Autor: Juan

  • Listones

    Listones

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    Photo by João Jesus on Pexels.com

    Hace ya algún tiempo que vengo observando que las personas nos esforzamos de manera muy importante por dar la talla. Esta sociedad en la que vivimos nos pone (o nos ponemos) constantemente listones que debemos tratar de saltar. Cada día es una meta y un desafío para alcanzar no sé qué objetivo.

    Hay listones de todo tipo: ser perfecto/a, llegar a todo, tener éxito, tener un mejor cuerpo, gustar más, ser reconocido/a, ser fiel a lo que me he comprometido, estar a la altura del grupo o de jefe o de lo que se espera…

    Esta carrera de obstáculos que nos ponemos es agotadora y entrar en ella desemboca en un cansancio existencial y poco sano. Cuando escucho profundamente a las personas, normalmente, encuentro un denominador común por el que se produce esto. Lo podría resumir en “quererse poco”. Hay mil derivadas del no quererse: no gustarse, perseguir la aprobación de los otros/as, mirarse mal, menospreciarse, hablar en negativo etc. pero siempre acabo pensando que tenemos mucho recorrido para querernos más.

    En algún momento de la vida nos desconectamos del niño/a que fuimos, en el que nos sentíamos plenos/as, sencillos/as, cuando simplemente éramos. Esto nos cuesta la vida y recuperarlo es una conquista y la parte más importante del camino a recorrer en nuestro desarrollo personal.

    Una aclaración: el desarrollo personal también puede ser otro listón y tardamos mucho tiempo en darnos cuenta. Se trata de verlo como una aventura, una danza, un apasionante viaje. Claro que requiere esfuerzo porque se trata de ir quitándonos capas de rigidez para ir consiguiendo ser nosotros/as, la niña/o que fuimos. Pero la recompensa es la liberación. Es como si nos fuéramos quitando poco a poco una costosa armadura rígida y anquilosada y fuera apareciendo la carne desnuda de lo que somos.

    Intentaré daros algunas pistas para trabajarnos, estas pistas para mí siguen siendo camino:

    • Mírate al espejo cada mañana y reconoce tu cuerpo, aprécialo, vete descubriendo su belleza y abrázalo con la mirada hasta reconocer en él toda tu armonía. Hazlo despacio, no corras…
    • Di «SI» a lo que te apetecería pero nunca te has atrevido. Prueba, experimenta, explora… Tocar ese instrumento, aprender a bailar o cantar, tumbarme en el suelo, andar descalza, ponerme esa ropa, pintar, cocinar… tantas cosas que dejamos, que no nos atrevemos…
    • Dí “NO” a lo que no quieres: empieza por las cosas pequeñas, no quiero ir a tal sitio, no quiero hacer esto tan pequeño. Cada “NO” será una pequeña conquista. A veces, nos sale decir “SI” casi automáticamente, porque lo hemos hecho toda la vida y solo después caemos en la cuenta y nos culpabilizamos. En estos casos, te recomiendo que cuando te pares y veas que tenías que haber dicho “NO” y no lo has hecho, decidas ir a la persona y decirle “perdona, antes te había dicho que Si pero lo he pensado mejor y no puedo, gracias”. Seguro que vas avanzando poco a poco.
    • Conéctate con tu niña/o interior: siéntate frente a una silla vacía, respira profundamente, relájate e imagina como eras de niño/a, descubre cuándo, cómo te has ido alejando de él/ella y háblale, dile lo que te vaya saliendo, con todo el corazón del que seas capaz. Abrázale, ríete con ella, llora con ella.. Y al final, acaba el ejercicio prometiéndole que le serás fiel a sus anhelos, a ella… poco a poco. Y prométele que de vez en cuando volverás a repetir el ejercicio para que vuestra vida este mucho más reconciliada.
    • Repasa el día: al final del día mira cuando te has desconectado: cuando has sentido presión, estrés, angustia, enfado, tristeza… y también cuando te has sentido conectada/o: has sentido paz, alegría, esperanza, serenidad… No se trata de hacerlo desde la cabeza sino desde la emoción sentida, desde el cuerpo… Si lo haces de manera habitual, te conocerás mejor y podrás elegir mejor estar conectado/a más tiempo.
    • Hazle caso a la intuición. Intenta alguna vez responder a la intuición primera que tienes sobre algo, sobre cualquier problema y circunstancia. Cuando algo sucede reconocerás una intuición que sale, no desde la razón sino desde otro sitio. Cuando te venga, dale nombre y guárdala en una urna protegiéndola, es una manera de hacerla consciente. Luego vendrán los razonamientos que tratarán de ocultarla o de desacreditarla… Sin embargo, atrévete a sacarla de la urna y responde desde ella. Luego reflexiona y mira cómo te ha ido… Irás aprendiendo mucho de tí.

    Mi deseo es que la vida pase de ser un carrera de obstáculos a un correr libre por una pradera en la que los saltos sean parte del camino y las cuestas arriba sean retos preciosos y divertidos.

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  • Momentos de aprendizaje.

    Momentos de aprendizaje.

    Photo by Ainara Oto on Unsplash

    La vida es un largo camino en el que ella misma te va configurando y te va haciendo. Ser uno mismo, una misma y desplegarse desde lo que somos y hemos recibido es el destino de este apasionante viaje. En mi experiencia hay dos formas de vivir: una ,dejándote atrapar por las experiencias que la vida trae y otra escondiéndote, huyendo o evitándolas. En la primera forma de vivir se dan actitudes de las que hemos ido hablando en este blog: la escucha profunda, el silencio que acoge, la humildad de saberse muy poco ante la inmensidad de la vida , la compasión que se enternece, el deseo inmenso por el crecimiento del otro/a…

    Hasta ahora en este blog he ido hablando de muchos de estos aspectos, quizás de una forma teórica, a veces apasionada, a veces racional, como me ha salido. Hoy os hablaré sobre los acontecimientos que la vida me trae y de los que puedo aprender si estoy atento. Hay muchos momentos a lo largo del día que son oportunidad. Lo que os iré contando es mi experiencia concreta de cómo se va construyendo, poco a poco, lo que yo llamo ¨liderar desde la confianza ¨. Allá vamos, lo hago con pudor pero con la esperanza de que os sirva.

