Autor: Juan

  • Objetivos, propósito, misión… y personas.

    Objetivos, propósito, misión… y personas.

    Retomo el blog con una serie de entradas relacionadas con la actividad que vengo realizando desde hace unos años de acompañar a personas que están en puestos de responsabilidad en organizaciones de religiosas y ONG’s.

    Una pregunta recurrente es la siguiente: ¿Cómo puedo hacer compatible los objetivos, el propósito, la misión encomendada y el desarrollo de las personas a las que dirijo?

    Para responder, primero voy a analizar la realidad que veo en las organizaciones de la Iglesia y en las ONG’s en su vida cotidiana. Aquí algunas observaciones muy personales y que hago con todo cariño, que pueden ayudar en la medida que os sintáis reflejados:

    • La misión se identifica realmente con el trabajo hacia afuera.
    • Sin embargo, la misión tiende a ocupar muchísimo tiempo, mucho más que las jornadas laborales diarias y se extiende a los fines de semana.
    • En la medida en que “somos menos” tiende a extenderse más y más, dejando poco tiempo para el descanso o para otras actividades relacionadas con la interioridad o para la relación en comunidad.
    • La tendencia es la creación de muchos espacios e iniciativas, casi todas buenas, pero muchas de ellas inabarcables con los recursos que contamos. A esto se une que no nos atrevemos a decir que no a iniciativas de otros por no desanimarlos o evitar el conflicto, aunque no podamos con ellas o no les veamos sentido.
    • Se genera, muchas veces, mala conciencia por no llegar o por no estar a la altura. Se muestra en desahogos del tipo “antes era mejor”, “los jóvenes no están comprometidos”, “¿qué más tengo que hacer para llegar a las personas?, «mis compañeros/as no me siguen», «me frustro»…
    • La posibilidad de realizar reuniones online, lejos de ser una ayuda, está siendo, en muchos casos, un agobio. A esto se une las enormes posibilidades que da internet para tener información, charlas, formación online etc. que pueden llegar a empachar si no se hace una buena selección.
    • Preferimos realizar experiencias impactantes que atraigan a las personas de manera fugaz que tener paciencia para acompañar los procesos tanto personales como organizacionales.
    • La sociedad de la información actual hace que estemos más preocupados por generar contenidos que por crear o cuidar las relaciones.
    • Consumimos iniciativas y actividades sin evaluarlas, darles poso y continuidad serena. Cambiamos con demasiada frecuencia porque nos aburrimos o por la ansiedad que nos genera el no tener «eficacia».
    • La actividad constante nos genera una sensación de logro que nos tapa la posibilidad de entender la eficacia de lo que hacemos en términos de que sea realmente vivido por las personas a las que servimos.
    • Nos cuesta apostar por la confianza, y nos sentimos más cómodos en el control. El control se refleja en la supervisión constante, en el paternalismo, en la “preocupación excesiva” por no cargar al otro, en no delegar, en no soltar tareas y responsabilidades…
    • Tenemos sensación de cansancio constante y de correr para no llegar a ningún lado.
    • Etc.

    Es en este contexto en el que muchas personas que tienen puestos de responsabilidad tienden a sentirse bloqueados por la pregunta ¿Cómo atiendo a la misión encomendada y a la vez me ocupo de las personas que lidero? ¿Cómo conseguir este equilibrio?

    En mi opinión, las/os líderes tenemos como prioridad el desarrollo de las personas de nuestro equipo, el ayudarles a expandir su potencial, atendiendo a sus particularidades, procesos y momentos vitales. Un líder, en cuanto que es líder, se dedica a eso. No debemos confundir ser líder con hacer cosas, tener iniciativas, decidir todo, crear contenidos, ocuparse de los problemas personalmente etc.

    Las herramientas del líder (muchas las hemos descrito en este blog) son escuchar, impulsar, inspirar, delegar, corregir, favorecer el desarrollo, hacer equipo y comunidad, crear contextos especialmente de confianza, estar atento, mirar con mirada apreciativa… El encuentro, el diálogo y la escucha deberían ser las principales actividades de los/as líderes.

    ¿Y los objetivos, el propósito, la misión? “Vendrán por añadidura” (Mt 6,33) y recibiremos “una medida generosa, apretada, remecida y rebosante” (Lc 6,38), muchas veces no será como nosotros queremos o esperamos, será al modo de Dios pero estará muy bien. El reto está en confiar en que será así, aunque, a veces, nos dé vértigo. “No andéis preocupados…” (Mt, 6, 25).

    Seguimos en los comentarios.

  • Soltar pesos

    Soltar pesos

    Creo que tenemos muchas cosas que nos cargan, que nos impiden ser nosotros/as mismos/as. Son cosas que yo llamo pesos. Están a lo largo de la vida y, si recorremos un camino de desarrollo personal, podemos ir soltando poco a poco. Soltar lastre nos ayuda a volar. Siempre me viene una imagen de un globo aerostático que tiene que ir soltando el peso para subir porque esto permite la ligereza necesaria para emprender el viaje.

    Los líderes, es decir todos/as los que tenemos alguna responsabilidad (ser jefes/as, maestros/as, padres o madres, coordinadores/as….) creo que nos añadimos muchos pesos que nos impiden desarrollar nuestro rol de manera más ligera, más humana, más como somos de verdad. Creo que esto sucede porque todos/as tenemos en la cabeza una imagen idealizada de lo que debe ser el/la líder. Los libros y las películas, las enseñanzas recibidas nos hablan del/la líder como una persona arriesgada, que sabe dirigir hacia algún lugar, que inspira, que motiva, que tiene que tener pensamiento estratégico, que es influyente, que se adelanta, que enseña… Si recorréis los libros de liderazgo o buceáis en la web encontraréis muchas reseñas parecidas de lo que se llama «las cualidades del líder». Yo estoy de acuerdo, en un modelo ideal, con muchas de ellas (no con todas 😉 ) pero creo que crean estereotipos muy alejados de la realidad y además creo que añaden peso en una lucha incesante por dar la talla.

    «Soltar lastre nos ayuda a volar»

    En liderar desde la confianza buscamos fundamentalmente que la persona «sea»y que el/la líder recorra un camino para ser ella/él mismo/a para desde ahí ayudar a los/las que dirige a desplegar su potencial.

    Librarnos de ideales y estereotipos que nos cargan y que nunca alcanzaremos, me parece el primer paso. La vida está llena de muchos pesos que tenemos que soltar para conseguir ser. A continuación os cuento cosas que para mí han sido peso y que poco a poco he ido soltando o estoy en camino de soltar por si os veis reflejados/as y os ayuda:

    • Soltar «pesos de la historia»: tanto las organizaciones como las personas tenemos muchos pesos de la historia, condicionantes que nos pusieron cuando éramos pequeños/as y que nos cuesta mucho soltar: «eres una persona tímida», «eres malo en matemáticas», «no eres bueno con los idiomas», «tienes un genio del demonio»… A mí siempre me ha costado hablar en inglés y no sabéis qué mal lo pasaba cada vez que tenía una reunión en ese idioma (además era el jefe, con lo que se suponía que tenía que dominarlo). Yo tengo dislexia, por lo que me cuestan los idiomas. En este sentido, poco a poco he aprendido que lo que importa es comunicarme y no hablar perfectamente. Esto me ha liberado mucho. Doy muchas patadas al diccionario pero me entienden, creo, o ponen cara de que me entienden porque soy el jefe. 😂 😂 😂
    • Soltar los «tendrías que», «deberías», incluso los «sería bueno», los «sería bueno para ti»... Estas expresiones nos hacen mucho daño porque muchas veces nos cargan y hacemos lo que quieren los demás. Los/líderes debemos estar muy atentos/as a esto porque influimos mucho. A mí me pasó, cuando pasé a ser director general, que tenía que ser bueno en finanzas. Mucha gente me dijo que un director general debería formarse y dominar «los números», y más yo que vengo de «letras». Luego me di cuenta que mi lógica (tengo una mente muy lógica) me bastaba para entender los números y me relajé. Además tengo a Jose Luis en mi equipo, la persona que conozco que más sabe de finanzas y de muchas más cosas. Jose Luis me decía que no me preocupara. Me quitó mucho peso.
    • Soltar «el tengo que saber»: se supone que los/las líderes tenemos que saber muy claro hacia dónde tenemos que ir, cuál es la solución para nuestras organizaciones, para nuestros hijos/as etc. Yo os confieso que dudo mucho, que no lo tengo nada claro, que necesito mucho diálogo abierto con mi equipo, con mi mujer…, muchas horas de buscar el camino para dar pasos…
    • Soltar » el acertar»: yo me equivoco mucho, como todos/as. Antes sufría por esto, se suponía que un/a líder tenía que acertar en todo. Acertar suele ser un gran listón y tenemos que aprender a soltarlo. Si se falla, se rectifica y ya está. A mí me costó pero ahora ya soy más capaz de decir «me he equivocado», «he metido la pata»… y además decírselo a los demás. Me ha liberado mucho.
    • Soltar «el siempre estoy bien». También se supone que el líder tiene que tener siempre buena cara, estar siempre motivado, afrontar con serenidad las dificultades…Sin embargo, a mí me pasa que a veces estoy cansado, otras frustrado, otras veces tengo miedo, otras estoy triste o abatido… y he ido a aprendido a compartirlo con mi equipo, ellos/as me sostienen mucho y me comprenden. Esto es recíproco en nuestra relación porque yo también intento sostener sus frustraciones, sus «temas»… Nos ayuda en este camino de la confianza.
    • Soltar «las comparaciones». Las comparaciones son unos pesos enormes. Nos comparamos con otras organizaciones, con otras personas, queremos parecernos a… Esto hace mucho daño cuando no es una sana admiración para aprender. Siempre tengo que hacer un esfuerzo para aceptarme a mí mismo y no compararme con otro competidor o persona porque eso, muchas veces, hace que no valore lo que soy, que no sepa apreciarlo. Especialmente importante es con los hijos/as porque hay demasiadas manera sutiles de hacerlo.
    • Soltar «el no me debo mostrar». Mi experiencia es que mostrarnos vulnerables ayuda mucho en la relación, y la relación es lo más importante. Una experiencia que voy aprendiendo (aunque me cuesta porque uno tiene su orgullo) es que pedir perdón está muy bien. Siempre que lo hago me siento mejor y nos ayuda en la relación. Todos tenemos que pedir perdón por tantas cosas… poder decirle a una persona (como podamos, como nos salga) «perdona» es muy sanador.

    Mi experiencia es que soltar tantos pesos, tantas imágenes que nos imponemos o nos imponen libera muchísimo. La sensación es que nos sentimos más ligeros/as si poco a poco vamos soltando nuestras pesadas anclas que nos impiden ser nosotros/as mismos/as. También nos ayuda a construir una buena autoestima. Las personas que conozco que tienen más autoestima no son las que van alardeando de lo que son. Éstas me temo que tienen una baja autoestima. Las personas que mejor autoestima tienen se muestran vulnerables, tal como son, sin importarles lo que piensan los demás.

    Espero que mi pequeña experiencia os ayude y podáis ir soltando cosas poco a poco para vivir la vida con ligereza. Pero tampoco hagáis de esto otro peso, que os conozco 😉.

    SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS. ESTARÍA BIEN QUE, SI QUERÉIS, CONTÉIS OTROS PESOS QUE ESTÁN PRESENTES EN VUESTRA VIDA O QUE OS VAIS LIBERANDO.

  • Asimetría

    Asimetría

    Toda relación de liderazgo es una relación asimétrica. Las organizaciones, las estructuras sociales, los sistemas, están ordenados jerárquicamente. Esto supone de manera real, imaginaria o cultural que alguien “está arriba” y “alguien está abajo”. En las empresas esto es claro pero no sólo ocurre en las empresas, también ocurre en casi todos los sistemas: profesor y alumno/a, acompañante y acompañado/a, padre/madre e hijo/a, médico/a y paciente…

    Todos los sistemas están organizados con algún tipo de jerarquía (formal o informal), lo que produce relaciones asimétricas.

    A veces está claramente definido, como digo, por la propia estructura pero otras viene definido porque una persona atribuye a otra cierta autoridad, superioridad intelectual o moral etc y nos situamos por debajo.

    Nada mejor que una anécdota para ilustrar el tema. Hace bastantes años, siendo yo director de recursos humanos, llamamos al departamento a una persona que trabajaba en la línea de producción. Le llamamos para entregarle un premio porque había ganado un concurso de fotografía, pero no le habíamos dicho el motivo. Cuando llegó traía una cara de enorme preocupación y ansiedad. Si le llamaba el director de recursos humanos, nada bueno se podía esperar… La historia tuvo un final feliz con la alegría del premio, pero a mí me hizo pensar mucho. Claro, la relación era asimétrica y marcada por el miedo. Nunca había hablado con esa persona, pero ya traía ideas preconcebidas de lo que significaba hablar con el director de recursos humanos, ideas establecidas por años de historia de las organizaciones y de conflictos.

    Esto me hace tomar conciencia que los/as líderes, los/as padres, los/as acompañantes, los/as médicos… establecemos una relación asimétrica con las personas que dirigimos, aconsejamos, acompañamos… Tomar conciencia lleva necesariamente a tener cuidado con lo que decimos o hacemos con las personas, porque esta asimetría puede generar dolor, malestar, desconfianza, dañar la autoestima, etc.

    Todos/as estamos en relaciones asimétricas porque así estamos organizados. A veces estamos “arriba” y a veces estamos “abajo” y esto nos puede ayudar mucho para liderar desde la confianza. Nos ayuda ver cómo nos sentimos cuando estamos “abajo”: en positivo cuando nos han ayudado a aumentar nuestra confianza y en negativo cuando nos hemos sentido no escuchados/as, no comprendidos/as, incluso cuando nos han dañado. Es importante ser muy conscientes de esto porque en las relaciones asimétricas es mucho más fácil dañar a la personas, especialmente si a la persona le damos mucha autoridad moral o intelectual sobre nosotros/as. En el extremo, en una relación asimétrica se pueden producir abusos de poder, conscientes o inconscientes. No ocurre así en las relaciones simétricas (amistad, hermandad etc), aunque muchas veces sutilmente en las propias relaciones simétricas se produzcan asimetrías porque le damos al otro una autoridad sobre nosotros, también consciente o inconscientemente.

    Como aquí hablamos de liderazgo voy a intentar expresar, a mi juicio, qué actitudes y aspectos deberíamos tener en cuenta para cuidar a la persona en nuestras relaciones:

    • Reconocer siempre: las relaciones liderazgo suelen ir encaminadas a la mejora: la mejora de los objetivos, la mejora del rendimiento (los hijos y las notas), el desarrollo personal como mejora de la persona… Yo creo que es muy importante plantearnos las conversaciones desde la óptica del reconocimiento. Cuando hablamos, impulsamos, aconsejamos a alguién, empezar por reconocer lo que ha hecho, sus cualidades, sus logros etc.
    • Escuchar mucho, mucho, mucho, mucho más de lo que piensas: en las relaciones de liderazgo es muy importante escuchar, todos/as lo sabemos. Mi experiencia es que nunca es suficiente. Para poder conectar con lo que la otra persona siente, es o piensa es necesario escuchar con todos los poros. No solo lo que dice sino lo que expresa con su cara, con su cuerpo, con su silencios… Dar espacio a la escucha para poder luego orientar, dirigir. Escuchar es, también, estar atento a la personalidad e historia de la persona que tenemos delante: no es lo mismo una persona muy sensible que otra que no lo es tanto, una persona que tiene un dolor en su historia etc. etc.
    • Acoger desde una relación de confianza: trabajar el contexto de la confianza para que la persona pueda expresarse, tenga la apertura para contarnos sus dificultades, tenga la garantía que lo que me cuenta será guardado y cuidado, tenga la experiencia que es acogida cuando hay dolor o dificultad. Para esto es importante, entre otras cosas, hablar desde nuestra propia vulnerabilidad, desde nuestra experiencia dolorosa o reconocer cuando nos hemos equivocado y pedir perdón.
    • No hay mejor medicina o veneno que las palabras: las palabras sanan o nos matan. Tener cuidado con lo que decimos es esencial. Todos/as tenemos experiencia de pequeñas palabras que nos han erosionado y nos han dolido, especialmente en las relaciones asimétricas. Pensemos en los niños, con ellos/as tenemos que tener especial cuidado.

    Miro lo que he escrito y me doy cuenta de tantas veces que no lo he hecho bien. Me doy cuenta que muchas veces he dañado a personas en mis relaciones asimétricas. Que no he valorado suficiente, que no he alentado, que he dicho palabras exigentes y oscuras, que no he querido bien a personas que dirijo y he dirigido. Quisiera que esta entrada también sirviera para pedirles perdón cuando les he hecho sentir mal. No se trata de machacarnos, sino de reconocer para hacerlo cada día un poco mejor.

    Para finalizar otra anécdota que es la que me ha impulsado a escribir esta entrada. A una persona a la que quiero mucho hace dos años le diagnosticaron una enfermedad degenerativa. Los médicos le han tratado muy bien estos años, le han aconsejado profesionalmente, le han comunicado bien las cosas y se ha sentido acompañado por ellos/as. Pero a pesar de todo, la preocupación ha ido ocupando su vida, se ha sentido abatido, inválido, vulnerable… aunque lleva todo con gran entereza y confianza. Normal, a todos/as nos habría pasado. Sin embargo, el otro día en el centro de salud, se encontró con una enfermera que le dijo que la situación en este momento no era grave, que la enfermedad iba avanzando de manera muy lenta, que lo veía muy bien, que saliera, que viviera… No sé lo que le dijo pero fueron “palabras milagro” porque él salió reconfortado, alegre, aliviado … Y llego a casa y se puso a tocar la guitarra. Esto define mucho mejor que yo lo que los que estamos “arriba” podemos hacer: milagros. De eso se trata.

    Os animo a compartir experiencias en los comentarios.

  • Conversaciones transformadoras.

    Conversaciones transformadoras.

    Foto de Harli Marten en Unsplash

    Os cuento una cosa que me paso una vez trabajando con un equipo. Estábamos unos días fuera tratando de buscar puntos comunes, proyectar el futuro, buscar nuevos proyectos… Esas cosas que se supone que hacen los equipos cuando salen fuera 😉. El día transcurría con una conversación correcta, con unas ideas que iban surgiendo de unos a otros, los argumentos estaban encima de la mesa, había respeto y no conflicto. Todo parecía que iba bien y que podríamos llegar al objetivo que nos habíamos propuesto.

    Sin embargo, en un momento dado, una persona del equipo, que había estado bastante callada durante todo el día, tomo la palabra y dijo: «yo ya no puedo más». Se hizo un silencio durante un minuto y después salieron un montón de palabras por su boca, como un torrente. Explicó muchas cosas sobre lo que le costaba llevar lo que tenía entre manos, las dificultades que le situaban en una posición de cansancio y desmotivación, las emociones fluyeron al contacto de las expresiones que nos iba comunicando. Se quedó callado. Me sentí obligado a parar la reunión, dejar lo que teníamos entre manos, y di la palabra a todos los demás miembros del equipo. Una atmósfera de comprensión y unión lo invadió todo, hubo acogida sobre lo dicho, se expresaron emociones, también dificultades… Poco a poco salieron sentimientos, dudas, opiniones contrarias, conflictos pero desde otro sitio, un sitio más acogedor, más apreciativo.

    La conversación duró una hora y media más, todos pudimos hablar y podríamos decir que la relación cambió un poco para mejor. Al final del día el tono de todo lo que hablamos tuvo otra profundidad, otra calidez y otra empatía. Ya no nos centramos en el problema que había puesto encima de la mesa, ya no parecía tan importante, tan urgente, tan inabarcable. Es como si la conversación hubiera sido lo importante y eso había abierto nuevas puertas para resolver el problema. Había sucedido algo parecido a esa frase que escuche un día: «a veces los problemas no se resuelven, se disuelven».

    ¿Qué es lo que había pasado para que todo cambiase? Lo que había cambiado es que esa persona había hablado desde otro sitio. Y ese sitio era su propia vulnerabilidad. Hablaba desde sí mismo, se había desprotegido. De esta manera había cambiado todo, nos había invitado a que nosotros también nos desprotegieramos, a que no siguieramos hablando desde la cabeza, desde las ideas. Ante tal expresión de vulnerabilidad, no podíamos seguir conversando si los demás no bajabamos al mismo nivel. Esto hizo que el diálogo fuera distinto y nos transformara a todos/as.

    Las conversaciones transforman cuando nos atrevemos a desprotegernos y dar paso a nuestra propia vulnerabilidad.

    Seguro que habéis tenido experiencias significativas como la que yo he contado. Recordad aquella conversación en un viaje, aquella sobremesa con vuestros hijos que se alargó y se produjo un comunicación más profunda, aquella caminata con una persona que no tenías mucha relación pero que os unió de una manera distinta… tantas ocasiones…

    Soy un convencido que el diálogo profundo transforma. En la propia conversación profunda se producen cambios que no pueden lograr los mejores planes, los mejores proyectos. Por eso creo que fomentar el diálogo en los equipos es una de las mejores herramientas que tenemos los/as líderes, ya seamos jefes, padres, educadores etc. Os daré algunas pistas que a mí me han ayudado a crear diálogos transformadores en los equipos:

    • El contexto: mi experiencia es que el diálogo transformador se produce siempre que salimos de nuestro entorno cotidiano para abrirnos a otra forma de estar con más tiempo y más evocadora. El diálogo funciona mejor cuando salimos a la naturaleza, cuando viajamos juntos, cuando nos damos tiempo para hablar.
    • Partir de la introspección: creo que es importante que las personas no conecten solo con las ideas o hablen desde lo externo. Es importante primero facilitar un tiempo para que la persona se enfrente a su interior y se pregunte, desde ella, sobre el tema que vamos a tratar. Algunas preguntas podrían ser; ¿Cómo te sientes ante este tema? ¿Cómo has evolucionado sobre el tema? ¿Qué sentimientos te produce? ¿Qué te produce oscuridad y qué luz sobre el tema?... No tenemos porque compartir estas preguntas con el resto del equipo, pero si nos preguntarnos a nosotros mismos se podrá hablar desde otro sitio, no tan racional. Si damos un tiempo personal para preguntarnos antes de empezar el diálogo, el clima de la conversación cambiará seguro.
    • Dar tiempo a la expresión: el/la facilitador/a del diálogo tendrá que estar con una escucha empática para dar lo tiempos necesarios a cada una de las personas, animando a que se hable. Es muy importante que el/la facilitador/a no quiera llegar a ningún sitio, no tenga prisa, deje fluir la conversación hasta que sintamos que se ha agotado.
    • La conclusión no es lo más importante: mi experiencia es que lo importante para la transformación se da en la propia conversación, no en las conclusiones a las que lleguemos. El sentimiento compartido, las intuiciones, la intención común, las nuevas relaciones serán las que hagan el cambio. Cuando volvamos a nuestro entorno, seguro que las cosas cambiarán porque las relaciones habrán cambiado y siempre podemos volver al recuerdo de lo vivido.

    Espero vuestros comentarios y os animo a abriros a un mundo de conversaciones transformadoras.

    4 respuestas a «Conversaciones transformadoras.»

    1. Avatar de Marta Amorós

      ¡Muchas gracias, Juan, por este artículo tan inspirador! Efectivamente, la vulnerabilidad es una puerta que nos abre al diálogo desde el corazón y sin máscaras. Nos lleva a un nivel de conversación más profundo y auténtico, pero para ello creo que es fundamental contar con un entorno suficientemente seguro que nos permita tener el coraje para expresar de forma sincera lo que pensamos y sentimos. De lo contrario, nos puede conducir a la frustración y a la incomprensión de los demás.

      1. Avatar de Juan

        Muchas gracias a ti. Tienes toda la razón, hay que establecer un contexto de seguridad siempre. Abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Interesantísimo y muy significativa la experiencia que narras. Sí, todos hemos vivido momento especiales en que se da un chac a un nivel más profundo.
      «Cuando volvamos a nuestro entorno, seguro que las cosas cambiarán porque las relaciones habrán cambiado y siempre podemos volver al recuerdo de lo vivido». Qué gran verdad.

      1. Avatar de Juan

        Muchas gracias. Abrazo grande

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  • El trabajo no es lo primero.

    El trabajo no es lo primero.

    Foto de mis vacaciones en Galicia realizada por mi hijo.

    Hola a todos/as retomo el blog después del verano. Para mí, un verano de descanso y de trabajo personal, pero muy bueno. Espero que haya sido así para todos/as.

    Estamos entrando en septiembre y suele aparecer la pereza de la vuelta al trabajo y a la normalidad, los comentarios en las oficinas son «qué pereza» «cuánto falta para el próximo puente» «qué bien se está de vacaciones»… Estos días me preguntaba por qué esto pasa tanto. Seguramente cada persona tiene razones distintas, pero pienso que quizás pasa porque le damos demasiada relevancia al trabajo. Trato de explicarme. En esta sociedad, quizás hemos puesto demasiadas fuerzas, expectativas, esfuerzos en el trabajo. A menudo ocupa demasiado lugar en nuestras vidas.

    Os propongo un ejercicio. Coged dos folios y en uno escribid: «qué es lo más importante para mí» y en otro «a qué dedico más tiempo». En el primer folio escribid aquello que es importante para vosotros de los distintos ámbitos de vuestra vida (familia, ocio, tiempo libre, mi desarrollo personal, el trabajo, mi relación con Dios…) rodeadlo con unos círculos. El círculo será más grande cuanto mayor sea la importancia del tema. Una vez estéis satisfechos con el dibujo que os ha salido, coged la segunda hora y haced lo mismo con los mismos ámbitos que habéis escogido, pero ahora el tamaño del círculo estará en relación con el tiempo que dedicáis a cada aspecto. Cuando digo el tiempo que le dedicáis ,no me refiero sólo al tiempo que os ocupa la actividad, sino también al tiempo que ocupa en vuestro pensamiento, entre vuestras preocupaciones. Si os animáis a hacerlo, seguro que os dice cosas interesantes y aprendéis.

    En este blog, hablamos de liderar desde la confianza. Lo que trata de mostrar, con toda humildad, es un modo de liderar donde la persona es lo primero, entendiendo por esto el desarrollo de su potencial, de sus dones, de su realización personal. Este modo de liderar no está referido solo a líderes de organizaciones sino también a padres y madres, a educadores, a toda persona que tiene influencia en el desarrollo de las personas.

    Yo este verano me he preguntado mucho si los que lideramos no estamos poniendo demasiado énfasis en la tarea, en el trabajo, en el hacer, en el conseguir. Me he dado cuenta, con dolor, que esto se produce en mí , incluso cuando tengo las mejores intenciones y, entonces, tensiono demasiado y no pongo a la persona el centro. Este aprendizaje además de dolor me produce alegría porque me da una nueva forma de mirar. Os pongo, como siempre, algunas ideas que me vienen a la cabeza para nuestra reflexión:

    • Quizá las estructuras en las que trabajamos están diseñadas para la exigencia y demasiado focalizadas en el hacer: las empresas en su crecimiento y su mejora año tras año, las instituciones sin ánimo de lucro en conseguir la misión que tienen encomendada, las familias en hacer mil cosas por excelentes razones pero muy enfocadas en el hacer… Quizás se trata de cambiar un poco la mirada, poco a poco, para pasar del hacer al ser, del conseguir al compartir, del intentar que las personas crezcan al cuidado, del hacer al escuchar, de mejorar al convivir. No se trata de dejar los objetivos (crecer, conseguir lo que nos proponemos…), se trata de compensar esto con la vivencia común, con la alegría de estar juntos. ¿Podríamos los líderes cambiar esto un poco? ¿Podemos, cada noche, revisar nuestro día mirando cuánto tiempo he pasado escuchando, compartiendo, acompañando, contemplando y cuánto exigiendo, haciendo, impulsando, desarrollando?
    • Por otra parte si nos miramos a nosotros/as mismos/as ¿Cuánto tiempo, esfuerzo, preocupación ponemos cada día en el hacer, conseguir, mejorar? ¿Cuánto tiempo ponemos en cuidarnos, en estar conectados, en beber de nuestras fuentes, en contemplar, en leer, en estar con los que queremos, en celebrar y reírnos, en nutrirnos de personas que nos aportan vida…? Dice el refrán «que nos se puede dar lo que no se tiene» por lo que quizás necesitamos conectar más con nosotros mismos para poder acompañar a aquellas personas que nos han sido encomendadas.
    • Por supuesto, el trabajo es un sitio para el desarrollo personal, para canalizar nuestros dones, para realizarnos, pero me pregunto si no ocupa demasiado lugar en nuestra vida. Si no es demasiado peso, demasiado esfuerzo. Todo es cuestión de equilibrio y quizás hemos desequilibrado un poco o un mucho nuestras vidas.

    Por eso os propongo un ejercicio para este comienzo de curso. Elegid un hashtag para todo vuestro año, por ejemplo #eltrabajonoesloprimero o #cautivadoporlaalegría (1) o #perdereltiempoparaganarvida o el que se os ocurra. Cuando lo tengáis elegido, dedicad un tiempo largo a dibujarlo, decorarlo, ponerlo bonito para los artistas o diseñad en el ordenador una imagen con el hashtag elegido con un bonito diseño o con una fotografía que os inspire… y cuando lo tengáis ponerlo en un lugar visible o de fondo de escritorio para tenerlo presente. Así conseguimos dos cosas: una que lo recordemos pero otra, haber pasado un rato largo en una actividad que nos conecta de otra manera 😉. Mi hashtag ilustra esta entrada. Os deseo un curso nuevo conectados/as con lo mejor de vosotros/as mismos/as.

    SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS.

    (1) Cautivado por la alegría es el título de un excelente libro de C.S. Lewis

  • Soplar las brasas

    Soplar las brasas

    Foto de Tolga Ahmetler en Unsplash

    Hace unos cuantos meses escribí sobre lo que para mí era la principal tarea del líder. Para mí era soplar (podeis leerlo pulsando aquí). Entonces lo definía con dar impulso, soplar con el aire justo para que la persona avanzase hacia lo que ella misma quería ser para poder desplegarse. Sigo creyendo que esta es la labor fundamental que tenemos las personas que lideramos personas (jefes/as, responsables, coordinadores/as, profesores/as padres, madres…) y que nos centra mucho en lo que tenemos que hacer cada día, por lo menos a mí me ayuda.

    Sin embargo, hablando de esto con una amiga que sabe mucho de desarrollo de las personas, me dijo que otra manera de soplar es avivar el fuego, soplar sobre los rescoldos para que vuelvan a arder… Me pareció maravilloso, ampliaba mi definición y la amplificaba. Siempre dialogar me abre nuevas expectativas, nuevos horizontes. Incluso he descubierto que existe un libro de coaching sobre este concepto, lo leeré.

    Hoy hablaré, como siempre desde mi pequeña experiencia, de lo que es soplar las brasas. Creo que es lo primero que un/a líder desde la confianza debe plantearse cuando está frente a otra persona ¿Cómo están las brasas de esta persona? ¿Arden con fuego vivaz? ¿Solo arde una parte y esa parte es siempre la misma? ¿El fuego está perdiendo fuerza? ¿Solo queda una pequeña brasa y está casi apagado? ¿Parece que solo hay cenizas, pero quedará debajo algún rescoldo?

    Nos podemos preguntar muchas cosas con esta imagen, seguro que nos ayuda. Os cuento que supone para mí soplar las brasas:

    • En primer lugar, me centra en la persona por si misma, en cómo está, en qué tiempo está viviendo, en cómo se encuentra… Esto es muy bueno porque pone a la persona en el centro, dejando para después si la persona puede avanzar o puede conseguir determinados logros. Lo primero que tendré que hacer es soplar para avivar las brasas. Os invito a que cuando estéis hablando con la persona que tenéis delante os preguntéis ¿Cómo está el fuego de esta persona?
    • La segunda cosa que me plantea es cómo ayudar para que la persona se encienda más. Es decir, qué palabras y qué actitudes tendré que adoptar yo para que la persona se encuentre mejor, para que la persona encuentre en mí palabras que la puedan iluminar, motivar, entusiasmar aunque sea un poco. Si pongo la mirada así en el/la otro/a se empieza a construir una relación nueva desde la confianza.
    • En tercer lugar, soplar para que la otra persona se encienda más ayuda a una cosa muy importante: dejar caer la exigencia como primera y, a veces, única manera de mirar. Nos han enseñado que liderar es exigir y yo cada día estoy más convencido que no es una buena mirada. Creo que liderar es más acompañar y, en mi metáfora, soplar para que los otros sean. Mi experiencia es que acompañando a las personas y centrando nuestra mirada amorosa en ellas es la mejor manera para que se dé lo mejor. A veces ese mejor no será el que nosotros esperábamos pero será mucho mejor seguro. Entre otras cosas, porque no conseguiremos lo que nosotros nos proponemos sino lo que ellas quieran alcanzar que suele ser mucho más.
    • Seguro que os estáis preguntando entonces… ¿Cómo llevo a mi equipo/a, a mi hijo/a, a mi alumno/a a alcanzar los objetivos? Me siento muy reflejado en esta pregunta porque me la he hecho mil veces, pero mi conclusión personal (no pretendo convencer a nadie) es que esta es una pregunta demasiado centrada en mí y no en la otra persona. Es una pregunta desde la impaciencia, desde la imagen que se supone tengo que tener como líder, desde el ego… por lo menos yo lo veo así si miro, con verdad, las motivaciones que están detrás de esta pregunta. Esto siempre es una tensión, porque no puedo dejar mi papel de líder pero tendré que preguntarme desde dónde hago las cosas: desde mí mismo (mi imagen, mis objetivos, mis planteamientos, mis formas cerradas de hacer las cosas) o desde el/la otro/a. Tengo que confesaros que caigo muchas veces.
    • Por último, ¿Qué es para mí acompañar, soplar? Se trata de primero centrar la mirada en el/la otro/a saliendo de mí y después se puede acompañar desde la pregunta, desde el reto, desde el diálogo, desde el silencio, desde la escucha que hace de espejo etc. Se pueden lanzar retos para que el/la otro/a los acoja respetando su libertad, se pueden hacer buenas preguntas que «den en el clavo» para que la otra persona se cuestione cosas que quizás no puede mirar, se puede «estar junto a» para vivir procesos y hacer de espejo si la otra persona nos lo permite. Hay tantas maneras…

    Me parece muy importante cambiar la mirada sobre las personas que dirigimos para que nuestra energía se centre en la persona por sí misma. Así que, si os parece, llenad los pulmones para soplar con humildad lo que las personas que nos rodean necesitan.

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    2 respuestas a «Soplar las brasas»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Estupendo. Mi quedo con el dejar de centrar la mirada en uno mismo para ponerla en la otra persona y su realización. Muchas gracias.

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, un abrazo grande

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  • Poder

    Poder

    Foto de Lopez Robin en Unsplash

    Un amigo y compañero me pide que escriba sobre el poder. Llevo bastantes días pensando cómo aclararme, es un tema difícil. Lo primero, como siempre, voy a mi querido diccionario para explicar bien lo que significa poder.

    Poder:

    1. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.

    3. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerlo.

    Es muy fuerte, ¿nos os parece? La verdad es que el poder da sensación de imposición, de fuerza, de potencia, de lucha… y no lo digo yo, lo dice la RAE.

    El poder es injusto pero a la vez es una gran posibilidad.

