
Hace unos cuantos meses escribí sobre lo que para mí era la principal tarea del líder. Para mí era soplar (podeis leerlo pulsando aquí). Entonces lo definía con dar impulso, soplar con el aire justo para que la persona avanzase hacia lo que ella misma quería ser para poder desplegarse. Sigo creyendo que esta es la labor fundamental que tenemos las personas que lideramos personas (jefes/as, responsables, coordinadores/as, profesores/as padres, madres…) y que nos centra mucho en lo que tenemos que hacer cada día, por lo menos a mí me ayuda.
Sin embargo, hablando de esto con una amiga que sabe mucho de desarrollo de las personas, me dijo que otra manera de soplar es avivar el fuego, soplar sobre los rescoldos para que vuelvan a arder… Me pareció maravilloso, ampliaba mi definición y la amplificaba. Siempre dialogar me abre nuevas expectativas, nuevos horizontes. Incluso he descubierto que existe un libro de coaching sobre este concepto, lo leeré.
Hoy hablaré, como siempre desde mi pequeña experiencia, de lo que es soplar las brasas. Creo que es lo primero que un/a líder desde la confianza debe plantearse cuando está frente a otra persona ¿Cómo están las brasas de esta persona? ¿Arden con fuego vivaz? ¿Solo arde una parte y esa parte es siempre la misma? ¿El fuego está perdiendo fuerza? ¿Solo queda una pequeña brasa y está casi apagado? ¿Parece que solo hay cenizas, pero quedará debajo algún rescoldo?
Nos podemos preguntar muchas cosas con esta imagen, seguro que nos ayuda. Os cuento que supone para mí soplar las brasas:
- En primer lugar, me centra en la persona por si misma, en cómo está, en qué tiempo está viviendo, en cómo se encuentra… Esto es muy bueno porque pone a la persona en el centro, dejando para después si la persona puede avanzar o puede conseguir determinados logros. Lo primero que tendré que hacer es soplar para avivar las brasas. Os invito a que cuando estéis hablando con la persona que tenéis delante os preguntéis ¿Cómo está el fuego de esta persona?
- La segunda cosa que me plantea es cómo ayudar para que la persona se encienda más. Es decir, qué palabras y qué actitudes tendré que adoptar yo para que la persona se encuentre mejor, para que la persona encuentre en mí palabras que la puedan iluminar, motivar, entusiasmar aunque sea un poco. Si pongo la mirada así en el/la otro/a se empieza a construir una relación nueva desde la confianza.
- En tercer lugar, soplar para que la otra persona se encienda más ayuda a una cosa muy importante: dejar caer la exigencia como primera y, a veces, única manera de mirar. Nos han enseñado que liderar es exigir y yo cada día estoy más convencido que no es una buena mirada. Creo que liderar es más acompañar y, en mi metáfora, soplar para que los otros sean. Mi experiencia es que acompañando a las personas y centrando nuestra mirada amorosa en ellas es la mejor manera para que se dé lo mejor. A veces ese mejor no será el que nosotros esperábamos pero será mucho mejor seguro. Entre otras cosas, porque no conseguiremos lo que nosotros nos proponemos sino lo que ellas quieran alcanzar que suele ser mucho más.
- Seguro que os estáis preguntando entonces… ¿Cómo llevo a mi equipo/a, a mi hijo/a, a mi alumno/a a alcanzar los objetivos? Me siento muy reflejado en esta pregunta porque me la he hecho mil veces, pero mi conclusión personal (no pretendo convencer a nadie) es que esta es una pregunta demasiado centrada en mí y no en la otra persona. Es una pregunta desde la impaciencia, desde la imagen que se supone tengo que tener como líder, desde el ego… por lo menos yo lo veo así si miro, con verdad, las motivaciones que están detrás de esta pregunta. Esto siempre es una tensión, porque no puedo dejar mi papel de líder pero tendré que preguntarme desde dónde hago las cosas: desde mí mismo (mi imagen, mis objetivos, mis planteamientos, mis formas cerradas de hacer las cosas) o desde el/la otro/a. Tengo que confesaros que caigo muchas veces.
- Por último, ¿Qué es para mí acompañar, soplar? Se trata de primero centrar la mirada en el/la otro/a saliendo de mí y después se puede acompañar desde la pregunta, desde el reto, desde el diálogo, desde el silencio, desde la escucha que hace de espejo etc. Se pueden lanzar retos para que el/la otro/a los acoja respetando su libertad, se pueden hacer buenas preguntas que «den en el clavo» para que la otra persona se cuestione cosas que quizás no puede mirar, se puede «estar junto a» para vivir procesos y hacer de espejo si la otra persona nos lo permite. Hay tantas maneras…
Me parece muy importante cambiar la mirada sobre las personas que dirigimos para que nuestra energía se centre en la persona por sí misma. Así que, si os parece, llenad los pulmones para soplar con humildad lo que las personas que nos rodean necesitan.
SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS.
2 respuestas a «Soplar las brasas»
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Estupendo. Mi quedo con el dejar de centrar la mirada en uno mismo para ponerla en la otra persona y su realización. Muchas gracias.
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Gracias a ti, un abrazo grande
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Comentarios
2 respuestas a «Soplar las brasas»
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Estupendo. Mi quedo con el dejar de centrar la mirada en uno mismo para ponerla en la otra persona y su realización. Muchas gracias.
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Gracias a ti, un abrazo grande
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