    Esta semana, en mi organización, el equipo que se encarga de un proyecto muy importante en el que llevan trabajado dos años nos lo han presentado a los/as directores/as. La responsable del proyecto y su equipo nos iba contando como se han hecho las cosas, las dificultades que han tenido que pasar (dos años de pandemia lo han complicado todo mucho), los distintos componentes del equipo explicaban su parte con un entusiasmo tímido mirando expectantes a nuestros ojos… Lo que han conseguido es impresionante. Os cuento, a modo de ráfagas, como este pequeño acontecimiento me ha ayudado:

    • He disfrutado muchísimo, este ha sido el primer sentimiento del acontecimiento, disfrutar de lo que hacen otros/as, alegrarte con ellos/as, alegrarnos juntos/as…
    • Me he apartado un minuto de la presentación que estaban haciendo, me he admirado de ellos/as y me ha venido un sentimiento de humildad intenso. ¡Qué buenas/os son! Me he visto pequeñito ante la potencia de un equipo trabajando unido, en grupo, motivado e ilusionado. Cuando la realidad me lleva aquí, es un aprendizaje precioso para cuando llegan las tentaciones de sentirte importante, de sentirte el protagonista. Los logros son de la fuerza colaborativa no de nuestros logros individuales.
    • Otra cosa que he experimentado es que, cuando apuestas por el equipo y por la confianza, lo que se recibe es abundancia enorme, como dice el Evangelio «el ciento por uno». Esto es muy importante porque muchas veces tengo tentaciones de ir más deprisa, de no confiar, de criticar, de poner los objetivos por encima de las personas… Me reconcilia con lo que creo.
    • Me han venido unas ganas enormes de felicitar, sin peros, sin dar nuevas ideas, sólo un aplauso profundo… Como jefe, a veces, tienes la tentación de decir la última palabra, incluso de dar ideas… es lo que se espera. No digo que a veces no sea necesario. Hacedlo cuando así lo sintáis pero no os sintáis obligados a hacerlo. En este caso, sólo me salía aplaudir y admirar. ¡Quién era yo para decir algo! Saben mucho más que yo, lo hacen mucho mejor que yo…

    Bueno, sin más, os traigo este trocito de vida, de aprendizaje personal que me ha regalado la semana. Espero que os sirva y os invito a compartir vuestros aprendizajes en los comentarios.

    Una última cosa: me encantaría que me dierais temas de los que os interesa que hable en las próximas entradas o dificultades que tenéis en este camino del liderazgo. Si son temas personales os contestaré por correo personalmente, si son temas que pueden ayudar a todos/as lo intentaré hacer en las próximas entradas. Podéis hacerlo en los comentarios o mandándome un correo a juan@liderardesdelaconfianza.org

    7 respuestas a «Momentos de aprendizaje.»

    1. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Aprendizajes enormes: humildad propia y apreciar a los demás. Y luchar contra las tentaciones.
      Bravo Juan!

      1. Avatar de Juan

        Gracias Roberto, exactamente es lo que dices, como la vida misma.

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Qué bonito y aleccionador. Enfocados en la cooperación, sin caer en egocentrismos. Enhorabuena y gracias.

    3. Avatar de Luis

      Hola, como siempre muy interesante lo que escribes, una vez me hablaste en un momento malo de mi vida del wu wei, y he leído sobre él pero prefiero que tú me lo expliques. Gracias.

      1. Avatar de Juan

        Gracias, lo intentaré. Abrazo

    4. Avatar de Merce
      Merce

      Juan que preciosa experiencia! me venía leyéndote que crecemos a través de las demás personas…entonces, liderar equipos, es pura bendición…!

      1. Avatar de Juan

        Mi experiencia es que recibimos más de lo que damos. Es por eso, como dices, una bendición. Muchas gracias

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  • El líder no es un acompañante, ni un psicólogo…

    El líder no es un acompañante, ni un psicólogo…

    Hoy estrenamos canal de youtube: Donde iremos colgando una serie de videos sobre distintos temas. El que subimos hoy trata de un tema especialmente delicado que es la confusión de roles entre líderes y acompañantes, psicólogos o coachs. Todos trabajan con personas e influyen en el desarrollo de las personas, sin embargo nos parece muy importante no confundir el ámbito en que cada uno trabaja. Espero que os sirva y podemos seguir en los comentarios.

  • Cultura de la confianza: la comunicación

    Cultura de la confianza: la comunicación

    Photo by saeed karimi on Unsplash

    Cierro estas entradas sobre la cultura de la confianza, hablando sobre el pilar básico en el que se asienta cualquier cultura: la comunicación. Lo que comunicamos y lo que no comunicamos (que también es comunicación) es lo que, finalmente, traslada lo que somos. Esto en nuestras relaciones es muy evidente: una cosa es lo que queremos decir, otra lo que decimos, otra es cómo lo decimos y otra muy distinta lo que al receptor le llega. La comunicación que reciben las personas de una organización es lo que, al final, crea la cultura.

    Conozco organizaciones que trasladan que las personas son muy importantes, esto está en sus discursos y sus publicaciones pero cuando estás dentro de la organización el lenguaje, las formas, los muros, los privilegios trasladan una distancia, una rigidez, una jerarquía… en la que la persona se siente bloqueada y no puede ser ella misma.

    Al final todos somos lo que somos porque alguien nos permite ser.

    Como siempre, desde mi experiencia, quisiera daros algunas pistas de qué me parece básico en la comunicación en una organización que trabaja desde la confianza.

