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  • Objetivos, propósito, misión… y personas.

    Objetivos, propósito, misión… y personas.

    Retomo el blog con una serie de entradas relacionadas con la actividad que vengo realizando desde hace unos años de acompañar a personas que están en puestos de responsabilidad en organizaciones de religiosas y ONG’s.

    Una pregunta recurrente es la siguiente: ¿Cómo puedo hacer compatible los objetivos, el propósito, la misión encomendada y el desarrollo de las personas a las que dirijo?

    Para responder, primero voy a analizar la realidad que veo en las organizaciones de la Iglesia y en las ONG’s en su vida cotidiana. Aquí algunas observaciones muy personales y que hago con todo cariño, que pueden ayudar en la medida que os sintáis reflejados:

    • La misión se identifica realmente con el trabajo hacia afuera.
    • Sin embargo, la misión tiende a ocupar muchísimo tiempo, mucho más que las jornadas laborales diarias y se extiende a los fines de semana.
    • En la medida en que “somos menos” tiende a extenderse más y más, dejando poco tiempo para el descanso o para otras actividades relacionadas con la interioridad o para la relación en comunidad.
    • La tendencia es la creación de muchos espacios e iniciativas, casi todas buenas, pero muchas de ellas inabarcables con los recursos que contamos. A esto se une que no nos atrevemos a decir que no a iniciativas de otros por no desanimarlos o evitar el conflicto, aunque no podamos con ellas o no les veamos sentido.
    • Se genera, muchas veces, mala conciencia por no llegar o por no estar a la altura. Se muestra en desahogos del tipo “antes era mejor”, “los jóvenes no están comprometidos”, “¿qué más tengo que hacer para llegar a las personas?, «mis compañeros/as no me siguen», «me frustro»…
    • La posibilidad de realizar reuniones online, lejos de ser una ayuda, está siendo, en muchos casos, un agobio. A esto se une las enormes posibilidades que da internet para tener información, charlas, formación online etc. que pueden llegar a empachar si no se hace una buena selección.
    • Preferimos realizar experiencias impactantes que atraigan a las personas de manera fugaz que tener paciencia para acompañar los procesos tanto personales como organizacionales.
    • La sociedad de la información actual hace que estemos más preocupados por generar contenidos que por crear o cuidar las relaciones.
    • Consumimos iniciativas y actividades sin evaluarlas, darles poso y continuidad serena. Cambiamos con demasiada frecuencia porque nos aburrimos o por la ansiedad que nos genera el no tener «eficacia».
    • La actividad constante nos genera una sensación de logro que nos tapa la posibilidad de entender la eficacia de lo que hacemos en términos de que sea realmente vivido por las personas a las que servimos.
    • Nos cuesta apostar por la confianza, y nos sentimos más cómodos en el control. El control se refleja en la supervisión constante, en el paternalismo, en la “preocupación excesiva” por no cargar al otro, en no delegar, en no soltar tareas y responsabilidades…
    • Tenemos sensación de cansancio constante y de correr para no llegar a ningún lado.
    • Etc.

    Es en este contexto en el que muchas personas que tienen puestos de responsabilidad tienden a sentirse bloqueados por la pregunta ¿Cómo atiendo a la misión encomendada y a la vez me ocupo de las personas que lidero? ¿Cómo conseguir este equilibrio?

    En mi opinión, las/os líderes tenemos como prioridad el desarrollo de las personas de nuestro equipo, el ayudarles a expandir su potencial, atendiendo a sus particularidades, procesos y momentos vitales. Un líder, en cuanto que es líder, se dedica a eso. No debemos confundir ser líder con hacer cosas, tener iniciativas, decidir todo, crear contenidos, ocuparse de los problemas personalmente etc.

    Las herramientas del líder (muchas las hemos descrito en este blog) son escuchar, impulsar, inspirar, delegar, corregir, favorecer el desarrollo, hacer equipo y comunidad, crear contextos especialmente de confianza, estar atento, mirar con mirada apreciativa… El encuentro, el diálogo y la escucha deberían ser las principales actividades de los/as líderes.

    ¿Y los objetivos, el propósito, la misión? “Vendrán por añadidura” (Mt 6,33) y recibiremos “una medida generosa, apretada, remecida y rebosante” (Lc 6,38), muchas veces no será como nosotros queremos o esperamos, será al modo de Dios pero estará muy bien. El reto está en confiar en que será así, aunque, a veces, nos dé vértigo. “No andéis preocupados…” (Mt, 6, 25).

    Seguimos en los comentarios.

  • Soplar las brasas

    Soplar las brasas

    Foto de Tolga Ahmetler en Unsplash

    Hace unos cuantos meses escribí sobre lo que para mí era la principal tarea del líder. Para mí era soplar (podeis leerlo pulsando aquí). Entonces lo definía con dar impulso, soplar con el aire justo para que la persona avanzase hacia lo que ella misma quería ser para poder desplegarse. Sigo creyendo que esta es la labor fundamental que tenemos las personas que lideramos personas (jefes/as, responsables, coordinadores/as, profesores/as padres, madres…) y que nos centra mucho en lo que tenemos que hacer cada día, por lo menos a mí me ayuda.

    Sin embargo, hablando de esto con una amiga que sabe mucho de desarrollo de las personas, me dijo que otra manera de soplar es avivar el fuego, soplar sobre los rescoldos para que vuelvan a arder… Me pareció maravilloso, ampliaba mi definición y la amplificaba. Siempre dialogar me abre nuevas expectativas, nuevos horizontes. Incluso he descubierto que existe un libro de coaching sobre este concepto, lo leeré.