    Esto ha confirmado algunas intuiciones que siempre he sentido y que estos días se han hecho más fuertes. Las comento para compartirlas con todos/as pero también para que podamos hablar de ello en los comentarios. Son las siguientes:

    • Es innegable que todos/as tenemos algún poder que nos ha sido dado. Somos jefes/as, somos líderes, somos padres o madres, somos profesores/as, somos acompañantes, somos responsables de una comunidad, somos coordinadores de algo… Todos tenemos poder porque alguien nos lo ha otorgado: la organización, la sociedad, la institución. Esto es lo primero que tenemos que tomar conciencia.
    • La segunda cosa, desde mi punto de vista, es que el poder es una anomalía, yo suelo decir que «el poder es injusto». Quiero decir que en una utopía (que no conoceremos en esta tierra) lo mejor sería una sociedad fraterna, donde no es necesario el poder para organizarnos. Sé que no es posible pero, a mí me hace mucho bien reconocer que el poder que tengo es injusto. Reconocer que el poder es injusto o anómalo me hace tomar conciencia de lo siguiente:
      • Tengo que tener mucho cuidado con el poder que tengo porque puedo herir, utilizarlo mal, dañar a las personas.
      • Que el poder sea injusto me hace más humilde. Aunque yo no pueda cambiar las estructuras de poder, estoy inmerso en ellas. Este es el primer conocimiento que tengo que tomar conciencia. Esto evita sentirme salvador de nadie, desarrollar aspectos paternalistas desde arriba. Haré lo que pueda pero dentro de una anomalía me lleva a tomar conciencia de que yo puedo realmente poco y que lo ideal sería cambiar hacia un modelo más fraterno donde la otra persona es igual a mí.
      • Como consecuencia de lo anterior, tengo que tomar conciencia de que porque yo tenga poder, no sé más que el otro, no soy superior al otro, no veo más que el otro. A mí me pasa que aunque digo que esto no es así, sutilmente tengo comportamientos en los que marco la diferencia, que crean distancia o superioridad. Son tentaciones que están ligadas al tener poder y que tendremos que mirar cada día.
    • Una vez tomada conciencia de lo anterior, nos podemos preguntar: ¿entonces, no tengo que tener poder en nada? y en este ámbito tenemos que ser realistas, no podemos organizarnos sino con relaciones de poder o relaciones jerárquicas. Esta es una realidad, probablemente basada en la limitación del ser humano. Es la única manera.
    • Y sin embargo, y reconociendo todo lo anterior, también podemos tomar conciencia de que el poder es una enorme posibilidad. Quiero decir primero que los que tenemos poder tenemos un campo de actuación más amplio que nos da más posibilidades. Pero también, tener poder (ser jefe, madre, maestra…) es una posibilidad inmensa para actuar en favor del otro o del bien común. Tener poder nos da un ámbito de posibilidad para hacer el mundo mejor, para desarrollar las organizaciones hacia las personas, para querer el bien de la persona, de cada persona, por encima de mí, por encima de la organización… Siempre será una lucha difícil e imperfecta, pero el objetivo es usar mi poder para el pleno potencial de la persona. Al final, se trata de poner el poder al servicio del amor.

    Como conclusión, podríamos decir, que todo se centra en una preciosa paradoja. El poder es injusto pero también es una gran posibilidad. A mí me ayuda mucho verlo así porque a la vez me hace humilde pero también me impulsa a dar lo mejor de mí mismo. Me hace tener cuidado y estar atento a mi poder. Me hace evitar la tentación de creerme salvador de nada, ni superior en nada.

    Hay miles de libros sobre el poder a lo largo de la historia, se ha estudiado por políticos, filósofos, catedráticos… No creo que aporte nada nuevo pero el ejercicio que me pidió mi amigo me ha servido para mirarlo con mi verdad. Como siempre espero que nos ayude y podamos compartir.

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    11 respuestas a «Poder»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Gracia Juan. Tienes el poder de hacernos reflexionar.
      Creo que el poder tiene mucha relación con la autoridad. Y ésta, realmente vale si nos la otorgan los demás. No solo si nos la dan (instituciones, etc), sino si nos la reconocen (alumnos, etc)
      Hay que ganársela en el ejercicio de la misma.

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, comparto mucho lo que dices. La autoridad depende mucho de la actitud de servicio, la buena autoridad. Esa que nos hace cercanos

    2. Avatar de Merce

      Difícil el tema de hoy Juan! A mí me ayuda ver el «poder» como energía.
      La energía no es buena ni mala, simplemente ES.
      Es mi responsabilidad como la uso…por tanto, es mi responsabilidad el uso del poder que atesoro.

      Un abrazo

      1. Avatar de Juan

        Gracias otra forma también de verlo. Abrazo

    3. Avatar de Paloma
      Paloma

      Gracias Juan. A mí, tras la lectura del post y de los comentarios adjuntos, me sugiere la imagen del poder como savia del árbol. Un poder que alimenta, que se reparte y comparte entre todas las partes, que conlleva el crecimiento y que posibilita mostrar lo «más verde y colorido» de cada «parte» de las personas y organización.

      1. Avatar de Juan

        Bonita imagen, muchas gracias.

    4. Avatar de Roberto
      Roberto

      Gracias por tu reflexión, Juan. Ojalá todas las personas usáramos nuestro poder en favor de los demás!

    5. Avatar de Marta
      Marta

      Gracias Juan por tratar este tema tan importante. Me ha hecho pensar en las personas que hay alrededor de las que tienen poder. Por un lado he pensado en las personas que otorgan el poder a otras, también esto es poder que tiene un gran impacto, si la decisión no es acertada, esto conlleva consecuencias negativas como la falta de asunción de responsabilidades, abuso de poder, mala gestión de recursos, etc. Por otro lado las personas que estan en su area de influencia y que les pueden influenciar para bien o para mal. Esta forma no deja de ser poder también y según como se ejerza puede convertirse en manipulación.
      Al fin y al cabo cada vez que estamos delante de una decisión, por pequeña que sea, estamos ejerciendo poder, ¿no? que importante tomarla desde la consciencia de ponerte al servicio de los demás.

      1. Avatar de Juan

        Importantísima la perspectiva que señalas. Eso es lo que quería expresar. Muchas gracias por compartir. Abrazo

    6. Avatar de Txemi
      Txemi

      Complejo el tema del poder. Evoca la famosa frase: «frente al fuerte, la libertad oprime y la ley libera». Frente al poder arbitrario del potente, se contrapone el poder arbitrado de la ley.
      Parece realista lo que dices: es cierto que todos desearíamos que no hiciese falta poder coercitivo alguno para que nos respetáramos, pero muchas veces es necesario. Pero aun así, es verdad: mejor un mundo de convencidos que de convictos; y mejor un mundo de amor que de amordazados.

      1. Avatar de Juan

        Qué buena reflexión!!!! Muchas Gracias

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  • Dar espacio, abrir espacios…

    Dar espacio, abrir espacios…

    Foto de Mahdiye JV en Unsplash

    Miro mi experiencia personal y mi historia y el Juan de hoy no es el mismo que fue y creo que tampoco será el Juan de mañana. También me miro y sé que hay algo que permanece, que está de fondo, que siempre está y que no desaparece, pero no es algo estático, inmóvil, acabado… Es más como un río que corre pero siempre es río. Una corriente subterránea que está por debajo de lo que fui, soy y seré…

    En mi pequeña experiencia de un ser finito y criatura en un universo infinito tengo la paradójica sensación de que todo permanece y todo se transforma (como cantaba Jorge Drexrel). Siempre la contemplación de la naturaleza me ayuda a comprender la vida. El roble milenario era ya todo él en la bellota y a la vez es hoy, mil años después, una majestuosa presencia con ramas ya secas y brotes nuevos de primavera.

    Cuando se me abren los ojos, cuando me atrevo a mirar puedo verme y ver todo, en un armonioso suceder de transformación que es la Vida.

    En este acontecer de nuestra existencia hace unos días reflexionaba en cómo se produce el crecimiento personal, me preguntaba ¿Qué es lo que podemos hacer nosotros/as para que la vida crezca? ¿Realmente podemos hacer algo o la vida nos lleva, nos arrastra y pasamos el tiempo que nos toca vivir sobreviviendo, sobrevolando, soportando, analizando, buscando con ansiedad…?

    Y volvía a mi limitada experiencia y hay algunas intuiciones que se iban dibujando como pequeñas figuras que aparecen entre la niebla. Son dos las que me vinieron: la primera, lo mejor de la vida me ha sido dado y la segunda que siempre que he abierto espacios se ha abierto vida nueva.

    Hoy me referiré a la segunda intuición: dar espacio, abrir espacios…

    ¿Qué es dar espacio, abrir espacios?

    Os cuento algunas pistas sobre cómo es, para mí, esto de dar espacio, abrir espacios. Son solo pistas porque es un camino personal y tiene que ver con intuiciones profundas que la vida nos va dando. No se trata tanto de incorporar, acumular (experiencias o conocimientos), ni siquiera de aprender… La experiencia de la que hablo es distinta.

    Dar espacio sería abrir más sitio a realidades que están ya en mi vida pero que, por lo que sea, ahora voy sintiendo que se tienen que ampliar. Hay momentos en los que unas realidades no son significativas y ocupan poco espacio pero, a medida que transcurre la vida, podemos sentir que nos conectamos más a ellas y que tenemos que darles espacio.

    Abrir espacios es, para mí, incorporar nuevas realidades que no estaban antes y que siento que empiezan a emerger o siento que tengo que incorporar. A veces, solo se trata de abrir espacio sin más (dándonos más tiempo sin ocupación por ejemplo) para abrirnos a lo que la vida nos puede traer. Si nuestra realidad está totalmente llena es muy difícil que podamos incorporar nada y, además, es más difícil que estemos atentos/as a lo que sucede en nuestro interior.

    Os cuento, a modo de ejemplo, una experiencia que yo he vivido: en un momento dado de mi vida sentí que debía dar espacio al silencio y la meditación. Hasta entonces lo había intentado, me lo había propuesto mil veces y mil veces lo había dejado. Sin embargo, entonces escuché mi interior, mi cuerpo y es como si se me pidiera desde dentro abrir este espacio. Era distinto, casi empujaba por abrirse sitio, como si quisiera salir del fondo del mar para respirar… Entonces sucedió y comenzó el silencio a ser parte de mi vida, primero pequeña y después más grande. El silencio es para mí un nuevo espacio, así lo siento porque allí me expando, me abro. Sí, puedo decir que es un espacio nuevo. No es una actividad más, una experiencia más. Lo sé porque siempre quiero volver a mi «espacio silencio». No sé si lo habéis sentido así alguna vez en vuestra vida pero creo que muchas veces se da de esta manera. Puede ser que se abra el deporte como espacio de expansión o de conexión o el contacto con la pobreza como espacio de apertura o el estar en la naturaleza como espacio de amplitud de la mirada o el espacio de conversación como alteridad… ¡¡¡Hay tantas posibilidades!!

    Mi experiencia no es tanto crear nuevos hábitos (eso está bien pero casi siempre he fracasado) sino abrir nuevos espacios, para mí la diferencia es importante.

    Para que se pueda dar tenemos que estar abiertos/as y escucharnos y escuchar la vida. Es decir estar conectados. A mí me pasa que siento una inquietud nueva, física o una intuición que me conecta con mi momento vital y entonces aparece primero como necesidad y deseo y luego como posibilidad de más. Si me abro y respondo a eso que voy viendo empezaré a experimentarlo y a probar. A veces, no se abrirá el espacio y dejaré de hacerlo pero si sigo conectado/a podré sentir que no era el momento, o que no era la manera y buscaré formas nuevas que conecten mejor con lo que voy intuyendo. Así nos vamos transformando. Si, por el contrario, no me abro (como me pasa muchas veces) entonces me cierro, me escondo, me repliego, me cargo.

    En las organizaciones pasa lo mismo, si queremos evolucionar tenemos que escucharnos y abrir nuevos espacios para ir transformando la organización y llevándola más allá. Normalmente en una organización empresarial se da mucho espacio a lo económico, a los objetivos, al trabajo, al número, a la estrategia, a la consecución de la misión… Y se da poco espacio al cuidado, a la confianza, al dialogo, a la desconexión, a la apertura, a la reflexión profunda, a la relación, a la vulnerabilidad… Y entonces nos ahogamos porque solo tenemos un solo punto de vista. Llevo tiempo reflexionando y compartiendo con personas con las que me encuentro sobre esto y siempre acabo preguntando ¿Qué es lo que está pidiendo espacio ahora en tu organización? Se trata de escucharlo colectivamente mediante el proceso que describí en otra entrada «dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer».

    Y cuando nos hayamos respondido a la pregunta se trata de abrir espacios en nuestra vida cotidiana como organización para que esté presente lo que hemos descubierto. Por ejemplo: diseñar espacios físicos para que se dé, tiempos específicos para que se viva, rituales organizativos que lo recuerden y lo hagan presente etc.

    Así nos transformamos y crecemos, así la vida se va ensanchando, se hace más Vida.

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    3 respuestas a «Dar espacio, abrir espacios…»

    1. Avatar de albertoenblogalta
      albertoenblogalta

      Gracias Juan. A veces en empresas grandes, públicas, hay que buscar esos espacios yendo un poco a contra corriente… Pero se intenta!!
      Un abrazo

      1. Avatar de Juan

        De eso se trata de abrir espacios o por lo menos intentarlo. Muchas Gracias y abrazo

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan!

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  • Fusiones y absorciones.

    Fusiones y absorciones.

    crop hands holding each other
    Photo by Tim Samuel on Pexels.com

    Últimamente, distintas personas y por muy diversas razones, me han venido a consultar sobre procesos de fusión, coordinación, absorción de distintas organizaciones. Por ejemplo, una organización tiene dos ONG’s en distintos territorios que siempre han operado de manera separada pero que ahora, normalmente por falta de recursos, estiman que es más óptimo buscar algún tipo de unión, coordinación e incluso hacer de las dos organizaciones una sola.

    Son procesos difíciles, complejos, delicados… Las culturas suelen ser diferentes, las historias también, aún cuando hayan estado las dos organizaciones dentro de otra mayor con una misión y visión común para todos. Normalmente se atacan estos procesos desde un punto de vista racional, organizativo, legal para ver la oportunidad de realizar la unión. Estos aspectos son muy importantes de analizar, especialmente los legales en términos societarios y laborales. Sin embargo, el éxito no está tanto en esto, como en otros aspectos más profundos que hay que tener en cuenta. Si actuamos solo desde los aspectos racionales y legales probablemente habrá un proceso fallido o de difícil encaje que se verá reflejado en problemas y falta de energía en la nueva unión que nace.

    Antes de emprender un proceso de estos tenemos que preguntarnos con mucha verdad hasta dónde queremos llegar y si estamos dispuestos a aceptar las consecuencias.

    Como siempre, me baso en la Teoria U, para hacer un planteamiento de cómo podrían hacerse estos procesos para que fueran de verdad transformativos pero tratando de que no sean procesos traumáticos o que se encasquillen. Los aspectos que, según mi experiencia, habría que tener en cuenta son los siguientes:

    • Los que deciden hacer el proceso, tienen que dejar claro lo que pretenden. Muchas veces me encuentro con organizaciones que los que tienen máximas responsabilidades ven necesario realizar la fusión de las organizaciones por aspectos económicos, de sinergias, o de falta de recursos o de optimización etc. y se ponen a ello sin haber valorado las consecuencias y sin fijar los objetivos claramente. Suele pasar que se empieza el proceso y, de pronto, nos damos cuenta que supone cambios importantes (por ejemplo que existen puestos duplicados y que habrá que prescindir de algunos de ellos o recolocarlos). Cuando llegamos a ese punto, nos solemos asustar y damos marcha atrás o, lo que es peor, damos vueltas en círculo creando un sucedáneo de unión que trata de contentar a todos/as pero lo que hace realmente es complicar las cosas. Antes de emprender un proceso de estos tenemos que preguntarnos con mucha verdad hasta dónde queremos llegar y si estamos dispuestos a aceptar las consecuencias. Si no lo estamos es mejor decirnos con honestidad que no nos atrevemos y no empezar el proceso ya que solo complicará las cosas.
    • Una vez establecido con claridad cuales son las consecuencias y aceptadas, tampoco tenemos que pasar directamente a la acción e ir, contra viento y marea, a conseguir lo planteado. Lo que debemos hacer es escuchar profundamente a las organizaciones que vamos a unir de alguna manera. Lo mejor es comentar con honestidad a los responsables de ambas organizaciones que se quiere emprender el proceso y que queremos buscar juntos la mejor solución. Hay que dar espacio para las resistencias, los duelos, los recelos, las barreras, los sentimientos de pérdida, las aspiraciones para ocupar el lugar, para tener poder etc. Este es un tiempo largo de escucha de las personas de las organizaciones, de escucha abierta con el corazón abierto. Es un tiempo de escucha, solo de escucha, no de acción. La tentación en esta fase es dar pasos rápidamente. También tiene que quedar claro que el objetivo está para conseguirlo, que no se duda de él y que lo que vamos a trabajar es el «mejor cómo», pero debemos dar tiempo a la escucha. En este tiempo tendremos que escuchar a todas los stakeholders de la organización (empleados, clientes, proveedores…) y, especialmente, a las personas que representan una determinada situación de resistencia y bloqueo y que, además, suelen tener autoridad sobre un colectivo importante. Solemos dejarnos a estas personas porque las consideramos conflictivas o cerradas pero, la realidad, es que suelen ser representantes de «un grito» que la organización nos está diciendo y que habrá que tener en cuenta.
    • El siguiente paso, una vez se ha terminado el tiempo de escucha, es comenzar a ver qué es lo que hay que «dejar ir» y qué es lo que «empieza a nacer». Suele ser muy conveniente retirarnos juntos unos días, en la naturaleza, para que demos espacio a estos dos movimientos. Dejar ir aquellas cosas a las que cada están agarradas en cada una de las organizaciones, que han sido muy importantes pero que no van a estar en el tiempo nuevo. Se trata de ir haciendo un proceso personal y colectivo de despedirnos con cariño y compasión de las mismas. Y a la vez, que nos vamos despidiendo, vamos escuchando qué es lo que empieza a nacer. Lo escuchamos desde las entrañas, desde el cuerpo, desde el sentirnos cómodos/as, sentirnos de verdad ilusionados/as, sentir lo que puede funcionar. Lo nuevo puede ser una coordinación conjunta, una nueva organización fruto de la fusión de las dos anteriores, una forma de trabajar nueva… Esto no nace tampoco con lo racional, se trata de que todos/as nos sintamos cómodos/as con lo nuevo. Es muy importante que lo nuevo ocupe un lugar en el que las dos organizaciones se sientan reconocidas suficientemente. Suelo decir: «que todos/as quepan», que todos/as tengan un lugar nuevo. Tiene que ser nuevo, porque sutilmente podemos no hacer nada o complicar las cosas para seguir haciendo lo mismo. En esta fase necesitamos mucha verdad.
    • Posteriormente empezaremos a «prototipar», a hacer movimientos, cambios organizativos, proyectos (pequeños al principio) desde el nuevo sitio que ha nacido. Vamos probando y nos volvemos a escuchar. Saldrán dificultades y, las tentaciones serán volver atrás o seguir sin escucharnos profundamente. Durante los primeros meses nos tendremos que volver a retirar a la naturaleza varias veces para darnos el tiempo y el espacio para escuchar los problemas, las resistencias, para evaluar lo que nos está pasando e ir construyendo juntos/as lo nuevo. Y los objetivos iniciales se habrán modulado hacia una nueva forma organizativa, posible y vivida por todos/as.
    • Un último aspecto que me parece muy importante: los símbolos. Creo que la nueva organización que nace tendrá que cuidar mucho que no se rompa con el pasado, que no se acalle, que se respete. Para eso es importante queden símbolos o rituales de cada una de las dos organizaciones originales y que sean vividos por todas las personas. Hay que honrar lo que fuimos y de dónde venimos. Y también, habrá que crear símbolos nuevos y rituales nuevos en los que todas las personas se vean reconocidas. A veces es un nuevo logo, unos espacios de encuentro nuevos, una visión compartida renovada, un lema que nos reconoce, una canción que nos recuerda lo que está naciendo..

    Espero que haya podido dar un poco de luz en estos temas. Son temas complejos y darían para un libro. Mi intención es que os hagáis cargo de los aspectos a tener en cuenta aunque sea de manera intuitiva y desde ahí podáis tenerlos en cuenta en vuestros propios procesos de cambio o transformación.

    CUALQUIER COSA QUE QUERÁIS EN LOS COMENTARIOS O POR MAIL juan@liderardesdelaconfianza.org

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  • Dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer…

    Dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer…

    Photo by Gianandrea Villa on Unsplash

    Si nos damos un paseo por la naturaleza y somos capaces de pararnos y contemplarla, nos daremos cuenta de los ciclos vitales. Siempre hay algo que muere y algo que nace (las hojas secas, los nuevos brotes, las estaciones, la sequedad, la frondosidad…), es un ciclo continuo de vida y muerte que va sucediendo armoniosamente sin sobresaltos.

    Nosotros los seres humanos somos parte de ese ciclo, sin embargo nos resistimos. Nos resistimos tanto que la vida se nos escapa entre el miedo a lo que vendrá y la fantasía incumplida de una felicidad que no llega. Es como si nuestra impaciencia y nuestra angustia nos impidiera danzar con la vida para aceptarla y vivirla con intensidad.

    Las organizaciones y las personas pasamos muchos procesos de cambio y de desarrollo, yo los llamo procesos de transformación. Creo que todos nos damos cuenta que no somos los/as mismos/as y que la vida nos va cambiando, es evidente y necesario. El problema está en cómo afrontar los procesos de transformación, cómo hacer que sean parte de la vida y no traumas o conflictos.

    ¿Cómo hacer posible que los procesos de cambio sean menos traumáticos? ¿Cómo conseguir vivirlos con más armonía? ¿Cómo conseguir que la vida sea una sinfonía de cambio y transformación?

    Si me miro a mí mismo y a mis propios cambios que han sido fructíferos, veo que está sinfonía tiene tres movimientos. Dos de ellos dependen de nosotros y un tercero creo que no.

    El primer movimiento es «dejar ir» y depende de nosotros. Me refiero a desprendernos, despedirnos, aceptar, soltar lo que ya no es para nosotros. Y este movimiento de dejar ir tiene que estar lleno de compasión. Pondré algunos ejemplos:

    Deberíamos dejar ir nuestros apegos a cosas y personas que fueron significativas para mí pero ya ha llegado el tiempo de acabar porque nos retienen y nos impiden crecer.

    Deberíamos dejar ir modelos organizativos, valores caducados, proyectos y logros ya conseguidos…

    Deberíamos dejar ir a los hijos/as, a las personas que ayudamos, a los signos y recuerdos que ya han pasado…

    El movimiento de «dejar ir» es un movimiento que tiene que estar lleno de amor hacia lo que fue como quien suelta un globo para que vuele. Es un movimiento de reconciliación con el pasado. Si el movimiento es de ruptura o de resistencia o de apego o de violencia incluso… entonces se produce el conflicto, la ruptura traumática.

    El segundo movimiento es el «dejar nacer» y también depende de nosotros quiero decir abrirnos a lo nuevo, experimentar con curiosidad lo que está naciendo, escucharlo, sentirlo, seguir la intuición de lo que está viniendo. Por ejemplo: no resistirme a lo que toca a las nuevas generaciones sin perpetuarme en mis cargos y posición, dejar nacer las nuevas etapas de la vida: hay un momento en la vida en que hay que dar paso a la calma frente a la acción, el consejo frente a la directriz, la cercanía frente a la presencia constante, el sostener frente al empujar…

    Este movimiento también tiene que ser armónico para que se dé la transformación sin conflicto. También tiene que estar lleno de curiosidad y de amor por lo nuevo. Para que sea real requiere que profundicemos en nuestro interior para ver qué es lo que tiene que nacer. Estos procesos se encallan cuando corremos demasiado, queremos experimentar todo y todo ya, cuando nos movemos por modas y libros de autoayuda sin mirarnos a nosotros/as mismos/as… Si no le damos espacio no se producirá la transformación sino que se producirá un aparente cambio que no durará mucho y volveremos al punto anterior.

    Y yo creo que hay un tercer movimiento que depende menos de nosotros: «dejarse hacer». Se produce entre los dos movimientos anteriores. Entre «el dejar ir» y el «dejar nacer» hay un momento en que todo se suspende y experimentamos el punto ciego del cambio como diría la teoria U. Si estamos abiertos y hacemos profundamente los dos movimientos anteriores, seremos conscientes que la transformaciones profundas no se producen por nuestras fuerzas, nuestros intentos, nuestros esfuerzos… sino que nos son dadas. Quizás hayáis experimentado alguna vez esto. Es como si hiciéramos «click» y en un segundo sintiéramos que la transformación se da, que eso que habíamos estado intentando se produce en un instante y pasamos a un nuevo nivel de consciencia. Yo creo que esto se nos da, los creyentes le llamamos Gracia, pero los no creyentes lo pueden llamar Energía, Naturaleza, Ser… da igual cómo lo llamemos. En estos momentos solo queda «dejarse hacer»… Más que un movimiento es mejor hablar de pasividad, de contemplación. En este momento entra en la parte espiritual que todos somos.

    Este fin de semana un amigo me decía que se siente como una serpiente mudando de piel ¡Qué bonita imagen que la naturaleza nos da para expresar lo que yo he querido contar aquí!

    Estamos empezando la Semana Santa, un buen momento para contemplar la muerte y la vida.

    Descansad estos días de vacaciones y seguimos en los comentarios.

    5 respuestas a «Dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer…»

    1. Avatar de Roberto
      Roberto

      Brillante, Juan. Gracias.

    2. Avatar de Juan

      Gracias a ti. Abrazo

    3. Avatar de Txemi
      Txemi

      Verdadero, bueno y bello.

    4. […] En las organizaciones pasa lo mismo, si queremos evolucionar tenemos que escucharnos y abrir nuevos espacios para ir transformando la organización y llevándola más allá. Normalmente en una organización empresarial se da mucho espacio a lo económico, a los objetivos, al trabajo, al número, a la estrategia, a la consecución de la misión… Y se da poco espacio al cuidado, a la confianza, al dialogo, a la desconexión, a la apertura, a la reflexión profunda, a la relación, a la vulnerabilidad… Y entonces nos ahogamos porque solo tenemos un solo punto de vista. Llevo tiempo reflexionando y compartiendo con personas con las que me encuentro sobre esto y siempre acabo preguntando ¿Qué es lo que está pidiendo espacio ahora en tu organización? Se trata de escucharlo colectivamente mediante el proceso que describí en otra entrada «dejar ir, dejar nacer, dejarse hacer». […]

    5. […] A les organitzacions passa el mateix, si volem evolucionar ens hem d’escoltar i obrir nous espais per anar transformant l’organització i portant-la més enllà. Normalment en una organització empresarial es dona molt espai a allò econòmic, als objectius, al treball, al número, a l’estratègia, a la consecució de la missió… I es dona poc espai a la cura, a la confiança, al diàleg, a la desconnexió, a l’obertura, a la reflexió profunda, a la relació, a la vulnerabilitat… I aleshores ens ofeguem perquè només tenim un sol punt de vista. Fa temps que reflexiono i comparteixo amb persones amb qui em trobo sobre això, i sempre acabo preguntant: Què és el que està demanant espai ara a la teva organització? Es tracta d’escoltar-ho col·lectivament mitjançant el procés que vaig descriure en una altra entrada “deixar anar, deixar néixer, deixar-se fer”. […]

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  • Listones

    Listones

    landscape people water building
    Photo by João Jesus on Pexels.com

    Hace ya algún tiempo que vengo observando que las personas nos esforzamos de manera muy importante por dar la talla. Esta sociedad en la que vivimos nos pone (o nos ponemos) constantemente listones que debemos tratar de saltar. Cada día es una meta y un desafío para alcanzar no sé qué objetivo.

    Hay listones de todo tipo: ser perfecto/a, llegar a todo, tener éxito, tener un mejor cuerpo, gustar más, ser reconocido/a, ser fiel a lo que me he comprometido, estar a la altura del grupo o de jefe o de lo que se espera…

    Esta carrera de obstáculos que nos ponemos es agotadora y entrar en ella desemboca en un cansancio existencial y poco sano. Cuando escucho profundamente a las personas, normalmente, encuentro un denominador común por el que se produce esto. Lo podría resumir en “quererse poco”. Hay mil derivadas del no quererse: no gustarse, perseguir la aprobación de los otros/as, mirarse mal, menospreciarse, hablar en negativo etc. pero siempre acabo pensando que tenemos mucho recorrido para querernos más.

    En algún momento de la vida nos desconectamos del niño/a que fuimos, en el que nos sentíamos plenos/as, sencillos/as, cuando simplemente éramos. Esto nos cuesta la vida y recuperarlo es una conquista y la parte más importante del camino a recorrer en nuestro desarrollo personal.

    Una aclaración: el desarrollo personal también puede ser otro listón y tardamos mucho tiempo en darnos cuenta. Se trata de verlo como una aventura, una danza, un apasionante viaje. Claro que requiere esfuerzo porque se trata de ir quitándonos capas de rigidez para ir consiguiendo ser nosotros/as, la niña/o que fuimos. Pero la recompensa es la liberación. Es como si nos fuéramos quitando poco a poco una costosa armadura rígida y anquilosada y fuera apareciendo la carne desnuda de lo que somos.

    Intentaré daros algunas pistas para trabajarnos, estas pistas para mí siguen siendo camino:

    • Mírate al espejo cada mañana y reconoce tu cuerpo, aprécialo, vete descubriendo su belleza y abrázalo con la mirada hasta reconocer en él toda tu armonía. Hazlo despacio, no corras…
    • Di «SI» a lo que te apetecería pero nunca te has atrevido. Prueba, experimenta, explora… Tocar ese instrumento, aprender a bailar o cantar, tumbarme en el suelo, andar descalza, ponerme esa ropa, pintar, cocinar… tantas cosas que dejamos, que no nos atrevemos…
    • Dí “NO” a lo que no quieres: empieza por las cosas pequeñas, no quiero ir a tal sitio, no quiero hacer esto tan pequeño. Cada “NO” será una pequeña conquista. A veces, nos sale decir “SI” casi automáticamente, porque lo hemos hecho toda la vida y solo después caemos en la cuenta y nos culpabilizamos. En estos casos, te recomiendo que cuando te pares y veas que tenías que haber dicho “NO” y no lo has hecho, decidas ir a la persona y decirle “perdona, antes te había dicho que Si pero lo he pensado mejor y no puedo, gracias”. Seguro que vas avanzando poco a poco.
    • Conéctate con tu niña/o interior: siéntate frente a una silla vacía, respira profundamente, relájate e imagina como eras de niño/a, descubre cuándo, cómo te has ido alejando de él/ella y háblale, dile lo que te vaya saliendo, con todo el corazón del que seas capaz. Abrázale, ríete con ella, llora con ella.. Y al final, acaba el ejercicio prometiéndole que le serás fiel a sus anhelos, a ella… poco a poco. Y prométele que de vez en cuando volverás a repetir el ejercicio para que vuestra vida este mucho más reconciliada.
    • Repasa el día: al final del día mira cuando te has desconectado: cuando has sentido presión, estrés, angustia, enfado, tristeza… y también cuando te has sentido conectada/o: has sentido paz, alegría, esperanza, serenidad… No se trata de hacerlo desde la cabeza sino desde la emoción sentida, desde el cuerpo… Si lo haces de manera habitual, te conocerás mejor y podrás elegir mejor estar conectado/a más tiempo.
    • Hazle caso a la intuición. Intenta alguna vez responder a la intuición primera que tienes sobre algo, sobre cualquier problema y circunstancia. Cuando algo sucede reconocerás una intuición que sale, no desde la razón sino desde otro sitio. Cuando te venga, dale nombre y guárdala en una urna protegiéndola, es una manera de hacerla consciente. Luego vendrán los razonamientos que tratarán de ocultarla o de desacreditarla… Sin embargo, atrévete a sacarla de la urna y responde desde ella. Luego reflexiona y mira cómo te ha ido… Irás aprendiendo mucho de tí.

    Mi deseo es que la vida pase de ser un carrera de obstáculos a un correr libre por una pradera en la que los saltos sean parte del camino y las cuestas arriba sean retos preciosos y divertidos.

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  • Momentos de aprendizaje.

    Momentos de aprendizaje.

    Photo by Ainara Oto on Unsplash

    La vida es un largo camino en el que ella misma te va configurando y te va haciendo. Ser uno mismo, una misma y desplegarse desde lo que somos y hemos recibido es el destino de este apasionante viaje. En mi experiencia hay dos formas de vivir: una ,dejándote atrapar por las experiencias que la vida trae y otra escondiéndote, huyendo o evitándolas. En la primera forma de vivir se dan actitudes de las que hemos ido hablando en este blog: la escucha profunda, el silencio que acoge, la humildad de saberse muy poco ante la inmensidad de la vida , la compasión que se enternece, el deseo inmenso por el crecimiento del otro/a…

    Hasta ahora en este blog he ido hablando de muchos de estos aspectos, quizás de una forma teórica, a veces apasionada, a veces racional, como me ha salido. Hoy os hablaré sobre los acontecimientos que la vida me trae y de los que puedo aprender si estoy atento. Hay muchos momentos a lo largo del día que son oportunidad. Lo que os iré contando es mi experiencia concreta de cómo se va construyendo, poco a poco, lo que yo llamo ¨liderar desde la confianza ¨. Allá vamos, lo hago con pudor pero con la esperanza de que os sirva.

    Esta semana, en mi organización, el equipo que se encarga de un proyecto muy importante en el que llevan trabajado dos años nos lo han presentado a los/as directores/as. La responsable del proyecto y su equipo nos iba contando como se han hecho las cosas, las dificultades que han tenido que pasar (dos años de pandemia lo han complicado todo mucho), los distintos componentes del equipo explicaban su parte con un entusiasmo tímido mirando expectantes a nuestros ojos… Lo que han conseguido es impresionante. Os cuento, a modo de ráfagas, como este pequeño acontecimiento me ha ayudado:

    • He disfrutado muchísimo, este ha sido el primer sentimiento del acontecimiento, disfrutar de lo que hacen otros/as, alegrarte con ellos/as, alegrarnos juntos/as…
    • Me he apartado un minuto de la presentación que estaban haciendo, me he admirado de ellos/as y me ha venido un sentimiento de humildad intenso. ¡Qué buenas/os son! Me he visto pequeñito ante la potencia de un equipo trabajando unido, en grupo, motivado e ilusionado. Cuando la realidad me lleva aquí, es un aprendizaje precioso para cuando llegan las tentaciones de sentirte importante, de sentirte el protagonista. Los logros son de la fuerza colaborativa no de nuestros logros individuales.
    • Otra cosa que he experimentado es que, cuando apuestas por el equipo y por la confianza, lo que se recibe es abundancia enorme, como dice el Evangelio «el ciento por uno». Esto es muy importante porque muchas veces tengo tentaciones de ir más deprisa, de no confiar, de criticar, de poner los objetivos por encima de las personas… Me reconcilia con lo que creo.
    • Me han venido unas ganas enormes de felicitar, sin peros, sin dar nuevas ideas, sólo un aplauso profundo… Como jefe, a veces, tienes la tentación de decir la última palabra, incluso de dar ideas… es lo que se espera. No digo que a veces no sea necesario. Hacedlo cuando así lo sintáis pero no os sintáis obligados a hacerlo. En este caso, sólo me salía aplaudir y admirar. ¡Quién era yo para decir algo! Saben mucho más que yo, lo hacen mucho mejor que yo…

    Bueno, sin más, os traigo este trocito de vida, de aprendizaje personal que me ha regalado la semana. Espero que os sirva y os invito a compartir vuestros aprendizajes en los comentarios.

    Una última cosa: me encantaría que me dierais temas de los que os interesa que hable en las próximas entradas o dificultades que tenéis en este camino del liderazgo. Si son temas personales os contestaré por correo personalmente, si son temas que pueden ayudar a todos/as lo intentaré hacer en las próximas entradas. Podéis hacerlo en los comentarios o mandándome un correo a juan@liderardesdelaconfianza.org

    7 respuestas a «Momentos de aprendizaje.»

    1. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Aprendizajes enormes: humildad propia y apreciar a los demás. Y luchar contra las tentaciones.
      Bravo Juan!

      1. Avatar de Juan

        Gracias Roberto, exactamente es lo que dices, como la vida misma.

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Qué bonito y aleccionador. Enfocados en la cooperación, sin caer en egocentrismos. Enhorabuena y gracias.

    3. Avatar de Luis

      Hola, como siempre muy interesante lo que escribes, una vez me hablaste en un momento malo de mi vida del wu wei, y he leído sobre él pero prefiero que tú me lo expliques. Gracias.

      1. Avatar de Juan

        Gracias, lo intentaré. Abrazo

    4. Avatar de Merce
      Merce

      Juan que preciosa experiencia! me venía leyéndote que crecemos a través de las demás personas…entonces, liderar equipos, es pura bendición…!

      1. Avatar de Juan

        Mi experiencia es que recibimos más de lo que damos. Es por eso, como dices, una bendición. Muchas gracias

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  • El líder no es un acompañante, ni un psicólogo…

    El líder no es un acompañante, ni un psicólogo…

    Hoy estrenamos canal de youtube: Donde iremos colgando una serie de videos sobre distintos temas. El que subimos hoy trata de un tema especialmente delicado que es la confusión de roles entre líderes y acompañantes, psicólogos o coachs. Todos trabajan con personas e influyen en el desarrollo de las personas, sin embargo nos parece muy importante no confundir el ámbito en que cada uno trabaja. Espero que os sirva y podemos seguir en los comentarios.