    • La conversación: me parece fundamental que todos/as los/as líderes de la organización dediquen mucho tiempo a la comunicación con sus equipos. Yo suelo decir que mi principal herramienta de trabajo es la conversación. Dedico casi todo mi tiempo a tener conversaciones, a dialogar, a pensar juntos/as hablando, a matizar, a entendernos etc. Mi experiencia es que desde la conversación se consiguen los mejores proyectos y la mejor transformación de las cosas.
    • Una comunicación que me diga «cómo contribuyo al propósito de mi organización»: todos/as necesitamos saber cuál es el sentido de lo que hacemos, cómo contribuimos a la misión de nuestra organización. La motivación se basa en esto. Por eso tenemos que hacer un esfuerzo para informar de lo que queremos, hacia dónde vamos y cada líder debería trasladar a cada persona cómo puede aportar, reconocer cómo está aportando y abrir posibilidades que le permitan contribuir más al propósito de la organización. Además esto ayuda mucho en la autonomía de las personas.
    • Una comunicación que me permita «ser yo mismo, yo misma»: esto me parece lo más importante en una cultura de la confianza. El problema que solemos tener en las organizaciones es que la persona se queda fuera del trabajo; la persona se pone el mono de trabajo, la corbata o el uniforme y pasa a comportarse de manera distinta a como es, se comporta como piensa que se espera de ella. Me parece esencial para que las personas aporten lo mejor de ellas mismas que puedan, en la medida de lo posible, sentirse tan cómodas que puedan comportarse y comunicarse como son, sin ropajes ¿Cómo puede contribuir un/a líder desde la confianza en esto? De muy distintas maneras, recojo algunas:
      • Mostrándose vulnerable: reconociendo sus fallos, mostrando sus sentimientos, pidiendo perdón, riéndose de si mismo/a…
      • Mostrándose cercano: usando un lenguaje cercano, escuchando atentamente, no penalizando los errores, conociendo a la persona y lo que le pasa, fomentando una relación de acogida y respeto…
      • Estando siempre abierto/a: teniendo siempre tiempo para el otro, quitando barreras físicas y jerárquicas, desplegando encuentros y conversaciones teñidas de atención y preocupación por el otro/a…
      • Respetando siempre: especialmente cuando tengo que gestionar un conflicto con la otra persona, cuidando los detalles, evitando las preferencias y los silencios despreciativos…

    Al final todos somos lo que somos porque alguien nos permite ser. Espero que todos/as tengamos la experiencia de tener a alguien con quien ser nosotros mismos/as, alguien que nos entiende perfectamente, alguien que nos configura, que nos ensancha, que nos descansa. Es con estas personas como los seres humanos conseguimos desarrollar una buena autoestima y es, desde ellos/as, desde donde nos desplegamos para ser la mejor versión de nosotros/as mismas. Ojalá las organizaciones vayamos, aunque sea un poco, creando cultura para que relaciones así se den.

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    2 respuestas a «Cultura de la confianza: la comunicación»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan. Emerge siempre el valor de la persona. Estimulante. Un abrazo.
      Txemi

    2. Avatar de Javi
      Javi

      Gracias Juan

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  • Cultura de la confianza: aspectos esenciales.

    Cultura de la confianza: aspectos esenciales.

    Voy a seguir tratando aspectos que me parecen relevantes en esto de crear una cultura de la confianza sobre la que podamos construir una organización en la que las personas se puedan desarrollar. Son las columnas sobre las que se asienta todo lo demás y permiten que las personas se encuentren cómodas para ser ellas mismas y desde ahí poder compartir, trabajar en equipo, desplegar sus dones… Como siempre, están basadas en mi experiencia y no quieren ser exhaustivas, solo pretenden inspiraros para que se despierte el deseo de ir por el camino de la confianza.

    Una precisión previa: los aspectos culturales a los que me voy a referir, no son sólo aplicables a las organizaciones, se dan de la misma manera en las relaciones personales, de amistad, de familia (especialmente de padres y madres hacia hijos e hijas).

    Aspectos esenciales.

    Una cultura de la transparencia: es muy importante, esencial, que la verdad y la transparencia estén en la base de la cultura de la confianza como una premisa que el/la líder de la organización tiene que tener en mente e implantar con toda la fuerza que pueda. Algunos detalles que podemos tener en cuenta: buscar los espacios abiertos en las oficinas para evitar los cubículos, evitar la excesiva confidencialidad, no buscar el secretismo, tener cuidado con la prohibición excesiva y con los reglamentos y procesos interminables, cortar cuanto antes las actitudes que suponen guardar información para tener más poder, evitar los correos con copia al jefe, aplaudir la sinceridad asertiva aunque me duela lo que me dicen …

    Una cultura de la cercanía: es importante que evitemos las distancias y barreras entre las personas, especialmente las que tienen que ver con las jerarquías. Trataremos de evitar los privilegios de los de arriba (p.ej. un sitio especial para aparcar el coche), buscaremos usar unas formas personales y un lenguaje de cercanía para que las personas puedan expresarse sin cortapisas (p.ej. conocer el nombre de pila de las personas), evitaremos encerrarnos en los despachos, impulsaremos el sentido del humor y la alegría, también daremos reconocimiento, incluiremos en nuestro día a día tiempos dedicados a que las personas puedan expresarse con sinceridad y profundidad, nos preocuparemos por sus situaciones personales y familiares y daremos espacio a tratar los conflictos para que se puedan resolver…

    Una cultura que no penaliza el error: nada crea más desconfianza que una organización que castiga, verbalmente o de cualquier otra manera, el error. Es como con los hijos/as a los que no castigamos cuando han fallado en un examen si han estudiado mucho: premiamos el esfuerzo y no castigamos el error. En este tema es muy importante que os miréis, porque podéis pensar que no penalizáis el error, pero sutilmente lo podéis estar haciendo casi sin daros cuenta: cuando vuestro gesto no es acorde con vuestras palabras, cuando se produce un error y tenéis la tentación de poner muchos controles nuevos sin previo aviso, cuando el error os produce interiormente desconfianza sobre la persona… Creo que esto debemos revisarlo continuamente, porque penalizar el error de una u otra manera, hará que no aparezca lo que está sucediendo, en definitiva: la verdad.

    Una cultura de la empatía: una cosa muy importante que el/la líder desde la confianza tiene que ejercer continuamente, es ponerse en el lugar de la otra persona. Esto quiere decir algo tan sencillo como preguntarse con sinceridad y humildad las siguientes preguntas: «¿Qué hubiera hecho yo en esa circunstancia? ¿Puedo entender el comportamiento de la persona?… » Esto no quiere decir que no haya que corregir ciertos comportamientos o no hablar de los errores. Si no lo hiciéramos, estaríamos en una cultura del paternalismo y no de la confianza. Tenemos que hablar de estos temas con asertividad pero también entender a las personas, ambas cosas son compatibles.

    Una cultura que no busca la competición entre las personas: yo no creo para nada en los procesos de evaluación del desempeño mediante puntuaciones o en los proceso de promoción basados en la competitividad abierta y descarnada entre las personas, en los rankings entre empresas o los rankings en los alumnos/as de una clase etc. Creo que generan distancia y, como consecuencia, desconfianza. Creo más en la conversación cercana y asertiva, que habla de la verdad sobre lo que nos pasa con una comunicación abierta y fluida que busca la mejora.