    Hoy hablaré, como siempre desde mi pequeña experiencia, de lo que es soplar las brasas. Creo que es lo primero que un/a líder desde la confianza debe plantearse cuando está frente a otra persona ¿Cómo están las brasas de esta persona? ¿Arden con fuego vivaz? ¿Solo arde una parte y esa parte es siempre la misma? ¿El fuego está perdiendo fuerza? ¿Solo queda una pequeña brasa y está casi apagado? ¿Parece que solo hay cenizas, pero quedará debajo algún rescoldo?

    Nos podemos preguntar muchas cosas con esta imagen, seguro que nos ayuda. Os cuento que supone para mí soplar las brasas:

    • En primer lugar, me centra en la persona por si misma, en cómo está, en qué tiempo está viviendo, en cómo se encuentra… Esto es muy bueno porque pone a la persona en el centro, dejando para después si la persona puede avanzar o puede conseguir determinados logros. Lo primero que tendré que hacer es soplar para avivar las brasas. Os invito a que cuando estéis hablando con la persona que tenéis delante os preguntéis ¿Cómo está el fuego de esta persona?
    • La segunda cosa que me plantea es cómo ayudar para que la persona se encienda más. Es decir, qué palabras y qué actitudes tendré que adoptar yo para que la persona se encuentre mejor, para que la persona encuentre en mí palabras que la puedan iluminar, motivar, entusiasmar aunque sea un poco. Si pongo la mirada así en el/la otro/a se empieza a construir una relación nueva desde la confianza.
    • En tercer lugar, soplar para que la otra persona se encienda más ayuda a una cosa muy importante: dejar caer la exigencia como primera y, a veces, única manera de mirar. Nos han enseñado que liderar es exigir y yo cada día estoy más convencido que no es una buena mirada. Creo que liderar es más acompañar y, en mi metáfora, soplar para que los otros sean. Mi experiencia es que acompañando a las personas y centrando nuestra mirada amorosa en ellas es la mejor manera para que se dé lo mejor. A veces ese mejor no será el que nosotros esperábamos pero será mucho mejor seguro. Entre otras cosas, porque no conseguiremos lo que nosotros nos proponemos sino lo que ellas quieran alcanzar que suele ser mucho más.
    • Seguro que os estáis preguntando entonces… ¿Cómo llevo a mi equipo/a, a mi hijo/a, a mi alumno/a a alcanzar los objetivos? Me siento muy reflejado en esta pregunta porque me la he hecho mil veces, pero mi conclusión personal (no pretendo convencer a nadie) es que esta es una pregunta demasiado centrada en mí y no en la otra persona. Es una pregunta desde la impaciencia, desde la imagen que se supone tengo que tener como líder, desde el ego… por lo menos yo lo veo así si miro, con verdad, las motivaciones que están detrás de esta pregunta. Esto siempre es una tensión, porque no puedo dejar mi papel de líder pero tendré que preguntarme desde dónde hago las cosas: desde mí mismo (mi imagen, mis objetivos, mis planteamientos, mis formas cerradas de hacer las cosas) o desde el/la otro/a. Tengo que confesaros que caigo muchas veces.
    • Por último, ¿Qué es para mí acompañar, soplar? Se trata de primero centrar la mirada en el/la otro/a saliendo de mí y después se puede acompañar desde la pregunta, desde el reto, desde el diálogo, desde el silencio, desde la escucha que hace de espejo etc. Se pueden lanzar retos para que el/la otro/a los acoja respetando su libertad, se pueden hacer buenas preguntas que «den en el clavo» para que la otra persona se cuestione cosas que quizás no puede mirar, se puede «estar junto a» para vivir procesos y hacer de espejo si la otra persona nos lo permite. Hay tantas maneras…

    Me parece muy importante cambiar la mirada sobre las personas que dirigimos para que nuestra energía se centre en la persona por sí misma. Así que, si os parece, llenad los pulmones para soplar con humildad lo que las personas que nos rodean necesitan.

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    2 respuestas a «Soplar las brasas»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Estupendo. Mi quedo con el dejar de centrar la mirada en uno mismo para ponerla en la otra persona y su realización. Muchas gracias.

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, un abrazo grande

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  • Cultura de la confianza: aspectos esenciales.

    Cultura de la confianza: aspectos esenciales.

    Voy a seguir tratando aspectos que me parecen relevantes en esto de crear una cultura de la confianza sobre la que podamos construir una organización en la que las personas se puedan desarrollar. Son las columnas sobre las que se asienta todo lo demás y permiten que las personas se encuentren cómodas para ser ellas mismas y desde ahí poder compartir, trabajar en equipo, desplegar sus dones… Como siempre, están basadas en mi experiencia y no quieren ser exhaustivas, solo pretenden inspiraros para que se despierte el deseo de ir por el camino de la confianza.

    Una precisión previa: los aspectos culturales a los que me voy a referir, no son sólo aplicables a las organizaciones, se dan de la misma manera en las relaciones personales, de amistad, de familia (especialmente de padres y madres hacia hijos e hijas).

    Aspectos esenciales.