  • Cultura de la confianza: la comunicación

    Cultura de la confianza: la comunicación

    Photo by saeed karimi on Unsplash

    Cierro estas entradas sobre la cultura de la confianza, hablando sobre el pilar básico en el que se asienta cualquier cultura: la comunicación. Lo que comunicamos y lo que no comunicamos (que también es comunicación) es lo que, finalmente, traslada lo que somos. Esto en nuestras relaciones es muy evidente: una cosa es lo que queremos decir, otra lo que decimos, otra es cómo lo decimos y otra muy distinta lo que al receptor le llega. La comunicación que reciben las personas de una organización es lo que, al final, crea la cultura.

    Conozco organizaciones que trasladan que las personas son muy importantes, esto está en sus discursos y sus publicaciones pero cuando estás dentro de la organización el lenguaje, las formas, los muros, los privilegios trasladan una distancia, una rigidez, una jerarquía… en la que la persona se siente bloqueada y no puede ser ella misma.

    Al final todos somos lo que somos porque alguien nos permite ser.

    Como siempre, desde mi experiencia, quisiera daros algunas pistas de qué me parece básico en la comunicación en una organización que trabaja desde la confianza.

    • La conversación: me parece fundamental que todos/as los/as líderes de la organización dediquen mucho tiempo a la comunicación con sus equipos. Yo suelo decir que mi principal herramienta de trabajo es la conversación. Dedico casi todo mi tiempo a tener conversaciones, a dialogar, a pensar juntos/as hablando, a matizar, a entendernos etc. Mi experiencia es que desde la conversación se consiguen los mejores proyectos y la mejor transformación de las cosas.
    • Una comunicación que me diga «cómo contribuyo al propósito de mi organización»: todos/as necesitamos saber cuál es el sentido de lo que hacemos, cómo contribuimos a la misión de nuestra organización. La motivación se basa en esto. Por eso tenemos que hacer un esfuerzo para informar de lo que queremos, hacia dónde vamos y cada líder debería trasladar a cada persona cómo puede aportar, reconocer cómo está aportando y abrir posibilidades que le permitan contribuir más al propósito de la organización. Además esto ayuda mucho en la autonomía de las personas.
    • Una comunicación que me permita «ser yo mismo, yo misma»: esto me parece lo más importante en una cultura de la confianza. El problema que solemos tener en las organizaciones es que la persona se queda fuera del trabajo; la persona se pone el mono de trabajo, la corbata o el uniforme y pasa a comportarse de manera distinta a como es, se comporta como piensa que se espera de ella. Me parece esencial para que las personas aporten lo mejor de ellas mismas que puedan, en la medida de lo posible, sentirse tan cómodas que puedan comportarse y comunicarse como son, sin ropajes ¿Cómo puede contribuir un/a líder desde la confianza en esto? De muy distintas maneras, recojo algunas:
      • Mostrándose vulnerable: reconociendo sus fallos, mostrando sus sentimientos, pidiendo perdón, riéndose de si mismo/a…
      • Mostrándose cercano: usando un lenguaje cercano, escuchando atentamente, no penalizando los errores, conociendo a la persona y lo que le pasa, fomentando una relación de acogida y respeto…
      • Estando siempre abierto/a: teniendo siempre tiempo para el otro, quitando barreras físicas y jerárquicas, desplegando encuentros y conversaciones teñidas de atención y preocupación por el otro/a…
      • Respetando siempre: especialmente cuando tengo que gestionar un conflicto con la otra persona, cuidando los detalles, evitando las preferencias y los silencios despreciativos…

    Al final todos somos lo que somos porque alguien nos permite ser. Espero que todos/as tengamos la experiencia de tener a alguien con quien ser nosotros mismos/as, alguien que nos entiende perfectamente, alguien que nos configura, que nos ensancha, que nos descansa. Es con estas personas como los seres humanos conseguimos desarrollar una buena autoestima y es, desde ellos/as, desde donde nos desplegamos para ser la mejor versión de nosotros/as mismas. Ojalá las organizaciones vayamos, aunque sea un poco, creando cultura para que relaciones así se den.

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    2 respuestas a «Cultura de la confianza: la comunicación»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan. Emerge siempre el valor de la persona. Estimulante. Un abrazo.
      Txemi

    2. Avatar de Javi
      Javi

      Gracias Juan

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  • Cultura de la confianza: aspectos esenciales.

    Cultura de la confianza: aspectos esenciales.

    Voy a seguir tratando aspectos que me parecen relevantes en esto de crear una cultura de la confianza sobre la que podamos construir una organización en la que las personas se puedan desarrollar. Son las columnas sobre las que se asienta todo lo demás y permiten que las personas se encuentren cómodas para ser ellas mismas y desde ahí poder compartir, trabajar en equipo, desplegar sus dones… Como siempre, están basadas en mi experiencia y no quieren ser exhaustivas, solo pretenden inspiraros para que se despierte el deseo de ir por el camino de la confianza.

    Una precisión previa: los aspectos culturales a los que me voy a referir, no son sólo aplicables a las organizaciones, se dan de la misma manera en las relaciones personales, de amistad, de familia (especialmente de padres y madres hacia hijos e hijas).

    Aspectos esenciales.

    Una cultura de la transparencia: es muy importante, esencial, que la verdad y la transparencia estén en la base de la cultura de la confianza como una premisa que el/la líder de la organización tiene que tener en mente e implantar con toda la fuerza que pueda. Algunos detalles que podemos tener en cuenta: buscar los espacios abiertos en las oficinas para evitar los cubículos, evitar la excesiva confidencialidad, no buscar el secretismo, tener cuidado con la prohibición excesiva y con los reglamentos y procesos interminables, cortar cuanto antes las actitudes que suponen guardar información para tener más poder, evitar los correos con copia al jefe, aplaudir la sinceridad asertiva aunque me duela lo que me dicen …

    Una cultura de la cercanía: es importante que evitemos las distancias y barreras entre las personas, especialmente las que tienen que ver con las jerarquías. Trataremos de evitar los privilegios de los de arriba (p.ej. un sitio especial para aparcar el coche), buscaremos usar unas formas personales y un lenguaje de cercanía para que las personas puedan expresarse sin cortapisas (p.ej. conocer el nombre de pila de las personas), evitaremos encerrarnos en los despachos, impulsaremos el sentido del humor y la alegría, también daremos reconocimiento, incluiremos en nuestro día a día tiempos dedicados a que las personas puedan expresarse con sinceridad y profundidad, nos preocuparemos por sus situaciones personales y familiares y daremos espacio a tratar los conflictos para que se puedan resolver…

    Una cultura que no penaliza el error: nada crea más desconfianza que una organización que castiga, verbalmente o de cualquier otra manera, el error. Es como con los hijos/as a los que no castigamos cuando han fallado en un examen si han estudiado mucho: premiamos el esfuerzo y no castigamos el error. En este tema es muy importante que os miréis, porque podéis pensar que no penalizáis el error, pero sutilmente lo podéis estar haciendo casi sin daros cuenta: cuando vuestro gesto no es acorde con vuestras palabras, cuando se produce un error y tenéis la tentación de poner muchos controles nuevos sin previo aviso, cuando el error os produce interiormente desconfianza sobre la persona… Creo que esto debemos revisarlo continuamente, porque penalizar el error de una u otra manera, hará que no aparezca lo que está sucediendo, en definitiva: la verdad.

    Una cultura de la empatía: una cosa muy importante que el/la líder desde la confianza tiene que ejercer continuamente, es ponerse en el lugar de la otra persona. Esto quiere decir algo tan sencillo como preguntarse con sinceridad y humildad las siguientes preguntas: «¿Qué hubiera hecho yo en esa circunstancia? ¿Puedo entender el comportamiento de la persona?… » Esto no quiere decir que no haya que corregir ciertos comportamientos o no hablar de los errores. Si no lo hiciéramos, estaríamos en una cultura del paternalismo y no de la confianza. Tenemos que hablar de estos temas con asertividad pero también entender a las personas, ambas cosas son compatibles.

    Una cultura que no busca la competición entre las personas: yo no creo para nada en los procesos de evaluación del desempeño mediante puntuaciones o en los proceso de promoción basados en la competitividad abierta y descarnada entre las personas, en los rankings entre empresas o los rankings en los alumnos/as de una clase etc. Creo que generan distancia y, como consecuencia, desconfianza. Creo más en la conversación cercana y asertiva, que habla de la verdad sobre lo que nos pasa con una comunicación abierta y fluida que busca la mejora.

    Los/as líderes tenemos la responsabilidad de generar esta cultura porque sólo desde la confianza las personas se pueden expresar con libertad mostrándose como son. Esto da una potencia increíble a las organizaciones porque desde aquí se encaran los retos contando con las personas, con lo mejor de ellas. Os animo a que sigáis dando pasos en favor de la confianza porque, estoy convencido, que recibiremos, como dice el Evangelio: «el ciento por uno».

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    2 respuestas a «Cultura de la confianza: aspectos esenciales.»

    1. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      ¡Mil gracias, Juan!
      Totalmente de acuerdo en que se trata de cinco aspectos esenciales.
      Me quedo pensando especialmente en el tercero y en el quinto, porque pueden aportar mucho en la organización en que trabajo.
      Un abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Muchas gracias, Juan. Resulta muy estimulante ver que quien tiene experiencia de responsabilidad en organizaciones también de tipo empresarial aboga por las relaciones de confianza como lo más sano y beneficioso para las personas y la propia organización. Un abrazo.

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  • Cultura de la confianza: reuniones.

    Cultura de la confianza: reuniones.

    Voy a dedicar una serie de entradas a proponeros, desde mi experiencia, algunas cosas prácticas para crear una cultura de la confianza. La realidad es que cuando trabajamos en un entorno de confianza, las personas nos sentimos más seguras, más libres y podemos desplegar mejor lo que somos, dando lo mejor de nosotros/as mismos/as. Son muchos los pequeños detalles, prácticas, costumbres que van creando una cultura así. Yo puedo hablar de la confianza pero si mi cultura es de control, por más que hable nunca se llevará a cabo.

    En esta primera entrada voy a hablar de las reuniones porque es una herramienta que se usa mucho en las organizaciones. Además vengo observando en muchas personas el enorme cansancio de tantas reuniones, que además la pandemia ha acentuado al poder hacer muchas reuniones por videoconferencia con la facilidad que esto supone. Existe una inflación galopante de reuniones, sobretodo en muchas organizaciones sin ánimo de lucro (ONG’s, instituciones religiosas…)

    Vengo observando el enorme cansancio de tantas reuniones, especialmente desde que hemos incorporado la videoconferencia por la pandemia.

    Voy a dar unas pautas que he ido aprendiendo. Son solo algunas y os animo a experimentar si os ayudan:

    Pocas reuniones pero buenas: suelo decir que las reuniones son un procedimiento de trabajo caro. Me explico, una reunión tiene el coste (o la inversión si se hace bien) del salario hora de cada persona que está en la reunión, muchas veces un coste muy importante. Si lo miramos así, habría que aprovecharlo bien. En las organizaciones sin ánimo de lucro, esto tiene mucho peligro porque podemos pensar que no hay salarios en los participantes. No, no los hay pero el coste de una mala reunión, es el tiempo que las personas se quitan de su vida personal y familiar, deberíamos ser muy respetuosos con esto. Debemos tomar conciencia de esto antes de convocar una reunión. El que convoca una reunión tiene que hacerse estas preguntas: ¿Es necesaria la reunión? ¿Existe otro método que no sea la reunión para conseguir el objetivo? Si es así, opta por el otro método. ¿Las personas convocadas han tenido muchas reuniones ese día (nadie puede asistir a más de una reunión diaria de más de 1,5 horas de duración si quiere estar presente y enfocado/a)? ¿La reunión es para decidir, debatir algo entre todos o es meramente informativa? Si es meramente informativa existen mucho métodos más eficaces que la reunión y menos gravosos.

    Reuniones orientadas hacia el futuro y no en el control: no tienen sentido las reuniones en las que lo que se trata es de controlar lo que hacen otros. No me gustan esas reuniones en las que el jefe va preguntando a todos/as para hacer seguimiento de las fechas y controlar que se hacen las cosas. Es muy malo porque genera desconfianza, no trata a las personas como adultas y además si se tiene que llamar la atención a alguien es mucho mejor hacerlo en privado que en público. En nuestras reuniones, por si sirve, solemos dedicar semanalmente una media hora para compartir lo que va pasando. Siempre lo hacemos con una pregunta abierta ¿Tiene alguien algo importante que compartir? No siempre lo hay, no todos/as intervienen, confiamos en que lo relevante saldrá y así es. El resto del tiempo lo dedicamos a cosas que tienen que ver con el futuro, a debates sobre cómo vemos las cosas… No a controlar lo que se hace, todos confiamos en que cada persona hace todo lo mejor que puede.

    Reuniones asertivas. Muchas veces las reuniones no son eficaces porque nadie se atreve a cortar comportamientos que no son buenos. Por ejemplo, no se atreve nadie a quitar la palabra a una persona que se alarga mucho y «no suelta el micrófono», tampoco nos atrevemos a cortar discursos que son muchas veces «autobombo» para contar lo que yo hago y que nada tiene que ver con lo que hemos venido a tratar, no nos atrevemos a cortar una discusión que no conduce a nada, no nos atrevemos a decidir lo que piensa la mayoría porque una persona se va a sentir ofendida, no nos atrevemos a cerrar la puerta y no dejar entrar a los que llegan siempre tarde, no nos atrevemos a cortar los ataques personales de dos personas que tienen una mala relación, no nos atrevemos a acabar una reunión cuando se ha cumplido el horario previsto porque no queremos cortar «el buen rollo» o la palabra a alguien (esto no respeta a las personas)…. El que lidera la reunión tendrá que tener estos aspectos en cuenta y tiene que corregirlos. Una manera muy buena de hacerlo es recordar las reglas de la reunión al comienzo y decir que cada vez que se produzca uno de esos comportamientos se cortará. Esto no es agresivo, son las reglas de la reunión, incluso se puede hacer con un humor sano. A veces, se puede nombrar un moderador para que vigile estos aspectos, es una forma asertiva de hacerlo.

    Reuniones conectadas: es muy importante que las personas estemos muy presentes en lo que estamos tratando para poner lo mejor de nosotros/as. Por esto no podemos hacer muchas reuniones. Para esto es importante que se dejen fuera distracciones (apagar los móviles, los aparatos electrónicos, los ruidos…) para conseguir que las personas estén conectadas en lo que estamos tratando. Suelo recomendar que antes de una reunión importante hagamos unos minutos de relajación respirando profundo para centrarnos en lo que vamos a hacer. Un tema que ahora está apareciendo es la dificultad de concentrarse en una reunión por videoconferencia. Esto pasa porque las pantallas cansan mucho, porque la persona puede tener muchas distracciones, puede apagar la cámara, el micrófono… Yo creo que las reuniones por videoconferencia deben ser mucho más enfocadas y cortas, ágiles… Hay que hacer un esfuerzo máximo para que la exposición de la persona que habla no pase de 10 minutos. Muchos/as de vosotros/as conoceréis las charlas TED, suelen hablar persona con muchísima experiencia y conocimiento. Esas personas son capaces de sintetizar todo su amplísimo conocimiento en no más de 20 minutos. Cuanto mejor conocemos una cosa, somos más capaces de sintetizarla y simplificarla para que los demás nos comprendan.

    Reuniones enfocadas: todos los participantes tienen que saber para qué es la reunión y el que la convoca tiene que pensar y mandar previamente los objetivos y los temas (orden del día) que se van a tratar. Si hemos dicho que la regla de oro debe ser «no más de una reunión al día y no más de 1’5 horas de duración», tendremos que pensar los temas según este esquema y no poner demasiados. Lo bueno si breve, dos veces bueno.

    Si os atrevéis a hacer estos pequeños cambios u otros que se os ocurran más cercanos a vuestra problemática, seguro que las cosas mejoran. Es en los pequeños cambios cuando vamos creando cultura. Una vez una persona me dijo que cultura era «lo que está bien visto y lo que está mal visto en una organización», es una definición sencilla. Se trata de que lo «bien visto» sean cosas centradas en la confianza y el respeto a las personas. Si vais incorporando pequeños cambios, la cultura cambiará y con ella las personas.

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    3 respuestas a «Cultura de la confianza: reuniones.»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Gracias Juan

      Me pregunto como has sabido que cometemos todos esos errores!!!!

      1. Avatar de Juan

        😂😂😂😂 porque a mí también me ha pasado. Un abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Muchas gracias por estas pautas tan claras. Sí que hace falta un poco de coraje, como dices, pues nos cuesta marcar unas reglas de juego y atenernos a ellas, pero es seguramente un beneficio para todos. Gracias.

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  • El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.

    El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.

    Photo by Jan Tinneberg on Unsplash

    Esta semana leí que la actriz española Maribel Verdú hacía un alegato sobre no salir de la zona de confort. Venía a decir algo así como «dejadme en paz, yo lo que quiero es estar en mi zona de confort, no lo entendéis por eso se llama zona de confort» (enlace) Tuvo muchos likes en twitter y muchos apoyos. A mí me hizo pensar, a veces los pequeños acontecimientos cotidianos son los que me ayudan a mirar. Me hizo pensar porque yo había escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había dejado cosas.

    Comprendo lo que dice la actriz y lo que piensan muchas personas. Yo, a veces también, he tenido esa sensación. La sensación de que la sociedad, el mundo, los que me quieren, los que me dirigen, la vida misma nos dijera incansablemente:» tienes que mejorar, no es suficiente… » Creo que es ese sentimiento al que se refiere. Hay una parte en la que tiene razón: tantos libros de autoayuda, tantas promesas de felicidad, tantas expectativas de ser más completos están generando tensiones permanentes. Y ante esta avalancha, después de haber leído muchos libros, de ir a coaches y psicólogos, de meditar y hacer yoga, dan ganas de gritar: ¡Dejadme en paz!

    Sin embargo, creo que la actitud correcta es preguntarnos por qué llegamos a este sentimiento. Yo pienso, mirándome a mí mismo, que lo que de fondo, estamos gritando es: «yo no soy feliz, ya lo he intentado bastante, no tengo sensación de haber conseguido mucho y por eso me sale la rabia que lanzo al mundo: ¡Dejadme en paz». La parte verdadera es que nadie puede sentirse presionado desde fuera para crecer y tenemos todo el derecho del mundo a decirles: «dejadme en paz» incluso es bueno que lo hagamos con una sana autoafirmación. Pero también tenemos que reconocer, con sinceridad, que lo que estamos gritando es que no estamos bien como estamos y tenemos el vano deseo de quedarnos, de pararnos, pensando que así estaremos mejor.

    No podemos forzar procesos desde fuera, no podemos estirar la planta para que crezca.

    Hay una frase que oí que suelo decir mucho: «la puerta del desarrollo se abre por dentro», es decir que solo nosotros/as mismos/as, desde dentro podemos avanzar si queremos. En este sentido, solo nosotros/as mismos/as podemos salir de nuestra zona de confort.

    Este blog está dedicado a los/as que lideran en todas sus formas (jefes, coordinadores, educadores, padres, madres…) y me parece que esta reflexión la tenemos que tener muy en cuenta. No podemos forzar procesos desde fuera, no podemos estirar la planta para que crezca. Es muy importante que lo tengamos muy claro, debemos respetar los procesos humanos, sus tiempos y sus aprendizajes. Voy a escribir algunas actitudes que tenemos que tener en cuenta en el camino con otros:

    • Una actitud humilde: tenemos que reconocer que no sabemos mucho y que no podemos situarnos en dar lecciones, en forzar procesos, en dar recetas. Primero, porque si nos miramos sinceramente a nosotros/as mismos/as nos damos cuenta que también nosotros/as estamos en camino y que tampoco sabemos mucho. Y segundo, porque el proceso de liderazgo en el desarrollo es un proceso humilde de acompañar desde la experiencia vivida para orientar, para tratar de iluminar la niebla un poquito. En el fondo es hacer camino con la otra persona.
    • Una actitud paciente: tenemos que saber respetar los tiempos, esperar a que las cosas las vea el/la otro/a en su momento, no podemos forzar. Tenemos que aceptar sus negativas, incluso sus desahogos, sus oscuridades con la esperanza de que en el camino se irán dando los aprendizajes.
    • Una actitud de respeto: en este camino tenemos que tener mucho respeto al otro, preguntándonos si sus dudas o sus objeciones son verdaderas, abriéndonos a que lo sean. El camino del liderazgo desde la confianza, no tiene muchas certezas, lo que tiene es mucha cercanía y respeto. En este respeto acepto que la otra persona me enseña a mí tanto como yo le enseño. Esta es una realidad que la experiencia nos va dando. Respeto, supone también respeto a la confianza que me da para tomarme en serio lo que me dice, para prepararme, para abrir mi mirada.
    • Una actitud no moralizante. El/la líder tiene que huir de expresiones como: «tienes que…», «deberías…», «así es como lo tienes que hacer…» porque estas expresiones hablan de que hay un camino claro y un modelo al que parecernos. Estas formas de hablar llevan rápidamente al «déjame en paz» con todo el derecho. Nuestro modelo de vida, nuestras leyes y certezas las debemos dejar para construir juntos/as el camino.

    Al final todo se resume en una cosa: «la centralidad del ser humano en todo lo que hacemos». Las personas a las que acompañamos están por encima de nuestras pretensiones, de nuestras expectativas, de los propósitos míos o de mi organización; por encima de mi visión e incluso, por encima del proyecto que hemos diseñado juntos. Lo importante está en el respeto del camino de cada persona y esto, es tarea y decisión de cada persona. Lo único que podemos poner es una enorme Esperanza en el ser humano.

    SEGUIMOS EN LOS COMENTARIOS.

    2 respuestas a «El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.»

    1. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Humildad, paciencia, respeto,… Esperanza, mucha Esperanza, y seguir caminando y acompañando caminos. Qué bueno Juan, Muchas gracias.

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. Es una bonita imagen. Regar en lugar de tirar de la planta. Abonar, sostener, tener paciencia….
      Un abrazo.

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  • Proteger

    Proteger

    Photo by CHUTTERSNAP on Unsplash

    En la anterior entrada hablamos del desarrollo humano como una tarea de fondo del/la líder desde la confianza. Hoy siguiendo con ese esquema, vamos a compartir un peligro que tenemos para ayudar en el desarrollo. En el liderazgo, como en todas las actividades humanas de la vida en las que el ser persona se pone en juego, no es fácil hacer hacer distinciones, ni marcar límites, hacer definiciones… porque liderar es una experiencia, casi un arte que vamos aprendiendo con el paso de los años. Es muy importante darse cuenta de que cuando trabajamos con personas para su desarrollo estaremos siempre moviéndonos entre límites, buscando el equilibrio para no pasarnos ni por un extremo ni por el otro. Siempre he pensado que liderar personas es (o tendría que ser), en el fondo, un acto de amor hacia los/las otros/as: nuestros compañeros/as, nuestros hijos/as, nuestros/as alumnos/as… Y hoy vamos a hablar de un extremo o un peligro que tiene este acto de amor y que limita mucho el liderargo desde la confianza hacia los/as otros/as. Este límite es el proteger, proteger en exceso. Cuando somos padres o madres nuestro instinto natural nos lleva a proteger a nuestros/as hijos/as, cuando son bebés los hemos visto frágiles y les hemos tenido que ir protegiendo a la vez que les vamos enseñando poco a poco. La semana pasada veíamos que el aprendizaje se hace dejando la zona de confort pero sin entrar en la zona de pánico: otro equilibrio.

    Proteger es un peligro para conseguir el desarrollo de las personas.

    He visto a muchas personas que empiezan a liderar y que tienen una clara vocación por el ser humano pero que tienden o tendemos a proteger a las personas. Son personas que dicen amar a los otros que enseñan o dirigen pero les asusta dejarles crecer, tienen miedo de las consecuencias para los/as otros/as o quizás para ellos/as mismas. Vamos a ver distintas cuestiones en las que el proteger paraliza el desarrollo:

    • El paternalismo: muchas organizaciones o líderes hablan de poner en el centro a las personas y creen que evitando los conflictos, que solo dándoles cosas se conseguirá un buen liderazgo. Sin embargo, cuando surge un conflicto, porque los conflictos son parte de las relaciones, se enfadan: «con todo lo que yo os he dado, con todo lo que yo he hecho por vosotros…» No pueden entenderlo. El problema es que en las relaciones paternalistas lo que prima es el egoísmo, el YO que está por encima de las personas. Los/as líderes paternalistas quieren ser admirados, no quieren que los demás piensen mal de ellos/as. Esto hace mucho daño porque no deja que las personas crezcan autónomamente. También hay personas que viven muy cómodas en este sistema porque no les compromete y les interesa más comportarse como niños/as que crecer como seres humanos.
    • Otra versión del proteger suele plasmarse en el no delegar, que en el fondo es un sentimiento de sentirnos imprescindibles. Cuantas personas no dejan nuevas responsabilidades a los otros/as y se llenan de trabajo porque, en el fondo, protegen y se protegen, que son dos caras de la misma moneda. En esto no demos por supuestas cosas de nosotros mismos/as, no digamos rápidamente «yo delego bien, yo desarrollo a mi equipo». Una forma de no engañarnos es mirar si somos capaces de dejar nuestro trabajo por ejemplo, quince días. Si no somos capaces, es que nuestra responsabilidad está mal entendida y seguramente, estamos protegiendo. Las organizaciones están llenas de personas que no pueden salir a su hora o coger vacaciones porque, en el fondo, sufren más delegando que siendo de una manera no sana «responsables».
    • También el proteger se muestra en líderes (muchos padres o madres) que evitan a los otros/as cualquier cosa que les pueda producir desazón, vergüenza, cierto riesgo, angustia o miedo etc. Esta forma de querer impide que las personas nos desarrollemos para desplegar nuestras capacidades o dones.

    Un líder desde la confianza que trabaja en el desarrollo no protege. Ama porque quiere lo mejor para el/la otro/a y, para eso, entiende que lo mejor que puede hacer por la persona el ayudarle/dejarle crecer. Un líder desde la confianza acompaña, no interviene; escucha, no habla; sopla, no empuja; reta, no paraliza; pregunta, no da respuestas; deja, no acapara; da espacio, no ocupa; es más una brisa suave que deja, que un huracán que arrasa; está más en segundo plano y desea con todas sus fuerzas el brillo de los demás más que el suyo propio. En el fondo, es más importante el TÚ que el YO. Es todo un camino para cada uno, cada una de nosotros/as ojalá seamos conscientes y busquemos más desarrollar que proteger.

    Seguimos en los comentarios.

    3 respuestas a «Proteger»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Desafío difícil incluso para los que no tenemos hijos

      1. Avatar de Juan

        Es verdad, a veces con los hijos/as nos cuesta muchísimo. Muchas gracias

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Muchas gracias, Juan.
      Lo que has escrito hoy da mucho que pensar, especialmente, al menos para mí, lo relativo al “paternalismo” y al “no delegar”. Y estoy de acuerdo con vosotros en que es difícil detectar cuándo se produce esto en los líderes y en los miembros de los equipos.
      También pienso que merece la pena hacer el esfuerzo por descubrirlo.

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  • Mariposas en el estómago.

    Mariposas en el estómago.

    Close up of a senior woman and her instructor doing tandem skydiving

    A veces me pregunto cuál es la misión del líder, del líder desde la confianza. Podemos poner varias misiones que el líder trata de afrontar: guiar al equipo, organizar el trabajo, hacer que el equipo trabaje de manera conjunta… todas estas misiones son parte de nuestro trabajo. Sin embargo, a mí me parece, que hay una misión que es la más genuina de todas: desarrollar a las personas del equipo. Desarrollar significa aprender cosas nuevas, pero va más allá de aprender porque no centra el foco no en conocimientos y habilidades sino en la capacidad que tenemos los seres humanos de ir completándonos, siendo más personas, más adultos/as, más integrados/as, cada día más lo que estamos llamados a ser (la mejor versión de nosotros/as mismos/as).

    Existe un esquema clásico del desarrollo humano que me ayuda a explicar lo que creo que es el camino del desarrollo humano.

    El esquema es muy sencillo. Si nos mantenemos en la zona de confort, no hay aprendizaje, ni desarrollo. Si, por el contrario, pasamos rápidamente a la zona de pánico, avanzamos demasiado rápido y nos paralizamos por el temor que experimentamos ante las nuevas experiencias y retos. El secreto está en que las personas avanzamos en la zona de aprendizaje, que es una zona de movimiento acompasado que integra bien lo que vamos aprendiendo. Los líderes desde la confianza tenemos que tener muy claro este esquema para dirigir a los equipos. De hecho, nuestro trabajo, es hacer que cada una de las personas y el grupo en su conjunto estén en la zona de aprendizaje.

    En esta entrada, como ya he señalado, no quiero hablar tanto del aprendizaje como del desarrollo humano. Para mí, aprendizaje lo centramos en conocimientos pero el desarrollo lo vinculamos más a que la persona vaya adquiriendo nuevas areas de expansión, nuevas experiencias y hábitos que antes no se daban porque le costaban y que le van situando en nuevas cotas de su ser persona, la persona que quiere llegar a ser. Voy a poner un ejemplo con el aprendizaje del inglés. Aprender sería ir a clases de ingles y mejorar mi vocabulario, mi gramática etc. Desarrollo sería dar una conferencia en inglés ante un auditorio. Por esto el aprendizaje no suele llevarnos a la zona de pánico, en cambio el desarrollo sí. En el ejemplo, si impulso demasiado rápido a una persona a dar la conferencia en inglés puede que la lleve a la zona de pánico y, entonces, se paralice y no quiera volver a asumir nuevos retos en su dominio del idioma porque le aterrorizan. Esto es lo que los lideres tenemos que calibrar.

    Entonces, vamos a ver cómo trabajar el desarrollo humano y a empezar a distinguirlo para poder trabajar con nuestros equipos.

    Una cosa que suelo decir, para hablar de desarrollo es darnos cuentas de aquellas cosas que nos producen «mariposas en el estómago». Todos tenemos una sensación parecida ante las cosas que nos cuestan, que nos suponen un reto que normalmente se mueven entre el deseo de hacerlas y el miedo a fracasar. Esa sensación que se da, en nosotros o en los demás nos ayuda a entender dónde mantenernos en la zona de aprendizaje o desarrollo. Esto es muy bueno porque nuestro cuerpo habla más rápido y más claramente que nuestra razón. Además muchas veces cuando racionalizamos, tapamos nuestros miedos, nos autoexcusamos y nos paralizamos.

    Voy a contar una experiencia, para intentar ver cómo trasladar el desarrollo humano a la práctica cotidiana. En mi equipo, había una persona que su trabajo era negociar, pero era una persona que tenía dificultades con el conflicto. Poco a poco me di cuenta que normalmente se rodeaba de personas y proveedores que eran fáciles, que tenía buena relación y dejaba para último momento y cerraba demasiado rápido los acuerdos con personas más agresivas, o más asertivas y difíciles para él. Un día que tenía una reunión con una de esas personas que le costaban, le pregunté qué sentía antes de la reunión (teníamos mucha confianza para hablar este lenguaje). Me describió una situación corporal de ansiedad, sudoración, vacío en el estómago.. lo que yo diría «mariposas en el estómago». Pudimos, de esa manera, darle nombre y hablar con franqueza de que esa era una zona de desarrollo, primero mostrándole empatía (le puse muchos ejemplos de situaciones en las que yo tenía mariposas en el estómago) y planteando enfocar la próxima reunión (solo la próxima) de distinta manera más consciente, más preparada para que pudiera afrontar la situación poco a poco y no pasara a la zona de pánico.

    Hay muchas «mariposas en el estómago» y de distintas clases: dificultades para vivir el conflicto, dificultades para marcar límites a los demás, dificultades para exponernos , dificultades para mirar nuestra interioridad, dificultades para controlar nuestra agresividad, dificultades para expresar lo que sentimos…. cada uno, cada una de nosotros/as tenemos unas cuantas. El ejercicio de hoy es que penseis en qué situaciones concretas de vuestra vida aparecen «las mariposas». Os dará mucha información sobre vosotros/as mismas y a partir de ahí intentar escribir pequeños pasos para avanzar, dentro de la zona de aprendizaje, la próxima vez.

    El desarrollo humano es un camino apasionante y precioso, es un camino para la vida entera y cada día está lleno de oportunidades para ir más allá.

    Seguimos en los comentarios.

    5 respuestas a «Mariposas en el estómago.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan. Interesantísimo y muy claros los ejemplos. Un abrazo.

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Gracias, Juan. Me ha parecido que las dificultades que señalas para desarrollarnos y para ayudar a los equipos a que se desarrollen son muy reales.
      Además, nos ofreces caminos para aprender y mejorar.
      Un abrazo

    3. […] escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había […]

    4. […] fa poques setmanes sobre com sortir de la zona de confort passant a la zona d’aprenentatge (enllaç). Avui miraré d’explicar-me millor, però no per defensar la meva postura, sinó perquè […]

      1. Avatar de Juan

        Moltes gràcies Ciutat Nova. Una abraçada gran

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  • ¡Oh capitán, mi capitán!

    ¡Oh capitán, mi capitán!

    Creo que todos/as habremos visto alguna vez «el club de los poetas muertos», suele ser una película que siempre se pone en los videoforums de liderazgo. Seguramente la mayoría de nosotros/as, habremos conectado con el profesor que representa Robin Williams. Algunos/as habremos deseado ser como él, a otros/as nos hubiera gustado tener un profesor como él… No voy a referirme en esta entrada a cuales son las cualidades para liderar desde la confianza que tiene el profesor de la película, que son muchas (os invito a verla con esos ojos). Lo que quisiera reflexionar es sobre el deseo que nos despierta la película para parecernos a él, parecernos como líderes, como padres o madres, como educadores o educadoras, como seres humanos al fin y al cabo. Ese deseo que sentimos cuando vemos la película o cuando leemos un libro o conocemos a una persona que vive de esa manera. En ese deseo se reflejan anhelos profundos, se refleja la intuición de que ese modo de vivir es más valioso y más verdad, se experimenta conexión con lo que de fondo somos y nos gustaría ser, conectamos con esas ganas de poner la vida al servicio de una causa profunda, que nos dé sentido, que nos configure.

    El deseo que nos produce ver una película, leer un libro, conocer a una persona entregada… nos conecta con lo que nos da sentido, con los anhelos profundos que nos configuran.

    Yo creo que cuando se da esto, con esta película o con cualquier experiencia con la que conectamos, estamos siendo fieles a lo que verdaderamente somos y, por eso, se produce una alegría y conexión profundas.

    Lo que suele pasar es que una vez que sentimos esa conexión, volvemos a la vida cotidiana y nos alejamos o nos olvidamos. Me gustaría reflejar las razones que nos impiden seguir los deseos más profundos. Para que nadie se sienta presionado/a (nada más lejos de mi intención) me lo diré a mi mismo:

    • Puede nacer en mí el escéptico: «eso está muy bien para una película, pero la vida es otra realidad», este «diablillo escéptico» torpedea cualquier intento que tengo siquiera de darle una oportunidad a otra verdad y a otra vida. Mi pequeño escéptico suele estar lleno de miedo por cambiar, de desconfianza por lo ya vivido, incluso de falta de confianza en mí mismo. Todos estos pequeños diablillos me paralizan para vivir.
    • También me suele pasar el cansancio. No el cansancio puntual que es muy normal y ante el que hay que cuidarse. Estoy hablando del cansancio existencial: «tantas veces lo he intentado y tantas veces no ha servido de nada»… El cansancio eterno, pesado, denso que nos amarga la vida y agria nuestra mirada. Cuando llego aquí, estoy cerrado y detrás del cansancio seguramente se esconde la desesperanza y vivir la vida con desesperanza es una forma de ir muriéndome un poco ya en vida.
    • Otra cosa que me puede pasar es que tenga mucho apego a la norma. Voy a poner un ejemplo: un/a profesor/a está apegado a la norma cuando habiendo conectado con la película, se dice a si mismo/a «está muy bien, pero eso no ayuda a mis alumnos/as, lo que tienen que hacer es aprender, la vida a la que se enfrentan es muy dura por lo que yo me debo centrar en exigirles, conseguir que aprendan la materia, superen las pruebas etc. eso es lo que me piden» No digo que esto no sea verdad, pero no es toda la verdad. Si me quedo solo en esto, estaré apegado a la norma, no daré oportunidad a desplegar otras facetas mías muy vocacionales y no abriré posibilidades a las personas que educo. En la película, el profesor está situado en una rígida institución muy apegada a la norma y a la tradición (otra norma) pero él va más allá para centrarse en la persona, en el potencial de cada una de las personas.
    • También pasa que me cuesta salir de mi mismo, en sus multiples maneras: mi tiempo, mi imagen, mi comodidad, mi familia, mi entorno, mi futuro, mi pasado… Cuando el YO ocupa tanto espacio nos impide vivir de verdad. Es más, tantas veces he experimentado que salir de mí mismo me hace más feliz, no desde el «tengo que», desde «el debería» (que son otras formas de mirarme solo a mí) sino como experiencia de apertura vital.
    • También se puede esconder mi miedo. El miedo imaginario o el miedo real. Puede tener distintas formas: el miedo de salirse de lo que todos piensan, el miedo a las consecuencias (ya digo reales o imaginarias)… Tantos miedos que me paralizan.