    Los/as líderes tenemos la responsabilidad de generar esta cultura porque sólo desde la confianza las personas se pueden expresar con libertad mostrándose como son. Esto da una potencia increíble a las organizaciones porque desde aquí se encaran los retos contando con las personas, con lo mejor de ellas. Os animo a que sigáis dando pasos en favor de la confianza porque, estoy convencido, que recibiremos, como dice el Evangelio: «el ciento por uno».

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    2 respuestas a «Cultura de la confianza: aspectos esenciales.»

    1. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      ¡Mil gracias, Juan!
      Totalmente de acuerdo en que se trata de cinco aspectos esenciales.
      Me quedo pensando especialmente en el tercero y en el quinto, porque pueden aportar mucho en la organización en que trabajo.
      Un abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Muchas gracias, Juan. Resulta muy estimulante ver que quien tiene experiencia de responsabilidad en organizaciones también de tipo empresarial aboga por las relaciones de confianza como lo más sano y beneficioso para las personas y la propia organización. Un abrazo.

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  • Cultura de la confianza: reuniones.

    Cultura de la confianza: reuniones.

    Voy a dedicar una serie de entradas a proponeros, desde mi experiencia, algunas cosas prácticas para crear una cultura de la confianza. La realidad es que cuando trabajamos en un entorno de confianza, las personas nos sentimos más seguras, más libres y podemos desplegar mejor lo que somos, dando lo mejor de nosotros/as mismos/as. Son muchos los pequeños detalles, prácticas, costumbres que van creando una cultura así. Yo puedo hablar de la confianza pero si mi cultura es de control, por más que hable nunca se llevará a cabo.

    En esta primera entrada voy a hablar de las reuniones porque es una herramienta que se usa mucho en las organizaciones. Además vengo observando en muchas personas el enorme cansancio de tantas reuniones, que además la pandemia ha acentuado al poder hacer muchas reuniones por videoconferencia con la facilidad que esto supone. Existe una inflación galopante de reuniones, sobretodo en muchas organizaciones sin ánimo de lucro (ONG’s, instituciones religiosas…)

    Vengo observando el enorme cansancio de tantas reuniones, especialmente desde que hemos incorporado la videoconferencia por la pandemia.

    Voy a dar unas pautas que he ido aprendiendo. Son solo algunas y os animo a experimentar si os ayudan:

    Pocas reuniones pero buenas: suelo decir que las reuniones son un procedimiento de trabajo caro. Me explico, una reunión tiene el coste (o la inversión si se hace bien) del salario hora de cada persona que está en la reunión, muchas veces un coste muy importante. Si lo miramos así, habría que aprovecharlo bien. En las organizaciones sin ánimo de lucro, esto tiene mucho peligro porque podemos pensar que no hay salarios en los participantes. No, no los hay pero el coste de una mala reunión, es el tiempo que las personas se quitan de su vida personal y familiar, deberíamos ser muy respetuosos con esto. Debemos tomar conciencia de esto antes de convocar una reunión. El que convoca una reunión tiene que hacerse estas preguntas: ¿Es necesaria la reunión? ¿Existe otro método que no sea la reunión para conseguir el objetivo? Si es así, opta por el otro método. ¿Las personas convocadas han tenido muchas reuniones ese día (nadie puede asistir a más de una reunión diaria de más de 1,5 horas de duración si quiere estar presente y enfocado/a)? ¿La reunión es para decidir, debatir algo entre todos o es meramente informativa? Si es meramente informativa existen mucho métodos más eficaces que la reunión y menos gravosos.

    Reuniones orientadas hacia el futuro y no en el control: no tienen sentido las reuniones en las que lo que se trata es de controlar lo que hacen otros. No me gustan esas reuniones en las que el jefe va preguntando a todos/as para hacer seguimiento de las fechas y controlar que se hacen las cosas. Es muy malo porque genera desconfianza, no trata a las personas como adultas y además si se tiene que llamar la atención a alguien es mucho mejor hacerlo en privado que en público. En nuestras reuniones, por si sirve, solemos dedicar semanalmente una media hora para compartir lo que va pasando. Siempre lo hacemos con una pregunta abierta ¿Tiene alguien algo importante que compartir? No siempre lo hay, no todos/as intervienen, confiamos en que lo relevante saldrá y así es. El resto del tiempo lo dedicamos a cosas que tienen que ver con el futuro, a debates sobre cómo vemos las cosas… No a controlar lo que se hace, todos confiamos en que cada persona hace todo lo mejor que puede.

    Reuniones asertivas. Muchas veces las reuniones no son eficaces porque nadie se atreve a cortar comportamientos que no son buenos. Por ejemplo, no se atreve nadie a quitar la palabra a una persona que se alarga mucho y «no suelta el micrófono», tampoco nos atrevemos a cortar discursos que son muchas veces «autobombo» para contar lo que yo hago y que nada tiene que ver con lo que hemos venido a tratar, no nos atrevemos a cortar una discusión que no conduce a nada, no nos atrevemos a decidir lo que piensa la mayoría porque una persona se va a sentir ofendida, no nos atrevemos a cerrar la puerta y no dejar entrar a los que llegan siempre tarde, no nos atrevemos a cortar los ataques personales de dos personas que tienen una mala relación, no nos atrevemos a acabar una reunión cuando se ha cumplido el horario previsto porque no queremos cortar «el buen rollo» o la palabra a alguien (esto no respeta a las personas)…. El que lidera la reunión tendrá que tener estos aspectos en cuenta y tiene que corregirlos. Una manera muy buena de hacerlo es recordar las reglas de la reunión al comienzo y decir que cada vez que se produzca uno de esos comportamientos se cortará. Esto no es agresivo, son las reglas de la reunión, incluso se puede hacer con un humor sano. A veces, se puede nombrar un moderador para que vigile estos aspectos, es una forma asertiva de hacerlo.

    Reuniones conectadas: es muy importante que las personas estemos muy presentes en lo que estamos tratando para poner lo mejor de nosotros/as. Por esto no podemos hacer muchas reuniones. Para esto es importante que se dejen fuera distracciones (apagar los móviles, los aparatos electrónicos, los ruidos…) para conseguir que las personas estén conectadas en lo que estamos tratando. Suelo recomendar que antes de una reunión importante hagamos unos minutos de relajación respirando profundo para centrarnos en lo que vamos a hacer. Un tema que ahora está apareciendo es la dificultad de concentrarse en una reunión por videoconferencia. Esto pasa porque las pantallas cansan mucho, porque la persona puede tener muchas distracciones, puede apagar la cámara, el micrófono… Yo creo que las reuniones por videoconferencia deben ser mucho más enfocadas y cortas, ágiles… Hay que hacer un esfuerzo máximo para que la exposición de la persona que habla no pase de 10 minutos. Muchos/as de vosotros/as conoceréis las charlas TED, suelen hablar persona con muchísima experiencia y conocimiento. Esas personas son capaces de sintetizar todo su amplísimo conocimiento en no más de 20 minutos. Cuanto mejor conocemos una cosa, somos más capaces de sintetizarla y simplificarla para que los demás nos comprendan.