    Una cultura de la transparencia: es muy importante, esencial, que la verdad y la transparencia estén en la base de la cultura de la confianza como una premisa que el/la líder de la organización tiene que tener en mente e implantar con toda la fuerza que pueda. Algunos detalles que podemos tener en cuenta: buscar los espacios abiertos en las oficinas para evitar los cubículos, evitar la excesiva confidencialidad, no buscar el secretismo, tener cuidado con la prohibición excesiva y con los reglamentos y procesos interminables, cortar cuanto antes las actitudes que suponen guardar información para tener más poder, evitar los correos con copia al jefe, aplaudir la sinceridad asertiva aunque me duela lo que me dicen …

    Una cultura de la cercanía: es importante que evitemos las distancias y barreras entre las personas, especialmente las que tienen que ver con las jerarquías. Trataremos de evitar los privilegios de los de arriba (p.ej. un sitio especial para aparcar el coche), buscaremos usar unas formas personales y un lenguaje de cercanía para que las personas puedan expresarse sin cortapisas (p.ej. conocer el nombre de pila de las personas), evitaremos encerrarnos en los despachos, impulsaremos el sentido del humor y la alegría, también daremos reconocimiento, incluiremos en nuestro día a día tiempos dedicados a que las personas puedan expresarse con sinceridad y profundidad, nos preocuparemos por sus situaciones personales y familiares y daremos espacio a tratar los conflictos para que se puedan resolver…

    Una cultura que no penaliza el error: nada crea más desconfianza que una organización que castiga, verbalmente o de cualquier otra manera, el error. Es como con los hijos/as a los que no castigamos cuando han fallado en un examen si han estudiado mucho: premiamos el esfuerzo y no castigamos el error. En este tema es muy importante que os miréis, porque podéis pensar que no penalizáis el error, pero sutilmente lo podéis estar haciendo casi sin daros cuenta: cuando vuestro gesto no es acorde con vuestras palabras, cuando se produce un error y tenéis la tentación de poner muchos controles nuevos sin previo aviso, cuando el error os produce interiormente desconfianza sobre la persona… Creo que esto debemos revisarlo continuamente, porque penalizar el error de una u otra manera, hará que no aparezca lo que está sucediendo, en definitiva: la verdad.

    Una cultura de la empatía: una cosa muy importante que el/la líder desde la confianza tiene que ejercer continuamente, es ponerse en el lugar de la otra persona. Esto quiere decir algo tan sencillo como preguntarse con sinceridad y humildad las siguientes preguntas: «¿Qué hubiera hecho yo en esa circunstancia? ¿Puedo entender el comportamiento de la persona?… » Esto no quiere decir que no haya que corregir ciertos comportamientos o no hablar de los errores. Si no lo hiciéramos, estaríamos en una cultura del paternalismo y no de la confianza. Tenemos que hablar de estos temas con asertividad pero también entender a las personas, ambas cosas son compatibles.

    Una cultura que no busca la competición entre las personas: yo no creo para nada en los procesos de evaluación del desempeño mediante puntuaciones o en los proceso de promoción basados en la competitividad abierta y descarnada entre las personas, en los rankings entre empresas o los rankings en los alumnos/as de una clase etc. Creo que generan distancia y, como consecuencia, desconfianza. Creo más en la conversación cercana y asertiva, que habla de la verdad sobre lo que nos pasa con una comunicación abierta y fluida que busca la mejora.

    Los/as líderes tenemos la responsabilidad de generar esta cultura porque sólo desde la confianza las personas se pueden expresar con libertad mostrándose como son. Esto da una potencia increíble a las organizaciones porque desde aquí se encaran los retos contando con las personas, con lo mejor de ellas. Os animo a que sigáis dando pasos en favor de la confianza porque, estoy convencido, que recibiremos, como dice el Evangelio: «el ciento por uno».

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    2 respuestas a «Cultura de la confianza: aspectos esenciales.»

    1. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      ¡Mil gracias, Juan!
      Totalmente de acuerdo en que se trata de cinco aspectos esenciales.
      Me quedo pensando especialmente en el tercero y en el quinto, porque pueden aportar mucho en la organización en que trabajo.
      Un abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Muchas gracias, Juan. Resulta muy estimulante ver que quien tiene experiencia de responsabilidad en organizaciones también de tipo empresarial aboga por las relaciones de confianza como lo más sano y beneficioso para las personas y la propia organización. Un abrazo.

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  • Cultura de la confianza: reuniones.

    Cultura de la confianza: reuniones.

    Voy a dedicar una serie de entradas a proponeros, desde mi experiencia, algunas cosas prácticas para crear una cultura de la confianza. La realidad es que cuando trabajamos en un entorno de confianza, las personas nos sentimos más seguras, más libres y podemos desplegar mejor lo que somos, dando lo mejor de nosotros/as mismos/as. Son muchos los pequeños detalles, prácticas, costumbres que van creando una cultura así. Yo puedo hablar de la confianza pero si mi cultura es de control, por más que hable nunca se llevará a cabo.

    En esta primera entrada voy a hablar de las reuniones porque es una herramienta que se usa mucho en las organizaciones. Además vengo observando en muchas personas el enorme cansancio de tantas reuniones, que además la pandemia ha acentuado al poder hacer muchas reuniones por videoconferencia con la facilidad que esto supone. Existe una inflación galopante de reuniones, sobretodo en muchas organizaciones sin ánimo de lucro (ONG’s, instituciones religiosas…)

    Vengo observando el enorme cansancio de tantas reuniones, especialmente desde que hemos incorporado la videoconferencia por la pandemia.