    Yo tengo una amiga, que vive en Madrid (ahora se ha ido a la sierra), que durante un tiempo en su vida sintió esta conexión, se escuchó a sí misma y ahora, su vida entera, está dedicada a perseguir sus sueños, a hacer verdad la conexión que sintió. Con mucho esfuerzo, porque este no es un camino fácil, pero con un horizonte abierto y amplio que se refleja en sus ojos y que le permite ser ella misma, la mejor versión de ella misma.

    Escribiendo esta entrada mi anhelo, es que volvierais a conectar con ese deseo, con esa conexión para dar la oportunidad, a partir de mañana, de que en vuestras relaciones como líderes, educadores, padres, madres… vivierais desde ahí para hacer la vida mejor a los que nos rodean. Ser como el profesor de la película es poner a la otra persona en el centro para salir de nosotros/as mismos y estamos hechos de esa materia a pesar de los «diablillos» que nos tientan cada día. Así un día quizás podrán decir de nosotros, de nosotras: «¡Oh, capitán, mi capitán!«, o no, pero da igual, porque no lo hacemos por eso.

    Seguimos en los comentarios

    2 respuestas a «¡Oh capitán, mi capitán!»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. Si bien lo primero que nos cautiva en la película es el talante y la pasión educativa del profesor protagonista, también es verdad que la película no esconde el alto precio que a veces hay que pagar pagar en la conquista de la propia autonomía: el saludo «liberado» de los alumnos al profesor al final de la película se apoya sobre una reciente tragedia. Sin hacer spoiler, quizá uno de los valores de la película es precisamente su honestidad: no construye una trama facilona sobre el tránsito a la madurez de la mano de un buen maestro y guía, sino que muestra la ambivalencia de lo humano, en que a menudo el despertar se entrevera con la crisis, el crecimiento con el desgarro, la conquista con la tragedia…

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, gran análisis de la película, estoy muy de acuerdo. Un abrazo grande

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  • Ampliar la mirada

    Ampliar la mirada

    Photo by Maarten van den Heuvel on Unsplash

    Estamos de vuelta, os deseo a todos y a todas un año nuevo lleno de alegría y centrado en lo importante. Seguimos con el blog intentando contaros lo que voy viendo en este camino de liderar desde la confianza. Deseo mucho que os pueda servir y quisiera que os ayudara a dar pasos en la confianza como camino de la vida.

    En todo lo que vengo escribiendo está de fondo la mirada, en cómo miramos a los demás y cómo nos miramos a nosotros/as mismos/as está la base de todo y es el sustento sobre el que se sostiene nuestra forma de dirigir, orientar, enseñar. Una de mis primeras entradas se tituló así: la mirada.

    Conforme voy aprendiendo a mirar bien (no siempre lo consigo) me voy dando cuenta que no basta con una primera mirada, ni con una mirada superficial, ni con una mirada rápida… Me doy cuenta que tenemos que aprender a mirar a la otra persona y a lo que nos va pasando en la vida desde muchas perspectivas.

    En este sentido, me doy cuenta que una cosa muy importante es ampliar la mirada para poder ver. Muchas veces miramos pero no vemos. Por ejemplo, cuando miramos a una persona y la juzgamos rápidamente por algo que ha dicho o ha hecho. O cuando explicamos algo sin tener en cuenta el contexto. O cuando decimos comprender a alguien sin escuchar suficientemente lo que nos dice…

    Por eso quisiera compartir con vosotros/as algunas experiencias que nos permiten ampliar la mirada para ver mejor como os digo:

    • Conocer el contexto para entender mejor a las personas y las situaciones. Por ejemplo, un/a profesor/a puede entender mejor a un/a alumno/a si entiende su contexto vital, sus relaciones familiares, su situación personal en ese momento etc. Es muy importante abrir nuestras conversaciones y conocimientos a más allá de lo que marca nuestra relación personal o profesional estrictamente porque esto nos lleva a entender mejor a la persona.
    • Aprender de la historia, de la experiencia. Las experiencias pasadas, nuestra historia personal es un bagaje enorme de sabiduría para aprender y aplicar a lo que nos pasa. A mí me suele gustar, cuando se da una situación difícil en mi equipo, intentar hacer algún paralelismo con algo que nos pasó antes en el mismo contexto o en otro distinto. Esta reflexión me suele dar nuevos puntos de vista que me ayudan mucho.
    • Mirar el fondo. Muchas veces nos quedamos en la superficie de lo que pasa, en la superficie de lo que miramos y nos perdemos muchas cosas. Se trata de entender qué es lo que hay en el fondo de lo que les pasa a los demás y de lo que me pasa a mí mismo. El otro día estábamos analizando una crisis de suministro en nuestra empresa y lo hacíamos con preocupación, con ansiedad… Me pude parar un momento y más allá de lo que estaba pasando vi que lo que había de fondo era tensión, cansancio… Lo de menos era el problema que estábamos pasando, lo que nos tensionaba era que llevamos muchos meses de pandemia y de estrés y esto hacía que desproporcionáramos las cosas. Esto es lo que estaba de fondo. En este caso pude sacar a la superficie que lo que necesitábamos era serenidad, tranquilidad para abordar lo que nos pasaba. Esto nos dio una nueva perspectiva y nos permitió poner las cosas en su justo termino y abordar mejor lo que teníamos entre manos. A veces lo que nos pasa está en el fondo, no en la superficie.
    • Hacer zoom. Muchas veces nos centramos en lo pequeño que nos pasa y nos dejamos lo grande que pasa, o al revés nos centramos en lo grande y nos perdemos lo pequeño que es lo más importante. Una manera muy interesante de mirar es comprender la relación que tiene lo pequeño con lo grande y viceversa. Por ejemplo, en un proceso de unión de dos organizaciones, lo grande sería el proceso de fusión que queremos hacer pero mirar a lo pequeño sería entender como cambiar el logotipo o la marca de una organización afecta al ánimo de todas las personas de una organización o de la otra. No será lo mismo que elijamos la marca de la organización más grande porque afectará a las personas de la organización pequeña, o no será lo mismo que elijamos entre todos/as una nueva marca que nos identifique… estas decisiones pequeña bien hechas o mal hechas pueden trastocar los procesos grandes emprendidos. Aprender a hacer zoom en cada cosa para relacionarla con algo más amplio nos permite mirar mejor para ver mejor.

    Seguro que existen muchas más formas de ampliar la mirada. Mi consejo es que nos paremos ante las situaciones y las personas para tener distintas perspectivas, que cuando tengamos un problema o una situación compleja cojamos un papel y un boli y escribamos distintas miradas que se nos van ocurriendo, seguro que nos ayuda.

    Un buen amigo me mandó una frase preciosa que resume muy bien lo que quiero quiero decir. Dice así: «no mira, ve; no oye, escucha». Ojalá puedan decirlo de cada uno de nosotros, de cada una de nosotras. Ese puede ser un bonito horizonte. Os deseo lo mejor y podemos seguir en los comentarios.

    8 respuestas a «Ampliar la mirada»

    1. Avatar de Ramón Alfonso
      Ramón Alfonso

      Muchas gracias, Juan.
      Sobre todo porque con tu forma de escribir, y de ser y de ayudar, inspiras confianza.
      Gracias especialmente por esta invitación a ampliar la mirada, que para mí hoy implica superar prejuicios.

      1. Avatar de Juan

        Ramón Alfonso, qué importante lo que dices de superar los prejuicios!!! Normalmente los prejuicios nacen de mirar poco o no profundizar, lo contrario a ampliar la mirada. Muchas gracias

    2. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Mirar el Fondo es importante. Para ello, Parar es clave. Dedicar tiempo a mirar, para así Ver.
      Gracias Juan.

      1. Avatar de Juan

        Si, Roberto, como dices hay que pararse y siempre en el fondo encontramos sentido. Gracias por hacernos partícipes de tu mirada. Abrazo

    3. Avatar de Txemi
      Txemi

      Feliz año. Me parece muy bonito tener una mirada humana sobre las personas y organizaciones, para no buscar solo lo resolutivo, que a veces no es lo que mejor resuelve las cosas, como en el ejemplo tan interesante de la unión de dos organizaciones. Un abrazo.

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, a veces lo resolutivo es lo primero que nos sale, pero no siempre es lo mejor. Siempre es mejor pararse para mirar todos los aspectos. Gracias por participar. Un abrazo

    4. Avatar de Javi
      Javi

      Un placer “verte” y “escucharle”, aunque en este caso sea más bien “leerte”
      Feliz año con esa mirada más amplia que ayude a trascender la situación actual

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, Javier. Seguimos juntos mirando y aprendiendo. Un abrazo

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  • Trapecista

    Trapecista

    Marta, mi mujer, suele decir: «yo lo que quiero es la felicidad de mis hijos, aunque sean trapecistas». Es una frase que a mí me hace gracia y que estos días me ha hecho pensar con respecto al liderazgo desde la confianza. Eso es en el fondo lo que queremos (o deberíamos querer) los/as líderes, los/as maetros/as, los padres y las madres para todos/as los que dirigimos, orientamos, educamos, amamos; que sean: TRAPECISTAS. Es decir, lo que ellos desean profundamente ser, lo que quieren desplegar, lo que aman desde niños, lo que disfrutan, lo que han recibido como don.

    Os cuento un ejercicio que hice yo conmigo mismo a la luz de esta frase. Cerré los ojos, me fijé en la respiración (siempre la respiración me calma y me centra) y luego, con la imaginación, imaginé a una de mis hijas siendo trapecista. La veía entrenar con fuerza y sufrir para conseguir el doble mortal, su carita tenía una concentración intensa, veía su determinación para volverse a subir al trapecio después de caer a la red una y otra vez. Luego la imaginaba en la pista de un circo lleno de gente, la anunciaba el maestro de ceremonias y salía corriendo con una mirada brillante en los ojos, su cara resplandecía y estaba llena de pasión. Subía al trapecio, hacía mil volteretas y ejercicios, cada vez más difíciles, cada vez más bonitos. El público aplaudía con fuerza. El doble mortal hacia atrás culminaba la actuación y saltaba a la pista radiante, recibiendo una ovación atronadora. Entonces su cara era de una satisfacción enorme, su sonrisa despegaba de su cara y sentía una felicidad inmensa. Estaba feliz porque todo el mundo, en aquel circo, estaba feliz. Tenía la paz de saberse en su sitio, de entregar lo mejor de sí misma, de sentirse plena y unida con su interior y con cuantos la rodeaban.

    «yo quiero la felicidad de mis hijos aunque sean trapecistas»

    Este ejercicio lo podéis hacer con cada uno de vuestros hijos, miembros de vuestro equipo, alumnos… pero también lo podéis hacer con vosotros/as mismos/as. Reconocer dónde os sentís así, cuándo os sentís como la trapecista. Cada uno verá: cocineros/as, pintores/as, estudiantes, escuchadores/as, hechiceras/os, masajistas, bomberos/as, investigadoras/es, coleccionistas, cajeros/as, artistas, comediantes/as, madres, padres, acompañantes, educadores/as, amantes, cuidadoras/es, escritores/as, funambulistas, obreras/os, carpinteros/as… mil etc. Se trata de ver dónde vibramos, dónde se descubre nuestra pasión, nuestro anhelo más profundo, nuestra identidad radical. No tiene porque ser una profesión, puede ser una cualidad, podéis mirar lo que hacéis cada día, qué tareas os recuerdan a la trapecista y, desde ahí, ir tirando para ir descubriendo vuestro don más íntimo.

    Marta y yo, estuvimos hablando de esto ayer e hicimos un ejercicio para intentar descubrir nuestra pasión y sitio. Nos preguntamos: ¿Si fuéramos a ayudar a un campo de refugiados dónde estaríamos cada uno de nosotros? Nos miramos traviesos y casi nos quitábamos la palabra. Marta estaría curando niños (es médico), embarrada, ajetreada, involucrada. Cuidando, atendiendo, sanando todo lo que pudiera. Estaría agotada pero tendría la misma mirada que nuestra trapecista. ¿Y yo? casi nos reíamos. Yo no podría acercarme a los niños y enfermos (me agobiaría con la sangre y el sufrimiento). Yo estaría en la tienda de aprovisionamientos, ordenando, organizando, tratando de convencer a mucha gente para traer comida y medicinas lo antes posible. Organizando los grupos de trabajo, las formas más rápidas para conseguir los aprovisionamientos. Y también tendría la mirada de la trapecista. Lo único es que Marta en su puesto en la vanguardia, estaría pensando ¡Qué lento es mi marido en traer las medicinas! Acabamos a carcajadas..

    Prueba tú también ¿Dónde estarías tú en el campo de refugiados? Es un buen ejemplo porque en la necesidad acuciante es dónde suele salir lo mejor de nosotros/as mismos/as.

    Cuando analizamos qué queremos ser o qué tenemos para dar nos confundimos muchas veces. Pongo algunos ejemplos:

    • Nos confundimos porque pensamos que lo que tenemos que ser está ligado al deber, la responsabilidad, la misión… y esto nos confunde porque no conectamos con la trapecista que tenemos dentro.
    • Nos confundimos, también, porque nos han enseñado que las cosas se consiguen con esfuerzo y sufrimiento. Tanto vale tanto cuesta… y, entonces, no valoramos lo que disfrutamos y nos hace felices. En la historia de mi trapecista también está el esfuerzo y el sufrimiento del aprender, del entrenar pero como está vinculado a nuestra pasión parece distinto. ¿A qué sí?
    • Nos confundimos porque, cuando éramos niños, nos desconectamos de nuestros dones y de bailar con la vida. Nos hemos complicado la vida, la hemos teñido de seriedad y hemos aprendido a esconder lo que genuinamente somos y que casi ya no nos acordamos.

    Os anímo a emprender el camino de descubrir a vuestro/a trapecista y a intentar ayudar a descubrirla a las personas que dirigís u orientáis.

    Por último, para los creyentes, yo creo que Dios Padre, estaría en la pista del circo disfrutando de la trapecista a tope y sería feliz viéndola. Esa es la diferencia con nosotros, que como padres y madres estaríamos, entre el público, con una mezcla de orgullo y sufrimiento en cada mortal, comiéndonos las uñas para que no se cayera. Yo creo que Dios no sufriría, estaría plenamente satisfecho porque lo que más quiere es que seamos trapecistas siempre, hasta el final, a pleno pulmón.

    Os atrevéis a contarnos en los comentarios cuando sois trapecistas.

  • Una conversación sobre liderazgo.

    Una conversación sobre liderazgo.

    Hace unas semanas, tuve una conversación con Guillermo Echegaray, consultor, psicólogo y buen amigo sobre el liderazgo. Guillermo, en su canal de youtube (ver aquí), está realizando una serie de «conversaciones circulares» en las que trata y, creo que consigue, que todos los que participamos en ellas nos sintamos confiados, conectados con nosotros mismos y con la otra persona para poder abrirnos a decir lo que sentimos profundamente. Quizás en esta conversación con él puedo mostrar mejor lo que quiero decir con este blog. La confianza que Guillermo consigue hace que nos podamos mostrar.

    ¡Ojalá os sirva!

  • Nombres propios, nombres comunes.

    Nombres propios, nombres comunes.

    Esta es la última entrada del año y ya sabéis mi manía por las palabras. Hoy me voy a meter en el berenjenal de la gramática, espero no perecer en el intento. La gramática distingue:

    “Los sustantivos propios son nombres que distinguen o identifican a un individuo o ejemplar de los demás de su especie”

    “Los sustantivos comunes permiten nombrar todos los objetos pertenecientes a una misma especie.”

    Una diferencia apreciable.

    Nombres propios.

    Hay una cosa que a mí me encanta, es que me llamen por mi nombre: Juan. Supongo que a todos nos pasa, que una persona, sobre todo alguna con la que no tienes mucha relación, se acuerde de tu nombre es algo bonito. Yo intento acordarme de los nombres de las personas (aunque mi memoria no da para mucho) y hablarles con sus nombres propios. Es algo más que solo acordarte del nombre, es que nos sentimos nombrados/as, individualizados/as, reconocidos/as, apreciados/as… El nombre propio de cada uno, de cada una, nos nombra, mucho más allá que distinguirnos, creo que nos nombra como seres humanos. Los judíos tenían está concepción del nombre que recorre toda la Biblia (1)

    Por eso creo que los líderes desde la confianza tenemos que fijarnos en los nombres de las personas que comparten equipo con nosotros. Quiero decir, fijarnos en cada persona con sus particularidades, entender quién es, qué quiere, desde dónde nos habla, en qué momento está, cómo es, a qué aspira, qué ama, qué le cuesta… Mirar a cada persona de manera individualizada, en proceso, en construcción hacia su máximo potencial.

    Por eso, en esta última entrada del año, os sugiero que hagamos un ejercicio. Sentémonos tranquilos, bajemos la luz, cerremos los ojos y escuchemos nuestra respiración y, cuando estemos calmados/as, empecemos a decir despacio, casi en un susurro, los nombres de las personas con las que te hayas encontrado este año y que te vayan resonando, parándote un momento en cada nombre, en cada rostro…

    A mi me vienen: Alberto en el hospital, Christoph que no está con nosotros, Miguel que ha encontrado un nuevo trabajo, Marta y su proceso para aprender a cuidarse, Nuria y sus ganas de aprender, María que se ha separado, Teresa que tanto me ayuda… tantos y tantos nombres que nos llenan de alegría, de compasión, de esperanza, de apoyo, de Vida. Nombrarles es salir de nosotros/as mismos para unirnos a ellos/as, que siempre es un gran ejercicio.

    Nombres comunes.

    Pero también están los nombres comunes, aquellos/as de los que no sabemos sus nombres, que aparecen en los periódicos, o de las que nos hablan pero no los/as distinguimos. Me refiero a multitud de personas que no les ponemos nombre y, quizás, por eso no nos acordamos de ellas, no están en nuestro pensamiento, ni en nuestro corazón… Y, entonces, se nos olvidan o no los/as sentimos cercanas, o no nos afectan más que solo algunos instantes…

    Por eso os propongo, que sigáis con los ojos cerrados y nombréis a tantos nombres comunes que también os resuenan y que han estado en los periódicos o en vuestros pensamientos a lo largo del año. Y que cuando penséis en ellos, quizás podéis intentar adivinar sus nombres, ponerles nombre y rostro…

    A mi me viene: las personas que han padecido el terremoto de Haíti (quizás se llamen: Leandre, Jonassaint, Renaud, Jean-Jean, Jean-Pierre, Pierre-Philipe…), Las mujeres afganas (Aahoo que significa gacela o Aaquila que significa inteligente, o Arezo que significa deseo o esperanza…), los refugiados sirios (Maya, Hana, Georges, Elías…), y, así, podemos seguir por lo que os vaya surgiendo: realidades y personas sin nombre.

    Creo que si le dedicáis un rato os ayudara a acabar el año de otra manera. Deseo, con todo el corazón, que os ayude a ampliar y profundizar la mirada, vuestra mirada apreciativa. Gracias por seguirme todo el año, seguiremos el que viene, y os deseo una FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO NUEVO LLENO DE ALEGRÍA,

    PODEMOS SEGUIR PONIENDO NOMBRES EN LOS COMENTARIOS.

    (1) El nombre posee, en la mentalidad semita, una importancia singular; indica el ser de la persona, su misión, su destino. (J.A. Pagola, “Jesús una aproximación histórica”)

  • Cansancio.

    Cansancio.

    Hoy Marta me ha dicho: «escribe sobre el cansancio, es lo que veo por todas partes». Es verdad que veo mucho cansancio a mi alrededor, mucha desesperanza, mucho desaliento. Incluso, en algunos casos, tristeza y depresión. Cuando esto pasa en mi entorno social, se me pega y me llega al cuerpo en modo de cansancio físico y de oscuridad psicológica. Creo que nos pasa a todos y a todas. Está claro que es fruto de la pandemia en la que ya llevamos casi dos años, pero también, quizás, es el invierno (en Pamplona, donde vivo, lleva lloviendo 20 días) o quizás es el final de año, donde que se acumula todo lo que llevamos de trabajo… no sé pero está en todas partes.

    Los ciudadanos están cansados, los sanitarios están cansados, los niños están cansados, los ancianos están cansados, los estudiantes están cansados… Está en el ambiente, es como si una ola triste y depresiva nos fuera envolviendo en estos momentos.

     Parece que el cansancio lo envuelve todo, pero podemos cambiar la mirada.

    Las razones de esto son muchas y difíciles de describir. Probablemente estamos en una «sociedad del cansancio» escribe Byung-Chul Han, en un ensayo muy recomendable, y esto estaba antes de la pandemia.

    No pretendo entrar en análisis sociológicos ni filosóficos sobre la sociedad actual, lo que trato en este blog es transmitiros mi experiencia en el liderazgo desde la confianza por si os puede servir. Entonces la pregunta es ¿Qué debe proponer un líder a las personas de su equipo en estos momentos? Algunas propuestas que pueden servir para nuestros equipos y, ojalá, también para nuestro propio desarrollo personal:

    • Reconocer: estar atentos/as a este sentimiento de cansancio y hablarlo, no negarlo, no evitarlo. Reconocerlo, recogerlo, apreciarlo, sentirlo y respirarlo. Creo que es importante siempre volverse al interior y dar nombre a lo que nos pasa y no criticarlo, huir de ello o mirarlo como algo que debo que cambiar o que es malo que nos pase. Está ahí y, como mío, lo debemos reconocer y apreciar. Hablarlo en equipo estaría muy bien. Pero no quedarnos ahí, lamentándonos, encerrados, resentidos. El movimiento de reconocerlo es para aceptarlo no para rumiarlo. Una vez reconocido podremos soltarlo.
    • Dar reconocimiento: un asesor mío, muy sabio y muy querido, me dijo una vez: «Juan nunca dejes de dar reconocimiento a los equipos y, cuando tengas dudas, también felicítales» Me ha ayudado mucho. No se trata de dar reconocimiento banal o no sentido porque eso se nota, pero si estamos conectados con nuestro corazón, seguro que nos sale mil veces dar reconocimiento sincero. Y si no nos sale, también dad reconocimiento.
    • Cuidado con el positivismo superficial: En el libro que arriba os he comentado habla de que la sociedad del cansancio se debe, en cierta medida, a un positivismo mal entendido. Un positivismo superficial y milagrero que nos frustra. Internet está lleno de esto y, las personas, buscamos formulas rápidas para sentirnos aliviados. El/la líder no debe centrarse en proponer fórmulas rápidas, cursos de autoayuda, ni videos motivadores con mensajes facilones. Son espejismos y generan frustración a medio plazo.
    • Mucha esperanza y pocas pretensiones. Es mi frase favorita, toda una filosofía de vida. Vamos a mirar, por ejemplo, la pandemia desde aquí: a lo mejor el cansancio pandémico del que tanto se habla, está generado por las continuas pretensiones o expectativas. Estamos cansados/as porque pretendemos que las cosas sean como antes, que está ola pase y no se pasa, que nos podamos quitar la mascarilla y vuelven las restricciones etc. Vivimos llenos de expectativas. ¿No sería mejor que nos centráramos en el presente y lo llenáramos de esperanza?. El líder tiene que ser realista y no poner expectativas excesivas, debe mirar lo que hacemos de manera apreciativa, tiene que tener cuidado con poner sólo el peso en mejorar para contrabalancearlo con una sabiduría que aprecia lo conseguido y reconoce el esfuerzo.
    • Poner la mirada en lo que tenemos y no en lo que nos falta. En este momento los medios de comunicación, la sociedad, ponemos la mirada en lo negativo o en lo que conseguiremos, en un futuro que nunca llega. Sería mejor poner la mirada con realismo pero con esperanza en lo que mucho que tenemos y lo mucho que nos une.
    • Salir de nosotros/as para ir a los/as otros/as: Un movimiento que podemos hacer y que no es positivista en el sentido superficial, es centrarnos en lo que damos, en qué hemos conseguido para otros/as y qué podemos conseguir, centrarnos en salir de nosotros/as mismos/as para poner la mirada en los que nos necesitan o en el sentido de lo que hacemos (en los niños que educamos, en los pobres a los que ayudamos, en las personas que curamos o aliviamos, en los empleos que creamos…). El/la líder puede estar atento/a a no sólo mandar tareas, proyectos u objetivos sino a darles sentido. ¿Qué tal si pruebas a explicar el sentido que tienen las cosas que tenéis entre manos?

    Como suelo decir, creo que muchas veces las cosas cambian solo cambiando la mirada. En este caso podemos elegir otra mirada para salir de ese cansancio existencial que parece que lo envuelve todo.

    PODEMOS SEGUIR EN LOS COMENTARIOS.

  • Preguntas poderosas.

    Preguntas poderosas.

    diario guiado
    Photo by Aaron Burden on Unsplash

    Una forma de estar en la vida muy interesante es preguntarse. Preguntarse por todo, abre la curiosidad, hace que la realidad nos interpele, nos abre puertas al aprendizaje y a la novedad que trae el vivir y, si la pregunta nos afecta interiormente, nos descubrimos y crecemos como seres humanos.

    Otto Scharmer, ya os he hablado de él en otras entradas, es el precursor de la teoría U que propone cambios sociales y personales para abrirse a un nuevo futuro más abierto y conectado. Está creando procesos humanos más sociales, ecológicos y conexiones nuevas (presencing.org). Otto, propone una herramienta para abrirnos al futuro, que creo que puede ayudar. No se trata de abrirnos al mundo desde los datos y la mente a través de la indagación sino que propone abrirnos a los otros/as mediante la apertura del corazón y también abrirnos al futuro colectivo a través de la apertura de la voluntad que vence el miedo a cambiar o el miedo a lo desconocido.

    Las preguntas poderosas nos abren más allá de nuestras respuestas habituales, de nuestros marcos de referencia y nos adentran en un futuro nuevo lleno de potencial.

    La herramienta que propone es el diario guiado. La herramienta consiste en coger un cuaderno sin reflexionar, sin poner atención en las ideas, sin tener ni idea en qué voy a responder, empezar a escribir lo que va emergiendo, no se trata de ir a la mente sino dejar que el bolígrafo tenga vida propia y escriba lo que nos va saliendo. Seguramente podrán parecer ideas deslavazadas pero, poco a poco, saldrá algo desde nuestro interior y nos dará claves sobre nosotros y nuestras organizaciones. Puede hacerse como una práctica cotidiana, en la que cada día escribamos lo que nos sale para ver las claves profundas de lo que estamos viviendo o puede ser una práctica más dirigida, es decir, a partir de preguntas que nos abren a nuestro interior, a la visión de los otros y a la contemplación de lo que vivimos para abrirnos a un futuro nuevo que es nuestra mayor posibilidad.

    Para esto, establece una serie de preguntas que podríamos llamar poderosas, es decir preguntas que nos abren más allá de nuestras respuestas habituales, de nuestros marcos de referencia y nos adentran en un futuro nuevo lleno de potencial. La pregunta es una herramienta preciosa para el liderazgo, para sacar lo mejor de las personas pero también de nosotros mismos. Las preguntas tienen que ser abiertas, buscan la mejor posibilidad, abren a la realidad y también profundizan en ella.

    Os propongo hacer este ejercicio del diario guiado, algunas preguntas las cojo de Otto Scharmer y otras las propongo yo de acuerdo a lo que a mi me ha ayudado.. ¿Vamos allá?

    Coge un cuaderno y un bolígrafo. Detente un momento y respira, relájate. Prepararte para que el bolígrafo escriba solo sin que nuestra mente lo guíe. Y responde a las siguientes preguntas, dedica 5 minutos más o menos a cada pregunta:

    1. ¿Dónde experimentas que el mundo se está muriendo?
    2. ¿En los últimos meses cuales han sido los momentos que has vivido de mayor apertura, mayor conexión, mayor alegría…?
    3. ¿En los últimos meses cuáles han sido los momentos de mayor apertura, conexión, comunicación profunda que se han dado en tu equipo de trabajo?
    4. ¿Qué sientes que se está muriendo en tu vida?
    5. ¿Qué experimentas que se está abriendo en tu vida como futuro y posibilidad?

    Relee lo que has escrito y recoge las claves que observas, lo que te resuena (resonar es aquello que nos queda grabado pero no desde la mente sino desde un lugar más profundo).

    Seguro que descubres mucho de ti mismo, de ti misma y encuentras claves que no conocías que pueden ayudarte a vivir.

    Os animo, como dice una amiga mía, a «vivir con preguntas,» una buena forma de vivir.

    En los comentarios podemos poner preguntas poderosas para que nos ayuden a todos/as

  • Utopía o Esperanza.

    Utopía o Esperanza.

    Photo by Taylor Brandon on Unsplash

    Muchos de los manuales y libros escritos sobre los líderes y el liderazgo hablan de que una de las características del líder es trazar una Visión para conseguir que las personas la sigan y se sientan motivadas por ella, de manera que les lance al futuro y consigan los retos que la organización a la que pertenecen, pretende. Muchos manuales de estrategia hablan de la Misión y la Visión como elementos claves de un plan estratégico. La Visión es algo así como un ideal que orienta a la organización. Una utopía que lanza al futuro pero que nunca se alcanza . Creo que es interesante y probablemente necesario. Sin embargo, muchas veces esta utopía puede estar forzada y, algunas veces, puede ponerse por encima de las personas. A menudo, a lo largo de la historia, en nombre de ideales y utopías se han cometido grandes barbaridades si no se pone como base la ética y la centralidad del respeto a todos los seres humanos.

    Confianza: «Esperanza firme que se tiene de algo o de alguien»

    Diccionario rAE

    A mi, desde siempre, las utopías y visiones no me han interesado tanto como la centralidad de la persona y que ella vaya consiguiendo sus respectivos procesos humanos, su propio desarrollo y su propia vocación hacia la fraternidad. Esto siempre lo he tenido como intuición por lo que nunca he promovido, ni he insistido demasiado en serio, en las visiones o utopías en las organizaciones que dirijo. Como siempre, me he ido al diccionario para mirar cuál es el significado de la palabra utopía y la RAE, dice lo siguiente: «plan, proyecto, doctrina o sistemas deseables que parecen de muy difícil realización». Cuando en una definición metemos la palabra «doctrina» empieza a preocuparme. En este sentido, a mí me parece que para el objetivo que pretendemos: lanzar al grupo al futuro, es mucho mejor hablar de Esperanza. La RAE define la palabra Esperanza así: «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable aquello que se desea». Ese estado de ánimo que la Esperanza produce, a mí me habla de: alegría de vivir, espera en lo mejor de la vida y de las personas, presente orientado al futuro, confianza en lo que está por venir y en lo que las personas podemos dar, luz del amanecer y ojos brillante de los niños que empiezan la vida… Creo que orienta mejor el «liderazgo desde la confianza» del que hablamos en este blog. Además, casualmente (nunca hay casualidades) el diccionario define confianza como: «Esperanza firme que se tiene de algo o de alguien». Lo clava, es lo que yo quería decir. Una cualidad esencial del/la líder es «tener esperanza» sobre todo en las personas que dirige.

    Hace ya algunos años, escribí una especie de poema jugando con las palabras utopía y esperanza (es bastante malo, como poeta no tengo ningún futuro) sin embargo aquí os lo dejo (aunque me da un poco de vergüenza) por si os sirve para entender lo que trato de expresar en esta entrada:

    UTOPÍA Y ESPERANZA.

    He sustituido la palabra utopía por la palabra esperanza.

    Ha sido un regalo, el mejor regalo del mundo.

    Hoy sé que había que pasar por la utopía, como el niño descubre la vida, para llegar a la esperanza.

    Con la certeza que la utopía nunca se alcanza y la esperanza es la estación de llegada.

    He ido y he venido de la vida a la utopía y del Amor a la esperanza.

    Y al final solo ha quedado la Espera-Confianza.

    Seguimos en los comentarios

  • Mucha esperanza…

    Mucha esperanza…

    Seguro que ya os lo he dicho, mi frase favorita es «mucha esperanza y pocas pretensiones». Es una frase que expresa muy bien lo que anhelo, lo que intento vivir y, como las buenas frases, siempre me lleva a reorientarme, me sirve de brújula cuando me pierdo, me despisto, me entristezco, me oscurezco, me desespero, me canso o me cargo.

    Hace unos días, estuve, junto a mi amiga Merce Brey, facilitando unas jornadas en la naturaleza con directivos y directivas de distintas organizaciones. Fueron unas jornadas que patrocina mi empresa CINFA y su consultora, MASDIVERSITY. Fueron unos días estupendos, llenos de diálogo, de profundidad, de confianza mutua, de vulnerabilidad, de esperanza, mucha esperanza…

    Fueron muchas las cosas que pudimos hacer juntos/as personas que lideramos en espacios muy diversos:empresas, organizaciones de compromiso social, políticas, educativas… Todo partía de un contexto muy abierto. Las jornadas las llamamos: pensando junt@s. Lo que pretendíamos no era dar lecciones, ni recetas. Lo que pretendíamos era hablar, descubrir lo que nos cuesta, intuir lo que nos mueve, anhelar lo que pretendemos… Fué muy interesante.

    Hemos celebrado unas jornadas de reflexión con líderes de organizaciones muy diversas que nos han permitido abrirnos a una nueva forma de mirar y de caminar en nuestra vida y nuestro trabajo.

    Hoy quiero recoger una serie de resonancias que se han quedado en mí después de estos días. Estas resonancias se resumen en la frase «mucha esperanza, pocas pretensiones», que, como siempre, condensa especialmente bien lo que allí se ha producido. Son las siguientes:

    • La necesidad de hablar de lo que nos duele. Siempre que se habla de liderazgo parece que tenemos que enfrentarnos a los listones de lo que se supone que es ser un/a buen/a líder. Esto nos carga y nos aleja de lo que somos. Por eso propusimos hablar de los dolores, los sufrimientos que tenemos en nuestro día a día: la carga de trabajo, la dificultad de cambiar las estructuras, la incomunicación que muchas veces sentimos «hacia arriba» y «hacia abajo», el dolor y sufrimiento que causan o pueden causar nuestras decisiones, el problema de equilibrar los objetivos con el cuidado de las personas de nuestros equipos, la necesidad de quitarnos los roles para ser nosotros mismos/as… Solo hablando de lo que nos pasa, podemos conectar con nosotros/as mismos/as y nos pone en un contexto de vulnerabilidad para construir desde donde estamos.

    • La mirada apreciativa: cada día me sorprendo más de cómo resuena, en nuestros días, todo lo que es mirarnos con ternura, con cariño, quitando peso… Tomamos conciencia de que no podemos mirar, ni liderar a los demás de manera apreciativa, si no nos miramos a nosotros/as primero así. Es como si la vida profesional estuviera teñida de un oscuro gris lleno de listones, servidumbres que nos pesan sobre los hombros y no nos permiten vivir con alegría. Resonó entre nosotros con fuerza el concepto taoísta Wu Wei, que habla de crecer sin forzar y de que todo está bien. Os dejo el enlace a wikipedia enlace

    • Liderar es crear contextos. Nos preguntamos sinceramente ¿Y si liderar sólo fuera crear contextos para que las personas puedan desplegar su potencial? ¿Y si nos dejaramos de tantos objetivos, resultados, pretensiones, actividades, reuniones, planes y proyectos y nos dedicaramos a facilitar espacios para hablar en confianza, para expresarnos con libertad, para ayudarnos, para colaborar? ¿Si dejaramos el lugar de «mirar desde arriba» para encontrar otro lugar que nos permita ser facilitadores/as, compañeros/as de camino buscando nuevas oportunidades juntos, co-creando, co-sintiendo, co-soñando? ¿Si nos quitamos las etiquetas de «lo tengo que saber todo», «tengo que decidir solo/a», «tengo que sostener a todos y a todas»…? Quizás naciera una nueva forma de liderar más nueva y fresca para nosotros/as y para las personas que dirigimos.

