¡Oh capitán, mi capitán!

Creo que todos/as habremos visto alguna vez «el club de los poetas muertos», suele ser una película que siempre se pone en los videoforums de liderazgo. Seguramente la mayoría de nosotros/as, habremos conectado con el profesor que representa Robin Williams. Algunos/as habremos deseado ser como él, a otros/as nos hubiera gustado tener un profesor como él… No voy a referirme en esta entrada a cuales son las cualidades para liderar desde la confianza que tiene el profesor de la película, que son muchas (os invito a verla con esos ojos). Lo que quisiera reflexionar es sobre el deseo que nos despierta la película para parecernos a él, parecernos como líderes, como padres o madres, como educadores o educadoras, como seres humanos al fin y al cabo. Ese deseo que sentimos cuando vemos la película o cuando leemos un libro o conocemos a una persona que vive de esa manera. En ese deseo se reflejan anhelos profundos, se refleja la intuición de que ese modo de vivir es más valioso y más verdad, se experimenta conexión con lo que de fondo somos y nos gustaría ser, conectamos con esas ganas de poner la vida al servicio de una causa profunda, que nos dé sentido, que nos configure.

El deseo que nos produce ver una película, leer un libro, conocer a una persona entregada… nos conecta con lo que nos da sentido, con los anhelos profundos que nos configuran.

Yo creo que cuando se da esto, con esta película o con cualquier experiencia con la que conectamos, estamos siendo fieles a lo que verdaderamente somos y, por eso, se produce una alegría y conexión profundas.

Lo que suele pasar es que una vez que sentimos esa conexión, volvemos a la vida cotidiana y nos alejamos o nos olvidamos. Me gustaría reflejar las razones que nos impiden seguir los deseos más profundos. Para que nadie se sienta presionado/a (nada más lejos de mi intención) me lo diré a mi mismo:

  • Puede nacer en mí el escéptico: «eso está muy bien para una película, pero la vida es otra realidad», este «diablillo escéptico» torpedea cualquier intento que tengo siquiera de darle una oportunidad a otra verdad y a otra vida. Mi pequeño escéptico suele estar lleno de miedo por cambiar, de desconfianza por lo ya vivido, incluso de falta de confianza en mí mismo. Todos estos pequeños diablillos me paralizan para vivir.
  • También me suele pasar el cansancio. No el cansancio puntual que es muy normal y ante el que hay que cuidarse. Estoy hablando del cansancio existencial: «tantas veces lo he intentado y tantas veces no ha servido de nada»… El cansancio eterno, pesado, denso que nos amarga la vida y agria nuestra mirada. Cuando llego aquí, estoy cerrado y detrás del cansancio seguramente se esconde la desesperanza y vivir la vida con desesperanza es una forma de ir muriéndome un poco ya en vida.
  • Otra cosa que me puede pasar es que tenga mucho apego a la norma. Voy a poner un ejemplo: un/a profesor/a está apegado a la norma cuando habiendo conectado con la película, se dice a si mismo/a «está muy bien, pero eso no ayuda a mis alumnos/as, lo que tienen que hacer es aprender, la vida a la que se enfrentan es muy dura por lo que yo me debo centrar en exigirles, conseguir que aprendan la materia, superen las pruebas etc. eso es lo que me piden» No digo que esto no sea verdad, pero no es toda la verdad. Si me quedo solo en esto, estaré apegado a la norma, no daré oportunidad a desplegar otras facetas mías muy vocacionales y no abriré posibilidades a las personas que educo. En la película, el profesor está situado en una rígida institución muy apegada a la norma y a la tradición (otra norma) pero él va más allá para centrarse en la persona, en el potencial de cada una de las personas.
  • También pasa que me cuesta salir de mi mismo, en sus multiples maneras: mi tiempo, mi imagen, mi comodidad, mi familia, mi entorno, mi futuro, mi pasado… Cuando el YO ocupa tanto espacio nos impide vivir de verdad. Es más, tantas veces he experimentado que salir de mí mismo me hace más feliz, no desde el «tengo que», desde «el debería» (que son otras formas de mirarme solo a mí) sino como experiencia de apertura vital.
  • También se puede esconder mi miedo. El miedo imaginario o el miedo real. Puede tener distintas formas: el miedo de salirse de lo que todos piensan, el miedo a las consecuencias (ya digo reales o imaginarias)… Tantos miedos que me paralizan.

Yo tengo una amiga, que vive en Madrid (ahora se ha ido a la sierra), que durante un tiempo en su vida sintió esta conexión, se escuchó a sí misma y ahora, su vida entera, está dedicada a perseguir sus sueños, a hacer verdad la conexión que sintió. Con mucho esfuerzo, porque este no es un camino fácil, pero con un horizonte abierto y amplio que se refleja en sus ojos y que le permite ser ella misma, la mejor versión de ella misma.

Escribiendo esta entrada mi anhelo, es que volvierais a conectar con ese deseo, con esa conexión para dar la oportunidad, a partir de mañana, de que en vuestras relaciones como líderes, educadores, padres, madres… vivierais desde ahí para hacer la vida mejor a los que nos rodean. Ser como el profesor de la película es poner a la otra persona en el centro para salir de nosotros/as mismos y estamos hechos de esa materia a pesar de los «diablillos» que nos tientan cada día. Así un día quizás podrán decir de nosotros, de nosotras: «¡Oh, capitán, mi capitán!«, o no, pero da igual, porque no lo hacemos por eso.

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2 responses to “¡Oh capitán, mi capitán!”

  1. Avatar de Txemi
    Txemi

    Gracias, Juan. Si bien lo primero que nos cautiva en la película es el talante y la pasión educativa del profesor protagonista, también es verdad que la película no esconde el alto precio que a veces hay que pagar pagar en la conquista de la propia autonomía: el saludo «liberado» de los alumnos al profesor al final de la película se apoya sobre una reciente tragedia. Sin hacer spoiler, quizá uno de los valores de la película es precisamente su honestidad: no construye una trama facilona sobre el tránsito a la madurez de la mano de un buen maestro y guía, sino que muestra la ambivalencia de lo humano, en que a menudo el despertar se entrevera con la crisis, el crecimiento con el desgarro, la conquista con la tragedia…

    1. Avatar de Juan

      Gracias Txemi, gran análisis de la película, estoy muy de acuerdo. Un abrazo grande

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Comentarios

2 responses to “¡Oh capitán, mi capitán!”

  1. Avatar de Txemi
    Txemi

    Gracias, Juan. Si bien lo primero que nos cautiva en la película es el talante y la pasión educativa del profesor protagonista, también es verdad que la película no esconde el alto precio que a veces hay que pagar pagar en la conquista de la propia autonomía: el saludo «liberado» de los alumnos al profesor al final de la película se apoya sobre una reciente tragedia. Sin hacer spoiler, quizá uno de los valores de la película es precisamente su honestidad: no construye una trama facilona sobre el tránsito a la madurez de la mano de un buen maestro y guía, sino que muestra la ambivalencia de lo humano, en que a menudo el despertar se entrevera con la crisis, el crecimiento con el desgarro, la conquista con la tragedia…

    1. Avatar de Juan

      Gracias Txemi, gran análisis de la película, estoy muy de acuerdo. Un abrazo grande

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