    Voy a dar unas pautas que he ido aprendiendo. Son solo algunas y os animo a experimentar si os ayudan:

    Pocas reuniones pero buenas: suelo decir que las reuniones son un procedimiento de trabajo caro. Me explico, una reunión tiene el coste (o la inversión si se hace bien) del salario hora de cada persona que está en la reunión, muchas veces un coste muy importante. Si lo miramos así, habría que aprovecharlo bien. En las organizaciones sin ánimo de lucro, esto tiene mucho peligro porque podemos pensar que no hay salarios en los participantes. No, no los hay pero el coste de una mala reunión, es el tiempo que las personas se quitan de su vida personal y familiar, deberíamos ser muy respetuosos con esto. Debemos tomar conciencia de esto antes de convocar una reunión. El que convoca una reunión tiene que hacerse estas preguntas: ¿Es necesaria la reunión? ¿Existe otro método que no sea la reunión para conseguir el objetivo? Si es así, opta por el otro método. ¿Las personas convocadas han tenido muchas reuniones ese día (nadie puede asistir a más de una reunión diaria de más de 1,5 horas de duración si quiere estar presente y enfocado/a)? ¿La reunión es para decidir, debatir algo entre todos o es meramente informativa? Si es meramente informativa existen mucho métodos más eficaces que la reunión y menos gravosos.

    Reuniones orientadas hacia el futuro y no en el control: no tienen sentido las reuniones en las que lo que se trata es de controlar lo que hacen otros. No me gustan esas reuniones en las que el jefe va preguntando a todos/as para hacer seguimiento de las fechas y controlar que se hacen las cosas. Es muy malo porque genera desconfianza, no trata a las personas como adultas y además si se tiene que llamar la atención a alguien es mucho mejor hacerlo en privado que en público. En nuestras reuniones, por si sirve, solemos dedicar semanalmente una media hora para compartir lo que va pasando. Siempre lo hacemos con una pregunta abierta ¿Tiene alguien algo importante que compartir? No siempre lo hay, no todos/as intervienen, confiamos en que lo relevante saldrá y así es. El resto del tiempo lo dedicamos a cosas que tienen que ver con el futuro, a debates sobre cómo vemos las cosas… No a controlar lo que se hace, todos confiamos en que cada persona hace todo lo mejor que puede.

    Reuniones asertivas. Muchas veces las reuniones no son eficaces porque nadie se atreve a cortar comportamientos que no son buenos. Por ejemplo, no se atreve nadie a quitar la palabra a una persona que se alarga mucho y «no suelta el micrófono», tampoco nos atrevemos a cortar discursos que son muchas veces «autobombo» para contar lo que yo hago y que nada tiene que ver con lo que hemos venido a tratar, no nos atrevemos a cortar una discusión que no conduce a nada, no nos atrevemos a decidir lo que piensa la mayoría porque una persona se va a sentir ofendida, no nos atrevemos a cerrar la puerta y no dejar entrar a los que llegan siempre tarde, no nos atrevemos a cortar los ataques personales de dos personas que tienen una mala relación, no nos atrevemos a acabar una reunión cuando se ha cumplido el horario previsto porque no queremos cortar «el buen rollo» o la palabra a alguien (esto no respeta a las personas)…. El que lidera la reunión tendrá que tener estos aspectos en cuenta y tiene que corregirlos. Una manera muy buena de hacerlo es recordar las reglas de la reunión al comienzo y decir que cada vez que se produzca uno de esos comportamientos se cortará. Esto no es agresivo, son las reglas de la reunión, incluso se puede hacer con un humor sano. A veces, se puede nombrar un moderador para que vigile estos aspectos, es una forma asertiva de hacerlo.

    Reuniones conectadas: es muy importante que las personas estemos muy presentes en lo que estamos tratando para poner lo mejor de nosotros/as. Por esto no podemos hacer muchas reuniones. Para esto es importante que se dejen fuera distracciones (apagar los móviles, los aparatos electrónicos, los ruidos…) para conseguir que las personas estén conectadas en lo que estamos tratando. Suelo recomendar que antes de una reunión importante hagamos unos minutos de relajación respirando profundo para centrarnos en lo que vamos a hacer. Un tema que ahora está apareciendo es la dificultad de concentrarse en una reunión por videoconferencia. Esto pasa porque las pantallas cansan mucho, porque la persona puede tener muchas distracciones, puede apagar la cámara, el micrófono… Yo creo que las reuniones por videoconferencia deben ser mucho más enfocadas y cortas, ágiles… Hay que hacer un esfuerzo máximo para que la exposición de la persona que habla no pase de 10 minutos. Muchos/as de vosotros/as conoceréis las charlas TED, suelen hablar persona con muchísima experiencia y conocimiento. Esas personas son capaces de sintetizar todo su amplísimo conocimiento en no más de 20 minutos. Cuanto mejor conocemos una cosa, somos más capaces de sintetizarla y simplificarla para que los demás nos comprendan.

    Reuniones enfocadas: todos los participantes tienen que saber para qué es la reunión y el que la convoca tiene que pensar y mandar previamente los objetivos y los temas (orden del día) que se van a tratar. Si hemos dicho que la regla de oro debe ser «no más de una reunión al día y no más de 1’5 horas de duración», tendremos que pensar los temas según este esquema y no poner demasiados. Lo bueno si breve, dos veces bueno.

    Si os atrevéis a hacer estos pequeños cambios u otros que se os ocurran más cercanos a vuestra problemática, seguro que las cosas mejoran. Es en los pequeños cambios cuando vamos creando cultura. Una vez una persona me dijo que cultura era «lo que está bien visto y lo que está mal visto en una organización», es una definición sencilla. Se trata de que lo «bien visto» sean cosas centradas en la confianza y el respeto a las personas. Si vais incorporando pequeños cambios, la cultura cambiará y con ella las personas.

    SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS.

    3 respuestas a «Cultura de la confianza: reuniones.»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Gracias Juan

      Me pregunto como has sabido que cometemos todos esos errores!!!!

      1. Avatar de Juan

        😂😂😂😂 porque a mí también me ha pasado. Un abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Muchas gracias por estas pautas tan claras. Sí que hace falta un poco de coraje, como dices, pues nos cuesta marcar unas reglas de juego y atenernos a ellas, pero es seguramente un beneficio para todos. Gracias.

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  • Mariposas en el estómago.

    Mariposas en el estómago.

    Close up of a senior woman and her instructor doing tandem skydiving

    A veces me pregunto cuál es la misión del líder, del líder desde la confianza. Podemos poner varias misiones que el líder trata de afrontar: guiar al equipo, organizar el trabajo, hacer que el equipo trabaje de manera conjunta… todas estas misiones son parte de nuestro trabajo. Sin embargo, a mí me parece, que hay una misión que es la más genuina de todas: desarrollar a las personas del equipo. Desarrollar significa aprender cosas nuevas, pero va más allá de aprender porque no centra el foco no en conocimientos y habilidades sino en la capacidad que tenemos los seres humanos de ir completándonos, siendo más personas, más adultos/as, más integrados/as, cada día más lo que estamos llamados a ser (la mejor versión de nosotros/as mismos/as).

    Existe un esquema clásico del desarrollo humano que me ayuda a explicar lo que creo que es el camino del desarrollo humano.

    El esquema es muy sencillo. Si nos mantenemos en la zona de confort, no hay aprendizaje, ni desarrollo. Si, por el contrario, pasamos rápidamente a la zona de pánico, avanzamos demasiado rápido y nos paralizamos por el temor que experimentamos ante las nuevas experiencias y retos. El secreto está en que las personas avanzamos en la zona de aprendizaje, que es una zona de movimiento acompasado que integra bien lo que vamos aprendiendo. Los líderes desde la confianza tenemos que tener muy claro este esquema para dirigir a los equipos. De hecho, nuestro trabajo, es hacer que cada una de las personas y el grupo en su conjunto estén en la zona de aprendizaje.

    En esta entrada, como ya he señalado, no quiero hablar tanto del aprendizaje como del desarrollo humano. Para mí, aprendizaje lo centramos en conocimientos pero el desarrollo lo vinculamos más a que la persona vaya adquiriendo nuevas areas de expansión, nuevas experiencias y hábitos que antes no se daban porque le costaban y que le van situando en nuevas cotas de su ser persona, la persona que quiere llegar a ser. Voy a poner un ejemplo con el aprendizaje del inglés. Aprender sería ir a clases de ingles y mejorar mi vocabulario, mi gramática etc. Desarrollo sería dar una conferencia en inglés ante un auditorio. Por esto el aprendizaje no suele llevarnos a la zona de pánico, en cambio el desarrollo sí. En el ejemplo, si impulso demasiado rápido a una persona a dar la conferencia en inglés puede que la lleve a la zona de pánico y, entonces, se paralice y no quiera volver a asumir nuevos retos en su dominio del idioma porque le aterrorizan. Esto es lo que los lideres tenemos que calibrar.

    Entonces, vamos a ver cómo trabajar el desarrollo humano y a empezar a distinguirlo para poder trabajar con nuestros equipos.

    Una cosa que suelo decir, para hablar de desarrollo es darnos cuentas de aquellas cosas que nos producen «mariposas en el estómago». Todos tenemos una sensación parecida ante las cosas que nos cuestan, que nos suponen un reto que normalmente se mueven entre el deseo de hacerlas y el miedo a fracasar. Esa sensación que se da, en nosotros o en los demás nos ayuda a entender dónde mantenernos en la zona de aprendizaje o desarrollo. Esto es muy bueno porque nuestro cuerpo habla más rápido y más claramente que nuestra razón. Además muchas veces cuando racionalizamos, tapamos nuestros miedos, nos autoexcusamos y nos paralizamos.

    Voy a contar una experiencia, para intentar ver cómo trasladar el desarrollo humano a la práctica cotidiana. En mi equipo, había una persona que su trabajo era negociar, pero era una persona que tenía dificultades con el conflicto. Poco a poco me di cuenta que normalmente se rodeaba de personas y proveedores que eran fáciles, que tenía buena relación y dejaba para último momento y cerraba demasiado rápido los acuerdos con personas más agresivas, o más asertivas y difíciles para él. Un día que tenía una reunión con una de esas personas que le costaban, le pregunté qué sentía antes de la reunión (teníamos mucha confianza para hablar este lenguaje). Me describió una situación corporal de ansiedad, sudoración, vacío en el estómago.. lo que yo diría «mariposas en el estómago». Pudimos, de esa manera, darle nombre y hablar con franqueza de que esa era una zona de desarrollo, primero mostrándole empatía (le puse muchos ejemplos de situaciones en las que yo tenía mariposas en el estómago) y planteando enfocar la próxima reunión (solo la próxima) de distinta manera más consciente, más preparada para que pudiera afrontar la situación poco a poco y no pasara a la zona de pánico.

    Hay muchas «mariposas en el estómago» y de distintas clases: dificultades para vivir el conflicto, dificultades para marcar límites a los demás, dificultades para exponernos , dificultades para mirar nuestra interioridad, dificultades para controlar nuestra agresividad, dificultades para expresar lo que sentimos…. cada uno, cada una de nosotros/as tenemos unas cuantas. El ejercicio de hoy es que penseis en qué situaciones concretas de vuestra vida aparecen «las mariposas». Os dará mucha información sobre vosotros/as mismas y a partir de ahí intentar escribir pequeños pasos para avanzar, dentro de la zona de aprendizaje, la próxima vez.