    Reuniones enfocadas: todos los participantes tienen que saber para qué es la reunión y el que la convoca tiene que pensar y mandar previamente los objetivos y los temas (orden del día) que se van a tratar. Si hemos dicho que la regla de oro debe ser «no más de una reunión al día y no más de 1’5 horas de duración», tendremos que pensar los temas según este esquema y no poner demasiados. Lo bueno si breve, dos veces bueno.

    Si os atrevéis a hacer estos pequeños cambios u otros que se os ocurran más cercanos a vuestra problemática, seguro que las cosas mejoran. Es en los pequeños cambios cuando vamos creando cultura. Una vez una persona me dijo que cultura era «lo que está bien visto y lo que está mal visto en una organización», es una definición sencilla. Se trata de que lo «bien visto» sean cosas centradas en la confianza y el respeto a las personas. Si vais incorporando pequeños cambios, la cultura cambiará y con ella las personas.

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    3 respuestas a «Cultura de la confianza: reuniones.»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Gracias Juan

      Me pregunto como has sabido que cometemos todos esos errores!!!!

      1. Avatar de Juan

        😂😂😂😂 porque a mí también me ha pasado. Un abrazo

    2. Avatar de Txemi Aranburu
      Txemi Aranburu

      Muchas gracias por estas pautas tan claras. Sí que hace falta un poco de coraje, como dices, pues nos cuesta marcar unas reglas de juego y atenernos a ellas, pero es seguramente un beneficio para todos. Gracias.

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  • El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.

    El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.

    Photo by Jan Tinneberg on Unsplash

    Esta semana leí que la actriz española Maribel Verdú hacía un alegato sobre no salir de la zona de confort. Venía a decir algo así como «dejadme en paz, yo lo que quiero es estar en mi zona de confort, no lo entendéis por eso se llama zona de confort» (enlace) Tuvo muchos likes en twitter y muchos apoyos. A mí me hizo pensar, a veces los pequeños acontecimientos cotidianos son los que me ayudan a mirar. Me hizo pensar porque yo había escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había dejado cosas.

    Comprendo lo que dice la actriz y lo que piensan muchas personas. Yo, a veces también, he tenido esa sensación. La sensación de que la sociedad, el mundo, los que me quieren, los que me dirigen, la vida misma nos dijera incansablemente:» tienes que mejorar, no es suficiente… » Creo que es ese sentimiento al que se refiere. Hay una parte en la que tiene razón: tantos libros de autoayuda, tantas promesas de felicidad, tantas expectativas de ser más completos están generando tensiones permanentes. Y ante esta avalancha, después de haber leído muchos libros, de ir a coaches y psicólogos, de meditar y hacer yoga, dan ganas de gritar: ¡Dejadme en paz!

    Sin embargo, creo que la actitud correcta es preguntarnos por qué llegamos a este sentimiento. Yo pienso, mirándome a mí mismo, que lo que de fondo, estamos gritando es: «yo no soy feliz, ya lo he intentado bastante, no tengo sensación de haber conseguido mucho y por eso me sale la rabia que lanzo al mundo: ¡Dejadme en paz». La parte verdadera es que nadie puede sentirse presionado desde fuera para crecer y tenemos todo el derecho del mundo a decirles: «dejadme en paz» incluso es bueno que lo hagamos con una sana autoafirmación. Pero también tenemos que reconocer, con sinceridad, que lo que estamos gritando es que no estamos bien como estamos y tenemos el vano deseo de quedarnos, de pararnos, pensando que así estaremos mejor.

    No podemos forzar procesos desde fuera, no podemos estirar la planta para que crezca.

    Hay una frase que oí que suelo decir mucho: «la puerta del desarrollo se abre por dentro», es decir que solo nosotros/as mismos/as, desde dentro podemos avanzar si queremos. En este sentido, solo nosotros/as mismos/as podemos salir de nuestra zona de confort.

    Este blog está dedicado a los/as que lideran en todas sus formas (jefes, coordinadores, educadores, padres, madres…) y me parece que esta reflexión la tenemos que tener muy en cuenta. No podemos forzar procesos desde fuera, no podemos estirar la planta para que crezca. Es muy importante que lo tengamos muy claro, debemos respetar los procesos humanos, sus tiempos y sus aprendizajes. Voy a escribir algunas actitudes que tenemos que tener en cuenta en el camino con otros:

    • Una actitud humilde: tenemos que reconocer que no sabemos mucho y que no podemos situarnos en dar lecciones, en forzar procesos, en dar recetas. Primero, porque si nos miramos sinceramente a nosotros/as mismos/as nos damos cuenta que también nosotros/as estamos en camino y que tampoco sabemos mucho. Y segundo, porque el proceso de liderazgo en el desarrollo es un proceso humilde de acompañar desde la experiencia vivida para orientar, para tratar de iluminar la niebla un poquito. En el fondo es hacer camino con la otra persona.
    • Una actitud paciente: tenemos que saber respetar los tiempos, esperar a que las cosas las vea el/la otro/a en su momento, no podemos forzar. Tenemos que aceptar sus negativas, incluso sus desahogos, sus oscuridades con la esperanza de que en el camino se irán dando los aprendizajes.
    • Una actitud de respeto: en este camino tenemos que tener mucho respeto al otro, preguntándonos si sus dudas o sus objeciones son verdaderas, abriéndonos a que lo sean. El camino del liderazgo desde la confianza, no tiene muchas certezas, lo que tiene es mucha cercanía y respeto. En este respeto acepto que la otra persona me enseña a mí tanto como yo le enseño. Esta es una realidad que la experiencia nos va dando. Respeto, supone también respeto a la confianza que me da para tomarme en serio lo que me dice, para prepararme, para abrir mi mirada.
    • Una actitud no moralizante. El/la líder tiene que huir de expresiones como: «tienes que…», «deberías…», «así es como lo tienes que hacer…» porque estas expresiones hablan de que hay un camino claro y un modelo al que parecernos. Estas formas de hablar llevan rápidamente al «déjame en paz» con todo el derecho. Nuestro modelo de vida, nuestras leyes y certezas las debemos dejar para construir juntos/as el camino.