    • Tomando conciencia del poder: cuando conseguimos un nivel de comunicación desprotegido pudimos hablar, sin tapujos, del poder. Todos/as, en la vida, tenemos poder, o bien porque nos lo han otorgado o bien porque lo hemos conseguido. Es muy interesante observar la relación que tenemos con el poder cada uno, cada una de nosotros/as. Normalmente no queremos hablar de ello, tratamos de evitar la palabra «poder», casi nos da vértigo o vergüenza. Sin embargo, está ahí y lo tenemos. El poder es una energía (nos decía Merce) no es ni bueno ni malo, el tema es cómo lo usemos. El poder es una posibilidad, una enorme posibilidad y también una responsabilidad. El poder lo podemos usar para hacer personas, organizaciones más humanas o para lo contrario: más inhumanas. No queremos huir de esta posibilidad ni de esta responsabilidad.

    • La confianza es el camino. Vamos siendo conscientes que la confianza en los otros, que crear culturas de confianza en donde trabajamos, es un camino lleno de posibilidades. Este camino se recorre dejando caer el control. El control de las normas establecidas e inmutables, el control de las recetas aprendidas, el control de las jerarquías, el control de la imagen, el control de la sospecha, el control de la falta de transparencia, el control de la intachabilidad… tantos controles de los que nos llenamos por miedo a la confianza. La confianza es el camino porque nos permite ser nosotros/as mismos/as y a las demás personas también les permite ser ellas mismas.

    Han sido unos días estupendos, donde he aprendido mucho, donde me he aligerado al contacto de las personas y de la naturaleza, donde he conectado con viejos y nuevos deseos, donde lo vivido, lo comunicado han superado las pretensiones y me han reconectado con la Esperanza.

    Quiero dar las gracias a Merce, Javier, José Ángel, Gemma, Ester, Cristina, Miguel, Juanma, Ana, Maite, Vicky, José Luis, Carlos, Nathalie por su humanidad y por estos días juntos/as.

    En primavera haremos una segunda edición con otras personas para seguir dialogando y nutriendonos.

    GRACIAS A TODOS/AS

    3 respuestas a «Mucha esperanza…»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan:
      Un montón de puntos de reflexión, todos en clave de humanizarnos y humanizar las relaciones en nuestros entornos de trabajo y actividad. Habrá que tomar buena nota. Un abrazo.

    2. Avatar de Javi
      Javi

      Tema difícil la gestión del poder. En la gestión del mismo, podemos descubrir nuestra fragilidad, proyecciones, etc.
      Gracias por tu experiencia Juan. Ayuda a detectar lo que inconscientemente nos condiciona y apoyarnos en la confianza sin pretensiones

    3. Avatar de Pablo Lozano
      Pablo Lozano

      Qué difícil es pensar, qué importante es pensar. Mirada, conciencia, confianza, ..
      Gracias por compartir todas estas reflexiones.

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  • Centradas, centrados.

    Centradas, centrados.

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    Photo by Allan Mas on Pexels.com

    Una cosa que me gusta mucho es leer y aprender sobre distintos sistemas de gestión el tiempo. Si miras en Google o YouTube está lleno de páginas y videos con los más diversos sistemas (GTD, Kanban, Kaizen, Bullet journal…). Creo que este vicio lo tenemos muchos/as. Digo que es un vicio porque quizás pretendemos acabar con algunos de los problemas de fondo que tenemos con la falsa ilusión de que un sistema de gestión del tiempo nos los solucionaran. Yo he cambiado muchas veces pero, aunque algo me han ayudado, no me han solucionado nada sustancialmente. Lo noto en que cuando vuelvo a estar estresado busco un nuevo sistema y quizás me compro una agenda o un cuaderno nuevos para tener sensación de controlar esta vertiginosa vida que nos envuelve a todos/as. Eso es solo “sensación de control” porque controlar no es posible.

    El mundo está lleno de «superwomans» y «supermanes» sin poderes.

    Sin embargo, en este fútil recorrido he sacado algunas conclusiones, fruto de mirarme a mi mismo y del tiempo de acompañar a personas en esto del liderazgo desde la confianza. Algunas de ellas son estas:

    • Vivimos como “pollos sin cabeza” nuestra sociedad nos lleva a correr de aquí para allí, con nuestra mente en la siguiente actividad, con una sensación de velocidad y de consumo del tiempo. Vivimos con la esperanza, trasladada al futuro, de descansar. Descansar el fin de semana, las siguientes vacaciones, cuando me jubile… Ésta es una de las enfermedades de nuestro tiempo. Ayer, decía una persona de mi equipo: “vamos a parar un rato el mundo para que nos alcancemos todos/as” Nos reímos. La pregunta es ¿Y luego lo ponemos en marcha a que velocidad? Estar siempre con la mente en “lo siguiente”, no lo soluciona una agenda nueva.
    • El mundo está lleno de “superwomans” y “supermanes” sin poderes. Me refiero a todas la personas que no se cuidan, que se ven exigidas por todo y a todo tienen que responder. Personas que tienen que ser las mejores madres o padres, los/as mejores profesionales, las mejores creyentes y practicantes, las personas más desarrolladas y conscientes del mundo… Este sentimiento interior de “tener que..” es lo que está de fondo, esto es lo que tenemos que mirar. Nos tenemos que preguntar: por qué nos ponemos estos listones o por qué nos los ponen y los aceptamos. Esto es vivir hacia afuera, siempre tratando de cumplir expectativas internas o externas, conscientes o inconscientes… Detrás de estos comportamientos descubro, muchas veces, una falta de autoestima, un perfeccionismo exacerbado, una falta de cuidado hacia nosotras/os mismos… Esto es lo que está de fondo y lo podemos descubrir mirando nuestro interior y, esto, tampoco lo descubre ni soluciona una agenda nueva.

    Una cosa que a mí me ayuda y que trato de hacer todos los días es lo que yo llamo “estar en mis bloques”. He descubierto que los sistemas de gestión del tiempo que te planifican todo a todas horas, que añaden miles de tareas, las apps etc. te pueden ayudar pero a veces consiguen lo contrario de lo que pretenden y añaden más compromisos. En este sentido para mí es muy importante estar centrado. Quiero decir, estar en lo que estoy y sin proyectar el futuro. Yo divido mi día en 6 bloques y en cada bloque sólo pongo una actividad, la actividad principal en la que voy a estar. No importa si ocupa todo el tiempo o no, pero me recuerda que es en lo que quiero estar centrado, con todo mi ser, con toda mi presencia. En los bloques del trabajo me pongo una reunión o una actividad de trabajo personal y cuando veo la agenda, me recuerda que es en eso en lo que quiero estar. Si es una reunión, pondré todo mi esfuerzo en escuchar, en estar atento, en tratar de orientar desde una conexión conmigo mismo. Si es un bloque personal (por ejemplo, los viernes tengo un bloque para tomar una cerveza con Marta) también se trata de estar presente y disfrutar. Esto es lo que más me ha ayudado con el paso del tiempo. También cuando veo la agenda semanal me permite ver si está equilibrada. Si tengo bloques para mí, para los otros, para mi familia etc. Además los coloreo de colores distintos. Ahora estoy en el bloque “escribir en el blog”, redactando y oyendo música clásica😂.

    Bueno, no pretendo dar un nuevo “sistema”, creo que me explico lo importante que es, para mí, tener una sola actividad para estar centrado y esto me da serenidad. Con el paso del tiempo he ido aprendiendo que muchas de las pequeñas actividades que tenía son prescindibles.

    Cada uno verá lo que es mejor, pero me parece muy importante esto de “estar centrados/as” para poder vivir mejor la Vida. Podríamos seguir hablando de muchas de las cosas que nos pasan y cada uno, cada una tendremos que volvernos una y otra vez a nuestro interior. Y cuando veamos lo que está en el fondo, no tratemos de huir y pongámosle mucha verdad para no autoengañarnos. Solo desde decirnos la verdad a nosotros/as mismos/as se puede empezar a avanzar, pero sin listones que os conozco 😉.

    ¿Seguimos en los comentarios?

  • Estar en mi sitio, ocupar mi lugar.

    Estar en mi sitio, ocupar mi lugar.

    Photo by Marjan Blan | @marjanblan on Unsplash

    En estas últimas semanas he conversado con distintas personas que se encontraban mal en sus trabajos, incómodas, ansiosas etc. Cuando estaba escuchándolas siempre sentía lo mismo: “no estás en tu sitio”. Siempre tengo una sensación/intuición interior hacia lo espacial, hacia el lugar que ocupan las personas o cuándo el orden en un grupo de trabajo o en una organización está descompensado. Es cómo un “saber” anterior a lo racional, lo primero que me viene es que las cosas, las personas no están bien situadas. En esta entrada trataré de explicarme.

    «No estar en el sitio» o en su versión más aguda “no aceptar mi sitio” son fuentes de mucho sufrimiento para las personas. Quiero decir que todos/as tenemos un sitio en el sistema al que pertenecemos (la familia, el trabajo, el grupo de amigos/as…) El sitio es el que el sistema nos da y nos reconoce. No es lo mismo el lugar del padre o la madre que el del hijo/a o el abuelo/a, no es lo mismo el lugar del empleado que del jefe y también tu lugar en los distintos niveles que el sistema tiene.

    «No estar en mi sitio» o «no aceptar mi lugar» suelen ser fuentes de mucho sufrimiento.

    Muchas personas están incómodas en el sitio que ocupan, a veces porque no les gusta o porque no se sienten reconocidas o porque proyectan o porque nunca aceptaron el lugar que tienen… las causas pueden ser muchas. A mi me pasa, que cuando escucho a las personas que están sufriendo por esto, siempre me viene que lo primero que tienen que hacer es aceptar, reconocer y apreciar su lugar. Como siempre es mucho mejor mirarse para dentro.

    Voy a poner ejemplos de cómo suele suceder esto y pistas para intentar sentirse mejor:

    Proyectarme hacia arriba: a veces las personas nos situamos en el puesto del de arriba (el/la jefe/a) y todo lo vemos desde ahí. Muchas veces porque queremos cambiar las cosas y no tiene que ver con que tengamos buena relación o mala relación con el jefe/a o lo esté haciendo bien o mal. Sin embargo, muchas veces nos situamos pensando o proyectando cómo lo haríamos nosotros/as, qué cambiaríamos, qué decisiones tomaríamos… Lo decimos o lo pensamos (da igual) pero siempre estamos fuera de nosotros, de nuestras responsabilidades y lugares y casi siempre de manera insana proyectando, anhelando, sufriendo porque las cosas no son como a mi me gustaría.

    Tratar de cambiar al de arriba: este sería el caso anterior pero cuando la persona de arriba (el/la jefe/a), es una persona que no ejerce bien su liderazgo, que no nos trata bien por acción o por omisión, una persona tóxica solemos decir. Una reacción muy natural y normal, es estar siempre hablando del sufrimiento que me produce, de lo buena que sería mi vida si le cambiaran o se fuera, desahogándome con el primero/a que encuentro… Es muy normal pero no conduce a nada y ahonda el sufrimiento e impide hacer lo que depende de nosotros/as que es lo que podemos cambiar. Los alcohólicos anónimos piden a Dios una cosa muy sabia : “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia”. En este caso es muy bueno estar en mi sitio, concentrarme en lo que puedo hacer, ocupar mi espacio y celebrarlo, agradecerlo y rendirle el homenaje que merece. Es una forma mucho más sana de cuidarme. Seguro que los que estéis en esta situación os sale un sentimiento de rabia (Juan, no sabes bien cómo se pasa!!!), os entiendo pero darle un momento, una oportunidad a centraros en lo que sois y a bendecir el espacio que ocupáis y todo el potencial que tenéis para, desde vuestro sitio, desplegaros.

    Cuando la situación es muy problématica y la persona no puede continuar más. Es mejor dejar el sistema después de un discernimiento sereno que seguir en el “bucle” de intentar cambiar lo que no puedo cambiar. Si decidimos hacerlo os recomiendo reconciliarnos antes con el sistema al que hemos pertenecido porque sino seguiremos arrastrando heridas en nuestro nuevo trabajo. Reconciliarnos es reconocer todo lo bueno que fue, despedirnos adecuadamente con amor compasivo.

    Ocupar el lugar de los de abajo: hay líderes, padres, madres etc. que quieren ocupar el lugar del de abajo (el/la empleada, el/la hijo/a…) A veces haciéndose “colegas” porque no pueden ejercer el lugar de autoridad que el sistema les da. Otras veces, puenteando, controlando excesivamente, no delegando, no confiando en las personas que dependen de él en el sistema. En el fondo con una falta de confianza. Estas personas tienden a hablar mal de sus equipos, están continuamente centrados en “lo que les falta” y no en lo que tienen, proyectan cómo deberían ser, y, normalmente, se miran poco a si mismas para reconocer en qué tienen que mejorar. También se desahogan con el primero/a que pasa.

    Existen muchas otras formas de no estar en mi lugar (daría espacio para un libro) pero siempre es una forma insana de estar. Es insana porque produce sufrimiento, parálisis, incomodidad… Lo sano es, como hemos dicho, reconocer el lugar que ocupamos y centrarnos en él. Tampoco se trata de sufrir en silencio y no abordar situaciones desajustadas que producen personas que están en otros lugares del sistema que no son el mío. En las situaciones conflictivas que he descrito se puede hablar con el superior o inferior desde mi sitio. Es muy distinto decir (acompañado de un sentimiento de rabia o de victimismo): “Deberías cambiar esto, eso, aquello…” que decir, desde mi sitio: “Desde lo que yo puedo ver, creo que podrías plantearte esto…” Os propongo un ejercicio, preguntaros: ¿Cómo sería decir lo que quiero decir desde mi lugar? Seguro que es mejor.

    Seguimos en los comentarios, siempre nos ayudan a todos/as

    Una respuesta a «Estar en mi sitio, ocupar mi lugar.»

    1. Avatar de RAMON ALFONSO
      RAMON ALFONSO

      Muchas gracias, Juan.
      Me ha parecido una reflexión muy certera, que arroja luz y nos ayuda a discernir, no solo en el contexto laboral, la diferencia entre lo que estamos llamados a aceptar y lo que podemos cambiar.

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  • Apreciar

    Apreciar

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    Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

    A estas alturas seguro que ya conocéis mi manía por las palabras. Me parece que las palabras y la comunicación son las grandes herramientas que los seres humanos tenemos. Somos seres sociales y con la comunicación conseguimos llegar al otro/a en la medida que podemos. Por eso me parece muy importante elegir bien las palabras. Con las palabras podemos herir o curar, podemos alejarnos o acercarnos, podemos odiar o amar…

    Me pasa, a veces, que una palabra se mete en mi inconsciente, no sé muy bien por qué, y durante una temporada la digo mucho. Estas semanas, se ha producido este fenómeno con la palabra “apreciar”. Me sale decir: “mirada apreciativa”, “apreciar lo que tenemos”, “apreciar lo que nos pasa”… Es curioso.

    Apreciar puede ser una herramienta poderosa para el liderazgo.

    Como siempre, me he ido al diccionario de la RAE y, una vez más, ha confirmado con creces lo que yo estaba sintiendo y pensando.

    La RAE establece tres acepciones para la palabra apreciar:

    1. Reconocer y estimar el mérito de alguien o de algo.

    2. Sentir afecto o estima hacia alguien.

    3. Percibir algo a través de los sentidos o de la mente.

    Interesante ¿Verdad? Y a mí me sale que tiene mucha conexión con lo que estamos hablando en este blog, con el liderazgo. Trato de explicar cómo aplicar el aprecio como herramienta del liderazgo desde la confianza:

    • Apreciarme: creo que es el primer paso. Sin este paso bien construido es difícil que podamos dar los siguientes. Es decir, dedicar tiempo a decirme cosas buenas, a reconocer lo que hago bien, a agradecer los dones que tengo, a cuidarme. Una autoestima sana es la base sobre la que construimos el desarrollo personal.
    • Apreciar a otros: es lo que yo llamo tener “mirada apreciativa”, es decir, poner por delante el afecto y la estima que sentimos hacia los que nos rodean. En el caso del liderazgo, poner por delante lo bueno que hacen las personas de nuestros equipos, sus cualidades, sus aciertos, sus capacidades antes que sus errores, sus defectos, sus incapacidades. Es muy importante, creo que fundamental, que nos concienciemos y pasemos tiempo “apreciando” a las personas. Una propuesta que os hago es la siguiente: elegid un día de la semana que viene y decidid que ese día solo vais a tener mirada de aprecio con las personas que os encontréis. Si tenéis un encuentro o una reunión, antes de empezar tomad conciencia de que esa va a ser vuestra actitud, y cuando se dé el encuentro o reunión, estad en modo apreciativo, mirando a las personas, reconociendo lo que tienen de bueno en cada caso, alejando los pensamientos negativos o de mejora que nos vienen. Sólo apreciando. Seguro que será bueno, haced la prueba. Otra cosa buena de apreciar a los otros, es que no ponemos la mirada en nuestro YO inmenso que lo ocupa todo y esto aligera la vida. No nos centramos, de manera narcisista, en mis problemas, mis deseos, mis agobios… Apreciar a los otros/as nos descansa del agotamiento de mirarnos siempre a nosotros/as mismos/as.
    • Apreciar/contemplar: la tercera acepción dice “percibir algo a través de los sentidos o de la mente”. Esto me ha llevado al contemplar del que solemos hablar los creyentes (oración contemplativa) que me parece una manera estupenda de estar en la vida. No se trata de un tema sólo espiritual, sino de poder estar en la vida contemplando de manera apreciativa lo que la vida nos trae. Apreciar la naturaleza, apreciar lo que tenemos y agradecerlo, apreciar la comida y su sabor, la textura de las cosas, los olores cotidianos, los sonidos de la vida y por supuesto, la mirada de todo lo que nos rodea. Creo que para los que trabajamos con personas y los que tenemos responsabilidades que pueden derivar en estrés, es muy bueno apreciar/contemplar todo lo que podamos. Al menos, dedicar un rato al día para pararnos y escuchar (apreciar) aunque sea nuestra respiración y el latido de nuestro corazón. Si somos capaces de apreciar, poco a poco, se nos ensanchará la mirada y el corazón.

    Me gusta esto de jugar con las palabras, me ayuda. Creo que en el liderazgo hay muchas palabras que están bien pero pueden empezar a estar gastadas o vacías (motivar, desarrollar, conseguir, alcanzar…). Quizás podemos ir sustituyéndolas por otras que nos vayan ayudando a tener una mirada distinta (alegrar, apreciar, fuente, propósito…).

    ¿Qué tal si seguimos en los comentarios?

  • La liturgia de las cosas.

    La liturgia de las cosas.

    wood sunset fashion people
    Photo by Florian G on Pexels.com

    Seguro que os extraña el título, ¿Qué hacemos hablando de liturgia en un blog dedicado al liderazgo?. Es una expresión que yo uso a veces para referirme a que las cosas que hacemos con las personas tienen que tener un cuidado especial para que los encuentros que tengamos puedan llegar a la mejor comunicación posible de la que somos capaces.

    Quiero decir que muchas veces, para que las cosas tengan lugar, para que lo que esperamos se dé, tenemos que preparar con mimo y cuidado el cómo hacemos las cosas. No estoy hablando de los procesos o procedimientos que muchas veces tenemos y que definen el cómo de lo que hacemos. Estoy hablando de cuidar el espacio, el tiempo, la cadencia, la armonía para que los encuentros sean lo más abiertos posibles y enriquecedores para los que participamos en ellos.

    Cuidar el espacio, el tiempo, la cadencia, la armonía hacen que los encuentros sean lo más abiertos posibles.

    Una persona que conozco, siempre me dice que soy un maniático de la liturgia. Antes de una reunión, un evento, un encuentro trato de mirar el ambiente. el espacio, el tempo… para asegurarme que va ayudar a aquello que pretendemos.

    Creo, por experiencia, que muchas veces no llegamos a lo que queremos porque no hemos tenido en cuenta esto. Me explico: a veces hacemos las cosas a prisa y corriendo, tenemos encuentros en los que necesitamos tranquilidad e inspiración en entornos fríos y entre reunión y reunión, tenemos conversaciones complicadas con una mesa de por medio que supone barrera y distancia etc., Seguro que se os ocurren otros ejemplos. Estaría bien que pensarais una conversación que no fue bien o un encuentro en el que teníais puestas muchas expectativas y al final no cumplió con lo esperado. Pensad cómo fue la liturgia de las cosas: el espacio, el tiempo, el ritmo, etc. y darle vueltas a que creéis que debería haber sido distinto.

    Hablo de liturgia apropiándome durante un segundo y con respeto de lo que hace la Iglesia. Las ceremonias están pensadas para conseguir que las cosas espirituales se den, en la Iglesia católica hay liturgistas, personas dedicadas a pensar en la liturgia por la importancia que tiene esto. Creo que es una buena analogía de lo que pretendo contaros.

    Voy a poner algunos aspectos que me parece que tenemos que cuidar cuando tenemos encuentros.

    El cuerpo: para mi es muy importante leernos, saber cómo estamos y prepararnos para que las cosas ocurran. Me estoy refiriendo a que muchas veces pasamos sin solución de continuidad de unas cosas a otras sin cambiar el registro ni la energía. Es muy importante, leernos, tranquilizarnos, ser conscientes de lo que vamos a hacer, imaginad al otro y dedicar unos minutos a visualizar el encuentro, a empatizar con las otras personas. Cuando tengáis un encuentro importante os aconsejo empezar siempre con un tiempo de meditación. Primero vuestro personal si vais a coordinar el encuentro antes de comenzar y luego de todo el grupo al comienzo del encuentro.

    El horario en el que se va a realizar la reunión o encuentro es otro aspecto importante. No es lo mismo realizar un encuentro a primera hora de la mañana que a última de la tarde. Cada hora nos inspira una cosa a las personas. Yo a primera hora de la mañana, con la frescura del día, trato de poner reuniones que llevan al hacer, a la acción; sin embargo, a última hora de la tarde prefiero una charla tranquila y serena. Este es un aspecto que cuando proponemos algo tenemos que pensar.

    El lugar: yo creo que tenemos que cuidar mucho los locales en los que nos reunimos. Una cosa que no ayuda nada son oficinas o cuartos que no dicen nada porque son muy fríos pero, a mi me parece, que un espacio desordenado o lleno de cosas distrae y además, distorsiona las conversaciones. Si vamos a hacer un encuentro de varios días con un equipo tenemos que cuidar mucho dónde nos vamos a juntar. La armonía de la naturaleza nos puede ayudar muchas veces.

    El tiempo: el tiempo de duración de nuestros encuentros es muy importante. Aquí no estoy hablando de un tema para gestionar mejor el tiempo, sino que estoy hablando del tiempo justo que se tiene que dar para que el encuentro se dé. A veces, nos quedamos cortos porque tenemos que acabar rápido, porque tenemos otra reunión después… en estas ocasiones sentimos la sensación de que se quedan muchas cosas por hablar y, si hemos conseguido el clima necesario, será difícil volverlo a encontrar, ya no será lo mismo. Otras veces, nos alargamos innecesariamente, alargando el tiempo o la conversación ya sin sentido. Esto deteriora lo conseguido seguramente, como dicen en baloncesto son «el tiempo de la basura». Mi consejo es que es mejor quedarse con buen sabor de boca aunque nos parezca que no ha sido suficiente que alargar el tiempo innecesariamente. También hay que leer el tiempo de las relaciones. Por ejemplo, no es bueno que una persona tenga un mismo coach indefinidamente porque llegará un momento que ya la relación no enriquece y es mejor dejar paso a nuevas personas y relaciones.

    El tempo: a mi me encanta hablar del tempo de una reunión. Pensar una reunión (sobre todo si es de reflexión) en modo de tempo, como una obra de teatro: comienzo, nudo y desenlace. Tendremos que pensar qué ponemos al inicio para que poco a poco se vaya dando la conexión entre los participantes (comienzo o contexto). También pensaremos cómo vamos a dinamizar para que se de la reflexión, como haremos para que todos/as participen, para que profundicemos suficiente (nudo). Y, finalmente, como acabaremos: como llegarán las conclusiones para que sirvan, si vamos a acabar celebrando lo vivido etc (desenlace).

    El símbolo: usar el símbolo es una cosa importante que he ido aprendiendo a lo largo de los años. El símbolo ha sido usado por todas las culturas ancestrales de la humanidad. A mí me recuerda a los chamanes que me conectan con esas partes de mi, profundas y escondidas pero verdaderas. En nuestros encuentros podemos echar mano del símbolo (un dibujo, una figura, un elemento de la naturaleza, una canción…). Suelen ser elementos que nos recuerdan la energía generada, lo que allí tuvo lugar y recogen lo invisible del corazón de todos/as las participantes.

    Bueno, espero que me haya explicado sobre lo que quería decir con la liturgia de las cosas, me parece muy importante. De todas maneras para que surta efecto, para que produzca su magia, lo más importante es saber leer al grupo (el momento en el que está, cómo son las relaciones, la historia que nos une etc..) Esta intuición nos hará acertar con la liturgia adecuada para que nuestros encuentros nos lleven a la creatividad, a la conexión y al futuro que está naciendo.

    Seguimos en los comentarios.

    3 respuestas a «La liturgia de las cosas.»

    1. Avatar de Marga
      Marga

      Muchas gracias Juan, muy buena síntesis y muy bien explicada que me ha ayudado a poner orden en experiencias previas, que mirándolas desde estas claves que tú propones, comprendo cómo habrían podido ir mejor. Tomo nota y lo incorporo. Gracias por compartirlo!

    2. Avatar de Paloma
      Paloma

      !Qué necesaria tu reflexión Juan! Gracias

      Las personas y organizaciones somos muy valiosas y el cuidar esta «liturgia» nos lo recuerda. Además si realmente la «mimamos», se realza o activa lo que hacemos o pensamos.

      Todos nosotros tenemos el derecho de que nos cuiden en los encuentros y el deber de facilitarlo y reconocerlo.

      Se trata de crear un contexto de positivo y de crecimiento para dar SENTIDO a la comunicación y encuentros.

      1. Avatar de Juan

        Muchas gracias, como dices en el fondo el cuidado es lo que hace la diferencia.

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  • ¿Urgente o importante?

    ¿Urgente o importante?

    Photo by Ricardo Arce on Unsplash

    Desde hace muchos años se habla de la distinción entre urgente e importante. El libro «Siete hábitos de la gente altamente efectiva» de Stephen Covey desarrolla la teoría de los cuadrantes en la que se clasifica las tareas pendientes en urgentes o importantes (https://lamenteesmaravillosa.com/los-4-cuadrantes-de-stephen-covey-para-gestionar-el-tiempo/). El análisis está bien y ayuda en nuestra gestión del tiempo. Sin embargo, yo siempre he pensado que faltaba lo más importante (valga la redundancia): saber qué es «lo importante». Para poder situarnos en la realidad tendremos que saber qué es lo importante. Me gustaría que os sentarais unos minutos, os pusierais una música tranquila, os relajarais y después respondierais a esta pregunta: ¿Qué es lo importante en mi vida? ¿Qué es lo importante en mi organización?

    Puede haber muchas respuestas o quizás no sepamos responder bien a esta pregunta. Es un buen ejercicio porque nos ayuda a tomar conciencia y, si lo hacemos bien, nos ayudará a simplificar la vida.

    Lo importante es aquello que queremos ser y que a la vez nos fundamenta.

    Desde mi punto de vista, solo desde mi perspectiva, en una organización lo importante es aquello que queremos ser y que a la vez nos fundamenta. El propósito y la fuente de los que ya hablé en otra entrada (ver aquí). Una organización debería formular ese propósito que nos une con lo que somos y nos lanza hacia lo que queremos hacer. Entonces, si el propósito es lo importante, tenemos establecido el criterio de discernimiento para poder estar en la realidad y tomar decisiones sobre lo que hacemos y, muy importante, sobre lo que dejamos.

    Voy a poner algunos ejemplos:

    • Imaginemos que una organización tiene como propósito: «mejorar la salud de los ciudadanos», entonces la pregunta que tiene que hacerse en cada caso, en cada decisión es si esto que vamos a hacer o decidir contribuye a la mejora de la salud de los ciudadanos. La mirada tendrá que ser de mucha sinceridad porque solemos autoengañarnos mucho. Podemos decir: «bueno esto en concreto no ayuda directamente pero es una base necesaria para…». No digo que esto no sea necesario, pero si el 90% de las veces es una respuesta de este tipo, es señal de que la organización está descentrada y deberemos hacer un ejercicio de humildad para reconocerlo y un ejercicio de recentramiento para eliminar muchas cosas y excusas que nos descentran.
    • Una organización que está centrada en lo urgente es una organización «pollo sin cabeza» que está dando vueltas sobre si misma, sin sensación de avance, con sensación de cansancio, donde la energía se pierde y las personas tienen sentimientos de pérdida de energía en forma de cansancio o ansiedad o tristeza…
    • Una organización que está en lo importante, sabe dejar de hacer cosas que no contribuyen. A veces las organizaciones, no saben dejar cosas que no aportan nada a lo que quieren ser. Por ejemplo, un colegio puede creer que lo importante es «la educación en valores de los chicos/as» (este es el propósito que se han dado) y sin embargo puede estar todo el rato centrada en los turnos de los profesores, en el reparto de las clases, en los horarios etc. En este caso, tendrá que hacer una reflexión y dejar esto que la urgencia les impone para trabajar en cosas más centradas en lo importante. Una forma de dejar este tema sería delegarlo en una persona y que ella se ocupe completamente sin que toda la organización o el equipo directivo tenga que estar ocupándose de esto y darle a esa persona plena responsabilidad sobre esto.
    • En mi vida, he visto muchos/as lideres que no se centraban en lo importante, la mayor parte de las veces porque les incomoda, porque lo ven difícil o porque supone conflicto. Hay líderes que se pasan la vida en el ordenador para no tener que estar con las personas. Lo importante para un líder siempre serán las personas de su equipo porque ese es su función primordial. Entiendo que es cansado pero esa es nuestra labor fundamental.
    • La sensación de urgencia es como una droga para algunas personas. Todos/as conocemos personas que están todo el día viviendo en lo urgente: todo el día al teléfono, contestando mails, convocando reuniones a todas horas etc. Estas personas piensan que si están llenas de tareas son útiles, se sienten útiles así. Sin embargo, generan ansiedad a su alrededor y, si preguntamos a las personas que dirigen, nos dirán que no tienen sensación de avance. Cuando una persona está en lo importante hay una sensación de calma, de serenidad alrededor. Trabajar en lo importante es trabajar en el futuro y esto supone procesos lentos de cambio, lentos peros seguros. No hay una sensación de prisa.
    • Para poder estar centrados/as en lo importante es muy necesario que nos cuidemos. Esto es parte de lo importante. Covey en su libro lo llama «afilar la sierra». Es decir, tenemos que tener ratos para nosotros/as mismos/as, para descansar porque solo así podremos volver a trabajar con una energía positiva.

    He hablado mucho desde las organizaciones pero todos estos ejemplos sirven para nuestras vidas. Creo que centrarnos en lo importante es la mejor forma de vivir. Podríamos mirar nuestra vida y ver cuantas cosas hacemos porque nos dicen, porque nos arrastran las circunstancias, la responsabilidades mal entendidas etc. Sería un buen momento para que cogieras una hoja en blanco e hicieras una raya en la mitad. Titulas la hoja: «lo importante para mi es… » (escribes cuál sería tu propósito vital). En la columna de la izquierda pones las actividades de tu vida que están centradas en lo importante y en la columna de la derecha pones las actividades que no están centradas, les llamaremos urgentes. Con las actividades urgentes tendrás que pensar cómo las eliminas o como las minimizas. Seguro que te ayuda a simplificar y centrar tu vida.

    Una reflexión final, una experiencia que tenemos todos/as es que cuando se nos muere alguien cercano, cuando tenemos una enfermedad difícil, cuando tocamos nuestros límites somos muy conscientes de lo importante. Y lo expresamos así: «me doy cuenta de que lo importante es…» . Volver a esos momentos, a esas intuiciones profundas una y otra vez en nuestra vida nos ayuda a estar centrados/as, volcados en lo esencial.

    Seguimos en los comentarios

  • Cuidar, cuidarnos.

    Cuidar, cuidarnos.

    hands people friends communication
    Photo by Pixabay on Pexels.com

    Permitidme esta semana que esta entrada sea más personal, es lo que siento en este momento y ocupa mucho lugar en mi cabeza. El pasado miércoles murió un buen amigo, era de mi edad y era director general como yo. Tenía una dilatada carrera llena de «éxitos». Era una persona buena y entregada a su trabajo, quizás demasiado. Como los dos compartíamos la misma responsabilidad, casi siempre nuestras conversaciones se centraban en nuestras empresas y proyectos; pero, aunque él era reservado, de vez en cuando hablábamos del peso de la responsabilidad, de la carga de seguir creciendo, de la presión que las empresas ejercían en nosotros y de nuestra preocupación para que esta presión no la trasladáramos a los equipos que dirigíamos y a nuestras familias y vida personal.

    Mi amigo estaba muy preocupado desde hace unos años por la sostenibilidad y la diversidad en las empresas. Compartía con ojos ilusionados su visión de que las empresas fuéramos más comprometidas y un modelo social para que el mundo fuera más habitable.

    Poner a las personas en el centro, es poner en el centro el CUIDADO, cuidar a las personas por encima de todo.

    Estos días me ha venido mucho a la cabeza esto que hablábamos y que él soñaba. ¿Qué es la sostenibilidad para un modelo de empresa centrado en las personas? Ahí va mi visión para quien le pueda ayudar, como siempre es mi forma de ver las cosas basada en mi experiencia y nadie tiene por qué compartirla.

    • El modelo de crecimiento continuo va a agotar el planeta pero ya está afectando a la salud de las personas: el modelo de creer que cada año tiene que ser mejor que el año anterior, que todo tiene que crecer, el modelo basado en objetivos crecientes es agotador. Esto está afectando a las personas en las organizaciones y no sabemos cómo pararlo. La sociedad consumista es la que sostiene este modelo y a esos contribuimos todos/as.
    • Competir es una mala palabra: hablamos de la competencia continuamente, de rankings, de liderazgos etc. Esto también nos hace daño, porque es centrarnos en la comparación y centrarnos en lo que nos falta y no en lo que podemos desplegar y potenciar. Imaginaros que estuviéramos hablando así a nuestros hijos: «no eres el líder de la clase», «Juanito te saca tres puntos en las notas este mes, algo tendrás que hacer para cogerle».
    • El modelo de liderazgo basado en la exigencia y el control impacta en las personas. Hemos creído que liderar es exigir. Aunque los modelos de liderazgo estén evolucionando, sutilmente siguen basados en la exigencia y eso genera tensión. Una persona que trabaja conmigo y que es muy sabia me decía: «la exigencia se tiene que caer». ¿Y si se cae la exigencia que queda? El amor es la respuesta. Vamos a mirarlo como padres; tenemos que tener mucho cuidado con la exigencia a nuestros hijos/as. Algunos ejemplos de cómo nuestro modelo educativo está basado en la exigencia: proyectar lo que deben ser, que elijan la carrera que tiene más salidas, la consabida frase que odio de algún profesor: «tu hijo puede dar más», profesores/as que suspenden con 4,75 para «que se esfuerce más», el propio modelo educativo basado en las notas etc. Esto no quiere ser ingenuo, un liderazgo basado en el amor pone límites, porque poner límites es un acto de amor. Pero poner límites no es exigir. Exigir puede llevar al «nunca es suficiente».
    • El modelo social de «éxito» se tiene que caer pero de verdad. No nos lo acabamos de creer pero en el inconsciente ¿a quiénes admiramos? ¿Qué deseamos para nuestros hijos e hijas?

    Podéis pensar que es una utopía, lo sé. Sin embargo, yo no creo en la utopía y sí en la esperanza de levantarnos cada día para hacer posible eso en lo que creemos. Si queremos unas organizaciones en las que las personas tienen que estar en el centro, tendremos que poner en el centro de todo el Cuidado, el cuidar a las personas por encima de todo, por encima incluso de lo que las organizaciones pretendemos y no ponerlo en un modelo que exige, porque afecta a nuestra salud física y mental.