    El desarrollo humano es un camino apasionante y precioso, es un camino para la vida entera y cada día está lleno de oportunidades para ir más allá.

    Seguimos en los comentarios.

    5 respuestas a «Mariposas en el estómago.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan. Interesantísimo y muy claros los ejemplos. Un abrazo.

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Gracias, Juan. Me ha parecido que las dificultades que señalas para desarrollarnos y para ayudar a los equipos a que se desarrollen son muy reales.
      Además, nos ofreces caminos para aprender y mejorar.
      Un abrazo

    3. […] escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había […]

    4. […] fa poques setmanes sobre com sortir de la zona de confort passant a la zona d’aprenentatge (enllaç). Avui miraré d’explicar-me millor, però no per defensar la meva postura, sinó perquè […]

      1. Avatar de Juan

        Moltes gràcies Ciutat Nova. Una abraçada gran

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  • Ampliar la mirada

    Ampliar la mirada

    Photo by Maarten van den Heuvel on Unsplash

    Estamos de vuelta, os deseo a todos y a todas un año nuevo lleno de alegría y centrado en lo importante. Seguimos con el blog intentando contaros lo que voy viendo en este camino de liderar desde la confianza. Deseo mucho que os pueda servir y quisiera que os ayudara a dar pasos en la confianza como camino de la vida.

    En todo lo que vengo escribiendo está de fondo la mirada, en cómo miramos a los demás y cómo nos miramos a nosotros/as mismos/as está la base de todo y es el sustento sobre el que se sostiene nuestra forma de dirigir, orientar, enseñar. Una de mis primeras entradas se tituló así: la mirada.

    Conforme voy aprendiendo a mirar bien (no siempre lo consigo) me voy dando cuenta que no basta con una primera mirada, ni con una mirada superficial, ni con una mirada rápida… Me doy cuenta que tenemos que aprender a mirar a la otra persona y a lo que nos va pasando en la vida desde muchas perspectivas.

    En este sentido, me doy cuenta que una cosa muy importante es ampliar la mirada para poder ver. Muchas veces miramos pero no vemos. Por ejemplo, cuando miramos a una persona y la juzgamos rápidamente por algo que ha dicho o ha hecho. O cuando explicamos algo sin tener en cuenta el contexto. O cuando decimos comprender a alguien sin escuchar suficientemente lo que nos dice…

    Por eso quisiera compartir con vosotros/as algunas experiencias que nos permiten ampliar la mirada para ver mejor como os digo:

    • Conocer el contexto para entender mejor a las personas y las situaciones. Por ejemplo, un/a profesor/a puede entender mejor a un/a alumno/a si entiende su contexto vital, sus relaciones familiares, su situación personal en ese momento etc. Es muy importante abrir nuestras conversaciones y conocimientos a más allá de lo que marca nuestra relación personal o profesional estrictamente porque esto nos lleva a entender mejor a la persona.
    • Aprender de la historia, de la experiencia. Las experiencias pasadas, nuestra historia personal es un bagaje enorme de sabiduría para aprender y aplicar a lo que nos pasa. A mí me suele gustar, cuando se da una situación difícil en mi equipo, intentar hacer algún paralelismo con algo que nos pasó antes en el mismo contexto o en otro distinto. Esta reflexión me suele dar nuevos puntos de vista que me ayudan mucho.
    • Mirar el fondo. Muchas veces nos quedamos en la superficie de lo que pasa, en la superficie de lo que miramos y nos perdemos muchas cosas. Se trata de entender qué es lo que hay en el fondo de lo que les pasa a los demás y de lo que me pasa a mí mismo. El otro día estábamos analizando una crisis de suministro en nuestra empresa y lo hacíamos con preocupación, con ansiedad… Me pude parar un momento y más allá de lo que estaba pasando vi que lo que había de fondo era tensión, cansancio… Lo de menos era el problema que estábamos pasando, lo que nos tensionaba era que llevamos muchos meses de pandemia y de estrés y esto hacía que desproporcionáramos las cosas. Esto es lo que estaba de fondo. En este caso pude sacar a la superficie que lo que necesitábamos era serenidad, tranquilidad para abordar lo que nos pasaba. Esto nos dio una nueva perspectiva y nos permitió poner las cosas en su justo termino y abordar mejor lo que teníamos entre manos. A veces lo que nos pasa está en el fondo, no en la superficie.
    • Hacer zoom. Muchas veces nos centramos en lo pequeño que nos pasa y nos dejamos lo grande que pasa, o al revés nos centramos en lo grande y nos perdemos lo pequeño que es lo más importante. Una manera muy interesante de mirar es comprender la relación que tiene lo pequeño con lo grande y viceversa. Por ejemplo, en un proceso de unión de dos organizaciones, lo grande sería el proceso de fusión que queremos hacer pero mirar a lo pequeño sería entender como cambiar el logotipo o la marca de una organización afecta al ánimo de todas las personas de una organización o de la otra. No será lo mismo que elijamos la marca de la organización más grande porque afectará a las personas de la organización pequeña, o no será lo mismo que elijamos entre todos/as una nueva marca que nos identifique… estas decisiones pequeña bien hechas o mal hechas pueden trastocar los procesos grandes emprendidos. Aprender a hacer zoom en cada cosa para relacionarla con algo más amplio nos permite mirar mejor para ver mejor.