    Al final todo se resume en una cosa: «la centralidad del ser humano en todo lo que hacemos». Las personas a las que acompañamos están por encima de nuestras pretensiones, de nuestras expectativas, de los propósitos míos o de mi organización; por encima de mi visión e incluso, por encima del proyecto que hemos diseñado juntos. Lo importante está en el respeto del camino de cada persona y esto, es tarea y decisión de cada persona. Lo único que podemos poner es una enorme Esperanza en el ser humano.

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    2 respuestas a «El desarrollo es una puerta que se abre por dentro.»

    1. Avatar de Roberto Otamendi Zufía
      Roberto Otamendi Zufía

      Humildad, paciencia, respeto,… Esperanza, mucha Esperanza, y seguir caminando y acompañando caminos. Qué bueno Juan, Muchas gracias.

    2. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. Es una bonita imagen. Regar en lugar de tirar de la planta. Abonar, sostener, tener paciencia….
      Un abrazo.

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  • Proteger

    Proteger

    Photo by CHUTTERSNAP on Unsplash

    En la anterior entrada hablamos del desarrollo humano como una tarea de fondo del/la líder desde la confianza. Hoy siguiendo con ese esquema, vamos a compartir un peligro que tenemos para ayudar en el desarrollo. En el liderazgo, como en todas las actividades humanas de la vida en las que el ser persona se pone en juego, no es fácil hacer hacer distinciones, ni marcar límites, hacer definiciones… porque liderar es una experiencia, casi un arte que vamos aprendiendo con el paso de los años. Es muy importante darse cuenta de que cuando trabajamos con personas para su desarrollo estaremos siempre moviéndonos entre límites, buscando el equilibrio para no pasarnos ni por un extremo ni por el otro. Siempre he pensado que liderar personas es (o tendría que ser), en el fondo, un acto de amor hacia los/las otros/as: nuestros compañeros/as, nuestros hijos/as, nuestros/as alumnos/as… Y hoy vamos a hablar de un extremo o un peligro que tiene este acto de amor y que limita mucho el liderargo desde la confianza hacia los/as otros/as. Este límite es el proteger, proteger en exceso. Cuando somos padres o madres nuestro instinto natural nos lleva a proteger a nuestros/as hijos/as, cuando son bebés los hemos visto frágiles y les hemos tenido que ir protegiendo a la vez que les vamos enseñando poco a poco. La semana pasada veíamos que el aprendizaje se hace dejando la zona de confort pero sin entrar en la zona de pánico: otro equilibrio.

    Proteger es un peligro para conseguir el desarrollo de las personas.

    He visto a muchas personas que empiezan a liderar y que tienen una clara vocación por el ser humano pero que tienden o tendemos a proteger a las personas. Son personas que dicen amar a los otros que enseñan o dirigen pero les asusta dejarles crecer, tienen miedo de las consecuencias para los/as otros/as o quizás para ellos/as mismas. Vamos a ver distintas cuestiones en las que el proteger paraliza el desarrollo:

    • El paternalismo: muchas organizaciones o líderes hablan de poner en el centro a las personas y creen que evitando los conflictos, que solo dándoles cosas se conseguirá un buen liderazgo. Sin embargo, cuando surge un conflicto, porque los conflictos son parte de las relaciones, se enfadan: «con todo lo que yo os he dado, con todo lo que yo he hecho por vosotros…» No pueden entenderlo. El problema es que en las relaciones paternalistas lo que prima es el egoísmo, el YO que está por encima de las personas. Los/as líderes paternalistas quieren ser admirados, no quieren que los demás piensen mal de ellos/as. Esto hace mucho daño porque no deja que las personas crezcan autónomamente. También hay personas que viven muy cómodas en este sistema porque no les compromete y les interesa más comportarse como niños/as que crecer como seres humanos.
    • Otra versión del proteger suele plasmarse en el no delegar, que en el fondo es un sentimiento de sentirnos imprescindibles. Cuantas personas no dejan nuevas responsabilidades a los otros/as y se llenan de trabajo porque, en el fondo, protegen y se protegen, que son dos caras de la misma moneda. En esto no demos por supuestas cosas de nosotros mismos/as, no digamos rápidamente «yo delego bien, yo desarrollo a mi equipo». Una forma de no engañarnos es mirar si somos capaces de dejar nuestro trabajo por ejemplo, quince días. Si no somos capaces, es que nuestra responsabilidad está mal entendida y seguramente, estamos protegiendo. Las organizaciones están llenas de personas que no pueden salir a su hora o coger vacaciones porque, en el fondo, sufren más delegando que siendo de una manera no sana «responsables».
    • También el proteger se muestra en líderes (muchos padres o madres) que evitan a los otros/as cualquier cosa que les pueda producir desazón, vergüenza, cierto riesgo, angustia o miedo etc. Esta forma de querer impide que las personas nos desarrollemos para desplegar nuestras capacidades o dones.

    Un líder desde la confianza que trabaja en el desarrollo no protege. Ama porque quiere lo mejor para el/la otro/a y, para eso, entiende que lo mejor que puede hacer por la persona el ayudarle/dejarle crecer. Un líder desde la confianza acompaña, no interviene; escucha, no habla; sopla, no empuja; reta, no paraliza; pregunta, no da respuestas; deja, no acapara; da espacio, no ocupa; es más una brisa suave que deja, que un huracán que arrasa; está más en segundo plano y desea con todas sus fuerzas el brillo de los demás más que el suyo propio. En el fondo, es más importante el TÚ que el YO. Es todo un camino para cada uno, cada una de nosotros/as ojalá seamos conscientes y busquemos más desarrollar que proteger.

    Seguimos en los comentarios.

    3 respuestas a «Proteger»

    1. Avatar de Javi
      Javi

      Desafío difícil incluso para los que no tenemos hijos

      1. Avatar de Juan

        Es verdad, a veces con los hijos/as nos cuesta muchísimo. Muchas gracias

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Muchas gracias, Juan.
      Lo que has escrito hoy da mucho que pensar, especialmente, al menos para mí, lo relativo al “paternalismo” y al “no delegar”. Y estoy de acuerdo con vosotros en que es difícil detectar cuándo se produce esto en los líderes y en los miembros de los equipos.
      También pienso que merece la pena hacer el esfuerzo por descubrirlo.