    Para acabar, quiero hablaros de Paloma. La mujer de mi amigo, una mujer fuerte, valiente y delicada, llena de luz. Ayer nos hablaba, en el funeral, de sostenibilidad, el sueño de su marido y en lo que ella está comprometida. No hay mejor forma de hablar del amor, que compartir los sueños por un mundo mejor. Toda mi admiración y cariño. Cuídate Paloma.

  • ¿Motivación o alegría?

    ¿Motivación o alegría?

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    Photo by Luis Quero on Pexels.com

    En los entornos de trabajo se habla mucho de motivación, el/la líder debe motivar, el personal debe estar motivado, la motivación es un elemento fundamental etc. Sin embargo, no estoy del todo seguro que la motivación sea una buena palabra para lo que yo llamo liderar desde la confianza. En primer lugar, (ya sabéis que me gustan las palabras) me he ido al diccionario a ver qué ponía en la definición de motivar. La tercera acepción dice: «influir en el ánimo de alguien para que proceda de un determinado modo» y pone un ejemplo: «el profesor motiva a los alumnos para que estudien». Me ha hecho pensar, y, no sé, me viene algo de utilitarismo, ¿podría darse que el profesor motivara a los alumnos para que sean lo que ellos/as quieran? La definición me parece un poco manipuladora: «para que proceda de un determinado modo», es peligroso porque ese «determinado modo» ¿es él que yo quiero?, ¿el que la organización necesita? ¿o el que el equipo quiere? ¿se podría «motivar» para que las personas descansen y no se estresen si esto es lo que las personas necesitan en un determinado momento? Como siempre el diccionario me abre los ojos y, en este caso, me ha desvelado algo que yo sentía dentro y no le podía poner nombre. Nunca me ha gustado la palabra motivación, motivar, estar motivado. Una cosa que me pasa mucho últimamente es que no me gustan las palabras que denotan tensión, presión, peso… y motivación, sutilmente me parece que carga. Seguramente es muy subjetivo pero es lo que yo siento.

    Alegría: «sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores»

    Diccionario RAE

    Pensaba qué palabra podríamos usar para hablar de cuál es el clima que ayuda a que una persona o un grupo que dirigimos pueda desplegarse. Y me ha venido alegría. Una vez una persona amiga y creyente me dio un consejo que me parece muy bueno: «el indicador para conocer el camino del Reino es la alegría, si estás alegre estás en el camino». He buscado en la RAE la definición de alegría: «sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores». Me ha gustado. Sobre todo, lo de «vivo». Es lo que andaba buscando. Un grupo alegre está vivo. Una persona alegre está viva. Probablemente sería mucho mejor que los/las líderes dijéramos: «buscamos la alegría», «el equipo está alegre» o «trato de alegrar a mi equipo». Creo que las palabras hacen el cambio y si usáramos alegría en vez de motivación quizás quitemos peso, carga, esfuerzo para conseguir esa base de la que siempre hablamos, el suelo fértil donde la persona pueda desplegar su potencial.

    La alegría de la que hablo tiene algunas características.

    • No es ingenua: está incardinada en la realidad y la asume de manera muy consciente, al mismo tiempo, ayuda a observar el presente y el futuro de manera apreciativa.
    • No es estar todo el día riéndonos. La alegría está de fondo, permanece incluso en los momentos más difíciles y duros. Para esto tenemos que cuidarla, recogerla, apreciarla como un valor muy importante siempre.
    • No es superficial: las personas más desarrolladas que conozco, las que están consiguiendo desplegar lo mejor de ellas mismas, son personas alegres. Son personas alegres no un momento, a ratos, son personas alegres de fondo. Les miras la cara y especialmente a los ojos y tienen una alegría serena, profunda. Son personas que han vivido mucho y, por tanto, también han sufrido mucho pero han amanecido a la alegría y pueden mirar la vida desde ahí.
    • La alegría es muy seria. El valor es la alegría y no la seriedad, sé que es difícil porque todo lo que hacemos lo teñimos de seriedad: las empresas, los proyectos, los objetivos, incluso los retos. Todo lo que hacemos tiene que ser muy serio y parece que estar alegre supone falta de seriedad. Yo me voy dando cuenta de que la alegría de fondo es lo más serio que tenemos en las manos. Y que estar todo el día con caras graves y tensas no ayuda, más bien dificulta.

    Escribir esto me ha dado luz, a mi me cuesta esto de estar alegre de fondo. Sin embargo mi propuesta es que a partir de hoy hablemos de equipos alegres en vez de equipos motivados. Me gustaría que os hicierais estas preguntas y me respondierais en los comentarios: ¿Es mi comunidad, mi equipo, mi familia, mi…. alegre ? ¿Qué pequeño paso (solo uno) podría dar mañana para avanzar hacia la alegría?

    No todo en el diccionario está bien. Al leer la definición de alegría, en la tercera acepción dice: «irresponsabilidad, ligereza». Es verdad que, a veces, la usamos así: «se ha tomado las cosas con demasiada alegría». Tenemos que estar muy rotos y ser muy escépticos para que hayamos transformado a ese punto la palabra alegría. Deberíamos hablar con la RAE. Os deseo una alegre vida.

  • Las actitudes básicas del/la líder

    Las actitudes básicas del/la líder

    Photo by Nick Fewings on Unsplash

    Otro día estaba hablando con una persona sobre la confianza y me decía: «esto es imposible porque donde yo trabajo todo está basado en la desconfianza». Nos surgió la pregunta: ¿Es posible que un líder trabaje la confianza en una cultura de desconfianza? ¿Qué actitudes tiene que desplegar? La conversación se nos fue por muchos derroteros y filosofías, nos hizo bien, pero la pregunta quedo abierta.

    Mi opinión es que esto de crear cultura de la confianza es un trabajo inagotable pero toda una aventura. Mi experiencia es que hay personas que crean esa cultura a pesar de los condicionantes externos, de las dificultades del entorno, de los cliches socioculturales… pero ¿Cómo hacerlo?.

    Podría poner ejemplos y dirigir esta entrada al lado racional del cerebro y estaría bien. Sin embargo, hoy me dirigiré al lado creativo, sensible que aprende de otro modo: abierto, inspirado, que no quiere recetas sino horizontes. Lo hago así sencillamente porque a mí me ayuda y me abre la mirada.

    ¿Es posible que un/a líder trabaje la confianza en una cultura de desconfianza? ¿Qué actitudes tiene que desplegar?

    Para mí, las actitudes básicas para crear una cultura de la confianza (y no morir en el intento) son tres cosas, de algunas de ellas ya he hablado en otras entradas:

    • La mirada: un/a líder tiene que mirar a los otros con una mirada de apreciación, de cariño, de creer en ellos y esto hace la diferencia. Esta mirada crea el suelo fértil para trabajar y para que cada persona despliegue lo que tiene ella de bueno, de positivo, sus dones. Pero también el/la líder tiene que tener una mirada apreciativa sobre si mismo/a, es decir mirarse con cariño, con rectitud y verdad, pero siempre desde un quererse construido sobre la base de una sólida autoestima. Una autoestima que se alegra con los aciertos y las cualidades y que puede mirar con amor los fallos y errores para crecer y aprender.
    • La esperanza: a pesar de que la cultura dominante en las organizaciones sea la de desconfianza, un/a líder que quiere trabajar desde de la confianza, tiene que estar lleno/a de esperanza en un futuro mejor. Mi frase favorita es: «mucha esperanza, pocas pretensiones». Está llena de sabiduría, la esperanza es una brisa de futuro. Las pretensiones tensan y sobre todo nacen de nosotros mismos, de nuestro ego y pueden llegar a crear una mala exigencia a los/as que dirigimos aún cuando queramos ayudarles con la mejor voluntad. Nuestra esperanza no es una esperanza ilusa, alejada de la realidad. Es una esperanza que cuenta con la realidad y la mira con ojos adultos y conscientes pero que, a la vez, ve en el fondo una corriente de luz y de futuro. El secreto está en hacer de esa realidad, como diría Pessoa, «un camino nuevo, un paso de danza, una escalera, un puente, un encuentro» (enlace al poema)
    • El servicio: el/la líder de la confianza siempre tiene que estar atento/a para servir a las personas. La actitud fundamental para servir es la humildad. Esta humildad hace que sepamos que no tenemos todas las respuestas, que el centro son las personas y no nosotras/os mismas/os, que no estamos para dar sermones, discursos o lecciones sino que estamos para los/as demás, para que desarrollen la mejor versión de si mismas. Esta actitud humilde también se basa en que sabemos que nosotros no somos la Verdad, sino que somos instrumento de la Verdad, una Verdad que está por encima de nosotros/as pero que nos une a todos los seres humanos.

    Como veis, hoy me he levantado filosófico. Sin embargo, es la única manera que se me ocurría para transmitir lo que siento ante la pregunta ¿Cuál es la actitud del/la líder ante la cultura imperante?

    Para acabar os pongo una canción de Silvio Rodríguez que resume muchísimo mejor que yo lo que he tratado de escribir en esta entrada. «Debes amar la arcilla que va en tus manos» y «solo el amor consigue encender lo muerto». Sobran las palabras.

    Me gustaría muchísimo que escribierais vuestras experiencias en los comentarios.

    2 respuestas a «Las actitudes básicas del/la líder»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Gracias Juan

      Quizás sin pretenderlo, tus artículos son una invitación a vivir una versión actualizada del cristianismo, exenta de elementos moralizantes, y llena de estímulos creativos.
      Un cristianismo atractivo.
      Gracias

      Javier

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti, Javier. Supongo que es lo que está de fondo. 🤗 un abrazo

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  • Para cambiar…

    Para cambiar…

    Photo by Priscilla Gyamfi on Unsplash

    Un tema con el que nos enfrentamos todas las organizaciones es la gestión del cambio. Toda organización evoluciona y se transforma (como la materia) incluso si no hacemos nada. A veces, cuando creemos que una organización está parada, está evolucionando; muchas veces se va deteriorando, pero, también, puede estar en un estado de calma evolutivo e interior y aunque aparentemente no veamos un cambio, interiormente hay una evolución. Como veis, el cambio en las organizaciones es como el cambio en las personas o muy parecido.

    Los/as líderes cuando pensamos en los objetivos, en la visión o en el propósito, tenemos que pensar en el cambio. ¿A qué nueva dimensión o estado tiene que evolucionar la organización? ¿Qué tenemos que cambiar y qué debe permanecer? ¿Qué tenemos que dejar de hacer y qué tenemos que incorporar? ¿A quienes tenemos que ayudar a cambiar y a quienes tenemos que respetar su posición? ¿Cuál es el ritmo del cambio (rápido, lento…) y por qué? Éstas y otras preguntas deberíamos hacernos los líderes cada cierto tiempo y coger un papel y un lápiz y escribir o dibujar dónde estamos y dónde queremos llegar. En realidad no sólo las organizaciones, sino que éste es un buen ejercicio para hacerlo personalmente. ¿Dónde estoy y a dónde quiero llegar?

    «Para cambiar hay que dar signos de cambio»

    «Para cambiar hay que dar signos de cambio» esta es una frase que vengo repitiendo hace muchos años basada en la experiencia que he tenido. Lo que quiero decir es que para cambiar no basta con la intención, ni sólo con el deseo (aunque, por supuesto, deben estar). Para cambiar hay que hacer cosas distintas a las que hacíamos, hay que abrir espacios nuevos para que el cambio se dé, hay que incorporar comportamientos, personas nuevas etc. Os cuento algunas experiencias:

    • Espacios: una cosa que siempre hago y me ayuda en el cambio es pensar cómo serían los espacios en los que trabajamos para conseguirlo. Por ejemplo, si queremos evolucionar a una organización que trabaje en equipo tendremos que poner más puntos de reunión (formales e informales). Si queremos pensar en mayor apertura y más transparencia tendremos que pensar en quitar barreras, despachos cerrados etc. etc. Hace ya algunos años teníamos el problema de que un departamento pequeño tenía muchas dificultades para entenderse con otro con el que constantemente tenía que trabajar. El tema estaba enquistado y habíamos hablado mucho con los dos departamentos de la importancia del trabajo en equipo pero no habíamos conseguido gran cosa. Decidimos, entonces, sentarlos juntos y mezclados en las mesas y la cosa funcionó.
    • Símbolos: a veces los equipos (y las personas) vivimos experiencias que son muy significativas y muchas veces son fundacionales. Por ejemplo una convivencia fuera en la que todos/as fuimos sinceros/as o en la que nos comprometimos con una nueva etapa. Es bueno recordar ese momento significativo con un símbolo que nos ancle con esa experiencia y que siempre nos permita volver a ella. Por ejemplo, yo tengo en el despacho una piedra que recogí en las montañas de Argentina después de una experiencia que fue muy importante para mí. Me gusta tocarla y me conecta con lo mejor de mí mismo, con lo que viví y pensé esos días. Esto se puede hacer a nivel organizativo: mirad qué símbolos están colgados en las paredes y si os representan o si os dicen algo.
    • Hábitos: cuando pensamos en el cambio es muy importante fijarnos en los hábitos organizativos para ver si son una ayuda para la transformación o si son un obstáculo. Los hábitos pueden ser los horarios (cuándo entramos, cuándo salimos, cuándo comemos…) o pueden ser las cosas que siempre hacemos igual (cómo recibimos a los que nos visitan, cómo nos formamos, cómo celebramos). La/el líder tiene que pensar en los hábitos que tienen que ir naciendo y aquellos otros que debemos ir dejando. Por ejemplo, una organización que estaba muy metida en una cultura del hacer y quería ir más hacia una cultura del pensar, estableció que durante todos los viernes durante una hora no podría haber reuniones, y que ese tiempo sería para pensar sobre el trabajo realizado durante la semana y el que vendría la semana siguiente. Estableció que sería un tiempo de silencio total, se descolgarían los teléfonos y puso una música suave durante este tiempo para recordarlo a todas las personas.

    Como veis, para cambiar hay que dar signos de cambio creo que es un buen tema sobre el que todos/as podríamos reflexionar. Haceros la pregunta: ¿Qué signos de cambio tendría que incorporar en mi organización para conseguir la evolución que necesitamos? Durante el confinamiento del año 2020 se produjeron cambios en las personas a la velocidad de la luz, como nunca antes, precisamente porque había cambiado bruscamente la forma de vivir al estar encerrados en casa (un enorme «signo de cambio»). Este proceso podemos vivirlo con dos actitudes: la resistencia o el duelo por lo que he dejado o voy a dejar o bien con la alegría nerviosa del explorador que se adentra en un nuevo territorio desconocido. Tu eliges.

    Cuéntanos tu experiencia frente al cambio en los comentarios a todos/as nos ayuda

    4 respuestas a «Para cambiar…»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. A veces uno cambia debido a los cambios que vienen de fuera, adaptándose. Me ha ayudado a ver que el cambio también puede nacer de motivaciones internas, tanto personales como de una organización: de la reflexión, de la necesidad de reorientarse hacia los verdaderos fines, de la previsión y anticipación a los cambios externos…

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, muy buena reflexión.

    2. Avatar de Merce

      Gracias por esta reflexión sobre el cambio Juan, es del todo inspiradora!

      Me viene a la cabeza algo para compartir…las palabras son importantes, crean realidades. Una sola palabra puede llevarnos a la gloria o sumergirnos en la miseria. Siendo así, cabe preguntarse ¿cómo hablamos en nuestra empresa? ¿cómo es nuestro estilo de comunicación? ¿tenemos de esas frases que son casi sentencias? Quizás cambiando algo del lenguaje generamos un cambio en la organización…

      1. Avatar de Juan

        Qué excelente aportación!!!! Como hablamos condiciona lo que somos. Gracias mil Merce

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  • El arte de soplar.

    El arte de soplar.

    Empieza septiembre y retomamos el blog. Espero que el verano haya sido un tiempo de descanso y también de crecimiento para tod@s.

    Hace tiempo que me viene a la cabeza una metáfora que intenta definir lo que vengo llamando liderazgo desde la confianza. La metáfora me ayuda a explicar cual es papel del líder. Se me ocurrió viendo a un niño pequeño soplando un barquito de papel en un pequeño estanque. El niño soplaba y el barquito avanzaba. Si soplaba poco, el barquito casi no avanzaba, si soplaba demasiado fuerte, el barquito volcaba. Contemplando la escena, sentí que definía muy bien lo que quiero decir y aspiro a hacer desde el liderazgo. El papel del líder desde la confianza es soplar.

    La verdad es que, cuando vi la escena, fue una apelación a lo que a mí me cuesta siendo líder cada día. Sonreía viendo cómo muchas veces tiendo a liderar tirando, arrastrando, empujando… Son todos verbos que denotan tensión y que, casi siempre, conducen a un ritmo y a un proceso que no respeta al otro o que trata de ir más deprisa de lo que es preciso. Por eso, al final, me pareció que soplar es un arte: el arte de dar el soplido justo para que el barquito avance a la velocidad adecuada y no vuelque. Al final, el niño consiguió que el barco avanzara a la velocidad justa para surcar las aguas del pequeño estanque.

    «liderar es el arte de soplar para ayudar a las personas a desplegar su potencial»

    Peligros

    Hay muchos peligros que tenemos los líderes si no somos conscientes de que nuestro papel es soplar, ayudar al otro a avanzar. Señalaré algunos:

    • La impaciencia (volcar): muchas veces, con la mejor intención, vemos en el/la otra/o posibilidades de que desarrolle lo mejor, vemos objetivos que se pueden alcanzar y nuestra tentación es soplar demasiado. Tratar de correr, arrastrar o empujar demasiado deprisa. Esto produce siempre malas consecuencias para la persona que dirigimos. Puede producir parálisis, miedo a lo desconocido, puede enturbiar y tensar la relación…
    • La parálisis (calma chicha): a veces puede ocurrir lo contrario. El líder no sopla con la suficiente fuerza y, en este caso, la persona no avanza. Esto se puede producir porque se tiene un excesivo respeto, casi escrúpulos sobre la persona. Una vez un líder me decía que él no era nadie para desarrollar a las personas de su equipo. Entiendo la humildad y el respeto, pero debajo de ello puede haber excesivos escrúpulos y, en el fondo, dejación de la responsabilidad como líder.
    • La salvación (tormenta): hay muchas veces que las personas pasan crisis, son momentos fundamentales en su crecimiento y es especialmente delicado el papel del líder en estos momentos. En estos casos, cuando se desata la tormenta, tenemos la tentación de intervenir. Muchas veces lo hacemos para que la persona no sufra o para protegerla, tratamos de sacarla a flote, nos queremos convertir en “salvadores/as”. Esto tiene muchos peligros, pero el fundamental es evitar un aprendizaje vital. Si somos sinceros todos/as hemos crecido con las tormentas de la vida. En estos casos, estaremos abiertos/as, atentos/as, disponibles para el otro pero el barquito tiene que sortear la tormenta solo. Probablemente, aquí hay que estar pero no soplar.

    Herramientas para soplar.

    Para mí soplar es un arte, y, como tal, no se puede dar un manual de aprendizaje sino que con la experiencia, los errores, el propio crecimiento personal, vamos mejorando en este arte de soplar adecuadamente. Es como esos artesanos del vidrio que, soplando, hacen figuras extraordinarias y que cada una es distinta y tiene el sello de cada artesano. Sin embargo, daré unas herramientas que pueden ayudar en este arte de soplar por si pueden servir:

    • La pregunta: creo que la pregunta es parte fundamental del arte de soplar. La pregunta abierta, interesada, empática que nace desde la escucha profunda del otro/a. Estas preguntas harán crecer. Un/a líder tiene que tener muchas preguntas y pocas respuestas, esto es muy contrario a lo que nos han enseñado desde la imagen clásica del líder.
    • El silencio: tendemos a llenar nuestros encuentros de palabras, sonidos, discursos etc. Normalmente porque no aguantamos el silencio. Sin embargo, en una relación y en un encuentro es muy importante saber aguantar el silencio. Esto dará tiempo al otro, impedirá la impaciencia y esperará que la persona encuentre sus respuestas.
    • La perspectiva: una cosa que ayuda mucho es ver la historia, con perspectiva, de cada una de las personas que dirigimos. Cómo han evolucionado, las etapas que han pasado, el crecimiento que han tenido, lo que han ido logrando, los temas en los que la persona siempre tropieza… Coger perspectiva ayuda a soplar mejor, a saber cual es la intensidad del soplido en cada momento. Una cosa que a mí me suele ayudar es escribir la historia de la persona para darme cuenta en qué momento está y cómo le puedo ayudar.

    El arte de liderar es el arte de soplar para poder ayudar al otro/a a desplegar su potencial. A veces seremos una brisa suave, otras un viento divertido que nos impulsa a volar y otras un viento atronador que, aunque asusta, nos empuja a avanzar. Los creyentes sabemos que el Espíritu, la ruah, es el “viento”, el aliento de Dios. “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” Jn 3-8.

    ¿Seguimos compartiendo abajo en los comentarios?

  • «Distendiendo» que es gerundio.

    «Distendiendo» que es gerundio.

    He empezado esta entrada sabiendo de qué quería hablar pero no sabiendo cómo. He escrito «destensar» que me sonaba bien. Gracias a Dios, he mirado en el diccionario y ¡no existe! Luego mi mujer, Marta, me ha dicho que mejor «descansando», «desconectando» etc. ,pero para esto soy un poco pejiguero (creo que tampoco existe pero no lo voy a mirar) y, por no darle la razón, he buscando en el diccionario y me sale «distender» =»aflojar, relajar o disminuir la tensión». ¡Eso es lo que andaba buscando! El diccionario tiene soluciones para casi todo. Se lo he dicho a Marta pero no se ha quedado muy convencida, me mira con cara rara, me suele pasar algunas veces 😉.

    «distender = aflojar, relajar o disminuir la tensión»

    Diccionario RAE

    Bueno, como es verano, me venía hablar de algo ligero y me ha venido lo importante que es en el liderazgo, en los equipos, aflojar y quitar tensión. Y además, como es una actitud que tiene que estar siempre, creo que lo mejor es no hablar de «distender» sino de «distendiendo», en gerundio,(creo que me estoy liando y me está saliendo un trabalenguas, en fin…). Hay dos maneras que a mí se me ocurren que son muy buenas para crear esto en los equipos. Me explico.

    El humor.

    El humor es una herramienta preciosa, yo creo que una de las mejores herramientas en la vida y especialmente en los equipos. Pienso que los manuales estratégicos y de gestión deberían tener un capítulo dedicado al humor y además entre los primeros capítulos.

    En mi empresa, usamos muchísimo el humor, me parece muy sano y nos quita seriedad, nos quita pesadez, nos devuelve muchas veces a la calma. Todos los años hacemos una cena donde los departamentos hacen con total libertad (confianza) un video donde se parodian cosas que nos pasan. Hace muchos años, decidimos que la mejor forma de celebrar era reírnos de nosotros mismos. Estos videos han hecho historia, más aún, reflejan nuestra historia de una manera preciosa. También tenemos un chat donde el equipo nos felicitamos los cumpleaños con memes divertidos dedicados, «con cariño», a la persona que cumple los años… El humor es parte de nuestra cultura y yo creo que nos hace mucho bien.

    ¿Qué aporta el humor en el liderazgo?

    • El humor aporta distensión, como hemos dicho. Nos quita estrés, nos quita carga, cansancio etc.
    • Reírse de uno mismo, de nosotros/as mismos/as es muy sano porque solo las personas/equipos con buena autoestima son capaces de reírse de sí mismos.
    • El buen humor es muy creativo, normalmente agudiza la inteligencia. Esto ayuda a la creatividad. Cuantas veces una reunión en la que no se nos ocurrían más ideas se ha desbloqueado después de una broma y una buena carcajada.
    • También hay que tener cuidado con el humor, si lo usamos inapropiadamente puede hacer daño. No podemos usar el humor en situaciones conflictivas o conversaciones difíciles o cuando una persona nos está abriendo el corazón… Usar el humor en estas circunstancias es agresivo.

    El descanso.

    Hoy en día, después de la pandemia, se está hablando mucho del teletrabajo, de la conciliación. También muchas empresas están impartiendo cursos de meditación o mindfullness porque se han dado cuenta del enorme estrés y tensión que tenemos en el trabajo y en la vida moderna en general.

    A mí me gusta hablar de descanso, de dar valor al descanso. Un hecho que la experiencia me demuestra es que cuando estamos descansados estamos mejor, pensamos con más claridad, somos más eficaces, somos más comprensivos y menos irritables, se nos ocurren mejores ideas etc. Por eso creo que es muy importante que demos espacio al descanso. La conciliación está bien y me parece muy importante, pero normalmente no significa descanso. Dentro de las cosas que creo que se valorarán en el futuro en las organizaciones es que demos espacio al descanso.

    Para explicaros cómo debe ser este descanso os cuento un experimento que ha hecho un compañero y que lo tiene implantado en su empresa desde hace años. Él da a su equipo un día de descanso «obligatorio» (la experiencia es que la gente tiene tanto trabajo que no quiere cogerse el día). Las condiciones son las siguientes: te tienes que ir a la naturaleza, no vale estar en casa, y allí te das una buena caminata o te sientas a contemplar la belleza. Cuando te hayas calmado piensas en la organización, en tu área de responsabilidad etc. para sacar nuevas ideas o nuevos horizontes. Luego dedicamos una reunión a exponer las ideas que nos han salido a todos/as. Yo lo he probado y es asombrosa la novedad y la claridad de lo que sale. Os animo a probarlo.

    Y para finalizar os pongo un video de Passenger que a mí me gusta mucho y que creo que recoge lo que hemos hablado. Os pido una cosa: que lo pongáis a todo volumen y bailéis un rato en vuestro cuarto.

    Voy a descansar este verano y volveré en septiembre con nuevas entradas. Os deseo el mejor descanso y mucha felicidad. Gracias por estar ahí.

    Seguimos en los comentarios

  • Los dones.

    Los dones.

    Photo by loli Clement on Unsplash

    Muchas veces en las empresas hablamos del talento, de la búsqueda del talento, del desarrollo del talento como uno de los primeros objetivos de las organizaciones. Es un avance porque nos hemos dado cuenta de que las personas son un eje importante en lo que queremos conseguir. Sin embargo, a mí me gusta mucho más hablar de los dones, del despliegue de los dones más que del talento. En primer lugar porque me parece que cuando hablamos de talento nos referimos a él como un bien escaso: unos lo tienen y otros/as no. En cambio cuando hablamos de dones yo creo que todo el mundo los tiene, es algo universal. Cuando hablamos de talento parece que hablamos como algo que hemos conseguido por nuestro esfuerzo, algo de lo que muchas veces nos apropiamos. En cambio, cuando hablamos de dones, hablamos de algo recibido (si eres creyente recibido de Dios y si no eres creyente recibido de la propia vida) y, como algo recibido, regalado, es algo que podemos regalar y dar.

    «El/la líder está llamado a ayudar a otros/as a desplegar sus dones»

    Si alguien me preguntara cuál es la misión del líder, la más importante, la esencial. Si alguien me dijera resume tu pensamiento en una frase sería la siguiente: «el/la líder está llamado a ayudar a otros/as a desplegar sus dones».

    Cómo ayuda el líder a desplegar los dones.

    Está claro que, para mí, la función del líder es ayudar en el desarrollo de los dones de cada persona de su equipo. Daré, como siempre algunas pistas sobre cómo hacerlo de acuerdo a lo que yo he vivido:

    • Darse cuenta de los dones: el/la líder tiene que ayudar a las personas a descubrir cuál es su don y reflexionar personalmente sobre el don de cada persona que está en su equipo. Un ejercicio que suelo proponer a los/as líderes es que hagan un ejercicio de visualización de cada persona de su equipo. Les pido que primero respiren, se sientan en esa persona y se pregunten cuál es el don de cada persona. El resultado siempre da luz. Lo que normalmente pasa es que de alguna de las personas sabemos perfectamente identificar cuales son sus dones pero de otras muchas no tenemos ni idea. Entonces tenemos trabajo para ir descubriéndolo junto a esas personas.
    • Cómo descubrir los dones: es todo un proceso que podemos hacer con la persona. Si tenemos confianza lo podemos hacer explícitamente preguntándole o preguntándonos juntos. Si no tenemos confianza lo podemos observar viendo qué se le da bien, qué le gusta, qué es lo que aporta de diferente frente a las otras personas del grupo… Yo sigo una página de una persona que sabe mucho de vivir, se llama Teresa Iribarnegaray. La página habla de cómo vivir de verdad y el link es vivirvivir.com. Teresa tiene, en esta página, un pequeño curso que se titula «Soy mi don», a mí me ayudó muchísimo y se lo recomiendo a todas las personas que quieren emprender este camino para autodescubrirse.
    • Soplar en vez de tirar: muchas veces los/as líderes nos empeñamos en arrastrar, tirar demasiado de las personas para conseguir los objetivos. A veces, con buena intención, para sacar lo mejor de ellas. Mi descubrimiento, después de muchos años, es que mi actitud tiene que ser más de «soplar» para que las personas vuelen, para que se desplieguen. Para mi «soplar» es una imagen más bella de lo que nos toca como líderes. Es como un niño que sopla con cuidado las pompas de jabón para que se mantengan en el aire. Lo contrario (tirar, sacar con esfuerzo, arrastrar…) nos tensiona y tensiona a las personas que dirigimos.
    • Diferentes dones y un mismo equipo (con el permiso de San Pablo). Un equipo es la conjunción de los distintos dones en unidad. Lo mejor que puede pasar a un equipo es que cada persona aporte lo mejor de sí misma en el equipo, es decir, sus dones. Así conseguiremos que el equipo suene acompasadamente y la melodía sea armoniosa. El líder tiene que ser muy consciente de que no hay dones mejores o peores, a cada uno debe darle su sitio y debe reconocer cada aportación desde el don de cada persona. Debemos estar atentos/as a que unas personas no se consideren más importantes porque sus dones son, aparentemente, más brillantes.
    • No debemos confundir carácter (personalidad) con el don: esto es algo que nos pasa muchas veces. Confundimos que una persona sea tímida, o retraída o agresiva o impaciente o extrovertida o introvertida o segura o insegura etc. con los dones de esa persona. Estos son rasgos de la personalidad y el don es independiente de esos rasgos. Por ejemplo, yo soy una persona muy tímida pero me gusta mucho, disfruto hablando en público. Nadie diría que una persona tímida pueda hablar bien en público. Si el líder no está atento/a a esta distinción se confundirá muchas veces y confundirá a las personas.
    • La radicalidad de los dones. Esta última idea es una opinión que la vida me ha ido dando y que puede ser muy discutida, quizás es un poco filosófica. Pienso que lo único que un/a líder o una organización tiene que conseguir es el despliegue de los dones de sus componentes. Los objetivos, la visión, las metas, lo que pretendemos conseguir está por debajo de esto. Lo primordial es que las personas desplieguen sus dones porque esto pone en el centro a la persona que es lo más importante. Los objetivos no pueden estar por encima de las personas. Esta radicalidad llega hasta que si una persona descubre que el despliegue de su don está fuera de la organización (cosa que puede suceder a veces) hay que animarla a partir y desplegar su don, esto será bueno para la persona y para la organización.

    Hasta aquí algunas ideas, y quisiera acabar con una pregunta: ¿No sería maravilloso que nos pudiéramos convertir en hombres y mujeres que ayudamos (soplamos) para que otros y otras consigan ser la mejor versión de si mismas?

    Seguimos hablando en los comentarios.

    6 respuestas a «Los dones.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias. Parafraseando a Spiderman: «un don conlleva una responsabilidad», la de hacerlo fructificar.
      La función del líder es descubrir e impulsar los dones de los otros; quizá eso también sea un don.

      1. Avatar de Juan

        😂😂😂😂 por supuesto ese es el don del líder. Gracias Txemi

    2. Avatar de Roberto
      Roberto

      Muy interesante, y totalmente de acuerdo. En la vida cotidiana de las organizaciones, el líder se encuentra con la dificultad de lograr el equilibrio entre ayudar a desarrollar los dones de las personas y la consecución de los objetivos y metas de la organización; esta tarea resulta compleja….

    3. Avatar de Paloma
      Paloma

      Al salir del blog, me quedé mirando la imagen que has compartido. !La fruta fresca! !qué se ofrece!
      Y me encanta pensar en los dones como algo siempre fresco, bonito, natural que al regalarse se disfruta.
      Dejo una pregunta: ?Qué color y sabor tienen nuestros dones? Una aproximación menos racional a la que estamos acostumbrados/as pero que seguro nos da alguna pista.
      PD: me pongo a la tarea. Gracias Juan.

      1. Avatar de Juan

        Qué buena aportación!!! Oler, saborear, dibujar los dones. Muchas veces la aproximación intuitiva nos acerca mucho mejor a lo que somos… mil gracias!!!

    4. Avatar de Christoph
      Christoph

      En efecto, es sorprendente como organizaciones pueden cambiar y cambian de verdad, si animamos a las personas a disfrutar de sus tareas, a darles sentido, a detectar los que les va bien y menos bien y a veces solo un pequeño cambio de cromos hace contento a las personas con todas las consecuencias positivas dentro y fuera de la organización. Gracias Juan

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  • El propósito y la fuente.

    El propósito y la fuente.

    Nacedero del Urederra (Navarra) foto Gobierno de Navarra

    Actualmente se está hablando mucho del propósito en las organizaciones, es como si, de pronto, descubriéramos que existe algo más que los objetivos, que los proyectos, que las ideas, que los números, que los planes… Algo que nos une mucho más allá.

    Es interesante esta moda, porque pone en evidencia algo que siempre ha estado ahí y que ahora se descubre como nuevo. Que esto resulte una novedad en cierta manera me sorprende. Por fin nos damos cuenta que lo que verdaderamente produce unión, motivación y nos lleva más allá, es eso que nos une profundamente. Unos lo llaman propósito, otros visión, otros ideal etc. Nos estamos refiriendo a aquel fundamento por el que la persona o el grupo humano se une para llevar a cabo una misión en el mundo que contribuya a hacerlo mejor.

    El propósito nace de la fuente y es el fundamento por el que la persona o el grupo humano se une para llevar a cabo una misión en el mundo que contribuya a hacerlo mejor.

    Desde mi experiencia, las características que tiene que tener el propósito para que sea verdadero motor de una organización son :

    • Tiene que tener un componente ético: contribuir a crear un mundo mejor.
    • Tiene que lanzarnos al futuro y seguramente, tiene mucho de utopía.
    • Tiene que ser verdad: es decir tiene que ser real, vivido, compartido por tod@s.
    • Una paradoja: estaba al principio, evoluciona y cambia pero permanece.

    El propósito nace y se identifica con lo que yo llamo la fuente. La fuente es el sentido primero, primigenio por el que nació una organización y que supone un ideal compartido desde su origen. Pondré algún ejemplo:

    Una organización religiosa, una ONG…, nacen con un carisma, un ideal, un fundamento que muchas veces fue inspirado por su fundador/a. Este origen primigenio, es fuente desde la que bebemos, la que nos inspira, la que nos da sentido y, se convierte, además en el propósito de futuro.

    Otros ejemplos: un país, un empresa, un colegio, incluso una famila nace por esa inspiración primera, la fuente, que es la que crearon sus fundadores y que poco a poco ha ido configurando al grupo.

    Lo concreto un poco más para que se entienda. Por ejemplo, un hospital nació con el propósito de «curar» y los que lo crearon así lo tuvieron claro. Aunque el hospital evolucione o se especialice ese propósito primero (curar) sigue siendo lo que configura a las personas que trabajan en él y además las lanza al futuro (evoluciona pero permanece).

    CÓMO TRABAJAR EL PROPÓSITO Y LA FUENTE.

