una cosa muy sabia : “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia”. En este caso es muy bueno estar en mi sitio, concentrarme en lo que puedo hacer, ocupar mi espacio y celebrarlo, agradecerlo y rendirle el homenaje que merece. Es una forma mucho más sana de cuidarme. Seguro que los que estéis en esta situación os sale un sentimiento de rabia (Juan, no sabes bien cómo se pasa!!!), os entiendo pero darle un momento, una oportunidad a centraros en lo que sois y a bendecir el espacio que ocupáis y todo el potencial que tenéis para, desde vuestro sitio, desplegaros.
Cuando la situación es muy problématica y la persona no puede continuar más. Es mejor dejar el sistema después de un discernimiento sereno que seguir en el “bucle” de intentar cambiar lo que no puedo cambiar. Si decidimos hacerlo os recomiendo reconciliarnos antes con el sistema al que hemos pertenecido porque sino seguiremos arrastrando heridas en nuestro nuevo trabajo. Reconciliarnos es reconocer todo lo bueno que fue, despedirnos adecuadamente con amor compasivo.
Ocupar el lugar de los de abajo: hay líderes, padres, madres etc. que quieren ocupar el lugar del de abajo (el/la empleada, el/la hijo/a…) A veces haciéndose “colegas” porque no pueden ejercer el lugar de autoridad que el sistema les da. Otras veces, puenteando, controlando excesivamente, no delegando, no confiando en las personas que dependen de él en el sistema. En el fondo con una falta de confianza. Estas personas tienden a hablar mal de sus equipos, están continuamente centrados en “lo que les falta” y no en lo que tienen, proyectan cómo deberían ser, y, normalmente, se miran poco a si mismas para reconocer en qué tienen que mejorar. También se desahogan con el primero/a que pasa.
Existen muchas otras formas de no estar en mi lugar (daría espacio para un libro) pero siempre es una forma insana de estar. Es insana porque produce sufrimiento, parálisis, incomodidad… Lo sano es, como hemos dicho, reconocer el lugar que ocupamos y centrarnos en él. Tampoco se trata de sufrir en silencio y no abordar situaciones desajustadas que producen personas que están en otros lugares del sistema que no son el mío. En las situaciones conflictivas que he descrito se puede hablar con el superior o inferior desde mi sitio. Es muy distinto decir (acompañado de un sentimiento de rabia o de victimismo): “Deberías cambiar esto, eso, aquello…” que decir, desde mi sitio: “Desde lo que yo puedo ver, creo que podrías plantearte esto…” Os propongo un ejercicio, preguntaros: ¿Cómo sería decir lo que quiero decir desde mi lugar? Seguro que es mejor.
Seguimos en los comentarios, siempre nos ayudan a todos/as
Una respuesta a «Estar en mi sitio, ocupar mi lugar.»
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Muchas gracias, Juan.
Me ha parecido una reflexión muy certera, que arroja luz y nos ayuda a discernir, no solo en el contexto laboral, la diferencia entre lo que estamos llamados a aceptar y lo que podemos cambiar.

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