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  • Mariposas en el estómago.

    Mariposas en el estómago.

    Close up of a senior woman and her instructor doing tandem skydiving

    A veces me pregunto cuál es la misión del líder, del líder desde la confianza. Podemos poner varias misiones que el líder trata de afrontar: guiar al equipo, organizar el trabajo, hacer que el equipo trabaje de manera conjunta… todas estas misiones son parte de nuestro trabajo. Sin embargo, a mí me parece, que hay una misión que es la más genuina de todas: desarrollar a las personas del equipo. Desarrollar significa aprender cosas nuevas, pero va más allá de aprender porque no centra el foco no en conocimientos y habilidades sino en la capacidad que tenemos los seres humanos de ir completándonos, siendo más personas, más adultos/as, más integrados/as, cada día más lo que estamos llamados a ser (la mejor versión de nosotros/as mismos/as).

    Existe un esquema clásico del desarrollo humano que me ayuda a explicar lo que creo que es el camino del desarrollo humano.

    El esquema es muy sencillo. Si nos mantenemos en la zona de confort, no hay aprendizaje, ni desarrollo. Si, por el contrario, pasamos rápidamente a la zona de pánico, avanzamos demasiado rápido y nos paralizamos por el temor que experimentamos ante las nuevas experiencias y retos. El secreto está en que las personas avanzamos en la zona de aprendizaje, que es una zona de movimiento acompasado que integra bien lo que vamos aprendiendo. Los líderes desde la confianza tenemos que tener muy claro este esquema para dirigir a los equipos. De hecho, nuestro trabajo, es hacer que cada una de las personas y el grupo en su conjunto estén en la zona de aprendizaje.

    En esta entrada, como ya he señalado, no quiero hablar tanto del aprendizaje como del desarrollo humano. Para mí, aprendizaje lo centramos en conocimientos pero el desarrollo lo vinculamos más a que la persona vaya adquiriendo nuevas areas de expansión, nuevas experiencias y hábitos que antes no se daban porque le costaban y que le van situando en nuevas cotas de su ser persona, la persona que quiere llegar a ser. Voy a poner un ejemplo con el aprendizaje del inglés. Aprender sería ir a clases de ingles y mejorar mi vocabulario, mi gramática etc. Desarrollo sería dar una conferencia en inglés ante un auditorio. Por esto el aprendizaje no suele llevarnos a la zona de pánico, en cambio el desarrollo sí. En el ejemplo, si impulso demasiado rápido a una persona a dar la conferencia en inglés puede que la lleve a la zona de pánico y, entonces, se paralice y no quiera volver a asumir nuevos retos en su dominio del idioma porque le aterrorizan. Esto es lo que los lideres tenemos que calibrar.

    Entonces, vamos a ver cómo trabajar el desarrollo humano y a empezar a distinguirlo para poder trabajar con nuestros equipos.

    Una cosa que suelo decir, para hablar de desarrollo es darnos cuentas de aquellas cosas que nos producen «mariposas en el estómago». Todos tenemos una sensación parecida ante las cosas que nos cuestan, que nos suponen un reto que normalmente se mueven entre el deseo de hacerlas y el miedo a fracasar. Esa sensación que se da, en nosotros o en los demás nos ayuda a entender dónde mantenernos en la zona de aprendizaje o desarrollo. Esto es muy bueno porque nuestro cuerpo habla más rápido y más claramente que nuestra razón. Además muchas veces cuando racionalizamos, tapamos nuestros miedos, nos autoexcusamos y nos paralizamos.

    Voy a contar una experiencia, para intentar ver cómo trasladar el desarrollo humano a la práctica cotidiana. En mi equipo, había una persona que su trabajo era negociar, pero era una persona que tenía dificultades con el conflicto. Poco a poco me di cuenta que normalmente se rodeaba de personas y proveedores que eran fáciles, que tenía buena relación y dejaba para último momento y cerraba demasiado rápido los acuerdos con personas más agresivas, o más asertivas y difíciles para él. Un día que tenía una reunión con una de esas personas que le costaban, le pregunté qué sentía antes de la reunión (teníamos mucha confianza para hablar este lenguaje). Me describió una situación corporal de ansiedad, sudoración, vacío en el estómago.. lo que yo diría «mariposas en el estómago». Pudimos, de esa manera, darle nombre y hablar con franqueza de que esa era una zona de desarrollo, primero mostrándole empatía (le puse muchos ejemplos de situaciones en las que yo tenía mariposas en el estómago) y planteando enfocar la próxima reunión (solo la próxima) de distinta manera más consciente, más preparada para que pudiera afrontar la situación poco a poco y no pasara a la zona de pánico.

    Hay muchas «mariposas en el estómago» y de distintas clases: dificultades para vivir el conflicto, dificultades para marcar límites a los demás, dificultades para exponernos , dificultades para mirar nuestra interioridad, dificultades para controlar nuestra agresividad, dificultades para expresar lo que sentimos…. cada uno, cada una de nosotros/as tenemos unas cuantas. El ejercicio de hoy es que penseis en qué situaciones concretas de vuestra vida aparecen «las mariposas». Os dará mucha información sobre vosotros/as mismas y a partir de ahí intentar escribir pequeños pasos para avanzar, dentro de la zona de aprendizaje, la próxima vez.

    El desarrollo humano es un camino apasionante y precioso, es un camino para la vida entera y cada día está lleno de oportunidades para ir más allá.

    Seguimos en los comentarios.

    5 respuestas a «Mariposas en el estómago.»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Muchas gracias, Juan. Interesantísimo y muy claros los ejemplos. Un abrazo.

    2. Avatar de Ramon Alfonso
      Ramon Alfonso

      Gracias, Juan. Me ha parecido que las dificultades que señalas para desarrollarnos y para ayudar a los equipos a que se desarrollen son muy reales.
      Además, nos ofreces caminos para aprender y mejorar.
      Un abrazo

    3. […] escrito hace pocas semanas sobre cómo salir de la zona de confort pasando a la zona de aprendizaje (enlace). Hoy trataré de explicarme mejor, pero no por defender mi postura sino porque creo que me había […]

    4. […] fa poques setmanes sobre com sortir de la zona de confort passant a la zona d’aprenentatge (enllaç). Avui miraré d’explicar-me millor, però no per defensar la meva postura, sinó perquè […]

      1. Avatar de Juan

        Moltes gràcies Ciutat Nova. Una abraçada gran

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  • ¡Oh capitán, mi capitán!