    • Un error que se comente actualmente, desde mi punto de vista, es querer crear el propósito de nuevo de una organización mediante procesos bienintencionados a través de la reflexión de todos. El propósito ya estaba en la organización, está en la fuente. Por eso no se trata de encontrar el propósito sino de redescubrirlo o evidenciarlo e, incluso, actualizarlo pero no crearlo de nuevo. Si esto no se hace así y el nuevo propósito no está unido a la fuente, se producirá una enorme distorsión y no unirá a la organización. Especialmente a las personas más antiguas y que, probablemente, viven más la fuente originaria.
    • Es importante que el propósito o la fuente se formulen de forma sencilla (por ejemplo: curar, enseñar humanamente, contribuir al conocimiento etc) porque responderán mejor a la intuición primera que quizá no fue formulada explícitamente, más bien tomó forma de intuición.
    • Tenemos que tener cuidado con distorsiones que se producen por no tener claro el propósito de una organización. Pondré un ejemplo con el que en ocasiones me he encontrado: una institución religiosa, desde su fundación, podría concretar su ideal en evangelizar mediante la enseñanza. La forma en que se concreta el ideal es en la enseñanza a través de un colegio. A veces ocurre, que otros objetivos (por ejemplo: la pastoral extraescolar o la clase de religión) se imponen por encima de los objetivos del colegio en sí mismos. Esto produce distorsiones porque lo que se quiso crear es un colegio de enseñanza para evangelizar y esto es lo que debe primar. No debe haber mala conciencia porque un colegio solo enseñe, es más, en la enseñanza cotidiana está la principal misión para vivir el propósito. Las actividades extraescolares o la clase de religión deben estar al mismo nivel que el resto de clases ya que todas tienen el objetivo de responder al propósito. No pueden convertirse en el objetivo fundamental. A veces ocurre.
    • El propósito no es una cosa abstracta. En la medida que es real y que configura a una organización es muy concreto. Lo que ocurre a menudo, es que lo tenemos relegado a los cuadros en las paredes o a documentos olvidados. Es muy concreto, si continuamente nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Esto que estamos haciendo responde al propósito? ¿De qué manera?

    Liderar desde la confianza nos lleva continuamente a preguntarnos por el propósito porque creer en las personas es conseguir que puedan vivir su propósito personal en una organización, esto hace que las personas encuentren sentido a su labor. Una constante del líder será recordar, discernir, ayudar a concretar el propósito en la vida cotidiana de su equipo. Una organización «cargada de futuro», parafraseando a Gabriel Celaya, es una organización que se nutre de la fuente y se lanza a la utopía del propósito.

    Podemos seguir dialogando en los comentarios.

    2 respuestas a «El propósito y la fuente.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Da mucho que pensar. Gracias.

    2. […] ser y que a la vez nos fundamenta. El propósito y la fuente de los que ya hablé en otra entrada (ver aquí). Una organización debería formular ese propósito que nos une con lo que somos y nos lanza hacia lo […]

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  • Enfoque en la solución

    Enfoque en la solución

    Photo by Sigmund on Unsplash

    Hace unos cuantos años comencé a dirigir un equipo, era un equipo magnífico. Excelentes personas, buenos/as profesionales, implicados/as en el proyecto… Sin embargo, enseguida me di cuenta que algo atascaba el avance. Era como si las cosas no fluyeran, como si estuviéramos parados/as… Después de dos o tres reuniones, noté que el tema consistía en que estábamos circulando alrededor de los problemas y eso no nos permitía avanzar.

    Me explicaré: las conversaciones daban vueltas alrededor de los problemas: analizándolos, profundizando en las causas, intentando evitar los errores… y lo que es peor: culpabilizando, creando pequeños enfrentamientos por que a «ti te toca esto y no lo haces» o «tal departamento no asume el problema» etc., esto además de la sensación de parálisis hacía que las relaciones se fueran minando poco a poco.

    Pequeños cambios para enfocarnos en la solución.

    Enseguida cambiamos la dinámica del equipo, enfocándonos hacia la solución con pequeños cambios. Voy a intentar de explicar algunos de estos pequeños cambios para que el equipo se desatascara y mirara de frente al futuro:

    Preguntas hacia la solución: estando atento a cuando una persona me venía con un problema y me mostraba su desesperación o su incapacidad de avanzar, le hacía preguntas como estas: ¿Cuáles son los siguientes pasos? ¿Dónde crees tú que está la solución?. La primera reacción de la persona era resistirse, porque a todos, muchas veces, nos compensa mantenernos en el problema probablemente para desahogarnos o para sentirnos comprendidos. Una vez pasada la primera resistencia (normalmente repitiendo las preguntas) la persona empezaba a proponer cosas y entonces ya estaba ganada la batalla. A partir de ahí discutíamos el enfoque de los próximos pasos o de la solución y se abrían nuevas posibilidades.

    Las preguntas que abren al futuro pueden ser: ¿Cuáles son los siguientes pasos? ¿Dónde crees tú que está la solución?

    No penalizar el error: para que el enfoque hacia la solución se dé, el/la líder desde la confianza no debe nunca penalizar el error. Entiendo por error aquel que una persona ha cometido sin intención de hacer daño o mal. Penalizar el error, centrarnos en él, crea muchos problemas en un equipo. Por ejemplo, evita que se tomen nuevas decisiones o se asuman riesgos, crea culpabilidad en las personas e impide, finalmente, que nos enfoquemos en la solución. Se puede analizar un error como un aprendizaje y pensar en él para buscar nuevas soluciones, sin embargo, para mí, habría que hacerlo con mucho cuidado para que no se sienta que, de alguna manera es un reproche. Mi consejo es que no nos detengamos mucho tiempo en los errores.

    No permitir «balones fuera»: muchas veces las personas cuando estamos acostumbradas a estar centradas en el problema tendemos a buscar responsabilidades, culpas entre otros. El líder desde la confianza no debería permitir esto. Es decir, cuando una persona dice, implícita o explícitamente, algo que corresponde a otro/a debemos volver constantemente la conversación hacia cuál es la solución, no atascarnos.

    Reconocer y premiar la solución: una cosa muy buena es que nos detengamos a reconocer que el equipo haya encontrado una solución. El/la líder lo debe hacer expresamente, algo así: «por fin hemos encontrado la solución y ha funcionado. Creo que esto ha sido muy bueno y estoy agradecido/a por el trabajo realizado, debemos felicitarnos porque a partir de ahora esto que antes nos costaba tanto, no es ya un problema. Enhorabuena». Hay que hacerlo todas las veces, siempre. Además sería también muy bueno, que se hiciera una lectura de la historia reciente del grupo recordando dónde estábamos antes y dónde estamos ahora. El nuevo lugar.

    Ponernos en el lugar de la solución: a veces una persona está tan centrada en un problema que le es difícil salir de él. Es casi incapaz de salir de ahí porque le implica personalmente o porque emocionalmente está bloqueado/a porque le afecta demasiado. En estos casos, suelo usar una técnica para tratar de avanzar. Pongo dos sillas en la sala, enfrentadas. Una es el problema o el pasado (el problema suele ser estar estancado en el pasado) y la otra es la solución o el futuro. La persona se sienta primero en la silla del problema y dejamos que exprese todo lo que ve desde el problema, que saque todo lo que tiene dentro. Después la persona se sienta en la silla de la solución y le habla al problema (a la silla del problema) con todas las soluciones que se le ocurran: «podríamos hacer esto, podríamos intentar esto otro…«. Luego se vuelve a sentar en la silla del pasado y objeta lo que ve y luego, otra vez, en la de la solución y vuelve a argumentar. Cuando ya casi esta agotado el diálogo, tratamos que la persona gire la silla de la solución mirando al futuro y deje atrás la «silla del pasado» y le pedimos que nos diga cómo se siente. Si se ha roto el vínculo emocional con el problema podrá mirar al futuro y sentirse bien. Si no puede todavía, está anclado/a en el pasado. Muchas veces puede funcionar, otras no pero nos daremos cuenta del vínculo emocional de la persona con el problema.

    Cuidado con las personas «cenizas». Algunas veces, nos encontramos con personas que siempre sacan los problemas, lo negativo, que no quieren avanzar. Son personas tóxicas en un equipo y, a veces, es su manera de llamar la atención para ser atendidos/as por el grupo. En este caso, el/la líder debe ser intransigente con esas personas. No debe dejar que monopolicen la conversación y, sobre todo, debe decirles expresamente que sólo va a poder hablar de soluciones a los problemas que ve. Si la persona insiste en el problema impidiendo al grupo avanzar, se le debería cortar la palabra. A veces es muy bueno explicitar las reglas del equipo y decir, por ejemplo: «cortaré a las personas que hablen más de 5 minutos de un problema».

    El enfoque hacia la solución es una cosa muy sana para un equipo, es lo que permite que el equipo se desarrolle, sea creativo y se centre el futuro emergente. Es responsabilidad del/la líder crear esta cultura en sus equipos, evitando las críticas constantes, los desahogos que no van a ninguna parte, las quejas continuas etc

    Al final os hago una pregunta metafórica pero que creo que expresa bien de lo que he hablado en esta entrada: Respira un minuto, relájate, cierra los ojos y responde: ¿ Cuando pienso en mi equipo siento que voy en un barco con las velas desplegadas y que el viento nos azota fuerte en las caras mirando hacia adelante? ¿O siento que estamos en una calma chicha, con la calima parados en el océano? ¿O estoy en medio de la tempestad, azotado por la tormenta, dando vueltas sin que nadie lleve el timón?. Depende de cual sea tu respuesta sincera, no te centres en el problema piensa en cuales son los siguientes pasos, cuál es la solución 😉 .

    Me encantaría que compartiéramos experiencias en los comentarios.

    Una respuesta a «Enfoque en la solución»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias. A veces es solo cambiar de perspectiva…

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  • Conversaciones difíciles.

    Conversaciones difíciles.

    girl in wheelchair talking with friend
    Photo by Meruyert Gonullu on Pexels.com

    Todos/as los que llevamos equipos y lideramos personas en algún momento u otro nos enfrentamos a tener conversaciones con las personas de nuestros equipos que tratan temas complicados. Es lo que yo llamo «conversaciones difíciles». Seguro que os vienen muchos ejemplos de este tipo de conversaciones: corregir a una persona en algo, dar una mala noticia, revisar nuestra relación cuando vemos que se está atascando, encargarle a alguien algo que no quiere, incluso llegar a prescindir de una persona de nuestro equipo por los motivos que sean…

    Como veis son distintos grados de dificultad pero todas tienen el componente de no ser conversaciones fáciles. Vamos a intentar ver juntos/as como enfrentar estas situaciones desde un liderazgo con propósito, un liderazgo desde la confianza. Voy a ir escribiendo pensamientos/aprendizajes que me vienen a propósito de lo que he ido viviendo estos años desde distintas perspectivas:

    Lo que comunicamos a una persona, no es la persona misma. Trataremos de no calificarla huyendo de expresiones como: siempre, nunca…

    Las conversaciones difíciles desde la perspectiva del líder.

    • Lo primero que quisiera decir, es que tener conversaciones difíciles es una cosa estresante. No conozco a nadie que, en el fondo, no le cueste tener este tipo de conversaciones. Quizás hay personas que aparentan que no les afecta o no les cuesta, no suele ser verdad. Y estas personas se cubren con una coraza de dureza y de indiferencia para evitar que les afecte. Esta estrategia, además de no ser verdad, suele ser una mala forma de encarar las conversaciones difíciles, porque probablemente serán demasiado rápidos/as, fríos/as, directos/as… Lo que no ayudará en el proceso.
    • Como son situaciones estresantes, debemos ser autocompasivos con nosotros mismos. Muchas personas se culpabilizan porque piensan que a un/a líder no le tiene que costar esto. No es verdad, a todos nos cuesta. Yo llevo más de 30 años teniendo «conversaciones difíciles» y todavía me cuesta muchísimo. Que nos cueste es normal y que nos cueste no quiere decir que lo hagamos mal, ni que seamos blandos/as, ni que no sepamos liderar. Lo único que quiere decir es que somos personas.
    • Como es una cosa difícil, tenemos que prepararnos para estas conversaciones de manera especial, debemos aprender cómo hacerlas y, sobre todo, tomar conciencia de cuándo vamos a tener una de estas conversaciones para que no sea un acto banal. Ah! y otra cosa, yo suelo decir que en un día no deberíamos tener más de dos conversaciones difíciles precisamente porque son difíciles y nos afectan.

    Qué debemos evitar.

    • Procrastinar: muchas veces sabemos que tenemos que tener una de estas conversaciones pero, como nos cuestan, las retrasamos y las volvemos a retrasar. Esto es un mal hábito porque la persona que dirigimos tiene el derecho de conocer lo que le afecta cuanto antes para prepararse, para hacerse a la idea.. Lo normal es que si procrastinamos, la persona nos diga o piense: «si esto lo sabías porque no me lo habías dicho, sabiendo que era muy importante para mi». Esto puede minar más la relación que la propia noticia o conversación que teníamos que comunicar.
    • La rapidez: como son difíciles, algunas personas tratan de hacerlas de manera rápida, usando otro contexto para decirlas (por ejemplo en una reunión que estamos hablando de otro tema), como un tema más tratando que pase desapercibido. La persona se sentirá fatal, para ella será como si no la tuviéramos en consideración.
    • No dar tiempo: a veces fruto de la dificultad, tratamos que pase cuanto antes el trago y acortamos el tiempo de estas conversaciones. Esto hará que la persona no se sienta escuchada, comprendida…
    • Dejarnos llevar por los sentimientos: estas conversaciones suelen dar lugar a que afloren los sentimientos (algunos de ellos escondidos durante mucho tiempo), tenemos que estar atentos/as a nuestros sentimientos primero, escuchando nuestro cuerpo para ver si sentimos rabia o debilidad o protección o revancha… Los sentimientos nos nublan la mirada y repercuten en la relación. No quiero decir que no tengamos sentimientos, es inevitable, pero que seamos conscientes para darnos cuenta, para no dejarnos arrastrar por cosas que de fondo no sentimos o para ceder en cosas que sabemos que no queremos ceder aunque nos cojan el corazón.

    Cómo afrontar conversaciones difíciles.

    • Prepararnos: siempre que vamos a tener una de estas conversaciones necesitamos prepararlas. No solo sobre lo que queremos decir, desde la perspectiva argumentativa, sino también desde la Mirada. Tenemos que tener un tiempo para mirar a la persona con la que vamos a hablar, para respirar, sentirla como persona, mirarla como es con cariño y comprensión, viendo sus dificultades, poniéndonos en su lugar. Esto no quiere decir que mirando a la persona con cariño, no tengamos que decirle lo que vemos aunque le cueste. El propósito final será ayudar a la persona.
    • Dar tiempo y espacio: buscar un buen lugar, un tiempo tranquilo para que la persona se sienta acogida.
    • Ir directo al tema: no dar vueltas y vueltas antes de llegar al tema que nos ocupa. En los primeros 5 minutos de conversación deberíamos decirle el tema del que venimos a hablar. Dar vueltas hará más agresiva la conversación porque es una manera de evitación.
    • Acoger: acoger las reacciones de la otra persona y escucharle, si afloran sentimientos (rabia, desolación, llanto…) darles tiempo, acogerlos, dejar espacio para que se expresen. Normalmente, se acoge con el silencio comprensivo.
    • Escuchar abiertamente: escuchar a la persona abiertamente es escuchar profundamente lo que dice y lo que siente. Pero escuchar abiertamente también es escucharnos a nosotros mismos y no cambiar de opinión si es lo que pensamos a pesar de lo que la otra persona nos diga. También se puede cambiar de opinión si lo vemos razonable pero tendremos que tener cuidado si lo hacemos llevados por sentimientos de compasión mal entendida.
    • Lo que comunicamos no califica a la persona: muchas veces estas conversaciones se tiñen de sentimientos, hechos de pasado etc. que hacen que no sean conversaciones constructivas. Un ejercicio que yo suelo hacer, es coger un objeto y ponerlo en la mesa delante de mi. El objeto simboliza la cosa que quiero comunicar (por ejemplo: quiero decirle a una persona que tiene que hablar menos en las reuniones y escuchar más), el objeto es la cosa a comunicar, no es la persona, no es nuestra relación, no eres tú. El objeto me ayuda a ser consciente para separar lo que tengo que decir de ti, de nuestra relación. Por eso tenemos que evitar siempre expresiones generales: «tú nunca escuchas», «tú siempre hablas demasiado». Las expresiones correctas serían: «he visto que en las reuniones que tenemos en el equipo tiendes a hablar más tiempo que el que pasas escuchando las intervenciones de tus compañeros/as». Se trata de no calificar a la persona entera, evitar que lo que decimos (un hecho, el objeto) se convierta en un sentimiento de que me juzgas a mi por completo.
    • No siempre acaba bien: tendemos a tratar que una «conversación difícil» acabe con «final feliz» muchas veces esto no es posible, ni es el objetivo. El objetivo es trasladar a la otra persona lo que pensamos y lo que vemos. Es normal que la otra persona tenga que tener tiempo para asimilarlo, para entenderlo, por lo que muchas veces el final de la conversación será frío y está bien que sea así. Luego ya buscaremos momentos para retomar la relación, mostrándonos como siempre porque lo que hablamos no nos tiene que afectar al cariño que nos profesamos unos/as a otras/os.

    Estos son algunos de mis pensamientos/experiencias, hay muchísimos más. Lo más importante, como siempre, cuando tenemos conversaciones difíciles es la mirada que tenemos sobre la persona, una mirada de comprensión y empatía. Y también, nuestro deseo inmenso de que la persona siga creciendo para desarrollar todo su potencial: las conversaciones difíciles bien hechas suele ser una gran herramienta para esto.

    ¿Seguimos en los comentarios? A todos/as nos ayuda.

    3 respuestas a «Conversaciones difíciles.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Me han parecido unas orientaciones muy útiles y muy de agradecer, pues este es un tema dificultoso, sin duda. Gracias de nuevo por compartir tus conocimientos y tu experiencia.

    2. Avatar de Paloma
      Paloma

      Muchas gracias. Son unas reflexiones-indicaciones muy prácticas y que desde ahora mismo podemos aplicar en nuestro trabajo y en nuestra vida personal y familiar. Me ayuda mucho la autocompasión, creo que tendemos a pensar que las cosas no deben afectarnos y es al contrario, !qué nos afecten pero de forma constructiva para la relación en «esa conversación difícil!

      1. Avatar de Juan

        Gracias Paloma, claro el tema está en dejarnos afectar por el otro/la otra de otra manera la persona no puede estar en el centro. Un abrazo,

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  • Contextos para generar confianza

    Contextos para generar confianza

    Figura en la mesa de mi despacho que me recuerda escuchar

    En otra entrada hablé del proceso para conectar con el futuro emergente (enlace), y quedé en hablaros de cómo generar los contextos para que el diálogo abierto se produzca, contextos para que la confianza se abra paso. Esto me parece clave para el liderazgo desde la confianza.

    Los seres humanos no somos solo mente, razón, racionalidad. Somo muchas mas cosas: corazón, sentimiento, cuerpo, alma…

    Lo normal en nuestras relaciones con las personas que dirigimos o con las que nos relacionamos en nuestras organizaciones es que se produzcan desde la mente. Es decir, que lo que más ocupa nuestro tiempo son reuniones sobre qué hacer con los problemas, análisis de informes, cómo planificar el futuro, que proyectos llevar a cabo etc. Sin embargo, los seres humanos no somos solo mente, razón, racionalidad. Somos muchas más cosas: corazón, sentimiento, cuerpo, alma…

    El modelo en el que se asientan la mayoría de las organizaciones es un modelo masculino (independientemente de que las compongan hombres o mujeres) donde el poder, la razón, la planificación etc son los valores predominantes. No es que esto esté mal, sino que debe equilibrarse con otros valores más femeninos (insisto los tenemos hombre y mujeres) para que conectemos con el ser en plenitud y para que se dé un contexto de confianza donde la persona pueda desplegarse toda ella, con todas las características de su ser persona. Una buena amiga, Merçe Brey (enlace), lo explica estupendamente en su libro Alfas&Omegas, en el que reflexiona en cómo equilibrar estos los aspectos.

    Experiencias para generar comunicación abierta.

    De todas maneras como este blog está destinado no a desarrollar aspectos teóricos, sino a compartir mi experiencia, voy a poner distintos ejemplos que puedan servir para explicar mejor lo que supone abrir la confianza a todo el ser humano:

    • Gestionar los intangibles: nunca nos preguntamos por los intangibles porque parece que precisamente su intangibilidad no permite gestionarlos. Intangibles tan importantes como escuchar, desarrollo humano, relaciones, amor, amistad… raramente ocupan espacio en nuestras reflexiones. Hace unos cuantos años, en una organización en la que estaba de director de personas, sentimos que entrabamos en crisis, lo notábamos en mil detalles (agresividad, mal ambiente, roces, estrés…). Decidimos hacer un estudio del clima, pero mi intuición me decía que no se trataba tanto de preguntar como de escuchar. La gente necesitaba ser escuchada, por lo que decidimos hacer reuniones con todas las personas de la organización para escucharles. Antes de hacerlo pedí a un consultor amigo que nos diera un curso sobre aprender a escuchar, me miró extrañado, pero como ya me conoce, sonrió y nos lo dio a todas las personas que íbamos a estar en esos grupos de escucha en toda la organización. Así hicimos presente el escuchar como el gran objetivo del proyecto. Al finalizar el curso nos dieron una figura (la que aparece en la fotografía de la entrada) para que recordáramos el intangible escuchar. Yo la tengo en mi despacho y la miro cuando estoy con una persona y me recuerda que antes de hablar tengo que escuchar porque mi tendencia es hablar demasiado. Es una manera de hacer tangible el intangible escuchar.
    • Empatizar: os propongo una dinámica: poned en unos folios los nombres de las personas de vuestro equipo (si solo tenéis una persona poned el nombre de esa persona), colocarlas en el suelo en círculo. Respirad de manera consciente, conectad con el silencio y vuestro interior y cuando estéis centrados/as poneos de pie encima de un nombre. Poneos en el lugar de la persona, reconocerla, tratad de conectar con lo que siente, con lo que es, con lo que está llamada a ser, con sus dones o cualidades, con sus profundas dificultades… Cuando ya hayáis conectado suficientemente, dar un paso atrás, inclinaros y agradeced a esa persona por todo. Así vais pasando persona a persona. Seguro que os dará pistas nuevas sobre como liderar en adelante…
    • Conectar: os recomiendo que antes de una reunión os atreváis a decir al grupo algo así: «seguro que venimos a esta reunión con enorme ruido mental, es normal. Os invito a que dediquemos cinco minutos a bajar el volumen de ese ruido para centrarnos en lo que vamos a hacer juntos. Cerrad los ojos, tomad consciencia del ruido, de la vertiginosidad de vuestros pensamientos, y poco a poco vais bajando con la respiración, bajando el volumen poco a poco, poco a poco…» seguro que la reunión será más conectada.
    • El cuerpo: una vez en una reunión importante para pensar un plan estratégico, estábamos atascados/as. El ambiente se había cargado porque llevábamos todo el día reunidos/as dándole a la cabeza. Entonces, la persona que dirigía la reunión, conectando con el ambiente, nos pidió lo siguiente: «salid fuera al jardín, a la hierba, descalzaros y pasear descalzos/as por la hierba mojada (acababa de llover) y sentir la hierba, el aire, las gotas de lluvia que aún caían, dad un paseo consciente durante 20 minutos» Eso cambió la dinámica de la reunión. Algunas personas (algunas que nunca hubiéramos sospechado) se tiraron en el suelo mojado y se empaparon, se revolcaron… fue muy bueno.

    Podría seguir poniendo ejemplos pero creo que me explico. Como véis se trata de abrir la comunicación a nuevas experiencias y abrirnos más desde el ser que desde el hacer. Estos ejemplos y otros ayudan a comprender que para generar confianza tenemos que abrirnos a todas las dimensiones para que la persona sea ella misma, ella completa y tenga la confianza de que puede expresarse como es y que será respetada profundamente.

    Me encantaría que pusieras alguna experiencia parecida (buena o mala) que hayas vivido en los comentarios.

    4 respuestas a «Contextos para generar confianza»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Sí que he hecho la experiencia muchas veces de que una escucha a fondo, en la que olvidas «todo lo tuyo» para entrar en la realidad del otro… se nota; y la otra persona lo advierte.
      Gracias por la sugerencia de técnicas muy prácticas para estas cuestiones.

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, en realidad la escucha y la empatía es, como dices, salirte de ti, dejar el yo. Ese es el nivel más profundo de escucha. Gracias por compartir tu experiencia.

    2. Avatar de Merce

      Una vez aprendí una pequeña pauta que me ayuda a escuchar y, sobretodo, a no hablar impulsivamente. Son tres pasos muy sencillos. Si estás en una conversación ya sea con una o varias personas, antes de dar tu opinión pregúntate:

      -Esto que voy a decir, ¿perjudica a alguna personas? si la respuesta es SI no lo digas.

      -Esto que voy a decir, ¿sólo me beneficia a mi? si la respuesta es SI no lo digas.

      -Esto que voy a decir, ¿es en beneficio de alguna persona? si la respuesta es SI, entonces dilo.

      Gracias por tus reflexiones Juan!

      1. Avatar de Juan

        Qué bueno Merce!!!!! No lo conocía, muchas gracias por compartir.

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  • El futuro emergente

    El futuro emergente

    Otto Scharmer en su libro “Teoría U” se pregunta: «¿No existe ninguna manera de romper los patrones del pasado y sintonizar con nuestra mejor posibilidad futura, y empezar a funcionar desde ese lugar?» Todo su libro trata de responder a esta pregunta y nos ha regalado su Teoría para intentar conectar con lo que él llama “el futuro emergente”.

    Seguramente leer el libro, aunque es complejo, aclarará muchas más cosas que yo. Sin embargo, no me resisto a escribir, desde mi experiencia, qué significa en la práctica conectar con el futuro emergente y transformar desde ahí, espero que Otto me perdone.

    ¿No existe ninguna manera de romper los patrones del pasado y sintonizar con nuestra mejor posibilidad futura, y empezar a funcionar desde ese lugar?

    Otto Scharmer

    El proceso del futuro emergente.

    Lo que voy a explicar se puede aplicar en muchas situaciones: en pequeños negocios que se sienten estancados por la crisis actual, en organizaciones grandes que se sienten atascadas o pesadas, e, incluso, en personas individuales para abrirnos a un futuro nuevo para nuestras vidas. Para explicarlo he elegido un ejemplo actual que se produce en distintas organizaciones religiosas y que he venido hablando con distintos responsables de las mismas pero podría ser cualquier otro. Lo trataré de explicar a modo de proceso:

    • Problema o amenaza: muchas de estas instituciones, sobre todo en occidente, tienen un problema de falta de vocaciones y, como consecuencia, un problema organizacional de envejecimiento y, por tanto, de incertidumbre frente al futuro.
    • Enfrentamiento del problema desde los patrones antiguos: lo normal es seguir gestionando este problema desde los movimientos que la organización ha venido haciendo durante años, algunas de ellas durante siglos.  En este enfoque, desde los patrones del pasado, probablemente las cosas se atascarán, no se verán maneras de avanzar, de atender todos los proyectos que tienen, se enroscarán en mantener un modelo que ya no va a volver y que tiene que evolucionar, se resistirán a cambiar los esquemas que hasta ahora han venido funcionando, probablemente el grupo sentirá una sensación de desasosiego o de desorientación etc. La sensación predominante será la de estar en un círculo vicioso del que no se puede salir por más que se intentan con nuevas propuestas. Estas propuestas parecen nuevas, pero, al final, no resuelven el problema porque se plantean sobre la base de los esquemas antiguos que tienen que evolucionar.
    • ¿Cómo romper el pasado para abrirse a un nuevo futuro?: normalmente cuando el grupo o sus responsables llegan a un lugar de atascamiento (chocamos con nuestro «punto ciego» según Scharmer). En ese momento puede producirse un proceso de comunicación nuevo, desde otro lugar que puede ser la puerta para abrir el futuro. Muchas veces, desde una pregunta que se hace desde otro sitio, desde dentro, quizás en un momento de atasco o desesperación. Nace una pregunta verdadera que conecta con la fibra sensible de lo que el grupo está viviendo. Algunos ejemplos de preguntas que pueden darse:
      • ¿Qué nos pasa?
      • ¿De qué tenemos miedo?
      • ¿Qué nos espera?
      • Estamos atascados/as ¿Cómo podemos avanzar?
    • Un proceso de comunicación nuevo: desde esa pregunta se puede abrir un diálogo nuevo, una comunicación más abierta que hace que el grupo rompa sus esquemas habituales. Otto Scharmer, explica que se produce una comunicación nueva que tiene tres elementos:
      • Una mente abierta: lo racional se abre para explorar más posibilidades, es como si el campo de visión se hiciera más abierto. Como si el problema ya no fuera problema sino posibilidad.
      • Un corazón abierto: la empatía, la conexión con los sentimientos de pérdida, de miedo, de ansiedad se abren paso. Se recoge el pasado de la institución y se reconoce, se le da su lugar pero también conectamos con el «dejarlo ir» para evolucionar.
      • Una voluntad abierta: se empieza a generar una nueva energía que nos mueve hacia adelante, el grupo empieza a dejar atrás la parálisis y empieza a ver un nuevo camino.
    • Una palabra para el futuro: cuando el nuevo diálogo o diálogos (pueden ser varios) culminan, todos/as lo sentimos, a veces pasa que surge una palabra o una imagen que resuena a todo el grupo y que nos abre al futuro. Yo la llamo «palabra futuro». En el ejemplo que nos ocupa podría pasar que, después del diálogo abierto, aparecieran palabras como:
      • «Compartir»: esta palabra puede abrir espacios nuevos, ya no se trata de hacer o de incorporar o de cargar, se trata de compartir con otros (laicos, otras instituciones, entre provincias o equipos…) y ese compartir tendrá un signo nuevo y lo notaremos porque no es una idea, porque nos descansa, porque nos llena de ilusión y posibilidad y esa palabra será configuradora de futuro.
      • Otra palabra que puede surgir en este caso es «acompañar» ya no se trata de dirigir, de marcar, de impulsar, de decidir. Acompañar para el grupo puede ser inspirar a otros, estar con otros/as y no hacer, dejar estructuras en otros/as para pasar a un plano más ligero para animar o para impulsar junto a…
      • Otra palabras que pueden estar llenas de sentido pueden ser «cuidar» o «relevo» o, incluso, «dejar ir»
      • Pueden surgir innumerables palabras o imágenes pero si el proceso ha sido bueno la «palabra futuro» será acogida por todas/os y sobre todo nos impulsará hacia delante. Es decir, a partir de ese día esa palabra poco a poco irá tiñendo la institución. Primero, en pequeñas cosas (prototipos dice Scharmer) y luego en un modo de estar y de ser que integra el pasado pero que todas/os sentimos que es un modo nuevo.

    La condición para que ocurra, es crear contextos de confianza para que se dé el diálogo abierto, un diálogo que se abra a nuestra interioridad, un diálogo que integre a todas/os y todas las dimensiones del nuestro ser. De cómo crear esos contextos hablaré en otra entrada.

    Como siempre me encantaría que compartiéramos todos/as en los comentarios.

    5 respuestas a «El futuro emergente»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias. Me ha hecho pensar, en cuanto integrante de una organización religiosa que está en un proceso como el que describes. Apertura de mente, de corazón, de voluntad… no parecen actitudes ajenas a lo sapiencial. Tomo nota. Un saludo.

      1. Avatar de Juan

        Claro, está en la Sabiduría!!! Gracias a ti por compartir. Abrazo.

    2. […] otra entrada hablé del proceso para conectar con el futuro emergente (enlace), y quedé en hablaros de cómo generar los contextos para que el diálogo abierto se produzca, […]

    3. Avatar de Paloma
      Paloma

      Quiero hacer referencia al punto ciego, el punto de quiebre. La «noche oscura» que nos permitirá salir de otra manera si lo vivimos desde la CONFIANZA y no desde la desesperación y el pesimismo.
      Para ello necesitamos: !creernos que estas aperturas (voluntad, corazón y mente) son posibles en lo cotidiano! y sin duda, un blog como este.

      !Gracias Juan!

      1. Avatar de Juan

        Gracias a ti Paloma, el punto de quiebre es ahí donde está el secreto, sabemos que no depende de nosotros/as pero solo podemos poner la Confianza, como dices, y la Esperanza para esperar que se dé. Me encanta tu visión.

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  • El lado oscuro de la responsabilidad

    El lado oscuro de la responsabilidad

    Basado en mi experiencia suelo decir: «si das confianza las personas te devuelven responsabilidad». Mi experiencia real es que la mayoría de las personas son responsables y que los entornos de confianza los hacen todavía más responsables. Es decir, cuando las personas vivimos en un ambiente en el que se confía en nosotros/as, tendemos a sentirnos responsables para hacer lo que nos toca, contrariamente a lo que piensan muchos jefes que si quitas el control a las personas estas no harán lo que tienen encomendado o se desmandarán, habrá «libertinaje» he oído decir a alguno. Mi experiencia es justo la contraria. Creo que el control genera desconfianza y además es burocracia pura, casi ridícula. Una buena amiga me comentaba que, en su organización, durante el confinamiento de la pandemia, un responsable de su organización pedía a todo su equipo que, al final del día, le mandaran un informe con lo qué habían hecho, los tiempos que habían dedicado a cada cosa etc. Después de todo un día teletrabajando tenían que dedicarse a esto, ¿Puede haber algo más inútil? Quizás es un ejemplo extremo pero existen muchos ejemplos de control más sutiles:

    • Un ejemplo clásico es el fichaje en el trabajo. No digo que el fichaje no sea útil para controlar organizaciones en las que los empresarios prefieren que no lo haya para que las jornadas sean interminables y para que no haya compensación. Sin embargo, el estar controlando mediante informes, controles etc cada salida o entrada de un trabajador me parece que genera desconfianza. Cuando yo empezaba a trabajar, en los departamentos de personal, había una persona dedicada enteramente a controlar los fichajes, os podéis imaginar que trabajo tan aburrido por no decir otras cosas.
    • También existen organizaciones que ponen excesivas personas a controlar, se llenan de interventores, auditores… Los clásicos tenían una máxima irónica pero muy sabia: «Quis custodiet ipsos custodes?» traducido: ¿Quién vigila a los vigilantes?, ¿Por qué confiamos en los vigilantes y no en todas las personas?… Creo que es una buena pregunta. Probablemente por una falsa ilusión de control
    • Otra forma que suele aparecer sutilmente son las organizaciones o jefes que detallan excesivamente los procesos, los informes, el modo como quieren que se hagan las cosas, que corrigen hasta los más pequeños detalles porque las cosas no están hechas como ellos quieren. En el fondo es una forma de control y anula la creatividad de las personas.
    • Seguro que se te ocurren muchos casos parecidos, sería bueno que los escribieras y nos los compartieras en los comentarios.

    Como lideres tenemos que estar atentos al «lado oscuro de la responsabilidad» para permitir que las personas desplieguen todo su potencial.

    Sin embargo, también la excesiva responsabilidad tiene problemas. Existen, sobre todo en las personas de generaciones como la mía, personas hiperresponsables que, como líderes desde la confianza, tenemos que cuidar y ayudar. La palabra responsabilidad viene etimológicamente de «responder». Estar basado en la respuesta y, muchas veces, detrás de responder se esconden ciertamente problemas que las personas tenemos. Respondemos para sentirnos valorados (queridos); respondemos porque así nos enseñaron de pequeños y nos hicieron formales, comedidas/os, buenos/as chicas/os…; respondemos porque creemos que nuestra valoración sobre nosotros/as mismos está en cómo nos valoren los de arriba o los de abajo o los de al lado; respondemos porque nos sentimos inseguros/as y no nos atrevemos a decir no, a expresar lo que vemos, a desplegar lo que somos… ; respondemos porque nos sentimos más seguros en la norma, en las reglas, en lo correcto… antes que desplegar nuestro ser más profundo y creativo.

    Una persona que me ayuda mucho en mi desarrollo personal me escribió un día: «la responsabilidad no es una buena herramienta para hacer frente a la vida, porque puede acabar contigo, te puede acabar matando». Me ayudó enormemente y sobre todo me abrió una puerta a la Vida nueva.