    Seguro que existen muchas más formas de ampliar la mirada. Mi consejo es que nos paremos ante las situaciones y las personas para tener distintas perspectivas, que cuando tengamos un problema o una situación compleja cojamos un papel y un boli y escribamos distintas miradas que se nos van ocurriendo, seguro que nos ayuda.

    Un buen amigo me mandó una frase preciosa que resume muy bien lo que quiero quiero decir. Dice así: «no mira, ve; no oye, escucha». Ojalá puedan decirlo de cada uno de nosotros, de cada una de nosotras. Ese puede ser un bonito horizonte. Os deseo lo mejor y podemos seguir en los comentarios.

    8 respuestas a «Ampliar la mirada»

    1. Avatar de Ramón Alfonso
      Ramón Alfonso

      Muchas gracias, Juan.
      Sobre todo porque con tu forma de escribir, y de ser y de ayudar, inspiras confianza.
      Gracias especialmente por esta invitación a ampliar la mirada, que para mí hoy implica superar prejuicios.

      1. Avatar de Juan

        Ramón Alfonso, qué importante lo que dices de superar los prejuicios!!! Normalmente los prejuicios nacen de mirar poco o no profundizar, lo contrario a ampliar la mirada. Muchas gracias

    2. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Mirar el Fondo es importante. Para ello, Parar es clave. Dedicar tiempo a mirar, para así Ver.
      Gracias Juan.

      1. Avatar de Juan

        Si, Roberto, como dices hay que pararse y siempre en el fondo encontramos sentido. Gracias por hacernos partícipes de tu mirada. Abrazo

    3. Avatar de Txemi
      Txemi

      Feliz año. Me parece muy bonito tener una mirada humana sobre las personas y organizaciones, para no buscar solo lo resolutivo, que a veces no es lo que mejor resuelve las cosas, como en el ejemplo tan interesante de la unión de dos organizaciones. Un abrazo.

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, a veces lo resolutivo es lo primero que nos sale, pero no siempre es lo mejor. Siempre es mejor pararse para mirar todos los aspectos. Gracias por participar. Un abrazo

    4. Avatar de Javi
      Javi

      Un placer “verte” y “escucharle”, aunque en este caso sea más bien “leerte”
      Feliz año con esa mirada más amplia que ayude a trascender la situación actual

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, Javier. Seguimos juntos mirando y aprendiendo. Un abrazo

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  • Mucha esperanza…

    Mucha esperanza…

    Seguro que ya os lo he dicho, mi frase favorita es «mucha esperanza y pocas pretensiones». Es una frase que expresa muy bien lo que anhelo, lo que intento vivir y, como las buenas frases, siempre me lleva a reorientarme, me sirve de brújula cuando me pierdo, me despisto, me entristezco, me oscurezco, me desespero, me canso o me cargo.

    Hace unos días, estuve, junto a mi amiga Merce Brey, facilitando unas jornadas en la naturaleza con directivos y directivas de distintas organizaciones. Fueron unas jornadas que patrocina mi empresa CINFA y su consultora, MASDIVERSITY. Fueron unos días estupendos, llenos de diálogo, de profundidad, de confianza mutua, de vulnerabilidad, de esperanza, mucha esperanza…

    Fueron muchas las cosas que pudimos hacer juntos/as personas que lideramos en espacios muy diversos:empresas, organizaciones de compromiso social, políticas, educativas… Todo partía de un contexto muy abierto. Las jornadas las llamamos: pensando junt@s. Lo que pretendíamos no era dar lecciones, ni recetas. Lo que pretendíamos era hablar, descubrir lo que nos cuesta, intuir lo que nos mueve, anhelar lo que pretendemos… Fué muy interesante.

    Hemos celebrado unas jornadas de reflexión con líderes de organizaciones muy diversas que nos han permitido abrirnos a una nueva forma de mirar y de caminar en nuestra vida y nuestro trabajo.

    Hoy quiero recoger una serie de resonancias que se han quedado en mí después de estos días. Estas resonancias se resumen en la frase «mucha esperanza, pocas pretensiones», que, como siempre, condensa especialmente bien lo que allí se ha producido. Son las siguientes:

    • La necesidad de hablar de lo que nos duele. Siempre que se habla de liderazgo parece que tenemos que enfrentarnos a los listones de lo que se supone que es ser un/a buen/a líder. Esto nos carga y nos aleja de lo que somos. Por eso propusimos hablar de los dolores, los sufrimientos que tenemos en nuestro día a día: la carga de trabajo, la dificultad de cambiar las estructuras, la incomunicación que muchas veces sentimos «hacia arriba» y «hacia abajo», el dolor y sufrimiento que causan o pueden causar nuestras decisiones, el problema de equilibrar los objetivos con el cuidado de las personas de nuestros equipos, la necesidad de quitarnos los roles para ser nosotros mismos/as… Solo hablando de lo que nos pasa, podemos conectar con nosotros/as mismos/as y nos pone en un contexto de vulnerabilidad para construir desde donde estamos.