    ¡Oh capitán, mi capitán!

    Creo que todos/as habremos visto alguna vez «el club de los poetas muertos», suele ser una película que siempre se pone en los videoforums de liderazgo. Seguramente la mayoría de nosotros/as, habremos conectado con el profesor que representa Robin Williams. Algunos/as habremos deseado ser como él, a otros/as nos hubiera gustado tener un profesor como él… No voy a referirme en esta entrada a cuales son las cualidades para liderar desde la confianza que tiene el profesor de la película, que son muchas (os invito a verla con esos ojos). Lo que quisiera reflexionar es sobre el deseo que nos despierta la película para parecernos a él, parecernos como líderes, como padres o madres, como educadores o educadoras, como seres humanos al fin y al cabo. Ese deseo que sentimos cuando vemos la película o cuando leemos un libro o conocemos a una persona que vive de esa manera. En ese deseo se reflejan anhelos profundos, se refleja la intuición de que ese modo de vivir es más valioso y más verdad, se experimenta conexión con lo que de fondo somos y nos gustaría ser, conectamos con esas ganas de poner la vida al servicio de una causa profunda, que nos dé sentido, que nos configure.

    El deseo que nos produce ver una película, leer un libro, conocer a una persona entregada… nos conecta con lo que nos da sentido, con los anhelos profundos que nos configuran.

    Yo creo que cuando se da esto, con esta película o con cualquier experiencia con la que conectamos, estamos siendo fieles a lo que verdaderamente somos y, por eso, se produce una alegría y conexión profundas.

    Lo que suele pasar es que una vez que sentimos esa conexión, volvemos a la vida cotidiana y nos alejamos o nos olvidamos. Me gustaría reflejar las razones que nos impiden seguir los deseos más profundos. Para que nadie se sienta presionado/a (nada más lejos de mi intención) me lo diré a mi mismo:

    • Puede nacer en mí el escéptico: «eso está muy bien para una película, pero la vida es otra realidad», este «diablillo escéptico» torpedea cualquier intento que tengo siquiera de darle una oportunidad a otra verdad y a otra vida. Mi pequeño escéptico suele estar lleno de miedo por cambiar, de desconfianza por lo ya vivido, incluso de falta de confianza en mí mismo. Todos estos pequeños diablillos me paralizan para vivir.
    • También me suele pasar el cansancio. No el cansancio puntual que es muy normal y ante el que hay que cuidarse. Estoy hablando del cansancio existencial: «tantas veces lo he intentado y tantas veces no ha servido de nada»… El cansancio eterno, pesado, denso que nos amarga la vida y agria nuestra mirada. Cuando llego aquí, estoy cerrado y detrás del cansancio seguramente se esconde la desesperanza y vivir la vida con desesperanza es una forma de ir muriéndome un poco ya en vida.
    • Otra cosa que me puede pasar es que tenga mucho apego a la norma. Voy a poner un ejemplo: un/a profesor/a está apegado a la norma cuando habiendo conectado con la película, se dice a si mismo/a «está muy bien, pero eso no ayuda a mis alumnos/as, lo que tienen que hacer es aprender, la vida a la que se enfrentan es muy dura por lo que yo me debo centrar en exigirles, conseguir que aprendan la materia, superen las pruebas etc. eso es lo que me piden» No digo que esto no sea verdad, pero no es toda la verdad. Si me quedo solo en esto, estaré apegado a la norma, no daré oportunidad a desplegar otras facetas mías muy vocacionales y no abriré posibilidades a las personas que educo. En la película, el profesor está situado en una rígida institución muy apegada a la norma y a la tradición (otra norma) pero él va más allá para centrarse en la persona, en el potencial de cada una de las personas.
    • También pasa que me cuesta salir de mi mismo, en sus multiples maneras: mi tiempo, mi imagen, mi comodidad, mi familia, mi entorno, mi futuro, mi pasado… Cuando el YO ocupa tanto espacio nos impide vivir de verdad. Es más, tantas veces he experimentado que salir de mí mismo me hace más feliz, no desde el «tengo que», desde «el debería» (que son otras formas de mirarme solo a mí) sino como experiencia de apertura vital.
    • También se puede esconder mi miedo. El miedo imaginario o el miedo real. Puede tener distintas formas: el miedo de salirse de lo que todos piensan, el miedo a las consecuencias (ya digo reales o imaginarias)… Tantos miedos que me paralizan.

    Yo tengo una amiga, que vive en Madrid (ahora se ha ido a la sierra), que durante un tiempo en su vida sintió esta conexión, se escuchó a sí misma y ahora, su vida entera, está dedicada a perseguir sus sueños, a hacer verdad la conexión que sintió. Con mucho esfuerzo, porque este no es un camino fácil, pero con un horizonte abierto y amplio que se refleja en sus ojos y que le permite ser ella misma, la mejor versión de ella misma.

    Escribiendo esta entrada mi anhelo, es que volvierais a conectar con ese deseo, con esa conexión para dar la oportunidad, a partir de mañana, de que en vuestras relaciones como líderes, educadores, padres, madres… vivierais desde ahí para hacer la vida mejor a los que nos rodean. Ser como el profesor de la película es poner a la otra persona en el centro para salir de nosotros/as mismos y estamos hechos de esa materia a pesar de los «diablillos» que nos tientan cada día. Así un día quizás podrán decir de nosotros, de nosotras: «¡Oh, capitán, mi capitán!«, o no, pero da igual, porque no lo hacemos por eso.

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    2 respuestas a «¡Oh capitán, mi capitán!»

    1. Avatar de Txemi
      Txemi

      Gracias, Juan. Si bien lo primero que nos cautiva en la película es el talante y la pasión educativa del profesor protagonista, también es verdad que la película no esconde el alto precio que a veces hay que pagar pagar en la conquista de la propia autonomía: el saludo «liberado» de los alumnos al profesor al final de la película se apoya sobre una reciente tragedia. Sin hacer spoiler, quizá uno de los valores de la película es precisamente su honestidad: no construye una trama facilona sobre el tránsito a la madurez de la mano de un buen maestro y guía, sino que muestra la ambivalencia de lo humano, en que a menudo el despertar se entrevera con la crisis, el crecimiento con el desgarro, la conquista con la tragedia…

      1. Avatar de Juan

        Gracias Txemi, gran análisis de la película, estoy muy de acuerdo. Un abrazo grande

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