    Por esto, liderar desde la confianza, nos hace estar atentos para dirigir a las personas excesivamente responsables. Algunas pistas:

    • Hay que estar atentos a su excesivo apego a las normas y animarles, poco a poco, a que vayan soltando esa rigidez, que comprendan que por encima de la norma está la persona, la ética. Por ejemplo, animándoles a que no tomen decisiones igualitarias para todas las personas con las que conectan sino que tengan en cuenta el proceso de cada persona, aunque al principio les pueda parecer injusto.
    • Algunas de estas personas tienden a ser perfeccionistas. Una forma que suelo usar para dirigir a estas personas es aceptar como definitivo lo que para ellas son borradores, o darles un tiempo muy escaso para entregar las cosas (me lo das mañana) para que sean capaces de conformarse con cosas suficientemente buenas. Lo viven fatal pero les ayuda a crecer.
    • Otra cosa que les puede ayudar es darles cosas muy creativas, donde no existan procesos definidos, controlados. Trataremos de que desplieguen sus lados más creativos, procesos donde disfruten. Se tienen que permitir disfrutar.
    • Una cosa también buena es decirles que mañana se cojan un día libre y casi obligarles a que así sea (les chochará y lo pasarán mal pero será muy bueno), o prohibirles que manden más de 2 correos al día. Son ejemplos pero creo que me explico.
    • Recuerdo una persona que siempre iba a todas las reuniones con una carpeta enorme donde tenía todos los datos y no podía dejar de mirar para tomar cualquier clase de decisión. Un día yo entré en su despacho y le escondí la carpeta. No sabéis lo divertido que fue, sabía que era yo (tenemos mucha confianza) y me perseguía por los pasillos para que le devolviera la carpeta desesperado. Yo me reía. Al final fue a una reunión importante sin la carpeta y salió adelante brillantemente, lo pasó mal pero fue un escalón en su crecimiento. A veces el humor ayuda mucho en estos procesos y quita peso.

    Creo que como líderes tenemos que estar atentos a esto que llamo yo «el lado oscuro de la responsabilidad» porque así conseguiremos que las personas desplieguen su potencial, sean más ellas mismas, desarrollen modelos creativos en un mundo cambiante y también porque, si queremos a las personas, debemos cuidar que no se vayan muriendo poco a poco debajo de una responsabilidad excesiva. Si liderar desde la confianza produce respuestas responsables no sería ético aprovecharnos de estas respuestas a costa de las personas para conseguir más rendimiento o mejores resultados. La persona, en sí misma, está por encima de todo.

    Si quieres comentar o añadir experiencias hazlo en los comentarios.

    4 respuestas a «El lado oscuro de la responsabilidad»

    1. Avatar de Christoph Carnol

      Juan, describes desde tu experiencia personal un fenómeno muy presente en muchas organizaciones, grandes y pequeñas, profesionales y privados. El «empowerment» puede hacer milagros y dar y recibir confianza es un don y una herramienta muy poderosa. Llevo aplicando «Change Management positivo y sostenible» en las organizaciones que he tenido la suerte de liderar y convencido que el business re-engineering ha pasado al mundo de la gestión del cambio 1.0. En mundo «Change 3.0» el centro son las personas que de verdad son la clave en las organizaciones y en el «Change 4.0» añadiremos la gran pizca de la orientación hacia la sostenibilidad positiva a nuestra poción mágica. El proceso puede ser largo pero vale la pena. Gracias Juan, por compartir tus experiencias con nosostros.

      1. Avatar de Juan

        Gracias Christoph, ojalá cada día haya más organizaciones que avancen hacia lo que dices!!!

    2. Avatar de Dado
      Dado

      Gracias por esta entrada. Ciertamente en esta pandemia se ha demostrado en muchos casos que muchas empresas y líderes desconfiaban erróneamente de las personas a su cargo y que han demostrado un nivel de responsabilidad que ha roto esquemas. Y también es cierto el otro lado que mencionas del peligro de la sobre-responsabilidad. Por ello el liderazgo atento y personalizado es tan necesario y tan difícil de conseguir…
      Gracias, Juan!

      1. Avatar de Juan

        Gracias Dado, estoy muy de acuerdo con lo que expresas, la pandemia ha puesto de manifiesto si existía la confianza o no. Mi experiencia es que la responsabilidad ha sobreabundado en los trabajadores.

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  • Las dos R’s

    Las dos R’s

    Photo by Chris Yang on Unsplash

    Estoy pensando mucho últimamente en qué se asienta el liderazgo desde la confianza, bueno, en realidad, en qué se asienta la confianza en cualquier relación humana. La riqueza de las personas es tan inmensa que no se pueda abarcar en algunas definiciones, o en marcos estables.

    Se me ocurre que hay dos cosas básicas en las que se asienta este modo de liderar. Son la RELACIÓN y la REALIDAD. Las dos R’s más importantes si tuviera que resumir lo que yo he vivido y estoy viviendo estos años en mi experiencia de dirigir equipos. Explicaré lo que quiero decir en cada una de ellas:

    El liderazgo se asienta en la REALIDAD y en la RELACIÓN

    LA RELACIÓN

    Una cosa que muchas veces no nos paramos a mirar es cómo es la relación que tenemos con el equipo y con cada una de las personas que dirigimos. A veces no nos paramos a mirar las cosas que nos parecen intangibles.

    Quisiera que por un momento os pararais para preguntaros cosas como estas ¿Cómo es nuestra relación? ¿En qué esta basada? ¿Alguno de nosotros está arriba y el otro abajo? ¿Podemos ser nosotros/as mismos/as en la relación? ¿Cómo ha evolucionado nuestra relación durante el tiempo que nos conocemos? ¿Qué adjetivos puedo poner a esa relación? Estaría muy bien que hicieras este ejercicio pensando en cada una de las personas que diriges o también pensando en quién te dirige o, más aún, pensando en cualquier relación humana que tienes.

    Una relación de liderazgo desde la confianza, creo yo, tendría que evolucionar hacia algunas características:

    • Una relación en la que respetando (con profundo respeto) la posición de cada uno, pudiéramos hablar de igual a igual, siendo cada uno/a como es. Huyendo de relaciones de arriba-abajo, de relaciones paternalistas que en el fondo también miran desde arriba.
    • Una relación adulta donde el lenguaje es objetivo, transparente, real. El lenguaje no se tiñe de chantajes emocionales, de desahogos, de distancia… Mira el lenguaje que usáis en la relación, seguro que descubres muchas cosas.
    • Una relación que tiene la calidez de la empatía y la escucha por parte de ambos. La calidez que produce una relación humana verdadera en la que el otro puede decir lo que piensa con libertad y ambas personas tenemos la capacidad de ponernos en el lugar de la otra persona.
    • Una relación en que somos capaces de discutir, de vivir el conflicto, de discrepar sin que por eso se deteriore la relación.
    • Pon tú más características de estas relaciones sanas y confiadas mirando las mejores relaciones que tienes.

    Una vez un amigo y maestro, que ha sido muy importante en mi vida, me preguntó, una pregunta que siempre me hago cuando hablo de relaciones. Me dijo: «Juan, ¿En quién descansas?», es decir ¿Con quién puedes ser más tú?. Una pregunta preciosa, ojalá tengamos cada día más relaciones en las que descansar.

    LA REALIDAD.

    Mi experiencia es que el liderazgo para ser real y verdadero se asienta en la realidad, en la realidad de cada día.

    Tengo la sospecha que las organizaciones tienden a hacer actividades de «motivación» para mejorar el ambiente de las personas o para que se involucren más en los proyectos. Sin embargo, tengo la sensación que. a veces, esto se hace fuera de la realidad. Se han puesto de moda muchos cursos de motivación, de mindfullness, out-doors en la naturaleza para mejorar el ambiente, actos festivos para aumentar la motivación etc. etc. Yo creo que esto es un buen avance porque está poniendo primer plano, de manera consciente, que las organizaciones tenemos que trabajar poniendo a las personas en el centro. Sin embargo, para mí pueden tener un gran peligro: que sean «fuegos artificiales» para tener a la gente «contenta» mientras la realidad va por otra parte. En este sentido voy a poner algunos ejemplos:

    • Las organizaciones están implantando cursos de «mindfullness» o relajación ya que el estrés es un problema muy importante en estos tiempos. Yo creo que cada líder tiene de leer el momento en el que está cada equipo y cada persona que dirige para evitar la presión excesiva, la falta de espacio y tiempo para pensar, la excesiva «cultura del hacer», el activismo. Esa es la responsabilidad de cada líder leyendo lo que pasa cada día.
    • A veces se organizan cenas, actos sociales en las organizaciones sin tener en cuenta el momento en el que estamos y sin escuchar profundamente lo que realmente está pasando. En todo grupo humano, es muy importante celebrar y también reconocer el esfuerzo. Un líder tiene que estar muy atento a eso pero, más importante, es leer y poner encima de la mesa el momento en qué está el equipo (si las relaciones funcionan, si estamos pasando un momento duro, si estamos en un momento de conflicto…)
    • Una forma en la que se puede comprobar que estos temas están fuera de la realidad es que, muchas organizaciones, cuando llegan momentos de crisis económica son las primeras actividades que suspenden. Esto quiere decir que están fuera de la realidad.

    Insisto en que esta nueva conciencia de promoción de las personas es positiva, pero para mí la verdadera motivación se consigue en la realidad cotidiana, viviéndola juntos, no huyendo de ella, trabajando juntos para superar los malos momentos y para celebrar los buenos. Un líder desde la confianza tiene su gran herramienta de trabajo en la realidad.

    El líder tiene que contar la realidad con transparencia, hacer partícipes a su equipo de las dificultades con toda crudeza, desde una relación adulta (ocultar la realidad es paternalismo). El gran desarrollo de las personas se consigue enfrentándolas a los retos que la realidad trae, acompañándolas para superarlos, animando para que cada persona aprenda nuevas formas de transformar la realidad. La mayor motivación surge porque la persona siente que es capaz de enfrentarse y superar lo que la realidad nos trae. Ese es el verdadero desarrollo humano.

    Una vez, una persona que tenía dificultades importantes en su organización, me preguntó ¿No sé cómo voy a a salir de esto porque va afectar al equipo,? Le dije: «¿por qué no los hablas con ellos/as?» . Le orienté hacia que hiciera una sesión con el equipo para contarles cuales eran sus preocupaciones, qué estaba pasando, que les contara con toda crudeza la situación en la que estaban. Recuerdo que se fue a cenar con sus personas de más confianza y juntos se conjuraron para afrontar lo que venía.

    Una cosa que continuamente tenemos que hacer como líderes es llevar a cada persona a su realidad, a cuál es su responsabilidad para que la persona se desarrolle en un precioso baile con la realidad como viene.

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    4 respuestas a «Las dos R’s»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias una vez más: lúcido y práctico.

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, me alegro que te sirva. Abrazo.

    2. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Qué grandes R’s. Muy cierto, Juan. Son temas principales. Además, otra R. La de Respeto. Ya lo apuntas, cierto. Yo considero el Respeto también como principal, en cuanto a la relación con otros, a la relación contigo mismo (a veces no nos damos cuenta de que no respetamos quienes somos de verdad), y en cuanto a ser Respetuoso con la Realidad, porque aunque sea redundante, eso significa mirar de cara la Realidad, verla tal cual es, respetando su verdad y sin querer maquillarla o esquivarla. Y no siempre nos resulta fácil.
      Y la pregunta «¿en quién descansas?», es todo un regalo. Gracias!

      1. Avatar de Juan

        Gracias Roberto, por supuesto el RESPETO…

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  • Orden o jerarquía

    Orden o jerarquía

    Photo by Brett Jordan on Unsplash

    El tema que voy a comentar hoy es un tema complejo, que nos lía mucho en las organizaciones y que además no sabemos gestionar muy bien, sobre todo en estos tiempos de la postmodernidad.

    Se trata de cómo vivir y gestionar la jerarquía, es decir ser jefe y en ese sentido estar por «encima» de los demás. Digo que trae problemas porque no sabemos como conjugar muy bien para relacionarnos con nuestros equipos y colaboradores. Esto, según mi experiencia, se vive de distintas formas según el carácter de cada persona. Podría señalar los dos extremos que se producen:

    • El «Jefe colega»: es aquel quiere ser amigo/a de todo su equipo, le cuestan los conflictos, no quiere decir lo que ve, no es transparente por no herir, suele delegar mal por no molestar, suele estar muy atareado. Como esto es imposible de gestionar acaba siendo un «dictadorzuelo paternalista» que toma las decisiones ocultamente o crea camarillas en el grupo. No esta en su puesto, sobre todo no está en su sitio.
    • El «Jefe control»: es una persona que trata de no delegar, de que el equipo no discuta, que no se le discuta, que tenga el mando y que se sepa. Cualquier opinión, es un ataque en contra, suele ser solitario, marcar distancias, encerrarse en su despacho. Algunos, los más agresivos, suelen dar miedo. Muchos de ellos muestran una gran inseguridad personal aunque traten de dar apariencia de seguridad.

    Bueno, son extremos, quizás un poco caricaturizados pero ya me entendéis. Sin embargo, hay innumerables líderes que no saben gestionar muy bien esto de ser jefe. Esto pasa mucho entre las personas jóvenes que han nacido en una sociedad más abierta, más libre pero también más «líquida». Y también pasa mucho en organizaciones religiosas o en ONG ya que su nacimiento está en un propósito altruista, en una visión basada en el amor y la fraternidad, esto lleva a gran confusión y a no saber vivir bien los puestos de liderazgo, e incluso a huir de ellos.

    La definición de orden según el diccionario de la R.A.E es «concierto, buena disposición de las cosas entre sí».

    Para mi existe una confusión entre jerarquía y orden. Me explico.

    • Jerarquía viene de jerarca según la R.A.E: «persona que tiene elevada categoría en una organización«, es decir el que ocupa una posición elevada. Esto es una cuestión que viene dada por las distintas responsabilidades que tiene un sistema (una organización) para organizarse. Sin embargo, no quiere decir distancia, superioridad de uno frente a otro en términos de relación humana. No quiere decir privilegio, no quiere decir control.
    • Orden según la R.A.E es «concierto, buena disposición de las cosas entre sí» Es decir, en todo sistema organizativo tiene que haber orden para que las cosas funcionen. Si no existe el orden existe el caos, que es su contrario.

    Por eso a mí me gusta más hablar de orden organizativo que de jerarquía. Me gustaría poner ejemplos cotidianos para ayudar a entender que quiero decir con orden:

    • Es orden que al final alguien tenga que decidir, que tenga la última palabra. No es orden que todos tengamos la misma responsabilidad y que todo se tenga que hacer por unanimidad.
    • No tiene nada que ver con el orden que haya privilegios que hagan diferenciar a las personas (por ejemplo: un sitio privilegiado para aparcar el coche). Pero puede ser orden, dar el sitio a las personas de más autoridad por respeto (por ejemplo, que el abuelo ocupe la cabecera de la mesa), aunque no siempre sea necesario.
    • No es orden que las personas del equipo confundan su necesidad de participación con que son ellas las que tienen que decidir y sino no hay buen ambiente.
    • Es orden que el líder escuche al equipo, que lo tenga en cuenta, que le dé su sitio, que dé la cara por los errores cometidos por cualquier miembro del equipo… Si no se hiciera así, el equipo no ocuparía su lugar y tampoco el líder porque no sería respetado como tal. El líder también debe ganarse su sitio frente al equipo para que las cosas funcionen.
    • No es orden cuando una persona de la organización ocupa sutilmente el lugar del jefe o este deja que lo ocupe. Un ejemplo que a veces pasa, es que, en una familia, el hijo manda sutilmente o no tan sutilmente más que los padres. Este es un sistema que no funciona.

    Os voy a contar una experiencia que me sucedió que creo que describe muy bien lo que quiero decir con el orden. Una persona de mi equipo, tenía un planteamiento para un tema que veía muy claro, que defendía apasionadamente y así, lo expuso en una reunión. Estuvimos escuchándole y recogí las opiniones de varias personas del grupo. Unas coincidían con las de esa persona y otras discrepaban. Yo discrepaba y al final de la reunión dije que no estaba de acuerdo y que no se tomaría la decisión. La persona se quedó callada y, conociéndola, se entristeció. A los días, estábamos juntos por otro tema, los dos solos. Le pregunté por la reunión que habíamos tenido y me dijo que su sensación era que no se le tenía en cuenta, que él creía que era lo que se debía hacer. Estuve unos segundos pensando y le conteste: «es verdad que tus argumentos son muy sólidos, me has hecho dudar mucho, no es un tema fácil. Sin embargo, como sabes, a mi me toca la responsabilidad de decidir y no sería fiel a lo que pienso y siento si hubiera aceptado tu propuesta. Ese es mi sitio pero eso no quiere decir que no te respete». Creo que me entendió, aunque por dentro algo se revolviese, pero la relación siguió intacta.

    Algunas cosas que os aconsejo a la hora de tomar decisiones para que quede claro el orden:

    • Cuando toméis una decisión en consenso en una reunión, que suele ser lo normal en equipos sanos, acabad el tema dando formalmente lugar al orden. Por ejemplo diciendo: «entonces, estamos de acuerdo todos y la decisión es….» Así queda claro y también que tú como líder la avalas.
    • A veces se puede delegar la decisión en un grupo por un método democrático de mayorías pero el líder no debe dejar su responsabilidad y debe avalar el método solo para ese caso. Tendrá que decir: «en este caso creo que tenemos que tomar la decisión por mayoría y lo que se decida por mayoría será la decisión de todos también la mía». En este caso existe orden porque el líder sigue teniendo la decisión: su decisión ha sido que se tome por mayoría. Sin embargo, tomar decisiones por mayoría no debe ser lo habitual podría ser una forma de «escaquearse» del líder
    • Alguna vez para un proyecto o tema concreto el líder puede delegar su capacidad de decisión en otra persona y avalarla delante el grupo. Debería decir algo así: «para este proyecto delego en Ana y lo que decida Ana es como si fuera yo para este tema».
    • Podéis poner más ejemplos que se os ocurran…

    Finalmente, para creyentes, Jesús dijo: «el que quiera ser el primero sea servidor de todos» (Mt 20, 27), una de las formas que tiene el líder de servir es decidir. Eso sí, buscando el bien de todos que tendrá que discernir en cada caso, aunque algunos no lo entiendan.

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    Una respuesta a «Orden o jerarquía»

    1. Avatar de Marga
      Marga

      Juan, buenisima esta entrada, necesaria (para mí :)) clara, inspiradora y formativa. Gracias!!!!

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  • Delegar, una prueba de confianza

    Delegar, una prueba de confianza

    Pantalla de mi ordenador

    Hace ya unos cuantos años, pasaba por una época bastante mala de trabajo. Estaba estresado, cargado, con la cabeza llena de cosas, cansado, llegaba siempre tarde a todos los sitios y no sabía por donde empezar. Había leído sobre gestión del tiempo y, aunque había empezado distintos métodos, seguía igual.

    Recuerdo una tarde paralizado delante de la pantalla del ordenador, miraba la pantalla pero no veía nada, deambulaba por mis pensamientos. En un momento, como un destello giré la cabeza y miré al equipo que trabajaba conmigo y pensé: son estupendos… ¿me podrían ayudar? Y me di cuenta…

    No estaba delegando bien, todo lo hacía yo, me cargaba con cualquier cosa, a todo decía que sí y no balanceaba bien a lo que podía llegar y a lo que no, lo que podía hacer yo y lo que podían hacer otros. No sabía delegar. Nunca me habían enseñado. ¿Eso cómo se aprende? Necesitaba aprender a delegar, en el fondo necesitaba desarrollar todo el potencial que tenía el equipo.

    Había leído bastante sobre delegación pero no dejaban de ser recetas que no servían o discursos impostados sobre lo importante que era delegar. No me ayudaban. Entonces, volví a mi mantra: La confianza (siempre ha sido mi lema). ¿Cómo sería la delegación desde la confianza? Y zas!!! se me ocurrieron varias cosas que me ayudaron mucho, casi un proceso. Os cuento:

    • En primer lugar, darme cuenta. Muchas veces no somos conscientes de que lo que hacemos lo puede hacer otro y lo puede hacer mejor que yo. Para eso se me ocurrió una idea creativa: escribí en un post-it la palabra y la puse en la pantalla del ordenador (como en la foto de esta entrada). Así cada vez que estaba haciendo algo miraba el post-it y me recordaba y me preguntaba si eso que estaba haciendo lo tenía que hacer yo o lo podría hacer otro. Me ayudo mucho.
    • Después aprendí a hacerme una pregunta mucho más importante. No se trataba de delegar la tarea que estaba haciendo sino la responsabilidad completa. ¿Podría delegar esta responsabilidad entera? ¿Por qué sigo haciendo esto yo? Hasta entonces había delegado tareas (Escríbeme esto, haz un informe, completa esto que yo he hecho…), me di cuenta que eso liaba más mi trabajo, confundía a las personas porque no tenían el contexto suficiente. Pongo un ejemplo: en una ONG el Coordinador General está preparando una campaña de concienciación para un nuevo proyecto. Cuando se da cuenta que podría delegar la pregunta no es ¿A quién puedo encargar esta campaña? sino ¿Hay alguien en mi equipo (trabajadores, voluntarios etc) que pudiera encargarse de las campañas siempre?
    • Posteriormente, trataba de elegir la persona de mi equipo que tuviera más cualidades para ello o que pensaba que lo podía hacer bien y además, intuía que se iba a apasionar con la responsabilidad. Le llamaba y tenía una charla abierta, explicándole por qué quería delegar esa responsabilidad, por qué había pensado en ella, cómo serían los pasos. Luego escuchaba sus reacciones (verbales y no verbales), sus objeciones, sus inseguridades… Después teníamos un diálogo abierto, sobre todo centrado en el futuro ¿Cómo lo harías? ¿Qué cosas cambiarías de lo que estamos haciendo? ¿Qué nuevas ideas se te ocurren?. Al final siempre le daba un par de días para pensarlo y que me respondiera. Normalmente me decían que sí, aunque también me han dicho que no y no pasa nada, perfecto, no es su momento.

    No se trata de delegar la tarea sino la responsabilidad completa. Esto produce autonomía, creatividad y motivación.

    Hasta aquí cómo lo enfoqué yo, por si sirve. Lo que me interesa es que detrás de la delegación hay mucho de confianza. En mi experiencia he visto muchas objeciones hacia la delegación en general:

    • Si delego perderé el control, puede que se me vaya de las manos. Justo de eso se trata de perder el control.
    • Si delego no se hará como yo quiero. Suele ser una objeción del perfeccionismo que todos tenemos.
    • Si delego cargaré al otro y ya tiene suficiente. ¿Por qué no se lo preguntas? Mi experiencia es que precisamente la motivación se basa en que las personas tengan responsabilidades completas en las que puedan desarrollar su creatividad y manera de hacer. Lo que desmotiva y carga de trabajo son encargar tareas sin conexión y sin sentido.
    • No está preparado. Si no das el paso nunca lo estará. Yo suelo ser partidario de «lanzar a los leones» a las personas y, después, acompañarles en el proceso.
    • ¿Y si comete un error y lo pago yo? El miedo al error y la culpabilización del error es lo que más parálisis produce en un equipo. El equipo se paraliza por miedo a fallar, prefiere no decidir a decidir y seguir como siempre a arriesgar.
    • ¿Tengo que delegar todo? ¿Entonces, yo que haré? Tienes que delegar lo más posible porque tu función, como líder, es desarrollar a las personas y, también, hacerte responsable de las decisiones que toma tu equipo.

    El denominador común de estas objeciones es la falta de confianza y detrás de la falta de confianza están cosas que todos tenemos y que nos da miedo cambiar: el control, el perfeccionismo, la inseguridad, el miedo… (pon tú las tuyas siempre está bien mirarse).

    Para los creyentes o no creyentes, mirando a Jesús y su manera de «liderar». ¿Cuál era una de las frases que más repetía? «No tengáis miedo». Pues eso.

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    3 respuestas a «Delegar, una prueba de confianza»

    1. Avatar de Mercè

      Parece que detrás de no delegar hay una falta de confianza en un@ mism@…comparto totalmente tu reflexión, gracias Juan!

    2. Avatar de Luis
      Luis

      Tomo nota, aprender a delegar del todo es mejor para mí pero también para aquel en quien delego

    3. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muy interesante. Me ha parecido muy útil, además del encuadre general del tema, el ejemplo concreto, que ofrece muchas pistas. ¡Muchas Gracias!

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  • El liderazgo de lo “normal”.

    El liderazgo de lo “normal”.

    Los chicos del coro (2004)

    Vamos a hacer un experimento, te pido que sigas las instrucciones y no sigas leyendo hasta que hagas el ejercicio. Será interesante, seguro.

    Cierra los ojos, respira… y ahora yo te digo la palabra LÍDER y observa lo primero que te viene a la cabeza, las imágenes que ten vienen, las personas que aparecen… toma nota.

    (….)

    ¿Ya está?

    Ahora vamos a hacer lo mismo, cerrar los ojos, respirar pero ahora vamos a pensar en la persona que más te ha influido, para bien, en tu vida, la persona que más te ha ayudado a crecer. Ponle nombre, imagina cómo era.

    (…)

    ¿Ya está? ¿Curioso, verdad?

    Varias veces en cursos que he dado he hecho este ejercicio y, casi siempre, ha sucedido lo mismo. En la primera parte a tod@s nos vienen imágenes de grandes líderes (Steve Jobs, Martin Luther King, políticos, deportistas etc.).

    Sin embargo, cuando imaginamos a las personas que más nos han ayudado o que más nos han hecho crecer, pasa una cosa curiosa, normalmente son amigos sinceros, maestros sencillos (casi todo el mundo me habla de una maestra de cuando era niño) jefas humildes, gente bastante “normal”.

    Recuerdo una personas que me dijo: “me quería mucho pero no me dejaba pasar ni una”

    Y cuando pregunto ¿Cómo eran? Vienen palabras como pacientes, estimulantes, exigentes pero comprensivos, tranquilos pero apasionados por el otro, humildes, sencillos, daban paso al otro, verdaderos y muy pegados a la realidad. Recuerdo una personas que me dijo: “me quería mucho pero no me dejaba pasar ni una”. Muchas veces cuando hablamos de esas personas sale que son personas que han vivido mucho, personas con madurez y experiencia.

    Yo en mis años en la empresa, también he visto esto. No solo he visto grandes líderes en los grandes directivos (a muchos les cuesta esta faceta y se refugian en lo técnico) sin embargo, los he visto en mandos intermedios de las fábricas que llevaban discretamente equipos difíciles de personas y que son siempre, el corazón de las empresas. Me acuerdo de Ramón que ya falleció: rudo pero te decía las cosas a la cara, venia de una familia sencilla o de Javi, que le ofrecí llevar al grupo más difícil de la empresa donde teníamos un 10% de absentismo y, él aceptó el reto enseguida. Recuerdo como dos meses después se había ganado al equipo con un lenguaje directo y con una justicia que no admitía privilegios. ¡¡¡Al cabo de seis meses el absentismo había bajado al 2%!!!! y tantos otr@s (Alberto, Itziar…)

    Esto es lo que yo suelo llamar el “liderazgo de lo normal” y si tengo que poner un denominador común a estas personas se me ocurren tres:

    • Una gran pasión (amor) por las personas.
    • Son muy verdaderos con el otro y te dicen lo que ven para que crezcas. Normalmente con un lenguaje directo pero lleno de ternura en el fondo.
    • Son humildes, no quieren ser el centro. No suelen ser EGOcéntricos.

    No se si habéis visto la película “Los chicos del coro”, siempre he pensado que el profesor de música protagonista representa muy bien lo que yo llamo el “liderazgo de lo normal”. Si queréis aprender y pasar un buen rato os invito a ver esta película mirándola desde el liderazgo.

    Ah! Se me ocurre otra invitación: leed la carta de Pablo a los Corintios 13, 4-6 y contrastar lo que allí dice con las características de las personas que más os han hecho crecer que habéis pensado antes. ¿Coinciden, al menos algunas?

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  • La mirada

    La mirada

    person with body painting
    Photo by Sharon McCutcheon on Pexels.com

    Hay una pregunta que nos hacemos mucho ¿Qué es importante para ser buen/a líder? Realmente no hay una respuesta clara, no es fácil ponerse de acuerdo sobre esto. No hay recetas. Sin embargo, si buceáis por la red veréis muchas definiciones, «las diez reglas para el líder», «las competencias del líder», «estilos de liderazgo» etc. En este mundo buscamos respuestas fáciles para asuntos complejos y, sobre todo, respuestas rápidas. El problema de las respuestas fáciles y rápidas es que no permite profundizar en el asunto y, eso, ya en sí mismo, es un problema.

    Por eso yo no tengo una respuesta clara para la pregunta. Por supuesto, no tengo una respuesta ni fácil ni rápida. Sin embargo, si la pregunta fuera ¿Qué es lo más importante para ti para ser un buen/a líder? yo podría dar, en base a lo que he vivido, una respuesta personal: lo más importante es LA MIRADA.

    ¿Qué quiero decir?

    La mirada es cómo mira el líder a las personas de su equipo. Podemos tener muchas miradas:

    • Podemos mirar desde arriba: desde la jerarquía, yo digo y tú haces, no pienses que yo pienso por ti… no vaya a ser que me quites el sitio.
    • Podemos mirar desde abajo: me siento pequeño, no me atrevo a decirte lo que pienso, no puedo gestionar los conflictos, me cargo con todo… no vaya ser que te ofendas.
    • Podemos mirar desde lejos: no me mezclo, no tengo relación, no me acerco, no me preocupo… no vaya a ser que nos acerquemos demasiado.
    • Podemos mirar por encima del hombro: mirar qué estás haciendo, controlar todo lo que haces, comprobar todos los trabajos, no delegando.. no vaya ser que me traiciones y no hagas lo que debes.
    • Y también podemos mirar desde dentro: mirar desde mi yo profundo, mostrarme como soy (siempre débil y humano), sentir empatía por el otro, desear su desarrollo, su felicidad, confiar en su inmenso y hermoso potencial… y ,si miramos así, el otro crecerá o lo intentará, el otro me contará lo que le preocupa, me dirá lo que ve, tendrá la tranquilidad de que si me dice lo que piensa (aunque sea distinto a lo que yo pienso) podremos encontrar un mejor camino, si se equivoca no se esconderá o se excusará.

    Un día, cuando empezaba a dirigir equipos, se me ocurrió decir a mi equipo en una reunión: «creo que para mi lo más importante para dirigir es la Mirada». Y añadí: «lo importante es la mirada incluso si un día tengo que decir a un@ de vosotr@s que no cuento contigo». Se hizo silencio, quizás no me entendieron o quizás sí pero para mí fue muy real, era lo que sentía, todavía lo siento.

    La mirada del líder tiene que estar llena de compasión, de deseo de que el otro crezca, de verdad, de promoción de la persona, de pasión por el equipo, de humildad (autocompasión) para decirle al otro lo que vemos aunque sea difícil, de alegría por los triunfos del otro, de… (sigue poniendo tú lo que piensas).

    La mirada del líder tiene que estar llena de compasión, de deseo de que el otro crezca, de verdad, de promoción de la persona, de pasión por el equipo, de humildad (autocompasión) para decirle al otro lo que vemos aunque sea difícil, de alegría por los triunfos del otro, de…

    Desde mi perspectiva creyente siempre me he detenido en un versículo del Evangelio (Mc 10, 21) es del pasaje del «joven rico». Marcos añade un detalle en este versículo: unas traducciones dicen «Jesús, mirándole, le amo», otras dicen «Jesús, lo miro con cariño y le dijo». Para mi siempre ha resonado esto como la Mirada en mayúsculas. Si conocéis el pasaje, Jesús le dice: «una cosa te falta, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres». Jesús le está diciendo que vuele, que deje de estar enganchado (en este caso a las riquezas, pero puede ser a cualquier cosa), que se libere, que sea más, que sea más feliz, que se desarrolle, decimos nosotros en nuestro pobre lenguaje. Esto para mi refleja inmensamente lo que quiero decir con la Mirada del líder. Me gusta imaginarme esa Mirada de Jesús.

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    Una respuesta a «La mirada»

    1. […] En todo lo que vengo escribiendo está de fondo la mirada, en cómo miramos a los demás y cómo nos miramos a nosotros/as mismos/as está la base de todo y es el sustento sobre el que se sostiene nuestra forma de dirigir, orientar, enseñar. Una de mis primeras entradas se tituló así: la mirada. […]

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  • Kung-fu Panda

    Kung-fu Panda

    Hace ya mucho tiempo, cuando era director de desarrollo de personas, una persona del departamento trajo un trozo de la película Kung-fu Panda. La acababa de ver con su hijos y un destello le había hecho mirar la película desde otro sitio. Os dejo el trozo para que disfrutéis.

    Es estupendo, ¿verdad?

    Habla de cosas muy importantes en el liderazgo. Primero habla de lo que podemos controlar y lo que no podemos controlar. Experimentar esto es fundamental: ¡hay tantas cosas que no podemos controlar! Las organizaciones, los líderes creemos que podemos controlar. Por eso las organizaciones están llenas de controles que solo dan burocracia, frenan la capacidad de libertad de las personas, generan ineficacias… Suelo decir que muchas veces trabajamos por la «ilusión de control» porque dar paso a la confianza da vértigo. Ya sé que me daréis muchas razones para controlar en las organizaciones: la contabilidad, el control interno, los controles legales etc. etc. etc. No digo que no haya que poner controles y muchas veces son necesarios. Sin embargo, os aconsejo pensar desde la óptica de la confianza, lo digo para que cada vez que estéis pensando en poner un control más en vuestros equipos deis oportunidad a la confianza y os hagáis la pregunta ¿Esto lo hago por una vana «Ilusión de control»? ¿esto coarta la confianza? ¿no me fío de las personas?

    Muchas veces trabajamos por la «ilusión de control» porque dar paso a la confianza da vértigo.

    Interesante ¿no crees?

    La otra cosa de la que habla el video es de «melocotones» («duraznos» en Latinoamérica), mirad a todas las personas como «melocotones» y creer en ellas, esperar en ellas, es decir, confiar en ellas. Esa es la mirada del líder. Dice Shifu «¿estás dispuesto a creer en él? ¡Qué importante pregunta para un líder!

    Desde aquel día, en mi departamento, apareció un código nuevo. Muchas veces cuando teníamos tentaciones de controlar, nos mirábamos unos a otras y nos decíamos: «ilusión de control» y todos sabíamos de lo que hablábamos. Otras veces cuando un líder de nuestra organización nos venía ha hablar de su dificultad sobre el desarrollo de alguna persona, le poníamos el video y le hablábamos de «melocotones». Esto quiere decir ¿Qué todo el mundo puede desarrollarse al máximo?, ¿Qué no existen los conflictos? por supuesto que no, pero de eso hablaré en otra entrada. Sin embargo, a mi me gusta mucho hablar de la mirada del líder y esa mirada pienso que tiene que ser en «creer en las personas».

    ¡Ah, otra cosa desde la perspectiva creyente o espíritual! Shifu también dice una cosa interesante: «no existen los accidentes». ¡Qué gracia poder vivir la vida así! 😉.

    Si quieres comentar pulsa arriba en comentarios.

    Una respuesta a «Kung-fu Panda»

    1. […] También existen organizaciones que ponen excesivas personas a controlar, se llenan de interventores, auditores… Los clásicos tenían una máxima irónica pero muy sabia: «Quis custodiet ipsos custodes?» traducido: ¿Quién vigila a los vigilantes?, ¿Por qué confiamos en los vigilantes y no el todas las personas?… Creo que es una buena pregunta. Probablemente por una falsa ilusión de control […]

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  • Este blog va de…

    • Llevo muchos años dirigiendo y formando equipos. El liderazgo (el buen liderazgo) me apasiona, creo que las organizaciones solo avanzan con buenos líderes éticos y humanos.
    • Me da la sensación que muchas organizaciones dedicadas a los demás (ONG, Asociaciones, instituciones religiosas…) no hablan mucho de liderazgo, ni se forman en ello, ni siquiera reflexionan sobre ello. Sin embargo, creo que son organizaciones con propósito y creo que en ellas puede desarrollarse el liderazgo de una forma más plena y humana.
    • Creo que sería bueno ayudarles o compartir juntos los problemas y enfoques que, en este tema, ya estamos haciendo en las empresas. Como muchas veces no pueden acceder a formadores o consultores de desarrollo de personas he pensado que hacer este blog podría ayudar.
    • Para mi, el liderazgo tiene que estar basado en una confianza profunda en las personas, creando contextos y cultura para que la confianza se dé.
    • Para mi, se lidera desde la confianza, no solo con confianza. Quiero decir que la confianza es la base, la piedra angular, el suelo fértil para que todo el potencial de las personas se desarrolle y puedan ser ellas mismas en las organizaciones en las que trabajan.
    • Aquí encontraras reflexiones, pensamientos y, sobre todo, experiencias de mis más de 30 años aprendiendo y trabajando en este tema. Espero que te sirvan, aunque discrepes. Te invito a participar en los comentarios para que tod@s podamos enriquecernos.

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