    • La mirada apreciativa: cada día me sorprendo más de cómo resuena, en nuestros días, todo lo que es mirarnos con ternura, con cariño, quitando peso… Tomamos conciencia de que no podemos mirar, ni liderar a los demás de manera apreciativa, si no nos miramos a nosotros/as primero así. Es como si la vida profesional estuviera teñida de un oscuro gris lleno de listones, servidumbres que nos pesan sobre los hombros y no nos permiten vivir con alegría. Resonó entre nosotros con fuerza el concepto taoísta Wu Wei, que habla de crecer sin forzar y de que todo está bien. Os dejo el enlace a wikipedia enlace

    • Liderar es crear contextos. Nos preguntamos sinceramente ¿Y si liderar sólo fuera crear contextos para que las personas puedan desplegar su potencial? ¿Y si nos dejaramos de tantos objetivos, resultados, pretensiones, actividades, reuniones, planes y proyectos y nos dedicaramos a facilitar espacios para hablar en confianza, para expresarnos con libertad, para ayudarnos, para colaborar? ¿Si dejaramos el lugar de «mirar desde arriba» para encontrar otro lugar que nos permita ser facilitadores/as, compañeros/as de camino buscando nuevas oportunidades juntos, co-creando, co-sintiendo, co-soñando? ¿Si nos quitamos las etiquetas de «lo tengo que saber todo», «tengo que decidir solo/a», «tengo que sostener a todos y a todas»…? Quizás naciera una nueva forma de liderar más nueva y fresca para nosotros/as y para las personas que dirigimos.

    • Tomando conciencia del poder: cuando conseguimos un nivel de comunicación desprotegido pudimos hablar, sin tapujos, del poder. Todos/as, en la vida, tenemos poder, o bien porque nos lo han otorgado o bien porque lo hemos conseguido. Es muy interesante observar la relación que tenemos con el poder cada uno, cada una de nosotros/as. Normalmente no queremos hablar de ello, tratamos de evitar la palabra «poder», casi nos da vértigo o vergüenza. Sin embargo, está ahí y lo tenemos. El poder es una energía (nos decía Merce) no es ni bueno ni malo, el tema es cómo lo usemos. El poder es una posibilidad, una enorme posibilidad y también una responsabilidad. El poder lo podemos usar para hacer personas, organizaciones más humanas o para lo contrario: más inhumanas. No queremos huir de esta posibilidad ni de esta responsabilidad.

    • La confianza es el camino. Vamos siendo conscientes que la confianza en los otros, que crear culturas de confianza en donde trabajamos, es un camino lleno de posibilidades. Este camino se recorre dejando caer el control. El control de las normas establecidas e inmutables, el control de las recetas aprendidas, el control de las jerarquías, el control de la imagen, el control de la sospecha, el control de la falta de transparencia, el control de la intachabilidad… tantos controles de los que nos llenamos por miedo a la confianza. La confianza es el camino porque nos permite ser nosotros/as mismos/as y a las demás personas también les permite ser ellas mismas.

    Han sido unos días estupendos, donde he aprendido mucho, donde me he aligerado al contacto de las personas y de la naturaleza, donde he conectado con viejos y nuevos deseos, donde lo vivido, lo comunicado han superado las pretensiones y me han reconectado con la Esperanza.

    Quiero dar las gracias a Merce, Javier, José Ángel, Gemma, Ester, Cristina, Miguel, Juanma, Ana, Maite, Vicky, José Luis, Carlos, Nathalie por su humanidad y por estos días juntos/as.

    En primavera haremos una segunda edición con otras personas para seguir dialogando y nutriendonos.

    GRACIAS A TODOS/AS

    3 respuestas a «Mucha esperanza…»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan:
      Un montón de puntos de reflexión, todos en clave de humanizarnos y humanizar las relaciones en nuestros entornos de trabajo y actividad. Habrá que tomar buena nota. Un abrazo.

    2. Avatar de Javi
      Javi

      Tema difícil la gestión del poder. En la gestión del mismo, podemos descubrir nuestra fragilidad, proyecciones, etc.
      Gracias por tu experiencia Juan. Ayuda a detectar lo que inconscientemente nos condiciona y apoyarnos en la confianza sin pretensiones

    3. Avatar de Pablo Lozano
      Pablo Lozano

      Qué difícil es pensar, qué importante es pensar. Mirada, conciencia, confianza, ..
      Gracias por compartir todas estas reflexiones.

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  • Este blog va de…

    • Llevo muchos años dirigiendo y formando equipos. El liderazgo (el buen liderazgo) me apasiona, creo que las organizaciones solo avanzan con buenos líderes éticos y humanos.
    • Me da la sensación que muchas organizaciones dedicadas a los demás (ONG, Asociaciones, instituciones religiosas…) no hablan mucho de liderazgo, ni se forman en ello, ni siquiera reflexionan sobre ello. Sin embargo, creo que son organizaciones con propósito y creo que en ellas puede desarrollarse el liderazgo de una forma más plena y humana.
    • Creo que sería bueno ayudarles o compartir juntos los problemas y enfoques que, en este tema, ya estamos haciendo en las empresas. Como muchas veces no pueden acceder a formadores o consultores de desarrollo de personas he pensado que hacer este blog podría ayudar.
    • Para mi, el liderazgo tiene que estar basado en una confianza profunda en las personas, creando contextos y cultura para que la confianza se dé.
    • Para mi, se lidera desde la confianza, no solo con confianza. Quiero decir que la confianza es la base, la piedra angular, el suelo fértil para que todo el potencial de las personas se desarrolle y puedan ser ellas mismas en las organizaciones en las que trabajan.
    • Aquí encontraras reflexiones, pensamientos y, sobre todo, experiencias de mis más de 30 años aprendiendo y trabajando en este tema. Espero que te sirvan, aunque discrepes. Te invito a participar en los comentarios para que tod@s podamos enriquecernos.

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